viernes, 28 de noviembre de 2014

Tartini: "Trino del Diablo"



Giuseppe Tartini, violinista y compositor barroco, autor de alrededor de 135 conciertos para violín y cerca de 200 sonatas para el instrumento, hoy es conocido y recordado principalmente por una sonata para violín y bajo continuo, en sol menor. Mejor dicho, por la última sección de la sonata, que incorpora un célebre trino, popularmente llamado "el trino del diablo", mote originado en una leyenda que, supuestamente, el mismo Tartini se encargó de forjar y difundir.

Giuseppe Tartini (1692 - 1770)
Primeros años
Nacido en 1692 en Pirán, en ese entonces una ciudad de la República de Venecia, hoy parte de Eslovenia, siendo muy joven fue enviado por sus padres a seguir la carrera eclesiástica en un monasterio que abandonó en cuanto pudo para enrolarse en la universidad de Padua a proseguir estudios de leyes y música, donde terminó siendo muy popular como espadachín. Casó en 1710 con una joven algo menor que resultó ser la favorita del obispo de Padua, quien lo acusó de rapto obligándolo a ocultarse... en un convento. Fue allí donde aprendió a tocar el violín.

Un notable violinista
Excepcionalmente dotado para el instrumento, en 1720 asumió el cargo de violinista principal y maestro de capilla de la Basílica de San Antonio, en Padua, y con el correr de los años logró hacerse con una amplia y extendida reputación como uno de los más notables violinistas de la época. Retirado en 1765, permaneció en la basílica impartiendo clases hasta 1768, cuando un derrame cerebral lo incapacitó por completo. Murió en 1770, el mismo año en que, ocho meses más tarde, nacerá Beethoven.

Sonata para violín en sol menor - "El trino del diablo"
Según cuenta el astrónomo Jerome Lalande en un libro de viajes de 1765, el mismo Tartini le habría relatado un sueño que tuvo mientras permanecía oculto en el convento, a resguardo del obispo:
"Una noche, en el año 1713 soñé que había hecho un pacto con el diablo a cambio de mi alma. Todo salió como yo deseaba: mi nuevo sirviente anticipó todos mis deseos. Entre otras cosas, le di mi violín para ver si podía tocar. ¡Cuán grande fue mi asombro al oír una sonata tan maravillosa y tan hermosa, interpretada con tanto arte e inteligencia, como nunca había pensado ni en mis más intrépidos sueños! Me sentí extasiado, transportado, encantado: mi respiración falló, y desperté. Inmediatamente tomé mi violín con el fin de retener, al menos una parte, la impresión de mi sueño. ¡En vano! La música que yo en ese momento compuse es sin duda la mejor que he escrito, y todavía la llamo el "Trino del Diablo", pero la diferencia entre ella y aquella que me conmovió es tan grande que habría destruido mi instrumento y habría dicho adiós a la música para siempre si hubiera tenido que vivir sin el goce que me ofrece."
Publicada 28 años después de la muerte de Tartini, la sonata presenta cuatro movimientos. El último de ellos contiene el célebre y exigente trino (13:26) que el intérprete debe atacar en una cuerda mientras simultáneamente lleva una melodía en las cuerdas restantes.
La versión que aquí se ofrece es para violín y piano. Al violín, la artista sudcoreana Ko-Woon Yang. Su compatriota Chiharu Aizawa, al piano.


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jueves, 27 de noviembre de 2014

Johann Christian Bach: Concierto para piano Op 7 N° 5



Un buen número de músicos ha tenido en sus padres a buenos aficionados o incluso a profesionales talentosos como iniciadores en la profesión. Pero ninguno en la medida en que lo experimentaron Johann Christian Bach y tres de sus hermanos. Los cuatro eran hijos del ilustre padre de la armonía, Johann Sebastian Bach, y de él, ni más ni menos, es que recibieron sus primeras lecciones, para continuar de adultos una carrera musical sobre la base de sus propios méritos. A continuar con la estirpe contribuyeron por partes iguales Maria Barbara y Anna Magdalena, en un lapso de veinticinco años. La primera, madre de Wilhelm Friedemann y Carl Philipp Emanuel; la segunda, madre de Johann Christoph Friedrich y Johann Christian.

Johann Christian Bach (1735 - 1782)
Johann Christian
Cuando en 1750 murió Bach padre, el menor de los hermanos músicos, Johann Christian, de quince años, fue enviado a Berlín a vivir y continuar estudios con su medio hermano Carl Philip Emanuel, que a sus 36 años se encontraba allí sólidamente establecido. Decidido a especializarse en la ópera, Johann Christian viajó luego a Italia donde sus tres primeras obras resultaron todo un éxito al punto de que su talento llegó a oídos de los reyes de Inglaterra, quienes lo reclamaron como compositor de óperas para el nuevo Teatro del Rey.

El "Bach de Londres"
Encantada quedó la reina Sofía Carlota, alemana y de veinte años, con la contratación de este joven coterráneo con quien podía hablar en su idioma y añorar el terruño acompañada. Feliz fue también la época para Johann Christian (antes de que se hiciera cargo del teatro un nuevo empresario que terminó con el contrato). Pero fueron tres años estupendos, era el tutor musical de la reina y sus hijos, aunque también debía acompañar al rey cada vez que a éste le viniera en gana tocar la flauta. Y como broche de oro, en 1764 tuvo el privilegio de conocer a un músico de ocho años, Wolfgang Amadeus, cuando la familia Mozart visitó Londres en una de sus giras, y sobre quien ejercerá más tarde una poderosa influencia.

Con todo, en sus últimos años, a fines de la década de 1770, el "Bach de Londres" –como se le llamó, para diferenciarlo del "Bach de Hamburgo", su medio hermano Carl Philip Emanuel– vio declinar la popularidad de su música, a semejanza de lo que había acontecido con su padre. Murió lleno de deudas, pero Sofía Carlota se encargó de ellas, concediéndole además a su viuda Cecilia una pensión de por vida, con cargo a la Corona.

Concierto para piano y orquesta de cuerdas en mi bemol mayor
Autor de una extensa obra que conjuga ópera, música sacra, sinfonías y música de cámara, Johann Christian Bach,  fue uno de los primeros maestros del clavecín que conoció un pianoforte y escribió música para el instrumento. De un total de 26 conciertos para teclado, el concierto en mi bemol, opus 7 N° 5, es uno de los que recibieron el título de "concierto para piano".
Escrito alrededor de 1770, está estructurado en el tradicional estilo "clásico", de tres movimientos: rápido - lento - rápido:
00:00  Allegro di molto
06:09  Andante
11:48  Allegro

La versión es de la orquesta británica The Hanover Band, que emplea instrumentos de la época. Solista y director, Anthony Halstead.



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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Aaron Copland: "Fanfarria para un hombre común"



Con el fin de hacer una importante y conmovedora contribución al esfuerzo bélico durante la Segunda Guerra Mundial, el director de orquesta y compositor inglés Eugene Goossens convocó a diversos autores norteamericanos para la composición de una fanfarria (breve composición escrita para instrumentos de viento metal) que iniciaría cada concierto de la Orquesta Sinfónica de Cincinatti en la temporada 1942-1943. Goossens se desempeñaba entonces como director musical de la orquesta y su intención era replicar la experiencia llevada a cabo durante la Primera Guerra, con compositores británicos.

Aaron Copland (1900 - 1990)
La acogida
La iniciativa de Goosens recibió una calurosa acogida por parte de dieciocho compositores americanos que respondieron aportando igual número de composiciones. Goosens había sugerido ingeniosos títulos como "fanfarria para los soldados", o "para los aviadores" y otros de similar inventiva.

El aporte de Copland
Gratamente sorprendido quedó Goosens con la obra propuesta por el compositor judío de origen ruso, Aaron Copland, quien además de haber estudiado con Nadia Boulanger en París en 1921, y conocido de cerca las composiciones de Stravinski, Darius Mihlaud y otros, había logrado empaparse de la cultura europea, convirtiéndose en un gran admirador de la literatura de André Gide, futuro Premio Nobel.
Coplan tituló su obra "Fanfarria para un hombre común".

Fanfarria para un hombre común
De las dieciocho obras que inauguraron los conciertos de aquella temporada, el espléndido título de Copland es el único que no ha pasado al olvido. Además de ser parte del repertorio orquestal tradicional, ha sido objeto de innumerables reescrituras y citas por parte de variados grupos populares, la primera de ellas en 1977 a cargo de la banda británica de rock Emerson, Lake & Palmer. Le han seguido los Rolling Stones y Bob Dylan, recreando libremente la pieza y, como en su génesis, abriendo sus shows con ella.

El mismo Copland, terminada la guerra, adoptó la fanfarria como introducción al cuarto movimiento de su Tercera Sinfonía.
La obra, imprescindible en cualquier ceremonia festiva de nuestros días, está escrita para cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, timbal y gong.
La versión es de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, dirigida por James Levine.


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martes, 25 de noviembre de 2014

Tchaikovski: Romanza en fa menor op 5



Nueve años antes de cometer la fatal torpeza de contraer matrimonio con Antonina Milyukova, el joven autor de 28 años Peter Ilich Tchaikovski estuvo a punto de cometer el mismo error, adelantándose a sí mismo, organizando para sí un ensayo previo del descalabro de su propia vida. Por fortuna, en esa oportunidad fue la misma prometida quien desbarató los planes, mediante el simple expediente del abandono de su prometido para casarse con otro.

Désirée Artôt (1835 - 1907)
Corría el año 1868 cuando Tchaikovski conoció a la soprano belga Désirée Artôt, cinco años mayor que él, y que por aquel entonces se encontraba de gira por Rusia formando parte de una compañía lírica italiana. Coincidieron en una fiesta palaciega y, al parecer, se encapricharon uno del otro. Algo más la Artôt de Piotr Ilich que éste de ella, pues en el curso de la relación amistosa previa a la decisión vital era Désirée quien enviaba las cartas e invitaciones diarias, mientras Piotr Ilich pensaba que no estaba mal verse sólo de vez en cuando.

Con todo, a fines de 1868 comenzaron ambos a pensar seriamente en el matrimonio. Pero la madre de Désirée, que viajaba con la artista, tenía ojo de lince y no pasó mucho tiempo antes de que se enterara de las preferencias sexuales del compositor. No aprobaba el enlace y convenció a su hija de que no le hacía bien a su carrera comprometerse con un compositor principiante. Por su parte, Tchaikovski, a diferencia de lo que ocurrirá nueve años más tarde, comenzó a vislumbrar que el compromiso con una prima donna no era el mejor camino para impedir el sostenido avance de rumores y habladurías.

La decisión se pospuso. Quedaron de verse el verano de 1869, en París. Pero la reunión no tuvo lugar. En septiembre de ese año, en el camino a París desde Varsovia adonde se desplazó la compañía tras abandonar Rusia, Désirée casó con un barítono español, siete años menor que ella y miembro de la compañía lírica. Tchaikovski se enteró por terceros. Según dirá más tarde, fue la única mujer que jamás amó. A ella está dedicada la Romanza en fa menor.

Romanza en fa menor, opus 5
Compuesta en noviembre de 1868, la breve pieza para piano venía a sumarse al corpus creativo del joven compositor que a esa altura incluía una cantata, una obertura, un poema sinfónico, una sinfonía, y dos óperas. Años más tarde, Tchaikovski destruirá el poema sinfónico y las dos óperas, y renegará de la cantata, la obertura y la sinfonía. Pero la romanza en fa menor permanecerá indemne a tal grado fenomenal de autocrítica. Hoy, con su sentimental melodía y simple estructura en tres partes, es una de las obras para piano solo más ejecutadas del compositor ruso.

La versión es de la pianista estadounidense de origen iraní, Sara Daneshpour.



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lunes, 24 de noviembre de 2014

Suites de "Carmen", de Bizet



No obstante haber ingresado al Conservatorio de París antes de los diez años, obtenido un primer premio en solfeo solo seis meses después, el primer premio en piano a los 14 años y, finalmente, el codiciado Prix de Rome a los 19, el compositor francés Georges Bizet vio a menudo dificultada la presentación de sus obras, y en las oportunidades en que logró superar los obstáculos durante su corta vida, sus trabajos recibieron por lo general una fría acogida.

Georges Bizet (1838 - 1875)
Así aconteció, por ejemplo, en 1862 con la ópera Ivan IV, basada en la vida de Iván el Terrible, que fue llevada a escena por primera vez recién en 1946. Incluso cuando la primera recepción fue favorable, el caso de La Jolie Fille de Perth, de 1867, dificultades financieras de los organizadores a cargo obligaron a suspender las funciones luego de solo 18 presentaciones.
Parecía ser el sino de Georges Bizet.

Carmen
Y no fue distinto el caso de Carmen, su obra maestra y final, si bien en este caso las dificultades podían anticiparse, debido a la temática de la obra, protagonizada por una gitana de armas tomar y no por una frágil doncella. (La performance de la protagonista fue descrita por un crítico como "la encarnación misma del vicio".) Estrenada, tras las consabidas dilaciones, el 3 de marzo de 1875, tuvo una recepción vacilante, si bien pasado algún tiempo comenzó a ganarse la aprobación del público. Pero Bizet no llegó a saberlo. Murió tres meses después del estreno, antes de cumplir 37 años, convencido de que había concebido un nuevo fracaso.


Suites de Carmen
Algunos años después de la muerte de Georges Bizet, su entrañable amigo y colaborador Ernest Guiraud hizo dos compilaciones de arias, preludios y entreactos de la ópera, conformando dos obras orquestales que llamó Suite N°1, publicada en 1882, y Suite N°2, de 1887. Cada una de la suites está conformada por seis piezas. La versión que se presenta aquí constituye un "mix" de ambas suites, y contiene solo cuatro "números", tres de ellos originales de la primera suite a los que se agregó la célebre Habanera, que forma parte de la Suite N° 2.

00     Preludio - En la ópera, venía a continuación de la obertura.
3:52 Aragonesa - Introducción al acto IV. Esta pieza y la anterior conforman el primer "número" de la Suite N° 1.
6:58 Habanera (el aria de Carmen del acto I; incluida en la Suite N° 2)
9:28 Los toreadores (tomado del Preludio al Acto I y de la Marcha de los Toreadores del Acto IV)

La versión es de la agrupación de jóvenes Orquesta Sinfónica y Coro Mixto de la Escuela Secundaria Kranj, de Eslovenia, dirigida por su director, también esloveno, Nejc Bečan.

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sábado, 22 de noviembre de 2014

Beethoven: "Septimino"



Para la época de la composición de su única pieza para la poco usual combinación de siete instrumentos (tres de viento, cuatro cuerdas) también llamada Septimino y acabada en 1800, Beethoven tenía 30 años, llevaba siete establecido en Viena, y la sordera había comenzado a inquietarlo seriamente. Pero todavía faltan dos años para que confiese a sus hermanos la infausta situación en el célebre Testamento de Heiligenstadt. Mientras tanto, desarrolla una ingente producción camerística, para satisfacer el ansia musical de sus amigos nobles.

Beethoven, en 1803
Pero tampoco estaba mal llegar a un público más amplio. Por eso, en diciembre de 1800, en relación con el Septeto ya publicado, Beethoven escribe a su editor: "...a la vista de las costumbres, se podrían transcribir los tres instrumentos de viento... para un violín, una viola y un violonchelo más...".
Ocurría que la nobleza y la alta burguesía acababan de descubrir la naturaleza, de modo que la música que burgueses y nobles aficionados podían ejecutar en tertulias al aire libre tenía gran demanda. Por lo mismo, el Septeto fue un éxito inmediato desde su aparición, aunque Beethoven mantendrá perennemente con la obra cierta distancia. Dirá, más tarde: "...hay en él mucha imaginación pero poco arte... En aquella época yo no sabía componer, ahora creo que sí sé".

Septeto en mi bemol mayor, opus 20
Sin embargo, la obra destila gran entusiasmo y energía, donde no faltan los cautivadores y atractivos solos para el lucimiento de los instrumentistas. Escrita en el estilo de los divertimentos y serenatas propios del siglo que terminaba, sus seis movimientos evocan ciertamente el espíritu de aquellas formas que Haydn y Mozart cultivaron con tanto brillo y elegancia.
De seguro dada a conocer previamente en la sala de algún príncipe, su estreno público tuvo lugar en el Burgtheater de Viena el 2 de abril de 1800, junto con la Sinfonía N° 1 y el Concierto para piano N° 2. Está dedicada a la emperatriz María Teresa de Austria, cuya estricta conexión con el maestro nos ha resultado algo difícil de dilucidar.


Movimientos
Escrita para violín, viola, violoncello, contrabajo, clarinete, fagot y trompa, la pieza consta de seis movimientos:
00       Adagio. Allegro con brio
10:57  Adagio cantabile  
20:47  Tempo di Menuetto  Toma su tema prestado del primer movimiento de la sonata facile Opus 49 N° 2, composición anterior no obstante su número de opus.
24:02  Tema con variazioni. Andante 
31:36  Scherzo. Allegro molto e vivace 
34:42  Andante con moto alla marcia. Presto

La versión es de Janine Jansen, liderando un grupo de instrumentistas que la violinista holandesa denomina "her friends".

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viernes, 21 de noviembre de 2014

L. Anderson: "La máquina de escribir"



Hijo de inmigrantes suecos, el compositor estadounidense Leroy Anderson hablaba nueve idiomas. Por ello, al comenzar la segunda guerra mundial fue reclutado por el ejército para desempeñarse como traductor e intérprete. Promovido prontamente al rango de capitán, fue asignado a la sección escandinava del Servicio de Inteligencia Militar del Pentágono. Al terminar la guerra le fue ofrecido el puesto de agregado militar en Suecia, pero Anderson declinó la oferta pues consideró que ya era tiempo de regresar al ejercicio de su vocación primera, la música.

Leroy Anderson (1908 - 1975)
Los comienzos
Después de obtener en 1930 un Master of Arts en música por la universidad de Harvard, había continuado estudios de doctorado y en 1936 compuesto su primera pieza, la que presentó a Arthur Fiedler, renombrado director de la Boston Pops Orchestra, agrupación especializada en música liviana y arreglos populares de música clásica.
La pieza, Jazz Pizzicato, encantó a Fiedler pero como apenas duraba 90 segundos solicitó a Anderson una composición adicional a fin de completar los tres minutos de grabación de un disco de 78 rpm de la época. Vivamente motivado, el compositor respondió sobre la marcha con los segundos faltantes: Jazz Legato. Fue el comienzo de su carrera de maestro miniaturista.

Maestro de las miniaturas
En 1952 Anderson era conocido en EEUU y Europa como un notable creador de chispeantes "miniaturas orquestales". Dos años más tarde, se atrevió con obras algo más extensas componiendo un concierto para piano que no recibió buena crítica. Anderson respondió señalando que la obra tenía indiscutibles méritos lo que no quería decir que no pudiera ser mejorada. Pero sus miniaturas seguían ganando en popularidad y en la década de los cincuenta se contaban por decenas las emisiones de televisión que incorporaban sus breves piezas como tema característico o cortina musical, The Syncopathed Clock entre ellas, compuesta en 1945 mientras se desempeñaba como oficial de inteligencia, y quizá, la que marcó su sello, una singular obra para máquina de escribir y orquesta.

La máquina de escribir (The Typewriter)
Con menos de dos minutos de duración, fue compuesta en 1950 y estrenada ese mismo año por la Boston Pops Orchestra. La pieza incorpora como instrumento solista una máquina de escribir, cuyo ejecutante no es un diestro dactilógrafo o su equivalente femenino sino uno de los percusionistas, un músico profesional cuya habilidad técnica y conocimientos lo capacitan para seguir las indicaciones que Anderson escribió para el "instrumento".

Miguel Roa dirige la agrupación española "Músicos para la paz". Solista: Alfredo Anaya.



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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Olivier Messiaen: Cuarteto para el Fin de los Tiempos - VI



En el tren que lo conducía al campo de concentración, el compositor francés Olivier Messiaen se encontró con un colega, de arte y de armas, el clarinetista Henri Akoka, que como él, era transferido como prisionero de guerra hacia un campo de prisioneros en las afueras de Görlitz, territorio alemán que hoy pertenece a Polonia. A fin de hacer más llevaderas las penosas circunstancias, durante el trayecto Messiaen se entretuvo discutiendo con Akoka los bocetos de una pieza para clarinete que luego formará parte de una obra mayor, el Cuarteto para el fin de los tiempos, compuesto en el mismísimo campo de concentración unos meses más tarde.

Olivier Messiaen (1908 - 1992)
Un compositor reconocido
A la fecha, Messiaen tenía 31 años y ya era reconocido como uno de los compositores franceses más notables de su generación. Hijo de un profesor de literatura y de una poetisa, el músico había crecido en un ambiente favorable para la creación artística. Brillante alumno del Conservatorio de París, hizo del órgano su instrumento profesional del que logró ser un consumado intérprete.

Profundamente religioso, su música cogía inspiración de la fe católica a la vez que del hinduismo, conformando un personal estilo que destaca por la riqueza rítmica y armónica. Su riqueza de timbres no se queda atrás, sustentada en un gran amor por la naturaleza y el canto de los pájaros. Todo esto no impidió que en junio de 1940 fuera capturado por los alemanes en el sitio de Verdún y enviado al campo de prisioneros.

En el campo de prisioneros
Ya en prisión, tuvo la ocasión de conocer otros soldados-músicos. Entre ellos, un cellista y un violinista. Messiaen se abocó a terminar la pieza para clarinete ofrecida a Akoka y luego concibió un trío para los tres músicos. Una curiosa complacencia de guerra otorgada a estos soldados no combatientes, soldados de banda de música, permitió a Messiaen agenciarse un viejo piano, allá en Görlitz. El músico concibió entonces una parte para piano y transformó el trío en un cuarteto.

Cuarteto para el Fin de los Tiempos
Estrenado en el campo de concentración el 15 de enero de 1941 ante un público de alrededor de 400 personas entre prisioneros y guardias, el cuarteto toma su nombre de un pasaje del Libro de las Revelaciones en que el ángel anuncia el fin de los tiempos. La inusual combinación de instrumentos (violín, clarinete, cello y piano) obedece, naturalmente, a las peculiares circunstancias de su creación. Y la dispar participación de ellos, a que su génesis es muy diversa. De los ocho movimientos que conforman la pieza, solo la mitad compromete a los cuatro instrumentistas conjuntamente. (El tercer movimiento es un solo de clarinete, el de Akoka, naturalmente.)

La obra completa dura 50 minutos. Se presenta aquí el movimiento VI, titulado "Danza de la furia, para las siete trompetas", la pieza rítmicamente más característica de la obra, y donde participan los cuatro instrumentos que, dicho sea como curiosidad moderna, tocan al unísono.

Los músicos: Sarah Johnson, violín; Richard von Foerster, cello; Brian Ebert, clarineet; Heidi Leathwood, piano.




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lunes, 17 de noviembre de 2014

Bach: Suite francesa N° 3



María Barbara, la primera esposa de Johann Sebastian Bach, murió a los 36 años, mientras el maestro acompañaba a su patrón en la corte de Köthen, el príncipe Leopold, durante una estancia en el placentero balneario de Karlsbad, centro de reunión de la aristocracia alemana. Fue a su regreso que se encontró con la trágica noticia, que lo dejaba viudo con cuatro niños pequeños, la mayor de doce años. Por ello, debió buscar prontamente una nueva madre para sus hijos y una compañía para él mismo.

Supuesto retrato de JS Bach
(1685 - 1750)
Poco después de un año, la encontró en la hija de un instrumentista de trompa, la soprano de 20 años Anna Magdalena Wilcke, la que, apenas verlo, se sintió vívidamente atraída por el talante del maestro, de quien, según nos cuenta ella misma, "sería necio decir que era hermoso" y que además le llevaba dieciséis años. Se casaron en diciembre de 1721 para toda la vida y tuvieron trece hijos. Una feliz unión que Bach alimentó día a día. Una noche, antes de cumplir un año de matrimonio, se acercó en silencio a Anna Magdalena y depositó ante ella "un librito encuadernado, de color verde, con lomo y cantoneras de cuero".

Las suites francesas
En su primera página se leía la inscripción Clavierbüchlein vor Anna Magdalena Bachin, Anno 1772, un compilado de composiciones simples y encantadoras para clavicordio, de los más diversos géneros, preludios corales, minuetos, rondós, arias. Unos años más tarde, Bach va a rehacer y completar tres de estas piezas, dando origen a las tres primeras suites de las célebres Suites francesas –seis en total–, obras que de francesas tienen tanto como de inglesas tendrán las casi paralelas Suites Inglesas. Alguna vez se editaron con el nombre de Suites pour le clavecin, y de ahí su apelativo, probablemente.

En su conjunto, la estructura de las seis suites es enteramente alemana, o mejor aún, italiana, con sus tradicionales cuatro movimientos o danzas: allemande - courante - sarabande giga, a los que se agrega, entre la sarabanda y la giga, un número variable de movimientos suplementarios como un minueto, una gavota, bourré, o un aria. A diferencia de las suites inglesas, no llevan preludio.

Suite francesa N° 3 en si menor, BWV 814 (Bach-Werke-Verzeichnis: Catálogo de Obras de Bach).
Secciones:
00       Allemande 
03:28  Courante
05:17  Sarabanda 
07:56  Gavotte
09:18  Minueto I
10:25  Trio
11:21  Minueto II
11:56  Giga

La versión es del pianista húngaro András Schiff, con ocasión del Festival Bach (Bachfest) año 2010, festival de música clásica que se realiza cada año en Leipzig, en el mes de junio.


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viernes, 14 de noviembre de 2014

Manuel M. Ponce: Suite en La menor



Tan solo dos años después de su ingreso al Conservatorio Nacional de Música de Ciudad de México, el pianista y compositor mexicano Manuel María Ponce estimó que no había aprendido nada, o, en el mejor de los casos, muy poco. Así que en 1903 abandonó los estudios formales y regresó a la vivienda familiar en Aguascalientes, capital del estado del mismo nombre, donde comenzó a desempeñarse, a sus 21 años, como profesor particular de piano y solfeo.

La tradicional Feria Nacional de San Marcos que se celebraba allí todos los años le brindaba la espléndida oportunidad de escuchar música autóctona vertida por los trovadores ambulantes que se desplazaban de feria en feria compartiendo su vasto repertorio de canciones populares. Un material riquísimo que Ponce consideró que podía constituir la base de la creación de una genuina música docta mexicana. Son los inicios del nacionalismo musical mexicano, del que Manuel Ponce es considerado el padre, aunque quien va a consolidar el movimiento será su futuro alumno, Carlos Chávez.

Manuel M. Ponce (1882 - 1848)
Viajes a Europa
Pero para llevar todo esto a cabo, era urgente la ampliación de sus conocimientos y para ello no había mejor camino que largarse a Europa. De modo que el compositor mexicano se aventuró primero por Bolonia, Italia, de ahí pasó a Alemania donde entre 1906 y 1908 perfeccionó su técnica pianística ni más ni menos que con el profesor Martin Krauze, ex-alumno de Liszt que será poco después el maestro formador de Claudio Arrau.

Algunos años más tarde, luego de cumplir dos temporadas como director de la Orquesta Sinfónica de México fue comisionado para estudiar composición bajo la guía de Paul Dukas. Allí tuvo la suerte de tener como condiscípulos a Joaquín Rodrigo y a Heitor Villa-Lobos. En el nuevo periplo también forjó una gran amistad con Andrés Segovia, pues el maestro Ponce, amén de pianista, dominaba también la guitarra. Y muestra de ello son sus cerca de 40 composiciones para guitarra, entre sonatas, sonatinas, preludios, estudios y suites.

Suite en la menor
Se presenta aquí su Suite en La menor para guitarra, de 1929, compuesta mientras Ponce adelantaba su licenciatura en composición en la Ecole Normal de Musique de Paris, y escrita expresamente en el estilo de la suite barroca a solicitud del amigo a quien iba dirigida, Andrés Segovia.
Son sus partes:
00       Preludio
02:41  Allemande
05:23  Sarabande
09:56  Gavota I y II
12:37  Giga

La versión es de la guitarrista armenia Gohar Vardanyan.



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jueves, 13 de noviembre de 2014

Addinsell: "Concierto de Varsovia"



Dangerous Moonlight se llamó la película. En ella, un pianista polaco y piloto de guerra circunstancial se ve atrapado en medio de la "Batalla de Inglaterra" durante la Segunda Guerra Mundial. La banda de sonido del film británico de 1941 incluiría originalmente, sin más trámite, el romántico Concierto N° 2 de Rachmaninof, estrenado hacía cuarenta años y que desde entonces había cautivado al público por su singular belleza. Pero los derechos de autor entorpecieron la iniciativa y los productores debieron optar por una pieza de concierto "original" aunque en la vena de Rachmaninoff, más precisamente, en la vena de su segundo Concierto.

Richard Addinsell (1904 - 1977)
La composición de tal obra recayó en el compositor Richard Addinsell, nacido en Londres en 1904 y que ya tenía a su haber, sin contar las piezas para teatro, la música incidental de un buen número de películas, entre ellas la taquillera Adiós Míster Chip, de 1939.

"Concierto de Varsovia"
Addinsell respondió con la pieza para piano y orquesta titulada Concierto de Varsovia, música incidental de la película a la vez que la obra que el protagonista, Stefan Radetzky, está componiendo para ser interpretada en medio de la trama.

Por cierto, la obra está escrita "en el estilo de Rachmaninof" y algo más, pues ha pedido prestado abiertamente a éste uno que otro trozo del Concierto N° 2, amén del espíritu, la calidez y la ternura. Es lo que los británicos necesitaban en 1941, y lo que Addinsell fue capaz de entregar con suma habilidad, abriendo paso a la moda de incorporar partituras "al estilo de la música clásica" en muchas películas posteriores, aunque ninguna con resultado más memorable que la de Addinsell.

Desde luego, el bello y profundamente romántico Concierto de Varsovia no es un concierto en el sentido habitual del término. Dura menos de diez minutos y tiene un solo movimiento. Aunque sí lo es el concierto que el protagonista de la película compone a través de la trama, pues una toma que captura un cartel anunciando la obra se encarga de señalarnos que tiene tres movimientos. La magia del cine.

La versión es del pianista húngaro Laszlo Kovacs, acompañado por la agrupación húngara Miskolc Symphony Orchester, a la que también conduce.



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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Rossini: "Semiramide" - Aria



Nadie sabe cómo lo hizo pero Domenico Barbaja, ex camarero de café, se las ingenió para convertirse a mediados de la segunda década del siglo XIX en el empresario de espectáculos musicales más importante de Nápoles. Dueño de una cuantiosa fortuna y regente del Teatro San Carlo, en 1815 decidió contratar al compositor Gioacchino Rossini para que compusiera dos óperas al año, pese a que la última entrega del autor, la ópera Sigismundo, había resultado un fracaso. Con todo, a esa altura Gioacchino Rossini se había transformado ya en el compositor más popular de Italia con tan solo cuatro años de carrera.

Isabel Colbrand (1785 - 1845)
Como mandamás del teatro napolitano, Barbaja estaba en condiciones de contratar a los mejores artistas de la plaza, y en busca de sopranos y mezzo dramáticas que pudieran encarnar los roles dramáticos que el público estaba esperando según su intuición empresarial, había visto en la cantante española Isabel Colbrand a la artista que necesitaba. En 1811, la soprano entró a formar parte del elenco estable del teatro, y poco después Barbaja establecía con ella una relación sentimental.
Hasta que llegó Rossini.

Rossini no solo se vio obligado a comenzar a componer óperas serias para cumplir su compromiso con Barbaja aunque en medio de todo ello compuso El Barbero de Sevilla sino que debió hacerlo teniendo en mente a la Colbrand como protagonista. Pero tanto empeño tuvo su recompensa. El mismo año que comenzó su colaboración con el empresario napolitano, el joven Rossini, de 23 años, logró cautivar a Isabel, siete años mayor que él. La Colbrand abandonó a Barbaja y se convirtió en la compañera de Rossini, con quien estableció una prolongada relación, con altibajos, que duró hasta la muerte de ella, en 1845.

Semiramide
Diez óperas escribió Rossini para Isabel protagonista o encargada de un rol destacado. La última de ellas, la obra en dos actos Semiramideen 1823, cuando las facultades vocales de la prima donna habían comenzado a experimentar un franco declive que, hábilmente, el compositor fue capaz de hacer pasar inadvertidas. Su estreno, en el teatro La Fenice, de Venecia, el 3 de febrero de 1823, fue todo un éxito, al punto de que se representó 28 veces más durante la temporada.

Bel raggio lusinghier
Poco representada hoy en día, sobreviven su célebre Obertura, y algunas arias consideradas aún hoy obras maestras; entre ellas, la dificilísima aria del Acto I, Bel raggio lusinghier, donde Semiramide, reina de Babilonia, expresa su alegría por el regreso del general Arsace, de quien está enamorada; lo que no sabe es que el general es su hijo intrigas prerrománticas del XIX.

La versión, brillante, es de la soprano estadounidense June Anderson, en el MET de Nueva York, en 1990.



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lunes, 10 de noviembre de 2014

Chopin: Concierto para piano N° 1



Cuando Chopin se estableció en París, en 1831, hacía seis años que había hecho lo mismo el pianista de origen alemán, profesor y fabricante de pianos Friedrich Kalkbrenner quien, luego de una larga temporada en Londres como pianista y hombre de negocios, había recalado en la ciudad luz, centro de la actividad musical europea de entonces, con el cartel de "el mejor pianista de Europa", confeccionado por él mismo. Chopin, de veintiún años, recién llegado, acudió a él por consejos y contactos. Kalkbrenner ofreció convertirlo en un virtuoso consumado en el plazo de tres años, si tomaba lecciones con él.

Cierto es que Chopin no había tenido hasta entonces propiamente un profesor de piano. Quienes le dieron las herramientas básicas fueron sus profesores en Varsovia, pero uno era violinista y el otro compositor. Así que no sorprende que escribiera entusiasmado a sus padres y hermanas que pensaba quedarse en París "unos tres años", precisamente el plazo sugerido por Kalkbrenner. Pero el entusiasmo por su potencial maestro fue decayendo a la par que con las armas que ya poseía deslumbraba a los asistentes a las veladas parisinas donde era invitado a tocar. Finalmente, Chopin resignó el apoyo de Kalkbrenner pero lo distinguió con la dedicatoria de su Concierto en mi menor, cuando fue publicado, en París, en 1833.

Retrato de Chopin joven,
por Ary Scheffer
Era el segundo concierto para piano que Chopin escribía, pero el primero en publicarse. Por ello, el editor le asignó el N°1. El primero había sido el Concierto en fa menor, que se publicará tres años más tarde, en 1836 y, consiguientemente, será designado como el N°2.
Ambos fueron compuestos en Varsovia, cuando Chopin tenía entre 19 y 20 años, y tuvieron su estreno con ocasión de las numerosas veladas organizadas para despedir al virtuoso joven que abandonaba Varsovia con la idea de estar fuera quizá "unos tres años", pero que jamás regresaría.

Concierto N° 1 en mi menor, opus 11
No han faltado, ni entonces ni ahora, las opiniones acerca de la debilidad, o el escaso ingenio o brillantez de la orquestación chopiniana. Poco interesante, es la imputación más común. Sucede que el joven autor no tiene como modelos el concierto beethoveniano, o mozartiano, sino el de sus contemporáneos, menos notables (Hummel, Hiller, o el mismo Kalkbrenner), en que el piano es abiertamente el protagonista, con la orquesta en un plano secundario, encargada de la exposición inicial de los temas y de subrayar los momentos de gran expresividad en apoyo al solista. En lo que todos coinciden es que la escritura pianística no tiene igual.

Movimientos
Son tres, los típicos del periodo:
00       Allegro maestoso
20:54  Romance. Larghetto
30:38  Rondo. Vivace

La versión es del pianista ruso Evgeny Kissin, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Israel, conducida por el maestro indio Zubin Mehta.



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viernes, 7 de noviembre de 2014

Mozart: Concierto para piano N° 21



Cuando tenía siete años Wolfgang Amadeus Mozart había recorrido las cortes europeas tocando el piano con el teclado oculto por un paño, y antes de los ocho había compuesto su primera sinfonía. Por ello, cuando se instaló en Viena en 1781, a los 25 años, lo hizo con la firme decisión de ganarse la vida cultivando en el mayor grado posible ambas habilidades, la de pianista y la de compositor. Nada más atinado entonces que componer sus propios conciertos y dirigirlos desde el piano, acompañado de una orquesta formada y contratada para la ocasión.

Su padre, Leopold, no era partidario de la idea y desde Salzburgo le reconvino acerbamente armando una trifulca epistolar en la que machacó que su destino estaba en alguna glamorosa corte europea y no en su transformación en músico free-lance, concepto que, desde luego, no existía. La guinda de la torta la puso Wolfgang al año siguiente, cuando, sin el consentimiento de Leopold, contrajo matrimonio con Konstance Weber.

A esa altura, Mozart había compuesto seis conciertos para piano. Y la vida en pareja no hizo otra cosa que aumentar considerablemente su producción. En la temporada 1782-83 compuso tres conciertos, recibidos con gran entusiasmo por el público vienés, lo que le llevó a doblar la apuesta con la creación de seis conciertos más en 1784. Los conciertos por suscripción con su propia música resultaron ser una excelente veta, si bien en los dos años siguientes aflojó ligeramente el tranco: solo compuso tres.

Leopold debió recular. Estaba gratamente sorprendido. Su hijo vivía en Viena felizmente casado y se las arreglaba solo.
Son, por cierto, los mejores años de Konstance y Wolfgang: tienen un rozagante bebé de un año (es decir, ha sobrevivido hasta el momento), viven en un sector elegante de Viena, han contratado sirvientes y Wolfgang está buscando la oportunidad de confesarle a Konstance que está a punto de comprarse una mesa de billar.

Concierto N° 21 en do mayor, K. 467
Apenas terminado el concierto N° 20 en re menor, Mozart se abocó a la composición del siguiente, que se iba a convertir en el más popular de todos. En tan solo cuatro semanas, mientras daba clases y atendía a su padre que estaba de visita, Mozart inició y terminó el Concierto en Do mayor, estrenado en el Burgtheater de Viena, con Wolfgang al piano, el 10 de marzo de 1785, un día después de incorporarlo a su catálogo.
La extendida notoriedad de la que hoy disfruta se la debe, malgré tout, a la incorporación de su segundo movimiento, Andantea la banda sonora que acompañó la romántica historia contada en la película sueca Elvira Madigan, de 1967. Neil Diamond, por su parte, sumó un granito de arena a la popularidad de la pieza con su canción Song Sung Blue, de 1972, aunque no le contó a nadie.

Movimientos:
Los típicos tres del período clásico: rápido - lento - rápido.
00        Allegro maestoso
14:23   Andante
20:55   Allegro vivace assai

La versión es del maestro italiano Maurizio Pollini, acompañado de la Orchestra Filarmonica della Scala, dirigida por Riccardo Muti.


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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Rimski-Kórsakov: Capricho español



La muchacha que había quedado encargada del negocio esa mañana se sorprendió al ver que un alto y espigado marino entraba a la tienda alzando ligeramente su gorra de oficial de la marina rusa en dirección a ella. El oficial deambuló por entre las estanterías repletas de libros de todo tipo y se detuvo ante lo que parecía ser la sección reservada a la música. La muchacha lo observaba complacida y se alegró aún más cuando lo vio acercarse con un volumen en la mano. Hablaron en francés, el oficial con soltura, la muchachita a duras penas. Tras salir de la tienda, el oficial se veía contento. Llevaba en sus manos los Cantos y bailes populares de España, recopilación del compositor español José Inzenga y Castellanos.

Rimski-Kórsakov (1844 - 1908),
retrato de 1864
El oficial se llamaba Nikolai Rimski-Kórsakov y servía en la fragata Almas que hacía dos días había tocado puerto en Cádiz, de regreso a San Petersburgo tras casi dos años de crucero por el mundo.
Rimski, que como se habrá adivinado, también era músico, tenía en esa época 21 años. Ya había compuesto su primera sinfonía, saludado a un público entusiasta el día de su estreno, y formaba parte del célebre Grupo de los Cinco, círculo de compositores rusos que propiciaba la creación de una música específicamente "rusa", en contraposición a una que imitara simplemente el estilo en que hasta entonces se había basado la música europea.

Pero así como se promovían los temas rusos, el grupo no se oponía a la utilización de motivos folklóricos de otras tierras. Por ello no sorprende que el visionario Rimski se hiciera con los cuadernos de canciones de Inzenga con veinte años de adelanto a su tratamiento orquestal en una obra sinfónica. El resultado de tan provechosa adquisición fue la composición de una de sus obras más populares, Capricho Español, compuesto sobre la base de los temas que en Cádiz conoció esa mañana de 1865.

Capricho español op. 34
Con el título original de Capricho sobre temas españoles para orquesta, tuvo su estreno el 31 de octubre de 1887 en San Petersburgo, bajo la dirección del compositor. Los temas, principalmente asturianos, están abordados a "la manera rusa" con un tratamiento orquestal que pone en evidencia el genio de Rimski-Kórsakov como orquestador. La obra, aplaudida por los instrumentistas durante los ensayos, fue dedicada a todos ellos. Su estreno bastó para su inmediata incorporación al repertorio estándar, y ahí continúa hasta el día de hoy.

La versión es de la Danmarks Radio SymfoniOrkestret, dirigida por el español Rafael Frühbeck de Burgos, en el Copenhagen Concert Hall, el año nuevo de 2014.


Movimientos:
   00   Alborada  Danza festiva, típica de la música asturiana.
1:50   Variaciones Presentado el tema por las trompas, le siguen cuatro variaciones. 
6:35   Alborada  Recreación del tema del primer movimiento, con diferente instrumentación y en otra tonalidad.
7:55   Escena y canto gitano  Serie de danzas. La última danza enlaza sin pausa con el último movimiento (atacca):
13:01 Fandango asturiano
La obra finaliza con una nueva exposición del tema de la Alborada, algo más briosa, en 15:13.

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lunes, 3 de noviembre de 2014

Johannes Brahms: Canción de cuna



Durante milenios, las madres del mundo entero han cantado canciones de cuna a sus bebés para provocar en ellos el sueño o la quietud. Pero no siempre ha sido la ternura o el amor lo que las impulsa. Las hay que contienen un regaño al niño por su llanto, o una seria amenaza si continúa haciendo ruido. Descubierta hace poco en lo que fue Babilonia, la canción más antigua documentada, con data de cuatro mil años, previene al bebé –en escritura cuneiforme– de que con su llanto despertará al demonio, y que si no se calla de inmediato, éste no tendrá más remedio que comérselo.

Por fortuna, las lullabies inglesas, berceuses francesas o Wiegenlied alemanas del muy posterior y romántico siglo XIX presentan otros aires, donde la ternura y el afecto se prodigan –la construcción del apego, se diría hoy, modernamente. Generalmente en ritmo de 6/8 y con escasamente otro acorde más allá de tónica y dominante, buena parte de los compositores románticos trabajaron la "forma", porque tenía demanda de una naciente clase media. Pero hubo una que se distanció enormemente de sus pares, hasta el día de hoy. Es obra de Johannes Brahms.

Wiegenlied, opus 49 N° 4
Quizá la canción de cuna más popular y reconocida en el mundo entero, fue publicada en 1868, y está dedicada a una amiga de Brahms con ocasión del nacimiento de su segundo hijo, amiga de la cual se dice estuvo enamorado en su juventud. Con versos del folklore alemán, fue presentada en público por primera vez el 22 de diciembre de 1869, en Viena. La cantó la soprano alemana Louise Dustmann acompañada al piano por Clara Schumann.
En versión para cello y piano, se presenta aquí a cargo del cellista húngaro Lászlo Fenyó y el pianista ruso Kirill Krotov. Como resulta obvio, dura menos de dos minutos.



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