viernes, 30 de diciembre de 2016

Albéniz: "El Albaicín", de la suite Iberia


"Pocas obras de música valen lo que El Albaicín, donde se encuentra la atmósfera de esas noches de España que huelen a clavel y a aguardiente. Es como los sonidos ensordecidos de una guitarra que se queja en la noche, con bruscos despertares y nerviosos sobresaltos".
Las entusiastas y poéticas palabras son de Claude Debussy, en la época en que junto a Fauré y Granados, promovía ante el gobierno francés la concesión de la Gran Cruz de la Legión de Honor al pianista y compositor español Isaac Albéniz. El maestro no alcanzó a recibirla.


Debussy hacía mención a la pieza considerada la obra maestra al interior de esa otra obra maestra que es la suite Iberia, compuesta entre 1905 y 1908, al final de la vida del compositor.
"El Albaicín" encabeza el tercer cuaderno de los cuatro que conforman la colección de doce piezas, y su título parece remitir al barrio gitano granadino del mismo nombre. Arrancando de una simple "bulería" (un ritmo flamenco), la pieza logra erigirse sobre tres claras secciones de alto y definido contraste entre sí.

Isaac Albéniz (1860 - 1909)
La versión es de Alicia de Larrocha en una presentación en televisión del año 1969. La calidad del sonido logrado no es de los mejores, tampoco la imagen. Pero la musicalidad entregada por la intérprete española sobrepasa, por lejos, otras versiones más "modernas" en cuanto a técnicas de grabación.
En mi humilde opinión, la maestra, pianista y compositora Alicia de Larrocha, no obstante sus manos pequeñas, fue capaz de hacer de El Albaicín una versión inigualable, respondiendo a cabalidad con el calificativo de "gran dama del piano", como se la conoce en España.



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viernes, 23 de diciembre de 2016

Schubert: Marcha Militar No 1


Junto a la "Serenata" y el "Ave Maria", la Marcha Militar No 1 probablemente sea una de las melodías más famosas de Franz Schubert. Conocida popularmente con el sencillo título de "marcha militar de Schubert", es la primera de la serie de Tres Marchas Militares publicadas en 1826, como opus 51, por Anton Diabelli en Viena.
Se suponen escritas en el castillo de Szeliz, a unos 150 km de Viena, donde Schubert pasó los veranos de 1818 y 1819, contratado como preceptor musical de las hijas del conde Johann Esterházy, primo del protector de Haydn.


Las niñas eran dos: Carolina de 13 años, y Maria, de 15. El joven profesor contaba veintiuno. Con María, las clases eran más interesantes pues mostraba un nivel más avanzado que su hermana, pero al segundo verano el pequeño Schubert comenzó a interesarse sentimentalmente en Carolina que, claro está, ahora tenía catorce. Sin embargo, su proverbial timidez no le permitió ir más allá. Con todo, rebosantes de optimismo están las cartas de la época enviadas a sus amigos en Viena: "Me encuentro perfectamente vivo y compongo como un dios [...]", escribe en una de ellas.

Schubert, joven (1797 - 1828)
Profesor de dos hermanas, las composiciones escritas como un Dios que podían resultarle de mayor provecho inmediato, eran, naturalmente, las piezas a cuatro manos. Así que las marchas militares se habrán escuchado más de una vez en palacio, Schubert acompañando a una de las niñas o, quizá, arrellanado en un sillón, escuchando a sus alumnas con oído atento, presto a corregir, aunque con la mirada fija en Carolina, especulo.

De la Marcha Militar No 1 (catalogada hoy como D.733, junto a las restantes dos marchas) se han hecho innumerables arreglos y versiones, y ha sido utilizada en múltiples formatos de TV, y en cine. Entre las reescrituras más serias, sobresalen por su importancia, la Gran paraphrase de concert de Liszt, y la "cita" de Stravinski en Circus Polka (ballet coreografiado para bailarinas y elefantes).

Marcada allegro vivace y escrita en la tonalidad de Re mayor, la pieza presenta la tradicional estructura ternaria A-B-A, la sección final una franca repetición de la de inicio.
Se presenta aquí la version original para piano a cuatro manos, a cargo del dúo de pianistas Salim & Sivan.


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martes, 20 de diciembre de 2016

F. Kalkbrenner: Nocturno opus 121 No 1


Descontados los musicólogos, si algún melómano de hoy recuerda a Friedrich Kalkbrenner, es por su desmedida pretensión de convertirse en maestro de su tocayo, Frédéric Chopin, cuando éste apareció por París en 1831 y lo visitó para solicitar su tutoría. El maestro Kalkbrenner le ofreció tres años de lecciones. Chopin se entusiasmó, escribió a sus padres que "el mejor pianista de Europa" iba a tomarlo bajo su tuición y a hacer de él un gran virtuoso. Frédéric, un muchacho de provincia de 21 años, creyó en su magia. No era necesario. Y el arrebato duró poco. Al cabo de un año abandonó las lecciones.


Desde luego, Kalkbrenner sabía tocar el piano, y muy bien. Había dado su primer concierto público a los cinco años, en Alemania, su país de origen. Y en el Conservatorio de París, adonde pronto llegó a estudiar, se graduó a los trece años. Vivió diez años en Londres, cautivando a la nobleza de Inglaterra con sus octavas prestissimo y la pasión que imprimía a ciertos pasajes. Similar conmoción provocó en París, donde se estableció en 1824 como pianista virtuoso y solicitado profesor. Ahí lo encontró Chopin.

Friedrich Kalkbrenner (1785-1849)
Kalkbrenner escribió de todo: óperas, sonatas y conciertos para piano. Pero nada de eso ha sobrevivido. Es altamente improbable que en las salas de concierto se haya escuchado una sola pieza del autor durante todo el siglo veinte. Sin embargo, alrededor de los ochenta prendió algún entusiasmo en las casas disqueras (la moda del "rescate") y parte de su música se ha venido grabando desde entonces. En principio, piezas breves, sus nocturnos por ejemplo.

Harto distantes de los nocturnos de Chopin (quizá también de los de Field), las obras, no obstante, habrán conmovido a las audiencias de su tiempo. Lo superarán, en el piano, largamente, Chopin y Liszt. Pero poco le habrá importado a Kalkbrenner. Financieramente cómodo a raíz de su exitosa carrera como pianista y profesor, en sus últimos años se hará socio de la casa de pianos Pleyel. El maestro Kalkbrenner morirá rico.

En versión del pianista holandés Bart von Oort, se presenta aquí el Nocturno en La bemol mayor, opus 121 No 1, subtitulado Les Soupirs de la Harpe Eolienne, grabado en un piano Erard de 1837.


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lunes, 19 de diciembre de 2016

Beethoven: Rondó en Sol mayor, op 129


El manuscrito del ágil y encantador rondó de Beethoven que lleva por título original Rondo alla ingharese quasi un capriccio estuvo "perdido" por cerca de ciento veinte años. Hoy día es un favorito de los pianistas, para valerse de él como gracioso bis, pero en vida de Beethoven es improbable que se haya escuchado en algún escenario. El manuscrito, aparentemente incompleto, fue encontrado entre las pertenencias de Beethoven luego de su muerte en 1827.


Al año siguiente, lo publicó su amigo, colega y editor Anton Diabelli, quien habría ocultado el hecho de que la composición parecía no estar terminada. Tras la publicación de 1828, el manuscrito desapareció y solo fue reencontrado en EEUU en 1945, esta vez entre las pertenencias de una señora de apellido Noble, que lo había mantenido en su poder por al menos 20 años. Y efectivamente, el original muestra algunas discrepancias con las ediciones posteriores a la edición Diabelli, todas basadas en ella.

En todo caso, con el hallazgo en mano, se pudo conocer la época de composición de la pieza, pues el manuscrito, en sus últimas páginas, contiene bocetos de obras de conocida data, los años 1795-98. Así pudo concluirse que el rondó pertenecía a la misma época. Es obra de un Beethoven veinteañero, acercándose a los treinta, con residencia en Viena desde hace al menos tres años.

La pieza es conocida también por el curioso título de "La rabia por un centavo perdido, desahogada en un capricho" (traducido con toda libertad del inglés Rage over a lost penny, vented in a caprice, traducido, imagino que correctamente, del alemán, que no transcribo). Estas palabras aparecen escritas en el manuscrito pero no por la mano de Beethoven. Se especula que pudieran ser obra de su amigo y primer biógrafo Anton Schindler quien se caracterizó por tomarse a menudo libertades con su célebre amigo, que desembocaron más de una vez en rabiosos desencuentros, aunque transitorios.

Fantaseando con la idea de que el maestro hubiese tomado efectivamente inspiración de una ira pasajera, Robert Schumann (que para la muerte de Beethoven tenía 17 años) escribirá más tarde: "...sería difícil encontrar algo más alegre que este Capricho... Se trata de la ira más amable, inofensiva, similar a lo que se siente cuando uno no puede sacar el pie de la bota".

Marcado allegro vivace, el rondó combina el esquema tradicional de la forma con la inventiva singular de Beethoven para las variaciones.
La versión es del excelente pianista nacido en China, Sheng Cai. La pieza dura menos de seis minutos. El resto son aplausos.


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viernes, 16 de diciembre de 2016

Shostakovich: Sinfonía No 7 "Leningrado" Mov. 1 Allegretto


La Sinfonía No 7 de Dmitri Shostakovich, llamada "Leningrado", es una obra llevada a término en tiempos de guerra, y estrenada de la manera más heroica imaginable.
El 22 de junio de 1941, las tropas alemanas invadieron Rusia en el marco de un plan concebido el año anterior, la "Operación Barbarroja". Para fines de julio, la capital Leningrado (es decir, San Petersburgo, antes y ahora) estaba rodeada completamente. El sitio a la ciudad duró exactamente 872 días, desde el 8 de septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944. Fue el asedio a una ciudad más largo de la historia, y el más costoso en términos de vidas civiles y militares.


Si bien es posible que Shostakovich haya a comenzado a componer la sinfonía antes de la invasión, lo concreto es que cuando comenzó el sitio se desempeñaba allí, en Leningrado, como profesor del conservatorio (fue bombero del mismo durante el sitio) y allí terminó los tres primeros movimientos. Meses más tarde, él y su familia lograron ser evacuados, completando la sinfonía en Kuibyshev, la capital provisional, el 27 de diciembre de 1941. Su estreno tuvo lugar allí el 5 de marzo de 1942. Sorprendentemente, cinco meses después, se estrenó en la ciudad sitiada.

Shostakovich, bombero en Leningrado
A un año del asedio, la única orquesta que quedaba en la ciudad, la Orquesta de la Radio de Leningrado estaba inactiva, debido a que buen número de sus miembros habían sido heridos o estaban muertos. De modo que cuando su director llamó a sus integrantes para el excepcional ensayo de una nueva Sinfonía de Shostakovich solo se presentaron quince. La mayoría, famélicos: los instrumentistas de vientos se desmayaban luego de emitir las primeras notas. Hubo que traer músicos desde el frente. Los primeros ensayos no alcanzaban a durar una hora, debido al agotamiento generalizado. Mientras, los bombardeos de la Luftwaffe no cejaban.

En estas increíbles condiciones, con un solo ensayo de la obra completa logrado recién esa mañana, la Sinfonía fue interpretada en el Gran Salón de la Filarmónica el 9 de agosto de 1942. A través de parlantes instalados por la ciudad en dirección a las filas enemigas, también pudo ser escuchada por los soldados alemanes (y finlandeses, que también pusieron su cuota en el asedio).
[Un completísimo artículo sobre las condiciones, los preparativos y la logística empleados en esta performance increíble, se puede ver aquí, en inglés].

La Sinfonía, en la tonalidad de Do mayor, tiene una duración cercana a los 80 minutos, y la conforman cuatro movimientos: Allegretto / Moderato (poco allegretto) / Adagio / Allegro non troppo.
Se presenta aquí el Primer Movimiento, con Gennady Rozhdestvensky dirigiendo la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Cultura de la URSS, que suponemos habrá desaparecido, o al menos, cambiado de nombre.

Primer movimiento - Allegretto
Abre con un tema radiante y resuelto que desempeñará un papel prominente en toda la sinfonía. Le siguen varios temas más bien relajados, que no son objeto de desarrollo. En su lugar, Shostakovich nos ofrece un crescendo orquestal de larga duración sobre un tema que se apoya en un patrón rítmico insistente. Se supone que es el "tema de la invasión", aunque el autor se guardó para más tarde el señalamiento de que también "estaba pensando en otros enemigos de la humanidad cuando compuse el tema". El tema comienza inocentemente (5:50), como escuchado a la distancia, volviéndose cada vez más ominoso y aterrador a medida que gana en volumen. Es considerado uno de los pasajes más notables de la producción sinfónica de Shostakovich. En su clímax, tremendamente distorsionado, el compositor trae de vuelta el tema de la apertura, en un gesto de desafío y heroísmo ante el monstruoso acto de guerra. [Este párrafo, traducido y editado libremente desde las páginas de LA Phil].


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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mozart: Divertimento en mi bemol


Entre 1769 y 1773, Mozart visitó Italia en tres oportunidades, acompañado de su padre Leopold las tres ocasiones. El primer viaje fue el más extenso, y también el más provechoso si solo consideramos la cantidad de encargos recibidos por el joven compositor de catorce años en las muchas ciudades que visitaron. Habían partido de Salzburgo el 13 de diciembre de 1769. Luego de 15 meses compartiendo con la nobleza italiana y los más altos dignatarios eclesiásticos, para quienes Wolfgang tocó el clave y dirigió orquestas, padre e hijo regresaron a Salzburgo en marzo de 1771, embriagados de música y arte italianos.


La exitosa gira pronto llegó a oídos del Palacio Imperial de Viena. Y se decidió invitar a Wolfgang a escribir una ópera que debía representarse en Milán en octubre de 1771 para celebrar los esponsales del archiduque Fernando (hijo de Maria Teresa de Austria y hermano de Maria Antonieta, quien más tarde conocerá la guillotina) y la princesa Beatriz de Módena. Así que a los pocos meses de volver a casa, los Mozart debieron partir otra vez, ahora a Milán, donde permanecieron tres meses. La ópera (Ascanio in Alba) obtuvo un éxito apabullante, pues, gozosos de participar en una obra del joven genio austriaco, Wolfgang pudo contar con los mejores cantantes y los más destacados instrumentistas.

En contacto con estos últimos, Mozart cayó en cuenta de la preponderancia que ocupaba en las orquestas italianas un instrumento que, por lo visto, los músicos austriacos no acababan de reconocer como era debido: el clarinete. Y puso manos a la obra.
Durante su breve estadía en Milán, Mozart compuso dos divertimenti al estilo del popular divertimento italiano. En ambos (en mi bemol y si bemol), un par de clarinetes tienen participación destacada, dialogando, casi cómicamente, con los cornos ingleses, las trompas o el fagot.

Divertimento en mi bemol mayor, K. 113
Dos versiones existen de la obra. Una, fechada en Milán, noviembre de 1771, para dos clarinetes, dos cornos y cuerdas. La otra, para solo conjunto de vientos, excluido el clarinete, que no lleva fecha ni lugar de composición. Se presume que la primera obedece al gusto italiano, escrita para los milaneses. La segunda, para sus coterráneos, pues Mozart no habría tenido clarinetes a su disposición en Salzburgo. La discusión continúa. 

Se presenta aquí la primera versión, a cargo de la agrupación alemana C.P.E. Bach Orchestra, dirigida por Hartmut Haenchen.

Movimientos:
0:00  Allegro
3:17  Andante
6:20  Menuetto
7:51  Trio Allegro


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lunes, 12 de diciembre de 2016

Mijail Glinka / Balakirev: "La Alondra"


En 1836, Mijail Glinka había asombrado al público y crítica rusos con el estreno de su primera ópera, La vida por el zar. Tenía 32 años y se aprestaba a iniciar la composición de un segundo trabajo en el género, Ruslán y Liudmila, según el poema homónimo de Pushkin. Pero tardará cinco años en completarla, debido, entre otras cosas, a su salud quebrantada tras sufrir el abandono de su mujer. Maria Petrovna Ivanova, una chica de San Petersburgo, lo dejó por otro, sin sutilezas, un día cualquiera.


La unión no había sido feliz y el rompimiento se veía venir aunque nunca con la desenvoltura de que hizo gala Maria Petrovna. El compositor buscó refugió en la naturaleza. Abandonó San Petersburgo y pasó largos periodos en el campo. Pero no dejó de componer. Aun sumido en el abatimiento, en 1840 tomó inspiración de unos versos de su amigo y poeta Nestor Kukolnik y sobre ellos escribió un ciclo de doce canciones, las que reunió bajo el título colectivo de "Adiós a San Petersburgo".

Mijail Glinka, en 1840
(1804 - 1857)
"La alondra" es la más popular de aquellas canciones. Pero lo es más en su arreglo para piano solo. En 1855, dos años antes de su muerte, Glinka conoció a un joven Mili Balakirev, a quien estimuló para que abandonara las matemáticas definitivamente y se dedicara a componer.
En agradecimiento a su mentor y amigo, entre sus primeras composiciones Balakirev transcribió para piano un buen número de canciones de Glinka. La más aplaudida ha sido, desde luego, La alondra.
La pieza debe a Glinka, indudablemente, la excepcionalmente bella y triste melodía. A Balakirev, el trazo y el dibujo musical.

La versión es de la pianista Olga Scheps, nacida en Moscú y radicada en Alemania.


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jueves, 8 de diciembre de 2016

Zoltán Kodály: Siete piezas para piano


"La formación musical del niño comienza nueve meses antes de su nacimiento". Es una frase atribuida a Zoltán Kodály, compositor, pedagogo y musicólogo húngaro, creador del "método Kodály" que aún hoy mantiene su vigencia en la formación musical de los niños, postulando que un acercamiento al mundo sonoro de manera natural y espontánea generará las habilidades requeridas, pues en opinión del gran pedagogo que fue Kodály todo individuo en este mundo es capaz de crear música.


Respondiendo a ese precepto, en compañía de su amigo Béla Bartók dedicó largos periodos a recorrer la Hungría rural a fin de grabar y luego transcribir lo que el folklore más genuino podía entregarle, aquel cultivado por granjeros y campesinos.
La colaboración con Bartók en esta empresa dará como resultado, en 1913, la publicación de una serie de colecciones de canciones populares húngaras, que cerrarán un ciclo nacionalista iniciado durante el romanticismo y que legó a Hungría la conciencia de su personalidad musical.

Zoltán Kodály (1882 - 1967)
Gran estudioso de la voz humana, buena parte de su obra es vocal, o coral. (Su trabajo más celebrado es la ópera Háry János, de 1927, y la suite que le siguió). Su música instrumental, o de cámara, es reducida. Más aún lo es aquella escrita para piano, la que poco se conoce fuera de Hungría. Pero ello mismo la hace interesante porque su audición permite adentrarse en rincones poco conocidos del vasto repertorio pianístico universal.

Siete piezas para piano Opus 11
Salvo la tercera pieza (de 1910), fueron compuestas entre los años 1817-18 mientras el autor se desempeñaba como profesor de composición en la Academia de Música de Budapest. Influencias de Debussy y Ravel se aprecian en algunas piezas (3 y 4, por ejemplo), así como su relación con Bartók y el folkore húngaro es perceptible en el conjunto. Las siete piezas, que aquí se presentan en dos videos, son:

Video 1
0:00  1. Lento
1:28  2. Lamento Székler (*)
3:49  3. "Il pleure dans mon coeur comme il pleut sur la ville"
5:25  4. Epitafio

Video 2
0:00  5. Tranquillo
1:58  6. Canción Székler
4:58  7. Rubato
(*) Pueblo szekler: grupo étnico húngaro que habita Transilvania.

La versión (audio) es del excelente maestro húngaro ya fallecido György Sándor, en una grabación de 1974.






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lunes, 5 de diciembre de 2016

Franz Liszt: Rondó fantástico sobre un tema español


Franz Liszt fue el "inventor" del recital de piano. Es decir, fue el primer pianista que se presentó solo en un escenario interpretando él todos los "números". Corría 1840 y a partir de entonces pasaron a la historia los conciertos "colectivos" que junto a los solistas podían incluir agrupaciones de los instrumentos más diversos, amén de un par de arias interpretadas por las divas del momento para no aburrir a la audiencia con tanto timbre instrumental.


Para ello el artista requería de un repertorio amplio. Surgieron entonces las transcripciones para piano de obras orquestales, las fantasías sobre temas de ópera, las variaciones sobre motivos populares.
Liszt, el artista de masas del siglo XIX, lo tocó todo, cuidando siempre de reservar como gran finale una pieza que enloqueciera aún más a las damas presentes, señoras y señoritas que podían irse a las manos por apoderarse del pañuelo arrojado a la audiencia por el encantador artista de veintinueve años.
Una fantasía "de bravura" sobre un popular aire español no le falló nunca.

Rondeau fantastique sur un théme espagnol
Es su título original. Y el tema español el célebre polo Yo que soy contrabandista, uno de los números musicales de El poeta calculista, obra del tenor y compositor Manuel García estrenada en Madrid en 1805. El rondó fue compuesto en 1836, y se publicó simultáneamente al año siguiente en Leipzig, Milán y París. Hacía tres años, Chopin había dedicado a Liszt los Estudios del Opus 10. Pudo haber devuelto la mano con esta dedicatoria, pero el maestro húngaro habrá considerado que no se compadecía una cosa con la otra. Está dedicada, pues, a George Sand, que se hará "amiga" de Chopin solo al año siguiente.

Sus dificultades técnicas son grandiosas, y se cuentan con los dedos de una mano los pianistas que han osado grabarla, y menos aún, interpretarla en público. El concertista ruso Mikhail Pletnev se lo propuso, pero terminó desistiendo cuando vio que la pieza era "intocable", según señaló. Claro está, también es posible que a muchos intérpretes de reconocido virtuosismo la parafernalia técnica por sí misma no haya logrado entusiasmarlos.
Existen en Youtube versiones en vivo en escenarios formales (Bruni, Howard), pero hemos preferido mostrar aquí la performance harto informal, muy democrática y alejada de todo divismo, que la ucraniana Valentina Lisitsa decidió entregar en una estación de trenes londinense, en un piano vertical algo desafinado y que al parecer tiene una tecla que no funciona. Bravo por el atrevimiento.


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sábado, 3 de diciembre de 2016

J.C. Bach: Sonata para dos pianos


Johann Christian Bach fue el hijo menor de Johann Sebastian. Luego de vivir la valiosa experiencia de pasar algún tiempo en Italia, se estableció en Londres en 1764 tras obtener el puesto de maestro de música de Sofía Carlota, la duquesa alemana que había llegado a Inglaterra para convertirse en reina consorte de Jorge III. Hicieron buenas migas. Al menos podían conversar en alemán cuando les daba gusto y ganas. Tan exitosamente se integró allí Johann Christian que llegaron a llamarle "el Bach de Londres".


Cuando tuvo la suerte de conocer a Mozart (no peca de falsedad la relación opuesta), el piano se había inventado hacía poco para sustituir definitivamente al clavecin y, según se cuenta, fue el Bach de Londres, entonces de 30 años, quien se lo dio a conocer al pequeño músico salzburgués, de ocho años. Al fin y al cabo, había sido Johann Christian quien introdujera el nuevo instrumento en Londres.

J.C. Bach (1735 - 1782)
Johann Christian destacó en la ópera, género con el que consiguió sus mayores éxitos. Y si en el teclado no llegó a las alturas de su padre no se debe en absoluto a falta de talento, sino al modo en que tomó forma su vida como músico. Cuthbert Girdlestone, musicólogo británico moderno, lo expresa con acierto:
"Su público le pide la música que le divierte y que mata su aburrimiento... Su música es una sucesión de melodías gráciles y refinadas; sus allegros son agradables, desenfadados; sus andantes, tiernos y a veces lánguidos e idílicos, reflejan el sueño bucólico que encantaba a la sociedad de los años ochenta del s. XVIII; sus prestos no carecen de vigor, pero todo el conjunto está cubierto por una máscara de risueña impersonalidad que expresa el lado superficial de la sociedad para la que escribía..."
Sonata para dos pianos Opus 15 No 5
Como ya comenzaba a hacerse costumbre, la escritura para piano a cuatro manos o dos pianos obedecía a la demanda de música para la familia, destinada a ser interpretada en casa, en los hogares de una incipiente clase media cada vez más entusiasmada con el arte, en particular con la música. Publicada en 1778, la sonata para dos pianos en Sol mayor consta de solo dos movimientos:
00:00  Allegro
06:20  Tempo di minuetto

La versión (solo audio) es del celebrado dúo de pianistas búlgaros Aglika Genova y Liuben Dimitrov. La huella que JC Bach va a dejar en Mozart salta a la vista, mejor dicho, al oído. De modo que con toda justicia también puede decirse que en 1764 quien tuvo suerte fue Mozart.


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martes, 29 de noviembre de 2016

Debussy: "La niña de los cabellos de lino"



Claude Debussy escribió sus dos libros de Preludios para Piano entre fines de 1909 y los primeros meses de 1913. Ambas colecciones constan de doce preludios, y presentaron en su tiempo la novedad editorial de que las delicadas descripciones con que se conocen hoy fueron puestas por Debussy al final de las piezas y no al principio como era lo usual, con el objeto, quizá, de que estas breves y algo pintorescas descripciones funcionaran como una reflexión, un segundo pensamiento inspirado por la música y no al revés.

Así, La fille aux cheveaux de lin es la descripción que Debussy agregó al final del Preludio No 8, del Libro I, apenas dos páginas de delicada música magníficamente diseñada que, en cuanto a popularidad, están a la par de las reconocidas Claro de Luna de la suite Bergamasque, de 1890, o del poema sinfónico Preludio a la Siesta de un Fauno, de 1894.

Claude Debussy (1862 - 1918)
Debussy tomó el título del poema homónimo de su compatriota Leconte de Lisle, una de sus Chansons écossaises que perfila la imagen de una muchacha de pelo color de lino, que la estética de la época asoció a inocencia, o candidez. Muy a tono con esta representación, la pieza de Debussy sorprende por su sencillez melódica y armónica, harto distante de su propio estilo para la época y más bien cercana al carácter de sus primeras composiciones.

(Entre estas composiciones de juventud, existe una melodía con el mismo título, nunca publicada, dedicada a Madame Vasnier, una soprano de la que Debussy estuvo prendado platónicamente entre 1880 y 1884, y a quien dedicó una veintena de canciones, todas inspiradas en poemas de autores franceses.)

La primera interpretación pública de la pieza tuvo lugar, junto con el resto de los preludios del Libro I, en Londres, el 2 de junio de 1910.
La versión que aquí se presenta, excelente, es de la pianista alemana Katharina Treutler.


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viernes, 18 de noviembre de 2016

Chopin: Balada No 3


Aunque Chopin nunca confirmó la fuente de la que tomó inspiración para sus cuatro baladas, es costumbre afirmar que obedecen a la admiración que tenía por la obra de su amigo y poeta polaco Adam Mickiewicz, exiliado como él en el París de los años treinta. Un entusiasta sostenedor de esta conjetura fue Robert Schumann (dedicatario de la Balada No 2, sin gran arrebato por parte de Chopin, hay que decirlo).
Schumann encontró en Mickiewicz poemas inspiradores para cada una de las baladas. Para la No 3, sostuvo que se inspiraba en el poema Ondina, que cuenta la historia trágica de un duende de agua, una ondina, que se enamora de un mortal.


Lo cierto es que Chopin jamás tuvo interés alguno en música que contuviera personajes o que contara historias. Pero tampoco rechazó estas sugerencias abiertamente. Simplemente las ignoró, por impertinentes, quizá. (Respecto del personaje mágico, reaparecerá en una de las más celebradas composiciones de Ravel, en el próximo siglo, como protagonista del primer movimiento de su suite para piano solo Gaspard de la Nuit, de 1908).

Balada No 3 en La bemol mayor, opus 47
La tercera balada fue compuesta durante los años 1840-41. Chopin ya llevaba casi diez años en París. Los primeros tiempos no habían sido fáciles. Pero todo cambió luego de conocer a la muy acomodada familia Rothschild, de origen judío, a través de quienes Chopin accedió a los círculos nobles y aristocráticos de París. Las damas le pidieron lecciones. La baronesa de Rothschild se inscribió la primera. También la señorita Pauline de Noailles, hija de un príncipe. A ella está dedicada la Balada No 3.

Menos turbulenta que las dos baladas anteriores, la tercera balada se inicia con una larga introducción que semeja, según los estudiosos, una conversación, un diálogo entre dos amantes. Recién en el minuto 02:11 aparecerá el primer tema, encantador y elegante. La pieza, de siete minutos de duración, concluye con una versión abreviada del segundo tema (03:58), de trazos virtuosos pero no triunfales, pues el encaprichamiento de la ondina, siguiendo a Schumann, ha resultado más amargo que dichoso.

La versión, excelente, es del maestro polaco Krystian Zimerman.


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domingo, 13 de noviembre de 2016

Schubert: Valses sentimentales


Alrededor de cien valses para piano escribió Franz Schubert durante su corta vida. Compuestos probablemente alrededor de 1823, el grupo de 34 miniaturas que llamó Valses Sentimentales no fueron concebidos como una obra integral sino que corresponden a breves piezas escritas en diferentes momentos que finalmente lograron interesar a un editor de Viena que las publicó en 1825 agrupadas como su Opus 50.
En 1827 escogerá otros doce, que esta vez llamará Valses Nobles, y que integrarán una nueva colección que se publicará como su Opus 77.


El conjunto de 34 miniaturas, cuya interpretación completa no dura más de veinticinco minutos, contiene algunas de las más bellas a la vez que pequeñas obras maestras de Schubert, por su invención melódica y su ternura tan propias del compositor (por eso quizá el título de "sentimentales"). Y, tal como ocurre con la mayor parte de la obra del maestro vienés, en estas brevísimas piezas no abundan para nada los efectos virtuosísticos. Sin embargo, la gracia y la frescura que muestran resultan admirables.

Casi noventa años más tarde, en 1911, Maurice Ravel publicará en París una de sus obras más reconocidas, el conjunto de siete valses más un epílogo que tituló Valses Nobles y Sentimentales en homenaje al pequeño Franz.

Guillaume Coppola, pianista francés, interpreta aquí los valses Nos 18, 20, 21 y 23. Los cuatro valses juntos apenas sobrepasan los tres minutos de duración. Se trata, efectivamente, de miniaturas.

 

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viernes, 11 de noviembre de 2016

Mozart: Fantasia en Do menor


En febrero de 1784, Mozart dio un giro admirable en su naturaleza despreocupada y traviesa para abocarse a la confección de un completo registro de sus obras, que llamó, con toda la seriedad del mundo, "Listado de todas mis obras". Con todo, no pensaba quemarse las pestañas en el proyecto pues tenía pensado completarlo por allá por el 1800, para cuando estaría debidamente "actualizado".
La pieza para piano solo Fantasia en Do menor (K. 475) ingresó al "catálogo" el 20 de mayo de 1875.


Son años en que Mozart, no obstante el éxito conseguido con El Rapto en el Serrallo, de 1782, se ha enfocado en la producción de conciertos para piano y en el desarrollo de su carrera como pianista. El año 1785, precisamente, vieron la luz los conciertos Nos 20, 21 y 22, ni más ni menos.

La Fantasia en Do menor fue publicada ese mismo año en conjunto (opus 11) con una sonata (la sonata en Do menor, KV 457), un género completamente distinto si se piensa en el carácter improvisatorio que se supone que tiene toda "fantasia". Esto llevó a pensar que el talante de esta última servía de algún modo como introducción a la sonata, formando ambas piezas una obra integral. Hoy, son consideradas piezas independientes, y bajo ese prisma integran el repertorio de los pianistas contemporáneos.

A diferencia de la pluralidad de sensaciones (patetismo, alegría, abandono) que evoca su homónima, en re menor, de 1782, la Fantasia en Do menor, iniciada en un hermoso tempo adagio, se caracteriza por mantener, en general, un clima un tanto sombrío, y quizá, hasta tenebroso. En la línea de las restantes fantasias de Mozart, exige del intérprete un virtuosismo transparente.

Una excelente versión es la que nos entrega aquí el notable pianista húngaro Zoltan Kocsis, fallecido hace pocos días en Budapest a los 64 años. El maestro Kocsis, además de desarrollar una extraordinaria carrera como virtuoso, también abordó exitosamente la dirección de orquesta, la composición y la pedagogía. Este modesto blog aventura aquí un sentido homenaje.



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lunes, 7 de noviembre de 2016

Sibelius: "Finlandia", poema sinfónico


La tierra que hoy conocemos como Finlandia fue incorporada al Imperio Ruso en 1809 con el decoroso nombre de Gran Ducado de Finlandia. Noventa años más tarde, en 1899, los vientos nacionalistas irrefrenables obligaron a Rusia a imponer una estricta censura a la prensa de la pequeña nación. Así las cosas, en noviembre de ese mismo año la prensa finlandesa organizó en Helsinki una gala para recolectar fondos que en realidad era una fachada para conseguir apoyo para una prensa libre.


La gala finalizó ceremoniosamente con la interpretación de una obra de reciente creación de Jean Sibelius, trabajo que para la ocasión se presentó con estudiada inocencia bajo el título de "Música para la Ceremonia de Prensa". La obra, compuesta de seis cuadros y una obertura, finalizaba con la pieza titulada "Finlandia Despierta". Tal fue la acogida brindada a este sexto cuadro, que Sibelius lo revisó al año siguiente, transformándolo en un poema sinfónico independiente que retituló derecha y simplemente "Finlandia".

Jean Sibelius (1865 - 1957)
Estrenado como obra autónoma el 3 de julio de 1900, el poema sinfónico reveló al mundo la maestría poética de Sibelius, convirtiéndose en el punto de arranque de un arrebatado sentimiento nacionalista, del que el compositor fue un excelso protagonista. De ahí en adelante, Finlandia se convirtió prácticamente en el segundo himno nacional, aunque debido a la censura la obra se presentó en esos años con los títulos más diversos, desde el cauto Nocturno hasta los más atrevidos Sentimientos Heroicos, o El Despertar de la Primavera Finlandesa, práctica obligada hasta que Finlandia logró su independencia luego de la Primera Guerra Mundial.

La versión, excelente, es de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas, bajo la dirección del maestro César Iván Lara. Su trozo más célebre se presenta en el minuto 4:00, primero en una atmósfera reverente; al final, se habrá convertido en una poderosa declaración de triunfo.


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lunes, 31 de octubre de 2016

Leos Janacek: Idilio para cuerdas



El periodo creativo del compositor checo Leos Janacek se divide con toda propiedad en dos mitades, transitando claramente la primera en el siglo XIX y la otra en el siglo XX. Y así lo refleja su música, al menos aquella compuesta para orquesta de cuerdas. Sus dos últimos cuartetos (el primero de ellos, llamado también "Sonata Kreutzer" –por la novela de Tolstoi, no por la sonata de Beethoven) están, musicalmente, firmemente asentados en el siglo XX. Y de sus dos trabajos tempranos para orquesta de cuerdas (Suite, 1877 e Idilio, 1878) no cabe duda de que pertenecen al siglo XIX; es más, según algunos estudiosos, incluso pueden sonar "al oído" como escritos un cuarto de siglo antes.

Leos Janacek, en 1882
(1854 - 1928)
Compuesta a los 24 años, mientras el autor se ganaba la vida en Brno como maestro de música y director de coros, Idilio para orquesta de cuerdas contó para su estreno, en diciembre de 1878, con la valiosa presencia de Antonin Dvorak, de quien Janacek era gran admirador. Se habían hecho amigos hacía poco. Más tarde, harán juntos un ambicioso y largo recorrido por Bohemia conociendo y recopilando temas folklóricos de la región.

La admiración de Janacek por Dvorak no era menor. Desde su cargo musical en Brno se había encargado de promocionar la obra del maestro, catorce años mayor. Una de las piezas recurrentes era la Serenata para Cuerdas (casi un estreno continuo, era recién de 1875), y es probable que su continua performance haya inducido a Janacek a crear sus propias obras para grupo de cuerdas.

Y no poco será lo que Janacek tomará "prestado" de su amigo maestro.
El Idilio tiene reminiscencias de otros autores, por cierto, y también asoman las raíces bohemias y moravias comunes a ambos compositores, pero la influencia de Dvorak, o el homenaje al amigo, es innegable a lo largo de los siete movimientos de la obra, una suite de 28 minutos de duración.

Movimientos:
00:00  Andante - Meno mosso - Da capo
03:57  Allegro - Moderato - [Allegro*]
06:54  Moderato - Con moto - [Moderato*]
10:26  Allegro
13:51  Adagio - Presto - Adagio
19:31  Scherzo
22:46  Moderato
[*] Este último tempo toma uno o dos compases.

La versión es de la orquesta de cámara A Far Cry, son sede en Boston, formada por 18 músicos que se presentan sin director, y que se llaman a sí mismos "The criers".


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viernes, 28 de octubre de 2016

Bedrich Smetana: "El Moldava"


"El Moldava" es el segundo de los seis poemas sinfónicos que integran el ciclo "Mi Patria", compuesto por el autor checo Bedrich Smetana casi al final de sus días, prácticamente retirado de la labor creadora debido a una sordera total. Comenzado el ciclo en 1874 y concluido en 1879, constituye la culminación del aporte nacionalista de su autor y, desde luego, es su grupo de obras más conocido en Occidente.


Nacido en el nordeste de Bohemia en 1824, Smetana dio su primer concierto de piano cuando tenía seis años. Ya adulto, logró gran reputación local como pianista, incursionando también en la composición aunque sus obras para piano no le reportaron una especial distinción. Sus mayores logros están presentes en su obra orquestal y, fundamentalmente, operística. Bedrich Smetana es el autor de la primera ópera propiamente bohemia ("Los Brandenburgueses en Bohemia"), con temática regional y cantada en checo cuando en la región solo se cantaba en alemán. Fue su primera incursión en el género, y también, su primer gran éxito, en su estreno de 1866.

Bedrich Smetana (1824 - 1884)
Trece años después, concluía el ciclo "Mi Patria". Pese a la sordera, Smetana continuó componiendo, y logró estrenar con éxito tres nuevas óperas, la última de ellas en 1882. A esa altura, el compositor estaba gravemente enfermo –aquejado de la sífilis causante de su sordera–, sufriendo pérdidas temporales de memoria y del habla. Poco después el daño cerebral era irreversible. En la primavera de 1884 fue internado en un asilo en Praga, donde murió el 12 de mayo de ese año. 

Vltava (El Moldava)
Vltava es el nombre checo de uno de los grandes ríos de Bohemia. La obra, estrenada en abril de 1875, evoca los sonidos del río a lo largo de su curso, desde su nacimiento –flauta sobre cuerdas en pizzicato– hasta los rápidos que hacen estallar el tema –violento tutti–, y el paso por Praga.
La pieza contiene la melodía más famosa de Smetana (1:11, primera aparición), una adaptación de La Mantovana, un tema atribuido a un tenor del renacimiento italiano, que también, en versión ad hoc, formó la base del himno nacional israelí.

Herbert von Karajan dirige la Filarmónica de Berlín, durante el tradicional Concierto de Año Nuevo, en Berlín, año 1983.


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lunes, 24 de octubre de 2016

JS Bach: Suite Inglesa No 2 - Preludio


Así como las Suites Francesas del maestro barroco no tienen de francesas más que el hecho de haber sido publicadas con el título Suites pour le clavecin, las Suites Inglesas tampoco tienen nada de inglesas. El origen del título es un completo enigma.
Nunca fueron publicadas en vida de Bach, pero alguna vez existió una copia manuscrita donde se leía la inscripción "fait pour les Anglois". Entonces comenzaron las especulaciones, que van desde una errónea interpretación de lo escrito (alguien entendió "Anglois" donde podría decir otra cosa), hasta la posibilidad de que hayan sido escritas efectivamente para un anónimo noble inglés que las habría solicitado a Bach durante una visita a Köthen. El debate continúa.


El grupo de seis suites para teclado fue compuesto posiblemente en la década de 1720, poco antes de las Suites Francesas y de las Seis Partitas, probablemente en Köthen donde el maestro se desempeñó como Kappellmeister desde 1717 hasta 1723. Especulaciones aparte, habrán sido compuestas para el uso privado de alumnos, familiares y conocidos. Quien leyó "Anglois" también pudo haber leído "Angoisses", congojas, dada la dificultad de muchos de sus movimientos.

Al igual que las "francesas", las seis suites "inglesas" mantienen la estructura tradicional, con sus cuatro movimientos, o danzas: allemande courante sarabande giga, a los que se agrega, entre la sarabanda y la giga, un número variable de movimientos suplementarios como un minueto, una gavota, bourré, o un aria. La diferencia está en que en las "inglesas" Bach incorporó un preludio, que va al principio (como era de esperarse), y que ya no aparecerá en las suites francesas posteriores.
Es la sección que a menudo se acostumbra tocar, como bis, luego de una presentación. Su gran complejidad técnica se presta para el lucimiento del intérprete.

Preludio de la suite inglesa No 2 en La menor
Poco más de cuatro minutos de un notable ejercicio de contrapunto. La versión, extraordinaria, es de una bella y jovencísima Martha Argerich, en grabación de 1969. El video, mal editado, comienza tarde, extraviando un par de notas al inicio, pero aún así vale muchísimo la pena.


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viernes, 21 de octubre de 2016

Ottorino Respighi: Los Pinos de Roma

No es exagerado afirmar que el papel de Italia en la música contemporánea no asomó tan brillante ni influyente como en otras épocas. Sin embargo, a partir de la generación de los años 80 del siglo XIX la música italiana participó efectivamente en la renovación del lenguaje musical y, gracias al conocimiento de su pasado (que no es poco), pudieron los músicos abrirse paso en la búsqueda de nuevas sendas. Entre estos compositores –contemporáneos de los músicos franceses que reaccionaron contra el posromanticismo germánico (Debussy, Satie, Ravel, por decir algo)– destaca Ottorino Respighi, el más célebre a nivel mundial, entre sus colegas italianos.


La trilogía "romana"
Con poco más de treinta años, Respighi se estableció en Roma luego de hacerse cargo, en 1913, del puesto de profesor de composición de la Academia Santa Cecilia. La academia se convertirá pronto en el Conservatorio de Roma, y Ottorino será nombrado director de la prestigiosa institución, en 1924. Seducido por la vida musical romana y el notable paisajismo que la ciudad presenta decidió, durante el primer año de su administración, retomar su tributo a la ciudad eterna con la composición del poema sinfónico Los Pinos de Roma, tributo que había comenzado en 1916 con Las Fuentes de Roma, y que culminará con Las Fiestas Romanas, en 1928.

Los Pinos de Roma
Ottorino Respighi, en 1935
(1879 - 1936)
Aunque en estrecha competencia con Las Fuentes... es la obra más popular de la trilogía, y desde luego, la que concita el mayor entusiasmo de las agrupaciones orquestales del mundo. Tuvo su estreno, no exento de sinsabores, el 14 de diciembre de 1924, en Roma.
El teatro estaba abarrotado, pero Respighi presentía que el público se iba a desengañar, muy pronto, en el primer movimiento. Y de hecho hubo una silbatina considerable al término de la primera sección, para nada sorprendente por cuanto las trompetas insisten con estrépito en una nota discordante, completamente ajena a la tonalidad en curso [minuto 2:31 y posteriores]. En el segundo movimiento, la orquesta se aquieta, y con ello también se sosegó el público, si bien permaneció intrigado por el desarrollo de la obra. Una sonora ovación saludó el final de la pieza.

Movimientos
Consciente de que la audiencia italiana ha sido siempre más inclinada a la ópera que a la música instrumental, el autor incluyó unas notas "explicativas" en el programa de mano, para cada una de las secciones. A continuación, una sinopsis:

00  Pinos de la Villa Borghese
Niños juegan alrededor de los pinos de la Villa Borghese [la opulenta mansión de la conspicua familia romana del siglo XVII]; bailan en círculos, juegan a ser soldados, marchando y luchando, vienen y van en bandadas. De pronto, la escena cambia y…

02:50  Pinos cercanos a una catacumba
… vemos las sombras de los pinos que enmarcan la entrada a una catacumba. De las profundidades emerge el sonido de un salmo fúnebre, flotando en el aire como un himno solemne, que gradual y misteriosamente comienza a dispersarse.

09:04  Pinos del Gianicolo
El aire se estremece: Los pinos del Gianicolo [colina de Roma desde donde se disfrutan las mejores vistas de la ciudad] pueden verse delineados por la clara luz de la luna llena. Un ruiseñor canta... [La partitura exige la inclusión de canto de pájaros, verdaderos, grabados... innovación que llegó a ser profética]

15:27  Pinos de la Via Appia
Amanecer nebuloso en la Via Appia: los pinos solitarios son guardianes del mágico paisaje; se escucha el ritmo insistente de innumerables pasos. El poeta tiene una fantástica visión de glorias pasadas: trompetas suenan y, en la brillantez del nuevo sol radiante, un ejército consular se aproxima poco a poco a la Vía sagrada, dirigiéndose triunfante hacia el Capitolio...

La crítica ha calificado a menudo a Respighi de ultraconservador, entre otros epítetos poco cálidos. Pero al público le encanta... es lo que finalmente importa.
La versión es de la agrupación eslovena, Gimnazija Kranj Symphony Orchestra, dirigida por el maestro Nejc Bečan.


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miércoles, 19 de octubre de 2016

Granados: "La maja y el ruiseñor"


Suite "Goyescas"
La maja y el ruiseñor es una de las seis piezas que conforman la suite "Goyescas", compuesta por Enrique Granados entre los años 1909 y 1911 en una suerte de homenaje al maestro Francisco de Goya, por cuya obra sentía gran admiración. Considerada su obra maestra, la suite lleva el subtítulo "Los majos enamorados" aludiendo a aquellos jóvenes y fornidos personajes, típicos del Madrid de los siglos XVII y XVIII que se caracterizaban por sus trajes vistosos y modales algo atrevidos, abundantemente retratados por el maestro español en el trazado de su obra.


Estrenos
La suite fue compuesta en dos partes, plasmadas en dos cuadernos entre los años 1909 y 1911, las que tuvieron su estreno separadamente. Las cuatro piezas pertenecientes al primer cuaderno se dieron a conocer en 1911 en el Palacio de la Música Catalana, de Barcelona, con el compositor al piano. Tres años más tarde, en 1914, Granados estrenó las dos piezas del segundo cuaderno en la Sala Pleyel de Paris, consiguiendo con ello su consagración mundial.

Enrique Granados (1867 - 1916)
Secciones
1. "Los requiebros"
2. "Coloquio en la reja"
3. "El fandango de candil"
4. "Quejas", ó "La maja y el ruiseñor"
5. "El amor y la muerte"
6. Epílogo: "Serenata del espectro"
[En las presentaciones es habitual agregar una séptima pieza, no perteneciente a la Suite, "El pelele", de 1914]

La maja y el ruiseñor
Es la pieza más popular de la suite, de un lirismo fascinante. Una muchacha le canta a su ruiseñor y este le responde a la manera de una rapsodia. Está dedicada a su esposa Amparo (señalemos, de paso, que cada una de las secciones tiene dedicatario).
Si al escucharla, la pieza te trae a la memoria, por momentos, un bolero, no debieras sorprenderte. La cantautora mexicana Consuelo Velásquez se basó en ella para crear la popular melodía Bésame mucho, de 1940.
La versión es del pianista español Alfredo Armero.

"Goyescas", la ópera
Tal fue el éxito de la suite en su estreno de 1914, que la República Francesa concedió a Granados la Legión de Honor, y la Ópera de París le encargó una ópera. Granados no se demoró mucho en construir la ópera con el material pianístico de la suite pero el inicio de la guerra impidió su estreno en París. Para mala fortuna del compositor (ya se verá por qué), el Met de Nueva York ofreció su sala. Por ello, el compositor estaba allá para su estreno en febrero de 1916, en medio de la guerra. Al regreso, un torpedo alemán impactó el barco en que Granados y su esposa cruzaban el Atlántico. Ambos murieron ahogados.


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lunes, 17 de octubre de 2016

Thalberg: Gran Fantasia para piano


A principios de 1800, quienes asistían a conciertos eran en su mayoría profesionales de la música o aficionados muy enterados. Pero no pasó mucho tiempo antes de que una emergente clase media se moviera en esa dirección. Es una época en que la música está yendo más allá de las cortes y las iglesias. Por ello, emergen las revistas especializadas, la crítica musical, y aumenta la publicación de música impresa. Se ensancha así el horizonte cultural de la clase media que, un buen día, decidió que también quería ir a los conciertos.


Y para ese nuevo público también hubo nuevos músicos: los pianistas de excelente oficio a la vez que compositores aunque su obra les sobreviva desmayadamente. En la primera mitad del siglo XIX se cuentan por decenas.
Sigismund Thalberg, nacido en Ginebra en 1812 (dos años después de Chopin) fue uno de ellos. Alumno de Hummel y Moscheles, y poseedor de una técnica extraordinaria, debutó en Viena en 1829 con gran éxito. De ahí en más, sacando partido de su porte aristocrático y elegante, se hizo de un buen grupo de seguidores, mujeres en su mayoría, casi, casi, al estilo de Liszt.

Sigismund Thalberg, en 1839
(1812 - 1871)
Músico exitoso, fue también una buena persona, No era raro que sus admiradores le homenajearan con suntuosos regalos. Uno de ellos le obsequió una magnífica mansión en Viena.
Hizo giras por toda Europa y EEUU, cosechando éxitos en todas partes. Para cuando se retiró, en 1863, había ganado más dinero del que podía gastar. Entonces se fue a Italia, donde se dedicó a la vitivinicultura. Su retiro fue en serio: en su casa italiana no había piano.

Y así como tuvo colegas admiradores (Mendelssohn, Schumann) también tuvo detractores. Chopin, no muy dado a los elogios, sólo dejó un esbozo de su personalidad: "...gusta a las mujeres, es más joven que yo y hace potpourrris con La Muette [una ópera del momento]...".
Efectivamente, Thalberg se especializaba en fantasías sobre temas de ópera. Compuso alrededor de cincuenta o más, las que por lo general conformaban buena parte de sus presentaciones. Su música no es particularmente ingeniosa ni novedosa pero es pianística en alto grado, y a menudo muy difícil. Pero era de vida corta. Hoy, de vez en cuando algún pianista la rememora, quizá para que no olvidemos que esta música cautivó alguna vez a una época y a un público.

Gran Fantasia opus 63 - Variaciones sobre temas de El Barbero de Sevilla, de Rossini
Al piano, la intérprete ucraniana Valentina Lisitsa.


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viernes, 30 de septiembre de 2016

Ravel: Valses nobles y sentimentales



Aunque ya se conocía en tiempos de Mozart, el género musical de ritmo ternario conocido como vals tuvo en Europa su apogeo y mayor desarrollo en el siglo XIX. Pero, iniciado el siglo XX, en un mundo que hacía rato había abandonado el romanticismo, tampoco daba muestras de perder vigor. Durante las primeras décadas del naciente siglo compositores serios, y menos serios también, continuaron componiendo valses, bailables o no, dando cuenta así de su perenne y formidable presencia.

Maurice Ravel, que en 1928 entregará al mundo su obra maestra, el célebre Bolero, no fue ajeno a la tendencia. En 1906 comenzó a vislumbrar los bocetos de La Valse, obra señalada como "la apoteosis del vals", y cuya versión definitiva se publicará en 1919. En el intertanto, el autor trabajó en un conjunto de piezas breves para piano que tituló Valses nobles y sentimentales en homenaje a Franz Schubert, quien hacía casi cien años había escritos dos series de valses: los Valses sentimentales, de 1823, y los Valses nobles, en 1826.

Maurice Ravel, en 1925
(1875 - 1937)
La obra fue estrenada en privado por el pianista Louis Aubert (a quien está dedicada) el 8 de mayo de 1911 en París, en uno de los recitales que auspiciaba la Société Musicale Indépendent para promover a los compositores más atrevidos de la época. Para tal efecto, no se identificaba a los autores durante la presentación, quedando así obligada la audiencia a adivinar a quién pertenecían las obras. En la oportunidad, se cuenta que solo Debussy, allí presente, pudo reconocer en los Valses... la pluma del maestro Ravel.

El conjunto lo componen siete valses más un epílogo, marcados asi:
00       Modéré - très franc
01:52  Assez lent - avec une expression intense
04:03  Modéré
05:26  Assez animé
06:32  Presque lent - dans un sentiment intime
07:22  Assez vif
08:05  Moins vif ("el más característico de todos", según Ravel, presagiando la aparición de La Valse)
10:44  Epilogue: lent

A diferencia de los valses de Schubert, nada hace parecer "nobles" los de Ravel; menos tienen aún de "sentimentales". Armónicamente complejos y repletos de disonancias no resueltas, los valses no resultan fáciles al oído aunque en opinión de Ravel todo es muy simple: "siempre se cuenta en tres tiempos".

Al año siguiente de su estreno, Ravel publicó una versión orquestal, destinada a acompañar un ballet. Se presenta aquí la versión original para piano, a cargo del maestro polaco Krystian Zimerman.


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jueves, 29 de septiembre de 2016

Chopin: Vals opus 70 No 3



Los tres valses agrupados en el opus 70 son póstumos. Fueron publicados en Berlín en 1855, seis años después de la muerte de Chopin. La decisión fue tomada por su amigo y pianista Julian Fontana (un polaco de origen italiano), luego de consultarlo con la madre de Chopin y su hermana Ludwika. El último de ellos, el No 3, es en realidad el primero que compuso, de los tres. Y faltó poco para quedar señalado como el primer vals de toda su obra en el género pues solo lo anteceden los dos valses del opus 69, de 1827.

El que nos ocupa fue compuesto en 1829, cuando Chopin estaba de regreso en Varsovia luego de su primer viaje a Viena. Por esas fechas, Chopin parecía estar enamorado de una condiscípula en el Conservatorio de Varsovia. En carta a su amigo Tytus Woyciechowski, le señala que en este vals evoca a "un ser encantador". Chopin no da nombres porque "...sé que no es necesario llamarte la atención sobre ese detalle: tú mismo lo sentirás", le confiesa.

El ser encantador es la señorita Konstancja Gladkowska, estudiante de canto, quien aparecerá reiteradas veces en la correspondencia que el joven maestro mantiene con su amigo Tytus, comentándole, por ejemplo, que ha hecho para ella de pianista acompañante. Más tarde, confesará que el adagio del Concierto No 2 (cronológicamente, el primero) ha nacido bajo la inspiración de su encantadora condiscípula.

Si bien "deliciosamente polifónica" según un estudioso, la pieza es más bien sencilla. De estructura A-B-A (primer tema, segundo, vuelta al primero) no presenta mayores dificultades técnicas, como no sean un par de trinos de la mano izquierda, que exigen una sonoridad tan elegante como sustanciosa.
La versión es de Martin Leung, pianista estadounidense nacido en Hong-Kong.


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