jueves, 5 de julio de 2018

Mozart: Allegro y cadenza - Conc No 20


Hasta bien entrado el siglo diecinueve, las cadenzas para instrumento solista de un concierto, es decir, aquellos pasajes virtuosos en que la orquesta calla para permitir al intérprete lucir sus habilidades e inventiva, quedaban a cargo del solista. El autor de la pieza no escribía la cadenza, solo señalaba el momento en que debía iniciarse, por lo común, al final del primer movimiento.
Compositores célebres crearon cadenzas célebres para conciertos no menos célebres. Épica es la cadenza que Beethoven escribió para el Concierto No 20 de Mozart, ampliamente utilizada por los intérpretes de hoy, pues en nuestros días los intérpretes ya no improvisan, descansan sobre las cadenzas escritas por otros.
Pero hay excepciones.

Mozart, de 26 años, en 1782
En un lapso de trece años, desde que tuvo once hasta algunos meses antes de su muerte, Mozart compuso 27 conciertos para piano y orquesta. De ellos, quince cuentan con cadenzas escritas por el autor. Un alto número, si recordamos que para su estreno los conciertos contaron, por lo general, con su participación como solista. No había para qué escribirla, diríamos, habida cuenta de la habilidad del autor para la improvisación.

El Concierto No 20, por ejemplo, estrenado en Viena el 22 de febrero de 1785 con el autor al piano, no cuenta con cadenza escrita por Mozart. O nunca la tuvo, o ésta se ha perdido. La primera en publicarse fue la ya señalada, de Beethoven. Con ello, el maestro de Bonn inauguró una larga lista de compositores pianistas que sumaron su propia cadenza a la genial obra. Hummel, Brahms y Ferrucio Brusoni, entre los más conspicuos. Entre las más curiosas, la de Chik Korea (que incluye un vocalista).

No menos novedosa es la cadenza incorporada por Peter Breiner en grabación de 1990. Reconocido por sus arreglos de música de Los Beatles y de Elvis Presley en estilo barroco, Peter Breiner es un pianista eslovaco impulsor de la popularización de la música clásica.
Le acompaña la agrupación Philarmonia Cassovia, a la que también dirige. La cadenza, "en modo arrabalero", o "jazzístico", en el minuto 9:57. Luego de irreverentes dos minutos, estamos de vuelta en la era clásica.

Mozart: Concerto No 20 en Re menor, K 466 - Allegro. Peter Breiner.


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sábado, 30 de junio de 2018

Chopin: Estudio opus 10 No 5


Chopin no se distinguió por manifestar abierta admiración hacia sus colegas pianistas. Pero tampoco presumió jamás de su propia obra. Así, informando a su amigo Fontana sobre la conclusión de la Sonata Fúnebre, en 1839, señala con toda sencillez que en el último movimiento "la mano izquierda parlotea con la derecha". Tal "parloteo" es considerado hoy como modelo de atonalidad, en estado embrionario.
Diez años antes, había escrito a otro amigo que le encantaría hacerle escuchar algunos "ejercicios" que acababa de componer. Son tres piezas que tomarán los números 1, 2 y 5 en la serie de Doce Estudios del opus 10, publicados en París en 1833 con dedicatoria a su "amigo Franz Liszt".


En 1829 Chopin tenía 19 años. Permanecía aún en Varsovia, cursando su tercer año de conservatorio. Hacía dos años había muerto su hermana menor, Emilia, probablemente a consecuencia de tuberculosis, o algo similar. A raíz del triste suceso, la familia se mudó de casa. Sus dos hermanas, una mayor y otra menor (recordemos que nuestro autor es el segundo hijo) duermen en los pisos inferiores. A Frédérick se le asignó la buhardilla. Y hasta allá trasladó su viejo piano. Allí sueña y compone, sus "ejercicios".

Estudio No 5, opus 10
Escrito en Sol bemol mayor, se le conoce también como el Estudio "de las teclas negras". Las exigencias son altas. Además del respetado y reconocido "paso del pulgar" sobre las teclas negras, el intérprete debe conseguir una ejecución "perlada" en velocidad, con rápidos pero también livianos desplazamientos de las manos.
El estudio, brevísimo, dura menos de dos minutos.
El video que presentamos se ha construido con la versión de nueve pianistas, en su mayor parte rusos. Hay para todos los gustos.

Los intérpretes son:
00:06  Stanislav Bunin, ruso
01:57  Boris Berezovsky, ruso
03:42  Fujiko Hemming, sueca
05:27  Lang Lang, chino
06:55  Samson François, francés (ya fallecido)
08:41  Vladimir Ashkenazy, ruso
10:21  Valentina Lisitsa, ucraniana
12:00  Lukas Geniušas, ruso
13:52  György Cziffra, húngaro (fallecido en 1994)



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domingo, 10 de junio de 2018

Giuliani: Sonata para guitarra, opus 15


Los últimos años del siglo dieciocho fueron testigos del surgimiento de la guitarra de seis cuerdas. En el siglo siguiente se convirtió en un instrumento de moda y su popularidad se extendió por Europa. Era el instrumento ideal para acompañar a la voz humana aunque estaba igualmente capacitado para dar vida a música más elaborada. Pero para ello se requería ampliar un repertorio que a la vuelta de siglo era más bien escaso.
La tarea, formidable, fue iniciada y llevada a cabo por un grupo de guitarristas compositores de principios de siglo, entre los que sobresale, merecidamente, el maestro italiano Mauro Giuliani.


Giuliani arribó a Viena en 1806 y dos años más tarde era reconocido como uno de los más prominentes guitarristas en la esfera musical vienesa. En un artículo publicado en una revista musical de mayo de 1808 que ofrecía una panorámica de la música en Viena, Giuliani es incluido como uno de los músicos profesionales activos de la plaza, junto a Beethoven, Hummel y Czerny.

Mauro Giuliani (1781 - 1829)
Consciente de la necesidad de poner a la guitarra en un pie de igualdad con la música clásica en general, el maestro italiano optó por trabajar las "formas" clásicas, los modelos cultivados por Haydn, Mozart y Beethoven.
Así, junto al tema y variaciones, a las serenatas y rondós, y un celebrado Concierto, emprendió en 1808 la tarea mayor de componer una sonata para guitarra, estructurada en tres movimientos a la usanza habitual, su opus 15.

Sonata para guitarra en Do mayor, op 15
Es su única sonata en varios movimientos (la Gran Sonata Eroica, de 1821, está compuesta de un solo movimiento de escasos ocho minutos). Fue una apuesta arriesgada, debido a la consabida debilidad sonora del instrumento. Pero resultó victoriosa. A diferencia de los grandes teatros italianos, los salones vieneses parecían estar hechos para el disfrute íntimo de un instrumento de baja sonoridad pero de bello timbre que iniciaba su carrera en pos de su transformación en un instrumento sinfónico.
La obra, hábil e ingeniosa, es considerada hoy uno de los ejemplos más acabados en el género para guitarra.

Movimientos:
00:00  Allegro spiritoso
05:36  Adagio, con grand espressione
09:59  Allegro vivace

La versión es de la encantadora artista bielorrusa Tatyana Ryzhkova, nacida en Minsk, en 1986.


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miércoles, 6 de junio de 2018

Mozart: Concierto para oboe, en Do mayor


A los 21 años y en compañía de su madre, el 22 de septiembre de 1777 Wolfgang Amadeus Mozart se embarcó en un viaje que lo llevaría a Augsburgo, Mannheim y París, en busca del anhelado puesto en la corte que le fue esquivo durante toda su vida. Como era costumbre en la familia, abundaron las cartas intercambiadas por Wolfgang y Maria Anna con el padre y esposo, Leopold. Gracias a ellas, los estudiosos han podido concluir que el Concierto para oboe y cuerdas en Do mayor, perdido durante un siglo y medio, viajaba junto a los Mozart en su versión autógrafa.


Giuseppe Ferlendis fue un joven virtuoso del oboe que procedía de Bergamo, Italia. Su incorporación a la corte de Salzburgo está fechada el 1 de abril de 1977, según el decreto firmado por el arzobispo Colloredo. Casi de la misma edad que Mozart, se hicieron muy amigos. Se desconoce si Ferlendis solicitó a Mozart la composición, pero de las cartas señaladas se desprende que Mozart hace el viaje llevando consigo los originales de un concierto para oboe escrito para él. Es más, en Mannheim, aprovechó de obsequiar el mismo concierto a Friedrich Ramm, oboísta de la famosa corte.

Ramm quedó encantadísimo con el concierto, haciendo de él su "caballito de batalla", su cheval de bataille, en palabras de Wolfgang. En pocas semanas, pudo interpretarlo en cinco oportunidades, llegando así a oídos del flautista amateur Ferdinand de Jean, joven dilettante holandés, quien, luego de conocer al autor, comisionó a Mozart nada menos que dos cuartetos y tres conciertos para flauta por la suma de doscientos gulden, que a Wolfgang y a su madre les sentaban de maravillas para solventar alimentación y estadía.

Copia de 1777, Salzburgo,
del célebre "Mozart de Bologna"
Wolfgang Amadeus se abocó a la tarea, pero, como "no siempre está uno con buen ánimo para componer", solo alcanzó a componer dos de los tres conciertos acordados. El tercero lo suplió con una transposición del concierto para oboe. Pese a que era usual en la época el arreglo para otro instrumento de conciertos propios y ajenos, el flautista amateur no quedó conforme. Solo pagó 96 gulden de los doscientos comprometidos. Al recibirlos, Mozart supuso que se trataba de un adelanto, comentando a su padre que el holandés debe creer que 96 gulden son la mitad de doscientos.

Concierto para oboe en Do mayor, KV 314
Durante todo el siglo XIX y principios del XX solo se conoció la versión para flauta (Concierto No 2 en Re mayor, K 314), aunque siempre se entendió que se trataba de una trasposición, una recreación en formato "alternativo" de un original perdido.
Este original perdido, para oboe, solo se descubrió en 1920, en Salzburgo, cerrando así el ciclo vital del único concierto para oboe que escribió Mozart, hoy el más conocido y demandado del repertorio para el instrumento, por su exquisita gracia y elegancia.

Movimientos
00:00  Allegro aperto (algo más majestuoso que un allegro "corriente").
08:03  Adagio non troppo
15:36  Rondó: Allegretto

La versión es del oboísta y director francés François Leleux, acompañado de la hr-Sinfonieorchester dirigida por el maestro español Andrés Orozco-Estrada.


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sábado, 2 de junio de 2018

Debussy: "Estampes", para piano


Sabemos que el folklore español tuvo gran influencia en buena parte de los compositores franceses de la segunda mitad del siglo XIX. La presencia de Granados, Albéniz, o De Falla en el París de la época es uno de los factores. Sin embargo, no siempre el folklore que convocaba a los franceses era peninsular. Podía provenir de las colonias. De Cuba, por ejemplo. Es el caso de la "habanera", danza y ritmo con origen en La Habana al que echó mano una extensa lista de autores, encabezada por Georges Bizet (es el autor de la más famosa). Le siguen Massenet, Chabrier, Lalo, Saint-Saëns, Fauré, Ravel. Y la lista continúa.


Desde luego, Claude Debussy no podía faltar en el recuento. Su tríptico para piano, Estampas, de 1903, debe su popularidad a un segundo movimiento de sensual armonía, una habanera que lleva por título "Tarde en Granada".

A sus cuarenta años, el autor del Preludio a la siesta de un fauno disfrutaba del éxito conseguido con su primera ópera, Pelléas et Melisande. La posibilidad de una segunda obra lírica parecía como una continuación natural, pero la idea fue perdiendo fuerza al tiempo que el maestro dirigía su atención a la escritura para piano. En la producción de ese año, 1903, destaca la que será la primera gran obra pianística de Debussy.

Estampas, para piano
Estrenada en enero de 1904 por su amigo Ricardo Viñes en la Sala Erard de la Societé Nationale de Musique, se trata de una colección de tres breves piezas para piano: Pagodas (un trozo de música javanesa), la habanera ya citada y Jardines bajo la lluvia (como si un niño observara caer la lluvia tras el vidrio de una ventana).

En menos de quince minutos de extensión, proclama Debussy aquí un nuevo estilo, señalando el nacimiento de una técnica pianística más íntima y delicada de lo que estaba en boga, una técnica que no requiere de hazañas virtuosas, más bien al contrario, ve en el piano una amigable fábrica de sueños y un compañero de viajes imaginarios.
Claude Debussy jamás viajó a España. Pero pudo imaginar una tarde en Granada...

Secciones:
00:00  Pagodes. Modérément animé
05:55  La soirée dans Grenade. Mouvement de Habanera
11:14  Jardins sous la pluie. Net et vif

La versión es de la pianista rusa Anna Zassimova.


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