martes, 12 de mayo de 2015

Beethoven: Sonata No 1 - Opus 2 No 1



En 1793, a los 23 años, Beethoven había arrancado de Bonn para establecerse definitivamente en Viena, con el afán de aumentar sus conocimientos de la mano de los maestros más conspicuos de la época. Entre éstos descollaba Joseph Haydn quien, de paso por Bonn, se había ofrecido para aceptar al joven genio como discípulo en la capital del imperio, si alguna vez se aparecía por allá.

Pupilo de Haydn
Pero el músico de los Esterházy y Beethoven no se llevaron bien. Sus temperamentos eran completamente opuestos. El viejo maestro reconoció que el joven Beethoven tenía genio, pero sugirió que quizá le vendría mejor más educación del espíritu que musical. Al escuchar sus primeras obras, le habría dicho:
"Tiene usted mucho talento, y progresará más en el futuro. Posee una gran inspiración y no sacrificará jamás un bello pensamiento a una regla tiránica, lo cual me parece razonable; pero sacrificará las reglas a su fantasía, pues me parece que usted es un hombre que tiene varias cabezas, varios corazones, varias almas. Creo que se descubrirá siempre en sus obras algo inesperado, insólito, sombrío, porque usted mismo es un poco sombrío y extraño, y el estilo del músico revela siempre al hombre".
Un joven Beethoven, en 1803
Beethoven, alumno de Sócrates y Jesucristo
Frío, si bien agudo análisis de la personalidad de Beethoven. Frente a la sencillez de Haydn, el temperamento apasionado y a ratos violento de Beethoven tenía que chocar. El joven compositor se verá entonces forzado a buscar otros maestros. Tuvo varios (entre ellos, Salieri), aunque más tarde, al preguntársele de qué fuentes había bebido, solía responder, un poco ufano: "Soy alumno de Sócrates y de Jesucristo".

Sonata Opus 2 No 1
Con todo, las tres primeras sonatas para piano, agrupadas en el Opus 2, están dedicadas al primer maestro que tuvo en Viena, Joseph Haydn. Y con ellas se inaugura el sorprendente ciclo de las 32 sonatas para piano que escribirá a lo largo de su vida.
Publicada en 1796, la sonata No 1 del Opus 2, en fa menor, probablemente haya sido compuesta años antes, mientras el maestro todavía estaba en Bonn. Es claro que se trata de una pieza temprana, con influencias –y algo más– de Mozart y Haydn. Es su primera sonata para piano.

Movimientos
En el ciclo completo de sus 32 sonatas, Beethoven no siempre se sintió llamado a respetar la estructura vivaldiana de tres movimientos. Las hay con cuatro movimientos (12 sonatas), con tres (13) y con dos (7). Por ello, no sorprende que esta primera sonata conste de cuatro movimientos:
00       Allegro  El tema inicial, al parecer, está tomado del final de la Sinfonía No 40 de Mozart.
04:18  Adagio  El primer tema deriva del movimiento lento de un cuarteto, del mismo Beethoven.
09:54  Menuetto: Allegretto  Es el movimiento que Beethoven ha sumado a la estructura vivaldiana –un minueto–, y cuyo tempo está marcado allegretto.
13:41  Prestissimo  De tema inicial muy enérgico, sindica claramente al movimiento como el más "beethoveniano" de todos.

La versión es de Daniel Barenboim, durante su performance de la integral de las sonatas de Beethoven en la Staatsoper de Berlín, en los meses de junio y julio de 2006.


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sábado, 9 de mayo de 2015

Dvorak: Concierto para cello y orquesta



Tres años después de haberse instalado con su familia en Nueva York invitado a dirigir el Conservatorio Nacional de la pujante ciudad estadounidense, creación de la dama mecenas Jeannete Thurber, el compositor checo Antonín Dvorak no opuso resistencia al sentimiento de nostalgia de la tierra y a finales de abril de 1895 estaba de vuelta en Praga, para dar los últimos retoques a su admirable Concierto para violoncelo y orquesta, comenzado en Nueva York muy pocos meses antes, en noviembre de 1894.

La recesión económica
Pero la decisión de regresar no solo atendía a la pura nostalgia. El salario inicial de 15.000 dólares al año –más de lo que Dvorak había ganado en toda su vida– se vio reducido a 8.000 en 1893 debido a la recesión económica de aquel año que afectó severamente a la señora Thurber. De ahí en adelante, solo recibió ocasionalmente su paga. Esta circunstancia unida al hecho de que en Europa su reconocimiento se hacía cada vez más extendido, determinaron que el compositor, de 54 años, abandonara EEUU sin intenciones de volver.

Antonín Dvorak (1841 - 1904)
Treinta años antes, el autor ya había incursionado en un concierto para cello, el que no llegó a término. Este segundo intento, prodigiosamente, solo le llevó cuatro meses. (Quizá le resultó fácil, pues entre otras cosas, ya había completado sus nueve sinfonías, entre ellas la llamada "del Nuevo Mundo", escrita en EEUU en 1893).

Estreno
Se trata de su último concierto para instrumento solista, y fue compuesto, y dedicado, a un amigo cellista, quien debía también estrenarlo. Pero algunas desavenencias sobre mejoras a la composición llevaron a que su primera presentación en público quedara a cargo de otro cellista, el inglés Leo Stern, quien lo estrenó en Londres en 1896 con Antonín Dvorak en la dirección.

Brahms
Un buen número de compositores ha escrito obras para cello y orquesta, pero no existe ningún concierto para este instrumento compuesto por los grandes maestros, digamos Bach, Mozart, Beethoven, o Brahms. De ahí la sorpresa de este último, amigo y mentor de Dvorak, cuando conoció la partitura. Se dice que Brahms habría exclamado: "¿Por qué no supe que se podía escribir un concierto como éste? Si lo hubiera sabido, hace tiempo que habría escrito uno".

Concierto para cello y orquesta en si menor
Bajo la dirección de Carlo Maria Giulini conduciendo a la London Philarmonic Orchestra, se ofrece aquí la versión del desaparecido maestro ruso Mstislav Rostropovich, sostenedor de las políticas de Mijail Gorbachov y su fallida Perestroika, y quien en 1990 tocó la Suite N° 2 para cello solo de JS Bach ante el muro de Berlín mientras era demolido por los manifestantes.

Movimientos:
00       Allegro 
15:14  Adagio, ma non troppo
26:43  Finale: Allegro moderato - Andante - Allegro vivo



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miércoles, 6 de mayo de 2015

Borodin: En las estepas del Asia Central



Un año antes de que fuera asesinado mediante una bomba arrojada a sus pies, el zar Alejandro II decidió celebrar sus veinticinco años a la cabeza del imperio ruso con un gran evento. Para ello fueron convocados varios músicos rusos quienes debían poner la música a otros tantos dramas breves que iban a escenificarse ante el zar y su corte. Al parecer, el único músico que respondió a la convocatoria fue el compositor y científico Alexander Borodin, músico integrante del Grupo de los Cinco, y a la sazón titular de la cátedra de química en la Academia Médico-Quirúrgica rusa. El compositor se unió a las celebraciones con un breve poema sinfónico que tituló "En el Asia Central".

Alexander Borodin (1833 - 1887)
Un éxito inmediato
El gran evento previsto por el zar nunca llegó a celebrarse. (La situación política no era de las mejores, como se podrá colegir). Pero la obra de Borodin, estrenada en San Petersburgo en abril de 1880 bajo la dirección de Rimski-Kórsakov, se hizo célebre por derecho propio casi inmediatamente, en Rusia y también en el resto de Europa, donde se hizo conocida con el título "En las estepas del Asia Central".
La obra sinfónica está dedicada "con veneración" al maestro del poema sinfónico, Franz Liszt, a quien Borodin había conocido poco antes, en Weimar, hasta donde arrancó durante una visita profesional a Jena en su carácter de hombre de ciencias.

Travesía por las estepas
Abiertamente programática, la obra ilustra la travesía por las estepas del Asia Central de una caravana de mercaderes asiáticos escoltada por soldados rusos, imagen frecuente, imaginamos, luego de la expansión hacia el Este del Imperio Ruso propiciada por el zar asesinado.
Nada más apropiado que las palabras del mismo Borodin para describir el ambiente que evoca la partitura, escenario señalado por una colaboración idílica entre conquistados y conquistadores –reseña políticamente correcta si se trataba de homenajear al zar:
"Es pleno día. En la estepa arenosa del Asia Central resuena un dulce canto ruso. Sobre el fondo se divisa una caravana de caballos y camellos y nos llega el eco de una melodía oriental. La caravana se aproxima y prosigue hacia el inmenso desierto escoltada por una patrulla de soldados rusos. La caravana avanza siempre hacia el sol. El canto de los conquistadores y la melodía de los conquistados se funden en una única armonía, y finalmente todo desaparece en el silencio de la estepa".
La obra dura menos de ocho minutos.
La versión es de la agrupación Laurel Wind Orchestra conducida por Yoo Sejong.



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lunes, 4 de mayo de 2015

Manuel de Falla: Noches en los jardines de España



Curiosa paradoja. Para convertirse en el compositor de música española más exitoso y popular del siglo XX, Manuel de Falla tuvo que abandonar España e irse a estudiar a París. Tras intentar en vano la representación en Madrid de su primera ópera, La vida breve, Falla aprovechó la oportunidad que le ofrecía una compañía de mimos como pianista acompañante para irse con ella de gira y visitar algunas ciudades europeas, entre ellas, París, naturalmente. Y allí se instaló Falla, al término de la gira. Corría 1907, y el autor tenía 31 años.

París, antes de la guerra
Eran los años previos a la Primera Guerra, los últimos de la Belle Époque, y París se permitía todavía el disfrute y goce de una intensa vida musical. Isaac Albéniz residía allí, trabajando afanosamente en su suite Iberia. Debussy hacía lo mismo con su tríptico Imágenes, y Ravel se hallaba ocupado en la composición de la Rapsodia española. A todos ellos los conoció Falla. También a Paul Dukas, especialmente, quien se ofreció para orientarlo en sus estudios de orquestación, muy gentil él, pese a que en privado lo llamaba le petit espagnol tout noir, con todo cariño, suponemos.

Manuel de Falla (1876 - 1946),
en París, 1910
De regreso
Pero económicamente, el españolito todo vestido de negro lo pasó mal. A duras penas pudo sobrellevar una existencia frugal a base de lecciones, acompañamientos varios y traducciones. Sin embargo, la estancia en París lo preparó para su transformación en el compositor maduro que se reveló a su regreso a Madrid, en 1914, cuando bajo el brazo traía los borradores de un conjunto de "nocturnos" para piano solo que finalmente completará como un trabajo para piano y orquesta, según indicación de su paisano, el pianista Ricardo Viñes, y que titulará Noches en los jardines de España.

La obra
Concebida a partir de 1909 en plan de nocturnos, la obra sinfónica fue completada un año después de su regreso a Madrid, en 1915. Dedicada a Ricardo Viñes, su primera ejecución se realizó en el Teatro Real de Madrid, el 9 de abril de 1916. Al estreno asistió el pianista Arthur Rubinstein quien luego confesó haberse enamorado de la pieza, la que prontamente incorporó a su repertorio, seducido por este nostálgico tríptico para piano y orquesta, considerado uno de los trabajos del autor más cercanos al Impresionismo, a la vez que uno de los más brillantes.

Movimientos
La obra está estructurada en tres movimientos o secciones, con el segundo y tercero unidos sin pausa.
00:00  En el Generalife
10:52  Danza lejana
16:00  En los jardines de la Sierra de Córdoba

La versión es de Daniel Barenboim al piano, acompañado por la Chicago Symphony Orchestra, dirigida por Plácido Domingo.



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sábado, 2 de mayo de 2015

Franz Schubert: Momento Musical N°3



Desaparecidos los príncipes, señores de la iglesia y mecenas variopintos que aseguraron antes su subsistencia, los músicos románticos del siglo XIX debieron apañárselas en solitario, lo que repercutirá abiertamente en el universo de géneros y composiciones de la nueva era. El salón de la naciente burguesía y decadente aristocracia dará un giro importante en el carácter de su animación social, sumando a la reflexión política y a las novedades literarias, un interés cada vez mayor por el arte y la música. El piano, además de símbolo de estatus, será un huésped de honor en los salones, un signo de buen tono. Y para este instrumento, los compositores se sentirán llamados a escribir piezas breves para el disfrute y goce de la nueva clase.

Así, nocturnos, preludios, impromptus y momentos musicales inundaron el universo musical de principios de siglo. Su edición y publicación, en ocasiones importaba ingresos que a este nuevo músico, privado de mecenazgo, podían sacarlo de un atolladero financiero, aunque, como es obvio, la tajada mayor quedara en manos del editor. Fue de este modo como Franz Schubert consiguió, por ejemplo, algún respiro con los Impromptus del Opus 90, en 1827.

Franz Schubert (1797 - 1828)
Retrato de 1825, por W.A. Rieder
Momentos musicales
Al año siguiente, enfermo, pero todavía animoso, Schubert envió a su editor, con similar propósito, una serie de seis piezas breves para ser publicadas en conjunto, aunque sin indicar cómo se titularía la obra. Cuatro de ellas eran de creación reciente; la tercera y la última, de 1823 y 1824, respectivamente.

Títulos "en francés"
El editor vienés, siguiendo la tradición que consideraba glamoroso hablar y escribir en francés, las tituló pretendidamente en ese idioma, adscribiéndolas al género momentos musicales. Pero donde debía decir "Moments" escribió "momens", y donde debía decir "Musicaux" anotó "musicales". Y así se publicaron, en julio de 1828, cuando Schubert no estaba en condiciones de solicitar correcciones de ningún tipo, pues por entonces el pequeño maestro sólo luchaba por su vida, la que se apagará definitivamente en noviembre de ese año.

Momento musical N° 3 en Fa menor - 5 virtuosos
Compuesto en 1823, como ya se anotó, se ha transformado en el más popular de la serie, quizá por el despliegue de cierto sabor oriental que animó al editor a adosarle el subtítulo de "Air Russe", esta vez correctamente escrito.
Marcado allegro moderato, se presenta aquí en versión de cinco maestros del piano, puesto que dura menos de dos minutos. Los maestros son: Seong Jin Cho, Yulianna Avdeeva, Vladimir Horowitz, Natasha Stojanovska, y Kit Armstrong.



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