jueves, 2 de junio de 2011

Rossini: La Cenerentola - Sexteto


La soprano letona Elisa Garança, como la Cenicienta devenida en princesa

Entregado en cuerpo y alma a componer obras divertidísimas, Gioacchino Rossini tuvo la mala fortuna de encontrar el amor en una cantante de óperas serias, la mezzo Isabel Colbrand a quien desposó en 1822, luego de una larga relación amorosa. La Colbrand, inhabilitada para el encadenamiento de florituras al estilo de Gioacchino, pondrá lo peor de sí para que el compositor ensaye un camino nuevo, esta vez orientado hacia la melancolía y la expresión del sentimiento.

La Cenerentola (La Cenicienta) será la última ópera bufa del autor italiano, si se exceptúa una ópera cómica "a la francesa" compuesta durante su estancia en París. Por fortuna, antes de ponerse serio, llevaba ya unos buenos años haciendo gala de su humor extravagante.
La primera ocasión se presentó en 1813 con la farsa Il Signor Bruschino, donde un personaje --secundario claro está-- tiene que cantar una sola frase importante en toda la obra: Padre mío, son pentito, tito, tito, tito, tito. (Padre mío, estoy arrepentido). Antes, en la obertura, los violines segundos se han visto exigidos por la partitura a dar exactamente 32 golpecitos, rítmicamente, sobre la lámpara de sus atriles.

Después de la ópera seria Tancredi (porque las hubo, sí, antes de la Colbrand) el maestro Gioacchino compuso La Italiana en Argel, ópera de tema "musulmán" al estilo de El rapto del serrallo de Mozart. Al final del primer acto, los cantantes deben "cantar" onomatopeyas del tipo bum-bum, din-din o tac-tac en combinación con un ritmo endiablado de orquesta y coros. En un aria para bajo, éste debe imitar con trinos y gorjeos las florituras de una soprano.

Sexteto - Questo é un nodo avviluppato
La Cenerentola, de seguro la más famosa ópera bufa de Rossini después de Il Barbieri, nos presenta el cuento de Perrault algo transformado, en versión para adultos y con un príncipe de carne y hueso en vez del hada y con una Cenicienta algo empalagosa por su virtud sin límites. Estructurada como de costumbre en dos actos, el maestro Gioacchino no olvida aquí las situaciones absurdas. Para el Acto II, escribió un sexteto en que todos los personajes deben cantar, sílaba por sílaba, las frases "Questo é un nodo avviluppato, questo é un grupo rintraciatto" (Esto es un nudo complicado, esto es un lío muy cerrado), al momento en que la comedia de enredos está en su clímax.

Versión fílmica de 1981. Cenerentola: Frederica von Stade. Orquesta Teatro Alla Scala. Dirección: Claudio Abbado.


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martes, 31 de mayo de 2011

Rossini: Barbero de Sevilla - Cavatina


Figurines de Rosina y Fígaro diseñados para la representación
de Il Barbiere di Siviglia en la Scala de Milán, en 1905

No obstante haber nacido un año antes de que le cortaran la cabeza a Luis XVI, circunstancia que podría haber favorecido el vaticinio de que le tocaba vivir una época tormentosa, el compositor italiano Gioacchino Rossini alcanzó el éxito a los veinte años con el estreno de una ópera bufa en la Scala de Milán, que llegó a representarse 53 veces en la temporada de ese año, 1812.

Dos años más tarde, y solo cuatro después de iniciada su carrera, Rossini ya era, inapelablemente, el compositor más popular de Italia. Posteriormente lo será también de Viena y París, donde una larga serie de otros compositores deberá enfrentarse a su enorme fama y prestigio compitiendo por el favor de la audiencia, a lo que no estuvieron ajenos músicos de la talla de Chopin, o Liszt.

Gioacchino Rossini (1792 - 1868)
Y si el gusto de la época iba más por la música cantada que por la instrumental, o por el bel canto de la ópera italiana romántica para ser más precisos, Rossini no tuvo en ello más participación que la que surge del valor de su propia obra. Por el contrario, el bueno de Rossini acogió y dio a conocer en París a muchos de estos jóvenes compositores que acudían allí a tratar de consolidar una carrera, en una ciudad en que damas y caballeros nobles podían perder toda compostura tratando de conseguir un palco para escuchar Cosi fan tutte de Mozart, El barbero de Sevilla de Rossini o Norma de Bellini.

Respecto de los compositores ya consolidados, Rossini también hará su aporte y visitará a Beethoven en Viena en 1822 para saludar al autor de la sinfonía "Heroica", que ya está completamente sordo. Rossini tiene solo treinta años. Beethoven, de 52, le asegurará que mientras exista la ópera italiana, El barbero de Sevilla no dejará de representarse.
Chopin adolescente había asistido a su primera representación en Varsovia, en 1825. La obra le encantó y de ahí en adelante no dejará de adorar esa música espontánea, colmada de ingeniosos detalles en su escritura y reveladora de un gran sentido del humor casi rayano ahora podemos verlo en el absurdo contemporáneo. Luego en París, Frédérick tendrá varias ocasiones de repetirse el suculento plato.

Il barbiere di Siviglia, ópera bufa de Gioacchino Rossini, tuvo su estreno en Roma, en febrero de 1816, bajo la dirección de su autor, que contaba 24 años. Estructurada en dos actos, la obra está basada en la comedia homónima de Beaumarchais, cuya "segunda parte", Las bodas de Fígaro, Mozart ya había "musicalizado", años antes.

La cavatina (una melodía simple, menos brillante que un aria) de Rosina −por cuyos favores se enfrentan Don Bartolo y el conde de Almaviva− inicia la segunda escena del Acto I. Se presenta aquí cantada por la soprano francesa de origen armenio Melody Louledjian, en versión de concierto.



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miércoles, 25 de mayo de 2011

Brahms: Concierto violín - 3er mov


Valle del Rhin - Alemania

Cuando Brahms tenía quince años, su maestro Marxsen dio por concluida su formación pianística y lo echó a caminar solo por el mundo. Pero no por ello Johannes abandonó su interés por la composición y los arreglos musicales, mientras continuó tocando en las cervecerías de Hamburgo −también ocasionalmente en alguna casa de la aristocracia− y visitando con la mayor frecuencia posible la casa de pianos Baumgartner a falta de uno propio donde practicar.

También saldrá en gira de conciertos formando dúo de violín y piano con uno u otro de los dos violinistas más connotados de la época: Reményi y Joseph Joachim. Con este último forjará a lo largo de los años una gran amistad que, salvo algunos altibajos, durará toda la vida; amistad cimentada quizá en la sana obstinación de Joachim para que Brahms se deciciera a visitar en Düsseldorf a los Schumann, es decir, al compositor Robert Schumann y a su bella esposa y célebre pianista, Clara Schumann.

Johannes Brahms a los 20 años
(1833 - 1897)
Decidido a dar un paso que podría proporcionar un gran aliento a sus aspiraciones artísticas, tras unos días de viaje por el valle del Rhin, el joven Johannes de 20 años llegó a Düsseldorf y llamó a la puerta de los Schumann un día de septiembre de 1853, pocos meses antes de que Robert
intentara suicidarse, arrojándose, precisamente, a las aguas del Rhin.

Precedida por varias cartas de Joachim, la acogida no pudo ser más amable y calurosa, más sencilla y cordial. Clara y Robert Schumann invitaron a cenar esa noche a Johannes, iniciándose así una de las relaciones más conmovedoras e inquietantes que nunca se haya visto entre dos artistas. Robert va a enloquecer dentro de poco y será internado en un sanatorio. Clara, a sus 34 años quedará sola, a cargo de sus ocho hijos. Deberá proveer su alimento y cuidado, echando mano a las clases de piano y a las giras de concierto.

Brahms, consuelo de Clara
Enterado del intento de suicidio y reclusión, Brahms acudió adonde Clara a darle consuelo sin pedir nada a cambio, en principio. Pero el artista de cafés mimado en su infancia por un ruedo de prostitutas tropezó aquí con un alma y una figura femeninas que desconocía por completo. A la bondad y dulzura de Clara sólo supo responder balbuceante, con singulares muestras de afecto que hasta el día de hoy no ha podido establecerse si eran o no correspondidas.
Durante un tiempo, Robert internado, Johannes permanecerá junto a Clara, casi en el papel de dueño de casa. Pero el idilio inconfesado jamás terminará por resolverse, aunque duró más de cuarenta años.

Concierto para violín y orquesta
Dedicado a su amigo violinista Joachim, fue compuesto en el verano de 1878, probablemente en los Alpes austríacos, en la villa de Pörschach, donde según el propio Brahms "las melodías surgen por doquier y debe ponerse cuidado en no pisarlas al caminar". Se estrenó el 1 de enero de 1879, con Brahms en la dirección y Joachim de solista.
Estructurado en tres movimientos, se presenta aquí el último, Allegro giocoso, en versión de la violinista alemana Julia Fischer, quien además es pianista, en sus ratos de ocio. (El movimiento dura 8 minutos, el resto son aplausos).



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martes, 17 de mayo de 2011

Brahms: Danza húngara N° 5


Johannes Brahms, a los 20 años, en 1853.

Fruto de la unión de una costurera y de un extrovertido músico que se ganaba la vida tocando en pequeñas orquestas que animaban la vida provinciana, el pequeño Johannes tuvo que abandonar la escuela al año o dos de haber iniciado sus estudios convencionales porque sus padres vieron en él, a los siete años, a un niño prodigio que, bien explotadas sus habilidades musicales, podría sacarlos de la condición humilde en que vivían, en los barrios bajos de Hamburgo, a fines de 1840.

Y la fortuna estuvo de su lado. Un notable profesor de piano llamado Cossel a quien Johann padre conoció de pura casualidad se ofreció para dar clases a Hannes –como era llamado en familia– sin recibir nada a cambio. El niño Brahms respondió a esta muestra de generosidad dedicándose al aprendizaje con seriedad, tesón y una gran cuota de sacrificio pues, no habiendo piano en casa de los Brahms, debía ingeniárselas para conseguir que un burgués bondadoso le prestara uno. El fabricante de pianos Baumgartner, desde luego, no escatimó el apoyo.

Ante los notables progresos del niño, el profesor Cossel decidió que Johannes continuara su formación con quien había sido su maestro, un reputado director musical que superaba ampliamente la talla artística del propio Cossel.
Pero esta vez había que pagar.

Brahms en las tabernas
El aumento del ingreso familiar se volvió entonces una necesidad ineludible. Por fortuna, la solución estaba a la mano. Johannes padre, experto en estas lides, consiguió para Hannes un empleo en una taberna de los barrios portuarios de Hamburgo.
Sentado allí al piano, el pequeño Johannes de diez años tenía por misión deleitar con melodías ligeras los oídos de marineros borrachos y prostitutas querendonas. Si su público ardía de entusiasmo, debía tocar también el violín, el violoncello y la trompa, instrumentos que, felizmente, también manejaba con destreza.

Esta lastimosa historia –que el mismo compositor se encargó de divulgar– no impidió, sin embargo, que Brahms adulto pudiera componer, más tarde, melodías rebosantes de alegría, entre las que destacan por su vivacidad y brillo las altamente célebres Danzas Húngaras, veintiuna piezas escritas originalmente para piano a cuatro manos y compuestas durante un periodo que va de 1852 a 1869.

Danza Húngara N° 5
Las bellas hermanas y notables pianistas, Katia y Marielle Labèque, en versión para dos pianos, interpretan aquí la Danza Húngara N°5, la más famosa de todas, en un "video" sin imágenes, tal vez porque no las necesita: la interpretación es impecable. En reemplazo de las imágenes, va la foto de las dos chicas, que no creo vaya a molestar a nadie.



A continuación, Bill Edwards, ex campeón del Old-Time Piano Playing Championship de EEUU, intenta aquí revalidar su título con una novedosa versión a medio camino entre el ragtime y el charleston.


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viernes, 13 de mayo de 2011

El abate Liszt: Concierto para piano No 1



El príncipe Nikolaus era un egoísta de tomo y lomo. Divorciado y vuelto a casar, no estaba dispuesto a que su ex mujer hiciera lo mismo. Apenas supo de la intención de Franz Liszt de desposar a Carolyne de Sayn-Wittgenstein se dedicó a complotar por corredores y pasillos de la Santa Sede con el fin de impedirlo. La visita del emisario del Papa a Carolyne anunciando que la autorización de matrimonio debía revisarse, era el fruto de todas sus intrigas.

Pero una vida de maquinaciones no le hace bien a nadie. Así fue como, en 1864, el príncipe abandonó este mundo sin que nadie lo llorara. Se presentó así la ocasión soñada para que Liszt y Carolyne se unieran en santo matrimonio, sin impedimento alguno. Pero al mismo tiempo la relación estaba iniciando el camino sin retorno del desamor: Franz, pensando que ya estaba viejo para esas lides, Carolyne, empezando a convencerse de que tal cúmulo de dificultades no era sino una advertencia del fracaso futuro.

Así las cosas, Liszt va a tomar la decisión de su vida, sorprendiendo a amigos, colegas y público. En el año 1865, a sus 54 años, el célebre pianista y compositor va a recibir las "órdenes religiosas menores", convirtiéndose así en el respetable abate Liszt. Sin embargo esto no impidió que continuara con su carrera, en sus vertientes conocidas de pianista, compositor... y amante, pues se tiene noticia de más de una aventura después de haber recibido las órdenes religiosas.

Pero Franz no dejó por esto de mantener contacto con su princesa Carolyne. Durante una buena cantidad de años intercambiaron miles de cartas, hasta el dia en que a Liszt le llegó su hora, el 31 de julio de 1886. Seis meses después, sin aspavientos, Carolyne habría de seguirlo.

Concierto para piano y orquesta N° 1, en Mi bemol mayor
En el transcurso de su larga vida, Liszt compuso dos conciertos para piano y orquesta. El más celebrado y el que más ha concitado la atención de público e intérpretes es el primero de ellos. Su creación le tomó a Liszt cerca de 26 años. Los primeros bosquejos datan de 1830 cuando Franz tenía tan solo 19 años. En el transcurso de la extensa y animada vida del compositor, el concierto N° 1 va a sufrir una serie de modificaciones, que parecen culminar en 1853 con los últimos cambios. Dos años después, el concierto se estrenó en la ciudad de Weimar con el compositor al piano bajo la dirección de su amigo Héctor Berlioz. Con un par de modificaciones más, fue publicado en 1856.

El concierto completo dura cerca de 20 minutos, estructurado en cuatro movimientos que se tocan sin interrupción.
La versión es de la brillante pianista argentina Martha Argerich, acompañada de la West-Eastern Divan Orchestra, dirigida por Daniel Barenboim.



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