miércoles, 3 de diciembre de 2014

Mikhail Glinka: "Jota aragonesa"



"Los españoles son sinceros y directos al hablar, no tienen un lenguaje afectado y plagado de ceremonia como los franceses". Así le escribía a su madre el compositor ruso Mikhail Ivanovich Glinka en el verano de 1845, desde Valladolid, adonde había llegado a parar luego de una estadía de nueve meses en París, donde, no obstante su desencanto con los parisinos, su colega Hector Berlioz había dirigido extractos de sus obras y publicado sobre él un elogioso artículo. Pero los franceses no terminaban de gustarle y por eso había arrancado a España.

Mikhail Glinka (1804 - 1857)
alrededor de 1840
El compositor frisaba los 41 y hacía tres años que una de sus obras en la que había puesto todo su empeño, su segunda ópera, Russlan y Ludmila, había recibido una fría acogida en San Petersburgo. En 1845, todavía impactado por el rechazo decidió abandonar Rusia y emprender una gira de conciertos por algunas ciudades europeas con la intención de conocer y nutrirse de las tradiciones musicales principalmente francesa y española. Así, pues, en el verano de ese año se encontraba en Valladolid, animoso y encantado de conocer a sus gentes.

En ese acogedor ambiente logró conocer a un comerciante local, Félix Castilla, quien era, además, un excelente guitarrista. Una tarde, Castilla tocó para él una danza folklórica tradicional, una jota aragonesa. Era lo que Glinka andaba buscando. La melodía se transformó en la base de una de sus obras más populares. Con el título de Capricho brillante sobre la jota aragonesa, comenzó a escribirla en Madrid, adonde se trasladó más tarde y donde la dio por terminada a fines de 1845.

Capricho brillante sobre la jota aragonesa - Obertura española N° 1
A pesar del interés de Glinka por que las audiencias de España pudieran apreciar su intento por integrar el sonido español a la tradición musical occidental, la obra no se estrenó en España sino en Varsovia tres años más tarde, en 1848.
También conocida como Obertura española N° 1 (siendo la N° 2, la algo menos célebre Noche de verano en Madrid, de 1851), se presenta aquí en dos versiones.
La primera, una versión reducida coreografiada, bailada por el Igor Moiseyev Ballet de Moscú, con ocasión del centenario del nacimiento del gran coreógrafo y danzarín ruso Igor Moiseyev (1906 - 2007).



Versión original completa. La orquestación de Glinka se muestra aquí notable por el amplio uso de colores orquestales múltiples. Con un buen número de combinaciones instrumentales es capaz de producir un sonido exuberante y pleno. Y cuando se requiere, recurre al arpa y las cuerdas en pizzicato para imitar el sonido de la guitarra.
La versión es de la Zhukovsky Symphony Orchestra, conducida por Vladislav Ivanovskyi.



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4 comentarios :

  1. Hola, Estella: Muy bien, pues. Me alegro. Saludos, y gracias por el comentario.

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  2. La música de cada compositor se debería situarnos en la época, aunque para ello se ha de estudiar historia, dado que la música siempre es descriptiva de alguna situación. Además de que cada país tiene su idiosincrasia musical que no es ajena a la social. Particularmente me encanta la música rusa por la fuerza que transmite. Glinka no es ajeno a mi parecer. El artículo resume a la perfección a este gran compositor.

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  3. Hola, Francisco: Muchas gracias por tu interesante y halagador comentario. Un saludo.

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