martes, 20 de julio de 2021

Couperin: "Le Tic Toc Choc" ou "Les Maillotins", para teclado


Aunque no alcanzó el nivel de los Bach en Alemania, la familia Couperin en Francia se distinguió por contar entre sus miembros a los más ilustres músicos de su época, a lo largo de varias generaciones. François Couperin, llamado El Grande, fue el más importante de ellos y uno de los principales compositores del barroco francés. Su padre, Charles, fue organista de corte de la Iglesia de San Gervasio en París, en remplazo de su hermano Louis, fallecido prematuramente. Mención especial merece Margueritte-Antoine, hija mayor de François, que tomó el relevo a la muerte de su padre en el cargo de clavecinista de corte del rey Louis XV, la primera mujer en la historia en acceder a un puesto de músico de corte.

François Couperin nació en París el 10 de Noviembre de 1668. Sus primeras lecciones las recibió de su padre organista. A la muerte de este siguió estudios con otro organista, Jacques Thomelin, quien cuidó del niño de once años como si fuera su hijo, traspasándole todos los secretos de su arte. Así, a los 17 años Couperin se convirtió en organista de San Gervasio. Cuatro años más tarde, casó con Marie-Anne Ansault, la hija de un comerciante en vinos. Por esos años, escribió sus primeras obras de cámara que llamó sonades, la versión gálica para la palabra "sonata". 

François Couperin (1668 - 1773)
Clavecinista de reyes
Poco tiempo después, el compositor tomará el puesto de organista de la Capilla Real de Louis XIV, posición desde la cual podrá codearse con duques, duquesas, príncipes y princesas a quienes instruirá en el arte del clavecín. Toda esta experiencia la volcará más tarde en un importante tratado titulado L'art de toucher le clavecin. Como resulta natural, a la muerte de Louis XIV en 1715, Couperin se convirtió en el clavecinista oficial de Louis XV.

"Pieces pour le clavecin"
Autor prolífico en varios géneros, el maestro es recordado hoy principalmente por sus obras para clavecín, incorporadas todas ellas en cuatro volúmenes publicados en París en 1713, 1717, 1722 y 1730. Sumando un total de 230 piezas, están agrupadas en ordres, un sinónimo de suites. La admiración que la obra provocó en sus colegas traspasó tres siglos. Fueron saludadas por Sebastian Bach, tambiém por Brahms y después Ravel, quien inmortalizó al autor en su obra de 1917, Le Tombeau de Couperin.

Le Tic Toc ou Les Maillotins, ordre 18
Las mentadas ordres contienen danzas tradicionales así como piezas con títulos descriptivos. Una de las más populares es la que lleva el simpático título de Le Tic Toc ou Les Maillotins, que desde su aparición tiene a los estudiosos embarcados en gran polémica por su significado, hasta hoy no resuelta. La pieza está escrita para órgano o clavecin con dos teclados, o teclado doble. Los pianistas de hoy, limitados a un solo teclado, están obligados a mantener una mano sobre la otra, lo que hace a la pieza muy curiosa y difícil de ejecutar pues las notas deben tocarse rápidamente con una mano y después con la otra.

La versión es del maestro ruso Grigory Sokolov.

jueves, 10 de junio de 2021

Hummel: Rondó "favori", para piano


Como ha sucedido en diferentes épocas con no pocos compositores, a Johann Nepomuk Hummel le tocó en suerte (de la mala), desarrollar su vida como creador en el mismo periodo histórico en que, primero Mozart y luego Beethoven, ofrendaron al mundo sus obras inmortales. Pudiera decirse que fue completamente opacado por los grandes maestros, pero esa es la mirada de hoy, nuestra mirada después de más de doscientos años... En su época, Hummel fue un pianista y compositor venerado, reconocido y famoso. Más de la cuenta, se dice. Quizá. Lo cierto es que su arte no alcanzó para asegurarle la inmortalidad. 

Nacido en lo que hoy conocemos como Bratislava (capital de Eslovaquia) el 14 de noviembre de 1778, Hummel fue un niño prodigio. A los ocho años fue a estudiar con Mozart en Viena con quien permaneció dos años. Más tarde tomó lecciones con Salieri y Clementi, y estudió órgano con Haydn. De modo que a sus quince años ya estaba convertido en uno de los mejores pianistas de su tiempo, realizando giras por las más importantes capitales europeas. Beethoven, Mendelssohn, Schumann y Chopin se contaron entre sus amigos y conocidos. También dio lecciones a Hiller, Thalberg y otros tantos virtuosos de la generación posterior.

Johann N. Hummel (1778 - 1837)
También, el hoy olvidado Hummel tuvo gran influencia en los jóvenes románticos. Mendelssohn, Schumann y Liszt lo reverenciaron. A nadie se le escapan asimismo las similitudes entre el inicio del Concierto en La menor, de 1821, y el Concierto en Mi menor de Chopin, de 1830. Y seguramente sus 24 nocturnos y 24 preludios fueron también un modelo a seguir para el autor polaco. 

Hoy se reconocen 175 composiciones de Hummel que comprenden música sacra, obras orquestales, obras para piano y orquesta, música de cámara y un impresionante número de obras para piano solo. En cuanto a este último, su aporte pedagógico sobre digitación, trinos y ornamentaciones diversas, permaneció vigente por todo lo que restó del siglo diecinueve.
Hummel murió famoso, dueño de una reputación que auguraba su paso seguro a la posteridad, pero la avalancha romántica quiso otra cosa. Las ideas clásicas ya no tenían sostenedores.

Rondó Favori, en Mi bemol mayor, op 11
Entre sus piezas más populares sobresale un muy celebrado Septeto, de 1820, que llamó profundamente la atención de Karl Czerny y otras celebridades de la época. Pero en el siglo veinte, lamentablemente, hasta la década de 1950 solo se habían grabado dos de sus obras: un Aleluya, de 1830, y el sencillo y simpatiquísimo Rondó Favori. para piano, que aquí nos ofrece la pianista Sarah Tuan cuando tenía nueve años.
[Agregado el 12.06: Una mejor versión, la del pianista italiano Francesco Libetta. que lamentablemente solo se puede ver en Yt: https://www.youtube.com/watch?v=5lhel3RSeKA]

viernes, 4 de junio de 2021

Schumann / Liszt: "Dedicatoria" (Widmung)


Después de mucho bregar debido a la negativa del padre de Clara, Robert Schumann y Clara Wieck lograron contraer matrimonio en septiembre de 1840. Como regalo de bodas, Robert le dedicó a Clara un conjunto de 26 lieder compuesto ese mismo año (Myrthen, opus 25).
El primero de ellos era el lied Widmung –en español "Dedicatoria", que destacaba por su apasionada belleza y por lo que hoy llamaríamos sus empalagosos versos, reflejo del modo en que se amaba en el siglo XIX, al menos entre los poetas.
Fruto del lirismo de Friedrich Rückert, rezan así sus  primeros versos:

Tú mi alma, tú mi corazón,
Tú mi arrebato, tú mi dolor,
Tú mi mundo en el que vivo,
Tú mi cielo, al que aspiro,
Oh tú mi tumba, en la que
¡Mi dolor por siempre he depositado!

Arrebatadoras palabras que evidencian el desbordante amor de Robert por Clara. Ella es su ángel, su soporte espiritual y su mundo entero. Y así lo refleja también la música, en la que incluso asoma por momentos un sentimiento de incertidumbre, resultado de la compleja andanza de la pareja previa a su matrimonio.

Algunos años más tarde, Franz Liszt hará del lied un arreglo de bravura para piano solo, que hoy se ha convertido en uno de los encores más socorridos por los pianistas virtuosos para finalizar su performance de manera brillante.

Los invitamos a escuchar primero la versión original del lied y luego el arreglo de Liszt, para así dimensionar cabalmente la inventiva del gran maestro húngaro. 

Schumann, Widmung, op 25 No1
La versión es de la soprano americana Amy Broadbent acompañada por un pianista innombrado.

El arreglo de Liszt
Como ya se dijo, la pieza ha hecho las delicias de los pianistas virtuosos por su bravura. Pero la obra es mucho más que una pieza de exhibición. 

Liszt amplía la primera sección repitiendo el primer tema, pero con la línea melódica mayormente encargada a la mano izquierda (con un breve entrecruzamiento de manos), y el acompañamiento en el registro alto.

Luego de un pasaje de manos cruzadas, la música alcanza su mayor brillantez técnica y su más conmovedora sección, mediante arpegios en la mano derecha y en la izquierda acordes que destacan la línea melódica.

Una extensa coda, con algunos acordes triunfales marcados fortissimo, conducirá a un reposado final.

La versión es del destacado pianista ruso Evgeny Kissin.

lunes, 24 de mayo de 2021

Mozart: Quinteto para piano y vientos


Sabemos que al final de su vida Wolfgang Amadeus Mozart enfrentó serias dificultades económicas que lo llevaron a pedir ayuda a sus amigos masones, a veces, de manera humillante. Pero no siempre fue así. En 1784, su carrera, y por ende su vida personal. estaban en pleno apogeo. Wolfgang era feliz y tan rico como nunca lo había sido. Y eso que todavía faltaba componer Figaro, su mayor éxito operístico y financiero. En el intertanto, dedicó sus esfuerzos a la composición de conciertos para piano. En 1784 escribió seis, y al año siguiente, otros tres. En medio de esta vorágine, surgió apaciblemente una genial obra de cámara que Wolfgang calificó sencillamente de "lo mejor que he escrito hasta ahora".


Esas fueron las palabras con que Mozart informó a su padre Leopold del estreno, el Día de los Santos Inocentes de 1784, en el Burgtheater de Viena, con el maestro al piano. El quinteto para piano y vientos había sido terminado dos días antes. Con apenas 25 min de duración, no parece el candidato más apropiado para tan grandilocuente juicio respecto de una obra propia. pero trece años más tarde vendrá a respaldarlo un inesperado y poderoso voto de confianza.

En 1797, otro residente de Viena muy conocido terminó de componer un trabajo escrito en la misma tonalidad, de similar instrumentación y diseño. Es el quinteto Opus 16 de Beethoven, inspirado en la obra de Mozart y un innegable tributo a su quinteto. Mozart, fallecido seis años antes, no supo que otro genio iba a inspirarse en aquella obra, en "lo mejor que había escrito":

Quinteto para piano y vientos en Mi bemol, K 452
Embarcado por esos años en la composición de conciertos para piano, no le fue fácil a Mozart desligarse por completo del género. De ahí que muchos estudiosos consideren la obra como un concierto para piano y orquesta en miniatura.

Movimientos:
Son tres:

00        Largo Allegro moderato
            Abre con un extenso largo, con el piano en primer plano en todo momento.

10:30   Larghetto 
            Los instrumentos de viento emergen con pasajes propios. El equilibrio es más camerístico.
          
19:14   Allegretto
            Vuelve el carácter de mini concierto para piano, aunque en varios momentos los vientos protagonizan algunas cadencias.

La versión es de la agrupación conformada por Caspar Frantz (piano), Chris Richards (clarinete), Joost Bosdijk (fagot), Katy Woolley (corno) y Olivier Stankiewicz (oboe).

jueves, 20 de mayo de 2021

Liszt: "Gran galopa cromática"


El primer rapto de religiosidad que asaltó a Franz Liszt tuvo lugar en 1828, cuando apenas tenía 17 años. Se enamoró de una alumna y el asunto no resultó. Una severa depresión lo tuvo a punto de unirse a la Iglesia, abrumado por inquietudes religiosas y pesimismo surgidos a raíz del desencuentro amoroso. El segundo rapto le sobrevino ya mayor. Estaba solo, y solo debió llorar la muerte de dos de sus hijos. Esta vez si se unió a la Iglesia, tomando las órdenes sacerdotales menores en julio de 1865. Tenia 54 años.

Pero entre una cosa y la otra, el virtuoso del piano más aplaudido y célebre del siglo XIX disfrutó de su vida de artista como ningún otro, en el mismo periodo. Sabemos que Franz Liszt fue el inventor del recital de piano, y nadie puede negar que le sacó partido como ningún otro, también. Las damas de la época no se perdían por nada sus presentaciones, le esperaban agolpadas a la entrada del recinto y, ya adentro, montaban un escándalo de proporciones por hacerse con el pañuelo que el artista arrojaba hacia el público, casi al término de su acto de magia sonora.

Sí. Porque a esa altura ya se había lucido bastante. Imaginamos con candor un repertorio de dos o tres Estudios Trascendentales, un par de Rapsodias Húngaras, quizá la transcripción de una sinfonía de Beethoven, alguna "reminiscencia" sobre piezas favoritas de la época, un vals Mefisto, en fin. Al final, a instancias de Franz, el público enardecido proponía a gritos titulos de arias populares para que el artista improvisara sobre ellas. Pero todavía quedaba algo, la pieza fuera de programa que dejaba a la audiencia atónita, hipnotizada.

Gran galopa cromática en Mi bemol mayor
Compuesta en 1838, cuando Liszt tenía 27 años, fue uno de los encores favoritos del maestro, a la par de su célebre Rondó Fantastique. Es una "pieza de bravura" destinada a enloquecer definitivamente a la audiencia, en forma de galopa, danza popular en los salones parisinos del siglo XIX, posiblemente de origen húngaro. Primero fue publicada como pieza para piano solo, pero al poco tiempo apareció la versión para dos pianos así como una versión simplificada para piano solo que, suponemos, haría las delicias de la naciente clase media, para quienes no contar con un piano en el salón era impensado.

La idea de Liszt de utilizar el cromatismo para llevar a su clímax el efecto virtuoso es muy sabia y muestra cómo gran parte de la inspiración del compositor en este período estuvo impulsada por el instinto y los deseos de experimentación pianística. Marcada presto en compás de dos por cuatro, está conformada por cuatro temas principales y una larga coda, con duración de poco más de tres minutos.

La versión es de la pianista ucraniana Valentina Lisitsa.