jueves, 10 de diciembre de 2020

Rachmáninof, Danzas Sinfónicas, op 45


La familia de Sergéi Rachmaninof pertenecía a la aristocracia rusa, cuyos blasones se remontan hasta el siglo XV. Por mucho tiempo fue una familia acomodada hasta que el padre de Sergéi dilapidó la fortuna familiar debido a malas gestiones financieras, el juego y asuntos de faldas. En tales circunstancias, los Rachmaninof hubieron de abandonar sus fincas y trasladarse a un pequeño departamento en Moscú, en 1882. Al año siguiente, el padre abandonó a la familia. Sergéi tenía diez años.

Veinte años después, Rachmaninof se había graduado, había formado una familia, y era reconocido como aclamado pianista y director de orquesta en el Teatro Bolshoi, de Moscú. Pero la situación económica no era de las mejores. Sin embargo, y pese a los golpes de la vida, la familia aun exudaba un cierto aire aristocrático. Ello explica que los vientos revolucionarios no fueran de todo el agrado de Sergéi. En 1906, marchó con su familia a Dresde, donde permaneció tres años. Tras el estallido de la revolución en 1917, salió en gira por Escandinavia, y en noviembre del año siguiente embarcó desde Oslo con la familia en dirección a Nueva York.

Rachmáninof, 1915
en algún lugar de EEUU
El compositor nunca regresó a Rusia, a pesar de viajar todos los años a Europa, en extensas giras, o sencillamente, a pasar los veranos. Por otra parte, su vida en EEUU no podía descansar en la composición, de modo que debió incrementar enormemente su repertorio y lanzarse a conquistar América como pianista, lo que desde luego cumplió con creces.
Ello explica también que, siendo autor de más de cien obras de distinto género, en EEUU apenas haya completado seis en veinticinco años. Alguna vez escribió: "Al dejar Rusia, dejé atrás mi deseo de componer: al perder mi país, me perdí también a mí mismo".


Danzas Sinfónicas, para orquesta o dos pianos, opus 45

Es una suite en tres movimientos, completada en 1940, tres años antes de su muerte.
Es su última obra y también la única escrita enteramente en EEUU. Su nombre sugiere que talvez pudiera ser danzada y por ello el compositor hizo arreglos con el coreógrafo ruso Mikhail Fokine para crear un ballet. La muerte del coreógrafo en 1942 no lo hizo posible.
Las Danzas evocan la nostalgia de la Rusia que el autor conoció, al tiempo que nos muestran la fascinación de Rachmáninof por los temas eclesiásticos.

El estreno tuvo lugar en enero de 1941, con la Orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Eugéne Ormandy, a quien el compositor invitó a dirigir debido a su delicado estado de salud. Rachmáninof la escuchó complacido, desde un balcón.

Mientras componía la versión orquestal, Rachmáninof escribió un arreglo para dos pianos, estrenado por su amigo y compatriota Vladimir Horowitz y él mismo, en el verano de 1942, en una velada privada en su casa de Beverlly Hills, California.

Es la versión que aquí se presenta, a cargo de los notables maestros rusos Nikolai Lugansky y Boris Berezovsky.

Movimientos:
00:00  Non allegro - Lento-Tempo I 
10:45  Andante con moto (Tempo di valse)
19:18  Lento assai - Allegro vivace 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Mozart: Sinfonía concertante violín y viola


Esta vez no se sentó en las faldas de Madame Pompadour. La amante de Luis XV había  muerto hacía 14 años. Tampoco fueron invitados a Versalles. Todo aquello quedaba en el recuerdo. En el recuerdo de su primer viaje a París, cuando el pequeñín Wolfgang Amadeus tenía siete años. Ahora era un adulto y buscaba trabajo, en compañía de su sola madre, en París, en el verano de 1778. Esta vez, tristemente, los parisienses ya no hacían cola para agasajarle. El niño prodigio tenía ahora 22 años. Madre e hijo sobrevivían con el dinero obtenido de las lecciones particulares de Mozart, refugiados en habitaciones frías e insalubres. Anna Maria, la madre, no pudo soportarlo. Murió en su cuchitril parisino el 3 de julio de ese año.


Poco después, Mozart abandonó París en dirección a Munich. Allí se reencontró con Aloysia Weber, convertida ya en una soprano de renombre que, ahora, ha dejado de quererlo.
Por esos días recibe desde Salzburgo una carta de Leopoldo, el padre. Resultado de engorrosas tratativas, ha conseguido un puesto de mejor rango para Wolfgang: maestro de conciertos y organista de la corte. Wolfgang Amadeus se toma su tiempo. Lo que menos desea es seguir atrapado en el provincianismo de su ciudad natal. Finalmente, la realidad obliga. Regresa a Salzburgo el 15 de enero del año siguiente. En el verano de 1779 compondrá allí la Sinfonía Concertante K 364.

Sinfonía Concertante para violín, viola y orquesta, en Mi bemol, K 364
La obra es la única obra completa del género concertante que ha sobrevivido, género que incorpora elementos de la sinfonía y el concierto. Generalmente escritas para dos o más instrumentos solistas y orquesta, fue un género muy popular en París durante el siglo XVIII. 
De regreso en Salzburgo, Mozart comenzó también otros dos trabajos en el género, uno para violín y piano, y otro para violín, viola y cello. Pero ninguno llegó a término. Se cree que la obra que comentamos pueda ser un reintento de la abortada sinfonía concertante para violín y piano.

Mozart exige aquí una afinación más alta que lo usual para la viola. De este modo, el instrumento adquiere un sonido más brillante para evitar ser eclipsado por su compañero, el violín, más penetrante.

Movimientos:
00:00  Allegro maestoso
15:22  Andante
26:50  Presto
(En los tres movimientos, el público tose complacido)

La versión es de la Staatskapelle Berlin Orchestra, conducida por el maestro argentino-alemán-israelí Daniel Barenboim, con los solistas invitados:  Wolfram Brandi (violin) y Yulia Devneka (viola)

martes, 10 de noviembre de 2020

Grigoras Dinicu: "Hora staccato"


Siempre ha habido, y siempre los habrá, talvez, compositores que en su tiempo fueron muy reconocidos pero que hoy los recordamos por una sola obra. Mejor dicho, reconocemos de inmediato la mentada única obra pero no tenemos idea de quién fue su autor, incluso si nos lo nombran. Es el caso de la deliciosa pieza para violín y piano llamada "Hora staccato", obra del compositor y violinista rumano de origen romaní Grigoras Dinicu, nacido en  Bucarest el 3 de abril de 1889. 



El precoz Grigoras entró al Conservatorio de Budapest a los trece años y se graduó a los diecisiete. Para tal ocasión, compuso la obra que hoy recordamos. Una obra temprana, pudiera decirse, que arrancó aplausos y despertó esperanzas y creó justas expectativas, pero que lamentablemente opacó para siempre las creaciones subsiguientes, y también las tardías.

En el plano de intérprete, sin embargo, Grigoras Dinicu destacó como un violinista notable, un artista que recibió elogios por su virtuosismo por parte de los más reconocidos intérpretes de la época, incluido el gran maestro ruso-americano Jascha Heifetz, quien lo consideraba el violinista más talentoso de todos los que había conocido.

Grigoras Dinicu (1889 - 1949)
Luego de su graduación, participó en la Orquesta del Ministerio de Educación Pública y dio recitales como solista en Bucarest y en Europa Occidental. Durante cuarenta años, dirigió conciertos de música popular, y nunca titubeó en tocar en nightclubs, hoteles, restaurants y cafés de toda Europa.

Permaneció activo hasta fines de la guerra pero después de 1946 disminuyó sus presentaciones.
Murió en Bucarest, el 28 de marzo de 1949.

Hora staccatto, para violín y piano
El original de 1906 nunca fue publicado. La obra, tal como la conocemos hoy es un arreglo muy posterior de Jasha Heifetz, con permiso del autor. Debe su nombre al particular estilo "stacatto" (no ligado) del arco que permite que muchas notas claramente articuladas se reproduzcan en rápida sucesión sin cambiar la dirección del arco.
Una deliciosa pieza de apenas dos minutos de duración.

En arreglo para orquesta de cuerdas, se presenta aquí en la versión de Miclen LaiPang acompañado de la agrupación asentada en Suiza, LGT Young Soloists.




sábado, 31 de octubre de 2020

Chopin: Vals opus 64 No 3


Nueve años estuvieron juntos Chopin y la escritora George Sand. La curiosa relación de pareja comenzó en el invierno de 1838 y terminó en el verano de 1847, a raíz de desavenencias familiares en las que Chopin tomó partido a favor de Solange, hija de la Sand, contraviniendo el sentir de la madre. Así las cosas, Chopin pasó el verano de ese último año en París, alejado de Nohant, la estancia estival de la Sand, donde componía apaciblemente, sin preocupaciones financieras. Ahora en París debe duplicar las lecciones privadas, y en poco más de seis meses ya no tendrá alumnos debido a los alzamientos de febrero de 1848. Está enfermo, tose mucho, compone poco. El frío y gris invierno de 1847 deteriora aún más el paisaje anímico: "...hay oscuridad fuera y dentro de mi corazón", escribe.



Chopin comenzó a escribir valses cuando tenía 14 años, y así continuó hasta casi el final de sus días. Catorce son también los valses considerados "canónicos", es decir, aquellos tenidos como de su autoría sin apelación (existe otro buen lote en las categorías de perdidos y/o destruidos). De los catorce, solo ocho de ellos fueron publicados en vida del autor.

Dibujo a lápiz de G. Sand
Los tres valses del Opus 64 serán los últimos que escriba Chopin, y los más breves. Publicados en 1847, forman parte de la última y escasa producción del maestro, vencido por la enfermedad que lo llevará a la muerte.
El Opus contiene el celebérrimo Vals del minuto (No 1), otra célebre y apacible joya en Do♯ menor (No 2) y el último, que nos ocupa.

Desde luego que los dos primeros son los más famosos, pero el No 3 no se queda atrás en inventiva y gloria. Quizá, incluso, sea el más notable de los tres, el último que escribió Chopin durante su corta vida.


Vals Op 64 No 3, en La bemol mayor
Como era lo usual, está dedicado a una dama noble, la condesa Katarzyna Branicka.
Menos de tres minutos de una belleza escrita en tempo moderato, no ofrecen ni el júbilo agitado del Op 64-1, ni la frágil melancolía del Op 64-2, sino un único y genuino tema en que lo esencial es la más pura expresión de equilibrio estructural y armónico.
En la sección central (en Do mayor) dos melodías dialogan.

La versión es del pianista canadiense, Charles Richard-Hamelin.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Shostakovich: Piano concierto No 2


Regalo de cumpleaños para un hijo pianista

Durante gran parte de su vida, Dmitri Shostakovich tuvo que lidiar con el conservadurismo y la censura de la élite política de la fenecida URSS. Su música recibió variados y singulares epítetos, destacando aquel de "pornofónica" como el más conspicuo. Aparecido en un artículo de Pravda del 28 de enero de 1936, a los pocos días ya se rumoreaba que lo había escrito el propio Stalin. Desde luego, tal cosa parece hoy improbable, pero no lo es tanto que haya sido publicado con su venia.
Pero veinte años después, en 1957, ya hacía cuatro años que el caudillo había muerto. El maestro Shostakovich pudo entonces sentirse libre para escribir una obra a su entero capricho, y brindarla como regalo de cumpleaños a su hijo pianista.


Efectivamente, el Concierto para piano No 2 de Shostakovich fue compuesto para celebrar el cumpleaños de su hijo Maxim, habilidoso pianista que en 1957 cumplía 19 años. A diferencia de los trabajos anteriores del maestro (y posteriores también), por lo común algo tensos y desafiantes, la obra es una creación gloriosamente libre, anhelante y, hasta cierto punto, cándida –al menos en apariencia.

Por ello, algunos estudiosos consideran que estamos en presencia de uno de los trabajos menos importantes del autor. Es más, el mismo Shostakovich así lo percibió en su momento. En carta a su colega Edison Denisov, en febrero de 1957, recién terminada la obra, dice de ella que no posee "grandes méritos artísticos". Sin embargo, es muy probable que en prevención de las críticas acerbas de la "nomenclatura", el propio autor haya decidido restarle méritos a la obra y que tal comentario haya sido hecho "con la boca chueca".

Concerto para piano y orquesta no.2 op.102
Es indudable que el concierto se distancia enormemente de casi toda su obra anterior, por su noción de la libertad y su grácil abandono. Particularmente en el conocido segundo movimiento, un desgarrador Andante que le ha valido a la obra completa su persistente popularidad.

Acompañan al Andante dos vivaces movimientos, plenos de estilo y de un abrumador sentido del gusto y del solaz.

En abril de 1957, Shostakovich y su hijo Maxim, en arreglo para dos pianos, estrenaron la pieza en el Ministerio de Cultura. Poco después, fue interpretada para el público en el Conservatorio de Moscú. Una constante delicia de principio a fin, la obra es con toda seguridad el mejor regalo de cumpleaños que un pianista joven pudiera desear.

Movimientos:
00:38
  Allegro 
08:25  Andante
14:26  Allegro

La versión, excelente, es de la joven pianista española Brianda García Álvarez, acompañada por la Orquesta del Conservatorio de Utrecht bajo la conducción del maestro también español, Néstor Bayona.