viernes, 13 de enero de 2012

Grieg: Peer Gynt - Danza de Anitra



Antes de entrar de lleno a la crítica de la sociedad de su tiempo –presente en las obras Un enemigo del pueblo y la mil y una veces representada Casa de Muñecas–, el dramaturgo noruego Henrik Ibsen ideó en 1867 una obra en verso que no obstante su carácter fantástico contenía ya reparos al carácter y la psicología de sus coterráneos. La obra de marras, Peer Gynt, estaba destinada originalmente a ser leída y no representada pero su publicación tuvo tal éxito que su autor decidió convertirla en una obra de teatro en cinco actos.

Esta transformación hacía imprescindible la incorporación de pasajes musicales para llenar los tiempos muertos de los cambios de escena: preludios, bailes, canciones y algunos números corales, amén de "fondos musicales" para acompañar determinadas escenas o para crear atmósferas. Y para ello acudió a la ayuda de un compatriota, el compositor Edvard Grieg, una figura ascendente en Noruega y también en Europa después del éxito arrollador de su concierto para piano.

Por encargo de Ibsen, debió Grieg componer alrededor de veinte piezas musicales. La obra fue estrenada en febrero de 1876, y como el público encontró aquella música tan atractiva no pasó mucho tiempo para que la partitura cobrara vida propia. Desechando algunas de las piezas originales o fundiendo una con otra, Grieg terminó por erigir dos suites orquestales conformadas de cuatro piezas cada una.

Debido a su belleza sencilla La Danza de Anitra, de la Suite N° 1, es repertorio obligado de las orquestas estudiantiles. La pieza ilustra un episodio en que el protagonista, Peer Gynt, es seducido por la bella Anitra mediante una danza algo subida de tono con el objeto de despojarlo de sus riquezas, muy mal habidas, por cierto, pero esa es otra historia.
La versión es de la Orquesta de Cámara Antonio Vivaldi, en un concierto con ocasión del Día de San Valentín, el año 2010.



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jueves, 5 de enero de 2012

Gershwin: "Rhapsody in blue"


A mediados de los 60, en Santiago de Chile –mucho antes del reggaetón– las partituras para piano se compraban en la Casa Amarilla, casa editora de música y venta de instrumentos musicales. Si te llamaba la atención alguna pieza que desconocías, bastaba que le alcanzaras la partitura al pianista de la casa y éste la convertía en música al instante, facilitando así tu decisión. La Casa Amarilla todavía existe pero el pianista ya no.

Bastante más al norte de Santiago, en Nueva York, y unos cuantos años antes, 1914, el pianista y compositor George Gershwin desempeñó a sus dieciséis años ese mismo oficio en uno de los tantos establecimientos de música existentes en un barrio neoyorquino especializado en música ligera. Pero como Nueva York no es Santiago, Gershwin también estaba encargado de dar pequeños recitales privados de música de moda en los salones con que contaba el establecimiento.

George Gershwin (1898 - 1937)
Hijo de inmigrantes rusos y autodidacta hasta los doce años, George pronto entendió que también podía componer y en 1916 publicó su primera canción.  En 1923, el futuro compositor de la ópera Porgy and Bess, y de la pieza sinfónica Un americano en París, ofreció un concierto "híbrido", música clásica y jazz, siguiendo la tendencia a la búsqueda de un concepto algo difuso: el jazz sinfónico. Presenció el concierto un afamado director de banda de la época quien, convencido de que el joven Gershwin podía convertirse en el creador de una música norteamericana del "futuro", combinación del color afroamericano y la respetabilidad de lo clásico, lo animó a componer un concierto.

George aceptó, pero consciente de sus limitaciones en lo que tocaba a las formas musicales, optó por la forma libre de la rapsodia. En febrero del año siguiente, al final de un concierto que incluía música de Elgar y Schönberg, se aventuró a interpretar la parte solista de su Rhapsody in blue para piano y jazz-band. El éxito fue enorme aunque hubo reproches de algunos críticos serios que la consideraron ingenua y superficial. Otros, menos serios, la encontraron graciosa, espontánea, melodiosa y sensual.



De Rhapsody in blue se han hecho transcripciones para piano solo, para dos pianos, y para piano y orquesta sinfónica.
Presentamos esta última versión, para piano y orquesta, a cargo de la Filarmónica de Nueva York y con Leonard Berstein en el piano y la dirección, en grabación de 1976. A partir del minuto 10:41 se escucha la melodía lenta y sugerente –"tchaikovskiana", según algunos–, que la ha hecho célebre y lo más cercano al blues de toda la pieza. El glissando a cargo del clarinete con que comienza la pieza surgió como una broma en un ensayo. Gershwin lo incorporó más tarde en la partitura.

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jueves, 29 de diciembre de 2011

Mozart: Concierto piano N° 23 - Adagio



Feliz de la vida habría estado Wolfgang Amadeus Mozart de haber sabido que la línea aérea Air France tomaría prestado unos compases suyos para musicalizar uno de sus spots publicitarios. Bueno hubiese sido también que recibiera un "retorno" desde el futuro. Pero esa magia no se ha inventado todavía.
El minuto y algo más incorporado al spot, muy bello por cierto, pertenece al segundo movimiento, adagio, del concierto para piano y orquesta N° 23, compuesto en Viena el año 1786. Un buen año para Mozart, si recordamos el rotundo éxito de Figaro, que significó un claro alivio para las finanzas de Amadeus.

Mozart en Viena, 1782-1791
Los nueve años que la familia Mozart pasó en Viena no fueron especialmente malos. Más bien al contrario: siempre tuvieron coche propio y al menos un criado, comodidades mínimas para un músico de renombre que recibía hijos de nobles como alumnos. Pero debieron sortear algunas dificultades económicas, cambiándose de casa continuamente, por ejemplo, para ajustar las cuentas.

El éxito de Figaro lo había catapultado como prominente compositor de ópera, pero Mozart todavía albergaba la esperanza de ser nombrado "compositor de corte", eso sí, en Viena, no en cualquier parte. Lo será al año siguiente, a la muerte de Gluck, su antecesor, si bien con un sueldo muy inferior. Mientras tanto Mozart vivirá de sus clases, de la publicación de sus obras y de los conciertos por suscripción, en los que Wolfgang fungía de pianista, director y productor del evento.

Concierto No 23 - Adagio
Es, probablemente, el caso del Concierto N° 23, terminado el 2 de mayo de 1786 y estrenado poco después con entrada pagada con antelación. No sé cuánto costaba el "ticket". Sí sé que el minuto a Air France le salió gratis. Un comentario en francés en Youtube celebra que la empresa difunda "buena música" y "haga a los franceses más cultos". Razón no le falta. Después de todo, Wolfgang Amadeus sigue embelleciendo el mundo, sin recibir nada a cambio.

De los tres movimientos del concierto, escuchamos el melancólico adagio usufructuado, en versión de la pianista francesa Hélene Grimaud y la Chamber Orchestra of the Bavarian Radio.


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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Lecuona - La comparsa



Al parecer, niños prodigio hay en todas partes. Quienes en 1909 asistían al cine Testar en La Habana podían observar que quien musicalizaba las películas mudas de la época era un niño de 14 años. El niño, a quien le faltaban solo cuatro años para obtener su diploma de intérprete en piano en el Conservatorio Nacional de La Habana, medalla de oro incluida, se llamaba Ernesto Lecuona.
Hijo de un periodista canario y madre cubana, para aliviar la carga económica de la familia, luego de que el padre muriera muy joven, el futuro compositor se vio obligado a trabajar en el cine a muy temprana edad. Ya en 1907, a los 12 años, participaba con un grupo musical en los intermedios, entre una película y otra, como era la costumbre.

Ernesto Lecuona (1895 - 1963)
Lecuona, autor de canciones, pareciera ser la reseña obligada. Quizás debido al éxito arrollador de la pieza Always in my heart, tema principal de la película del mismo nombre, de 1942, época de profusa participación del autor como compositor para el cine hollywoodense. Y cómo no, también están Siboney, Maria la O, Malagueña y tantas otras. Pero su producción musical, de alrededor de 600 piezas, incluye diversas suites para piano, cinco ballets, música para teatro y cine, piezas para niños, y hasta una ópera. Como ejecutante, por si fuera poco, mostró un talento excepcional para la interpretación de los clásicos y románticos europeos.

Pero Lecuona se apartará poco a poco de este universo y terminará rindiendo culto a la música afrocubana que, en estado de marginación en la sociedad cubana de inicios del siglo veinte, logró finalmente acceder a las salas de concierto gracias en buena parte al esfuerzo sostenido del maestro Lecuona.

La Comparsa es una de sus composiciones más populares y de indiscutible vigencia. Su primera interpretación pública se dio en 1912, por lo que podemos inferir que fue compuesta antes de los 17 años. Aunque originalmente una canción, se han hecho innumerables versiones de ella, partiendo por la propia versión de Lecuona para piano solo.

En esta oportunidad, la escuchamos en una entrega muy sabrosa, a la vez que libre, para piano y orquesta. Al piano, el maestro cubano Frank Fernández acompañado de la Orquesta Sinfónica Juvenil, en Caracas, Venezuela.
Ernesto Lecuona falleció en Santa Cruz de Tenerife en 1963.


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domingo, 18 de diciembre de 2011

Chopin: Andante spianato y Gran polonesa brillante



Cumplidos recién los veinte años, Frédéric Chopin entendió que ganarse la vida en Varsovia era una tarea imposible. Su vocación exigía que buscara otros escenarios donde su talento fuera más apreciado y a la vez rindiera mejores frutos. El problema residía en la elección del destino, hacia adónde partir. 
Pero tampoco tenía muchas ganas de hacerlo. Premonitoriamente, escribe:
"No me siento con fuerzas para fijar el día de mi partida. Si me voy, no volveré a ver la casa, me parece, y pienso que moriré lejos..."
La situación política, por otra parte, no es de las mejores. Bajo la ocupación zarista desde 1813, el hostigamiento a los polacos es pan de cada día en 1830: se persigue a académicos de la Universidad de Vilna y el poeta Adam Mickiewicz es deportado a Rusia. Con el duque Constantino a la cabeza proliferan los arrestos, en tanto varios de los amigos de Chopin difunden libelos y poemas sediciosos. Estas circunstancias llevan al padre de Frédéric a apurar su partida, pues a la motivación legítima por dar a conocer el talento de su hijo en el extranjero, se sumará la información que, fruto de sus contactos con la masoneria, Nicolás Chopin maneja sobre la inminente insurrección polaca.

Chopin abandona Varsovia
Frédéric ha pasado el verano en Zelazowa Wola en compañía de amigos de la infancia. A fines de agosto está en Varsovia trabajando en "una polonesa con orquesta" y en el rondó del concierto en mi menor. Partirá el 2 de noviembre, a Viena. La víspera, junto a sus compañeros de estudio y amigos, beben, cantan y tocan el piano. Al término de la jornada, recibe de ellos una copa de plata con un puñado de tierra polaca.
Cuatro semanas después de su partida, la noche del 29 de noviembre, estalla la insurrección en Varsovia, con el asalto a la residencia del Duque liderado por alumnos de la escuela de oficiales polacos. Chopin se entera de ello en tierra extranjera y habrá de enfrentarse al hecho poco promisorio de que la burguesía vienesa no ve con buenos ojos el alzamiento polaco, cuyo desenlace será la derrota total por el ejército ruso, inmensamente superior, el año siguiente.



Gran Polonesa Brillante
La polonesa para orquesta en que Chopin trabajaba tres meses antes de la insurrección, es la Gran Polonesa Brillante para piano y orquesta, opus 22. Posteriormente, en 1834, agregará a la pieza una introducción para piano solo cuyo título es, curiosamente, una indicación de tempo antes que una descripción. Andante spianato la llamó Chopin. Si echamos mano al lenguaje de la ópera, nos enteramos de que se trata de un canto sin florituras, canto spianato, que va directo a la nota que quiere alcanzar, sin circunloquios.
De carácter intimista, el andante precede con comedimiento la enorme brillantez y solemnidad de la polonesa, que algunos han llegado a tildar de "presumida". Y bueno, su autor tiene veinte años.
Más tarde, Frédéric hará de la Gran Polonesa un arreglo para piano solo. En unión con el andante, la escuchamos aquí en versión del excelente pianista chino Yundi Li, en el escenario de la Opera Narodowa, Varsovia, año 2010.

La escena final de la película El Pianista –que narra la historia verídica del pianista polaco Vladyslaw Szpilman ante otra ocupación más de Varsovia cien años más tarde– nos regala la versión para orquesta. No puedo omitir aquí que toda la música para piano en la película es interpretada por el pianista polaco Janusz Olejniczak.

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