jueves, 17 de mayo de 2018

Shostakovich: Danza de las muñecas / Vals Lírico


Como gran parte de los compositores ilustres, Dmitri Shostakovich fue un pianista notable. Sabemos que ingresó al Conservatorio de Petrogrado para estudiar piano a la edad de trece años, y que allí se graduó en 1926 con la composición de una obra sinfónica (como debía ser, su Primera Sinfonía, de entusiasta recepción). Pero por la misma época, el joven pianista y futuro compositor se ganaba algún dinerillo como acompañante de películas mudas. Y en 1927 (el compositor tenía 21 años), se aventuró a competir en el Primer Concurso Chopin, de Varsovia. No ganó, pero llegó a las finales, obteniendo una nada desdeñable Mención de Honor.


Si hubiese ganado, una carrera de intérprete virtuoso habría moldeado la historia de modo diferente. Posiblemente no conoceríamos la Quinta Sinfonía ni la Séptima (Sinfonía Leningrado). Tampoco su música de cámara ni su extenso catálogo de música para el cine (donde descuella sin parangón la banda sonora del Hamlet soviético, de 1963).
No ganó pero una mención de honor en Varsovia, desde luego, no era poca cosa. No obstante su dedicación última a la composición, Shostakovich, intérprete, no dejó de presentarse en público hasta edad avanzada, de preferencia con obras propias.

Dmitri Shostakovich, de 25 años
(1906 - 1975)
Danzas de las Muñecas - Vals Lírico
Sin embargo, la música que compuso para piano solo ocupa una porción reducida en toda su obra, aunque en ella se inscriben de modo sobresaliente los 24 Preludios, de 1932, y los 24 Preludios y Fugas, de 1950.
En un plano de notoria menor enjundia, sobresale por su sencillo encanto la suite de piezas breves que el autor denominó Danzas de las Muñecas, una compilación de trozos extraídos de sus suites de ballets, que a la vez fueron tomados de los ballets, de su música para el cine o de la música incidental para obras diversas.

La pequeña suite, compilada en 1953, está formada por siete encantadoras miniaturas.
Se presenta aquí la que inicia la serie, a la vez la más popular y la más solicitada, el Vals Lírico, una joya del piano del siglo veinte, de tan solo dos minutos y medio de duración.

La versión es de la pianista de origen ucraniano, Tatiana Primak Khoury.



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