lunes, 30 de septiembre de 2013

Mozart: Concierto para piano N° 27


Carta de Mozart a Puchberg, solicitando un nuevo préstamo. Agosto 14 de 1790

Entre los años 1782 y 1786 Wolfgang Amadeus Mozart publicó y estrenó en Viena la asombrosa cantidad de quince conciertos para piano, destinados a formar parte de sus presentaciones en público que, aparte de las lecciones a sus pupilos, constituían por esos años la manera natural de generar ingresos para un compositor que no contara con el favor de una corte. Según la costumbre, las funciones incluían la presentación de cantantes y otros números diversos con el objeto de entregar al público vienés un programa variado para que no decayera el interés durante las cuatro horas que por lo general duraban los conciertos. Desde luego, el "borderó" debía repartirse entre todos los artistas.

Pero en 1887 Austria inició una impopular guerra contra el Imperio Otomano, con lo que la aristocracia vienesa decidió concentrar su interés en la protección de sus bienes y en blindar a sus hijos de la conscripción, de modo que los alumnos disminuyeron notoriamente así como el interés por asistir a espectáculos musicales. Así, tuvieron que pasar dos años antes de que Mozart escribiera un nuevo concierto para piano, el llamado "de la coronación", en 1788, y el último de ellos, el concierto en Si bemol K. 595, fechado en su catálogo el 5 de enero de 1791, exactamente once meses antes de su muerte.

Constanze Mozart (1762 - 1842)
A fines de 1789, algo marchitos los laureles de Las Bodas de Figaro (1786) y Don Giovanni (1787), la situación económica de Wolfgang no era de lo más alentadora. Cuando Constanze dio a luz una hija en noviembre de ese año –que vivió escasos seis meses– contaba con apenas dos alumnos, de modo que se vio obligado a solicitar una vez más el apoyo financiero del increíblemente generoso Michael Puchberg, próspero comerciante vienés y compañero de logia de Amadeus.
No son pocos los autores que alguna vez solicitaron ayuda de algún mecenas, pero ninguno lo ha hecho de manera más apremiante y desgarradora que Mozart.
"Si tuvieseis por mí bastante amistad y bondad para concederme un préstamo de mil o dos mil florines, durante uno o dos años, al interés legal, me arreglaríais. Vos mismo podéis comprender que resulta penoso, cuando no imposible, vivir teniendo que estar siempre pendiente de los próximos ingresos. No es posible poner orden en una situación si no se dispone de una pequeña reserva. Si me hicieseis este favor, estaría en condiciones de devolvéroslo más fácilmente, mientras que, tal como estoy, todos los pagos se me amontonan y me quedo sin dinero en cuanto lo cobro. Menos abrumado por las preocupaciones, podría trabajar con el ánimo más ligero y, por consiguiente, ganar más. Si no me ayudáis, perderé mi honor y mi crédito, que es lo único que aún deseo conservar. Si atendieseis mi ruego, podría respirar desahogadamente..."
El comerciante masón guardó celosamente estas cartas, todas, poco más o menos, del mismo tenor. Hoy valen muchísimo más de lo que alguna vez prestó al genio salzburgués, quien, dicho sea de paso, sólo pudo cancelar la deuda en un par de ocasiones.

En marzo de 1791 Mozart ofreció en Viena una de sus últimas presentaciones en público. En esa oportunidad, brindó a la audiencia el concierto N° 27 para piano y orquesta en Si bemol mayor.
El concierto se presenta aquí, completo, en versión de la excelente pianista portuguesa Maria Joao Pires, acompañada de la Chamber Orchestra of Europe, conducida por el director británico Trevor Pinnock.


A diferencia de la brillantez de los conciertos inmediatamente anteriores, es ésta una obra íntima, de carácter recogido y sin el menor rasgo de espectacularidad de la que el solista u orquesta pudieran servirse. A ratos misteriosa, en otros luminosa o trágica, la obra construye su unidad en base a una mezcla genial de intensidad y elegancia.

Movimientos:
Allegro  Sobre un sencillísimo acompañamiento que dura un solo compás, las cuerdas inician una bella melodía cantabile salpicada por cortas intervenciones de los instrumentos de viento madera. El sentido de elegancia y moderación se ve reforzado por una instrumentación que omite trompetas y tímpano. En 2:56 el piano hace su entrada  redibujando el motivo inicial.

Larguetto (14:25)  Catalogado por algunos de "religioso", un tema muy simple es ofrecido por el piano solista con suma inocencia; de escasa elaboración, solo cuando Mozart lo estimó imprescindible. Una segunda idea, no obstante su brevedad la más reconocible, en 15:17. Reaparece en 18:57.

Allegro (21:07)  De sosegado candor, su primer tema recuerda la canción que Mozart incorporó inmediatamente a continuación en su catálogo, la celebrada Sehnsucht nach dem Frühling (Anhelo de Primavera, K. 596).
Finalizado el concierto, Maria Joao Pires nos ofrece un par de encores: Allegro y Andante de la sonata en Re mayor para cuatro manos, acompañada del director que, por supuesto, también es pianista.

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6 comentarios :

  1. Felicitaciones por el paso de las cien mi visitas, sean como sean. Alguien podrá de- cir, eso es un algo y nada más. La cifra indica la perseverancia en la mantención de este blog. Un saludo a su constructor.
    El inversionista.

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  2. Sr. Inversionista. Muchas gracias. Y tiene razón, solo la perseverancia lo permitió. Curioso.

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  3. Hermoso concierto Dago y qué bueno que lo enviaste entero. ¿Podrías ahora enviarnos el Concierto Nº 1 de Chopin completo? Sería para mi una delicia escucharlo. Da lo mismo quien lo interprete porque será igualmente sublime. CP Gacitúa

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    1. No faltaba más. En cualquier momento. Paciencia. Gracias por dejar tu comentario aquí.

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  4. Este concierto lo tengo en cd, es uno de los más hermosos de Mozart, en especial el movimiento lento indicado Larghetto que comienza con un sólo hermoso del piano que toca una melodía infantil pero maravillosa.En realidad pienso que todo el concierto tiene un carácter infantil pero a la vez un poco melancólico.

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  5. Hola, Daniel: Gracias por tu comentario. Saludos.

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