viernes, 30 de diciembre de 2016

Albéniz: "El Albaicín", de la suite Iberia


"Pocas obras de música valen lo que El Albaicín, donde se encuentra la atmósfera de esas noches de España que huelen a clavel y a aguardiente. Es como los sonidos ensordecidos de una guitarra que se queja en la noche, con bruscos despertares y nerviosos sobresaltos".
Las entusiastas y poéticas palabras son de Claude Debussy, en la época en que junto a Fauré y Granados, promovía ante el gobierno francés la concesión de la Gran Cruz de la Legión de Honor al pianista y compositor español Isaac Albéniz. El maestro no alcanzó a recibirla.


Debussy hacía mención a la pieza considerada la obra maestra al interior de esa otra obra maestra que es la suite Iberia, compuesta entre 1905 y 1908, al final de la vida del compositor.

"El Albaicín" encabeza el tercer cuaderno de los cuatro que conforman la colección de doce piezas, y su título parece remitir al barrio gitano granadino del mismo nombre. Arrancando de una simple "bulería" (un ritmo flamenco), la pieza logra erigirse sobre tres claras secciones de alto y definido contraste entre sí.

Isaac Albéniz (1860 - 1909)
La versión es de Alicia de Larrocha en una presentación en televisión del año 1969. La calidad del sonido logrado no es de los mejores, tampoco la imagen. Pero la musicalidad entregada por la intérprete española sobrepasa, por lejos, otras versiones más "modernas" en cuanto a técnicas de grabación.

En mi humilde opinión, la maestra, pianista y compositora Alicia de Larrocha, no obstante sus manos pequeñas, fue capaz de hacer de El Albaicín una versión inigualable, respondiendo a cabalidad con el calificativo de "gran dama del piano", como se la conoce en España.

La pieza no sobrepasa los siete minutos.


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viernes, 23 de diciembre de 2016

Schubert: Marcha Militar No 1


Junto a la "Serenata" y el "Ave Maria", la Marcha Militar No 1 probablemente sea una de las melodías más famosas de Franz Schubert. Conocida popularmente con el sencillo título de "marcha militar de Schubert", es la primera de la serie de Tres Marchas Militares para piano a cuatro manos publicadas en 1826, como opus 51, por Anton Diabelli en Viena.
Se suponen escritas en el castillo de Szeliz, a unos 150 km de Viena, donde Schubert pasó los veranos de 1818 y 1819, contratado como preceptor musical de las hijas del conde Johann Esterházy, primo del protector de Haydn.


Carolina y Maria 
Las niñas eran dos: Carolina de 13 años, y Maria, de 15. El joven profesor contaba veintiuno. Con María, las clases eran más interesantes pues mostraba un nivel más avanzado que su hermana, pero al segundo verano el pequeño Schubert comenzó a interesarse sentimentalmente en Carolina que, claro está, ahora tenía catorce. Sin embargo, su proverbial timidez no le permitió ir más allá. Con todo, rebosantes de optimismo están las cartas de la época enviadas a sus amigos en Viena: "Me encuentro perfectamente vivo y compongo como un dios [...]", escribe en una de ellas.

Schubert, joven (1797 - 1828)
El piano a cuatro manos
Profesor de dos hermanas, las composiciones escritas como un Dios que podían resultarle de mayor provecho inmediato, eran, desde luego, las piezas a cuatro manos. Así que las marchas militares se habrán escuchado más de una vez en palacio, Schubert acompañando a una de las niñas o, quizá, arrellanado en un sillón, escuchando a sus alumnas con oído atento, presto a corregir, aunque con la mirada fija en Carolina, especulo.

De la Marcha Militar No 1 (catalogada hoy como D.733, junto a las restantes dos marchas) se han hecho innumerables arreglos y versiones, y ha sido utilizada en múltiples formatos de TV, y en cine. Entre las reescrituras más serias, sobresalen por su importancia, la Gran paraphrase de concert de Liszt, y la "cita" de Stravinski en Circus Polka (ballet coreografiado para bailarinas y elefantes).

Marcada allegro vivace y escrita en la tonalidad de Re mayor, la pieza presenta la tradicional estructura ternaria A-B-A, la sección final una franca repetición de la de inicio.
Se presenta aquí la version original para piano a cuatro manos, a cargo del dúo de pianistas Salim & Sivan.


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martes, 20 de diciembre de 2016

F. Kalkbrenner: Nocturno opus 121 No 1


Descontados los musicólogos, si algún melómano de hoy recuerda a Friedrich Kalkbrenner, es por su desmedida pretensión de convertirse en maestro de su tocayo, Frédéric Chopin, cuando éste apareció por París en 1831 y lo visitó para solicitar su tutoría. El maestro Kalkbrenner le ofreció tres años de lecciones. Chopin se entusiasmó, escribió a sus padres que "el mejor pianista de Europa" iba a tomarlo bajo su tuición y a hacer de él un gran virtuoso. Frédéric, un muchacho de provincia de 21 años, creyó en su magia. No era necesario. Y el arrebato duró poco. Al cabo de un año abandonó las lecciones.


Talentoso pianista
Desde luego, Kalkbrenner sabía tocar el piano, y muy bien. Había dado su primer concierto público a los cinco años, en Alemania, su país de origen. Y en el Conservatorio de París, adonde pronto llegó a estudiar, se graduó a los trece años. Vivió diez años en Londres, cautivando a la nobleza de Inglaterra con sus octavas prestissimo y la pasión que imprimía a ciertos pasajes. Similar conmoción provocó en París, donde se estableció en 1824 como pianista virtuoso y solicitado profesor. Allí lo encontró Chopin.

Friedrich Kalkbrenner (1785-1849)
Compositor también, pero olvidado
Kalkbrenner escribió de todo: óperas, sonatas y conciertos para piano. Pero nada de eso ha sobrevivido. Es altamente improbable que en las salas de concierto se haya escuchado una sola pieza del autor durante todo el siglo veinte. Sin embargo, alrededor de los ochenta prendió algún entusiasmo en las casas disqueras (la moda del "rescate") y parte de su música se ha venido grabando desde entonces. En principio, piezas breves, sus Nocturnos, por ejemplo.

Lirismo hay para todos los gustos
Harto distantes de los Nocturnos de Chopin (quizá también de los de Field), las obras, no obstante, habrán conmovido a las audiencias de su tiempo. Lo superarán, en el piano, largamente, Chopin y Liszt. Pero poco le habrá importado a Kalkbrenner. Financieramente cómodo a raíz de su exitosa carrera como pianista y profesor, en sus últimos años se hará socio de la casa de pianos Pleyel. El maestro Kalkbrenner morirá rico.

Les Soupirs de la Harpe Eolienne
En versión del pianista holandés Bart von Oort, se presenta aquí el Nocturno en La bemol mayor, opus 121 No 1, subtitulado Les Soupirs de la Harpe Eolienne, grabado en un piano Erard de 1837.


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lunes, 19 de diciembre de 2016

Beethoven: Rondó en Sol mayor, op 129


El manuscrito del ágil y encantador rondó de Beethoven que lleva por título original Rondo alla ingharese quasi un capriccio estuvo "perdido" por cerca de ciento veinte años. Hoy día es un favorito de los pianistas, para valerse de él como gracioso bis, pero en vida de Beethoven es improbable que se haya escuchado en algún escenario. El manuscrito, aparentemente incompleto, fue encontrado entre las pertenencias de Beethoven luego de su muerte en 1827.


Al año siguiente, lo publicó su amigo, colega y editor Anton Diabelli, quien habría ocultado el hecho de que la composición parecía no estar terminada. Tras la publicación de 1828, el manuscrito desapareció y solo fue reencontrado en EEUU en 1945, esta vez entre las pertenencias de una señora de apellido Noble, que lo había mantenido en su poder por al menos 20 años, olvidada de toda "nobleza". Y efectivamente, el original muestra algunas discrepancias con las ediciones posteriores a la edición Diabelli, todas basadas en ella.

En todo caso, con el hallazgo en mano, se pudo conocer la época de composición de la pieza, pues el manuscrito, en sus últimas páginas, contiene bocetos de obras de conocida data, los años 1795-98. Así pudo concluirse que el rondó pertenecía a la misma época. Es obra de un Beethoven veinteañero, acercándose a los treinta, con residencia en Viena desde hace al menos tres años.

Rabia por un centavo perdido
La pieza es conocida también por el curioso título de "La rabia por un centavo perdido, desahogada en un capricho" (traducido con toda libertad del inglés Rage over a lost penny, vented in a caprice, traducido a su vez, imagino que correctamente, del alemán, que no transcribo). Las palabras aparecen escritas en el manuscrito pero no por la mano de Beethoven. Se especula que pudieran ser obra de su amigo y primer biógrafo Anton Schindler quien se caracterizó por tomarse a menudo libertades con su célebre amigo, que desembocaron más de una vez en rabiosos desencuentros, aunque transitorios.

Una "rabia inofensiva"
Fantaseando con la idea de que el maestro hubiese tomado efectivamente inspiración de una ira pasajera, Robert Schumann (que para la muerte de Beethoven tenía 17 años) escribirá más tarde: "...sería difícil encontrar algo más alegre que este Capricho... Se trata de la ira más amable, inofensiva, similar a lo que se siente cuando uno no puede sacar el pie de la bota".

Marcado allegro vivace, el rondó combina el esquema tradicional de la forma con la inventiva singular de Beethoven para las variaciones.
La versión es del excelente pianista nacido en China, Sheng Cai. La pieza dura menos de seis minutos. El resto son aplausos.


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viernes, 16 de diciembre de 2016

Shostakovich: Sinfonía No 7 "Leningrado" Mov. 1 Allegretto


La Sinfonía No 7 de Dmitri Shostakovich, llamada "Leningrado", es una obra llevada a término en tiempos de guerra, y estrenada de la manera más heroica imaginable.
El 22 de junio de 1941, las tropas alemanas invadieron Rusia en el marco de un plan concebido el año anterior, la "Operación Barbarroja". Para fines de julio, la capital Leningrado (es decir, San Petersburgo, antes y ahora) estaba rodeada completamente. El sitio a la ciudad duró exactamente 872 días, desde el 8 de septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944. Fue el asedio a una ciudad más largo de la historia, y el más costoso en términos de vidas civiles y militares.


Si bien es posible que Shostakovich haya a comenzado a componer la sinfonía antes de la invasión, lo concreto es que cuando comenzó el sitio se desempeñaba allí, en Leningrado, como profesor del Conservatorio (fue bombero del mismo durante el sitio) y allí terminó los tres primeros movimientos. Meses más tarde, él y su familia lograron ser evacuados, completando la sinfonía en Kuibyshev, la capital provisional, el 27 de diciembre de 1941. Su estreno tuvo lugar allí el 5 de marzo de 1942. Sorprendentemente, cinco meses después, se estrenó en la ciudad sitiada.

Shostakovich, bombero en Leningrado
Ensayos bajo fuego
A un año del asedio, la única orquesta que quedaba en la ciudad, la Orquesta de la Radio de Leningrado estaba inactiva, debido a que buen número de sus miembros habían sido heridos o estaban muertos. De modo que cuando su director llamó a sus integrantes para el excepcional ensayo de una nueva Sinfonía de Shostakovich solo se presentaron quince. La mayoría, famélicos: los instrumentistas de vientos se desmayaban luego de emitir las primeras notas. Hubo que traer músicos desde el frente. Los primeros ensayos no alcanzaban a durar una hora, debido al agotamiento generalizado. Mientras, los bombardeos de la Luftwaffe no cejaban.

Música para las filas enemigas
En estas increíbles condiciones, con un solo ensayo de la obra completa logrado recién esa mañana, la Sinfonía fue interpretada en el Gran Salón de la Filarmónica el 9 de agosto de 1942. A través de altavoces instalados por la ciudad en dirección a las filas enemigas, también pudo ser escuchada por los soldados alemanes (y finlandeses, que también pusieron su cuota en el asedio).
[Un completísimo artículo sobre las condiciones, los preparativos y la logística empleados en esta performance increíble, se puede ver aquí, en inglés].

Escrita en la tonalidad de Do mayor, la Sinfonía tiene una duración cercana a los 80 minutos, y la conforman cuatro movimientos: Allegretto / Moderato (poco allegretto) / Adagio / Allegro non troppo.
Se presenta aquí el Primer Movimiento, con Gennady Rozhdestvensky dirigiendo la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Cultura de la URSS, que suponemos habrá desaparecido, o al menos, cambiado de nombre.

Primer movimiento - Allegretto
Abre con un tema radiante y resuelto que desempeñará un papel prominente en toda la sinfonía. Le siguen varios temas más bien relajados, que no son objeto de desarrollo. En su lugar, Shostakovich nos ofrece un crescendo orquestal de larga duración sobre un tema que se apoya en un patrón rítmico insistente. Se supone que es el "tema de la invasión", aunque el autor se guardó para más tarde el señalamiento de que también "estaba pensando en otros enemigos de la humanidad cuando compuse el tema". El tema comienza inocentemente (5:50), como escuchado a la distancia, volviéndose cada vez más ominoso y aterrador a medida que gana en volumen. Es considerado uno de los pasajes más notables de la producción sinfónica de Shostakovich. En su clímax, tremendamente distorsionado, el compositor trae de vuelta el tema de la apertura, en un gesto de desafío y heroísmo ante el monstruoso acto de guerra. [Este párrafo, traducido y editado libremente desde las páginas de LA Phil].


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