miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mozart: Divertimento en mi bemol


Entre 1769 y 1773, Mozart visitó Italia en tres oportunidades, acompañado de su padre Leopold las tres ocasiones. El primer viaje fue el más extenso, y también el más provechoso si solo consideramos la cantidad de encargos recibidos por el joven compositor de catorce años en las muchas ciudades que visitaron. Habían partido de Salzburgo el 13 de diciembre de 1769. Luego de 15 meses compartiendo con la nobleza italiana y los más altos dignatarios eclesiásticos, para quienes Wolfgang tocó el clave y dirigió orquestas, padre e hijo regresaron a Salzburgo en marzo de 1771, embriagados de música y arte italianos.


Regreso a Milán
La exitosa gira pronto llegó a oídos del Palacio Imperial de Viena. Y se decidió invitar a Wolfgang a escribir una ópera que debía representarse en Milán en octubre de 1771 para celebrar los esponsales del archiduque Fernando (hijo de Maria Teresa de Austria y hermano de Maria Antonieta, quien más tarde conocerá la guillotina) y la princesa Beatriz de Módena. Así que a los pocos meses de volver a casa, los Mozart debieron partir otra vez, ahora a Milán, donde permanecieron tres meses. La ópera (Ascanio in Alba) obtuvo un éxito apabullante, pues, gozosos de participar en una obra del joven genio austriaco, Wolfgang pudo contar con los mejores cantantes y los más destacados instrumentistas.

El clarinete
En contacto con estos últimos, Mozart cayó en cuenta de la preponderancia que ocupaba en las orquestas italianas un instrumento que, por lo visto, los músicos austriacos no acababan de reconocer como era debido: el clarinete. Y puso manos a la obra, para enmendar la omisión.
Durante su breve estadía en Milán, Mozart compuso dos divertimenti al estilo del popular divertimento italiano. En ambos (en mi bemol y si bemol), un par de clarinetes tienen participación destacada, dialogando, casi cómicamente, con los cornos ingleses, las trompas o el fagot.

Divertimento en mi bemol mayor, K. 113
Dos versiones existen de la obra. Una, fechada en Milán, noviembre de 1771, para dos clarinetes, dos cornos y cuerdas. La otra, para solo conjunto de vientos, excluido el clarinete, que no lleva fecha ni lugar de composición. Se presume que la primera obedece al gusto italiano, escrita para los milaneses. La segunda, para sus coterráneos, pues Mozart no habría tenido clarinetes a su disposición en Salzburgo. La discusión continúa. 

Se presenta aquí la primera versión, a cargo de la agrupación alemana C.P.E. Bach Orchestra, dirigida por Hartmut Haenchen.

Movimientos:
0:00  Allegro
3:17  Andante
6:20  Menuetto
7:51  Trio Allegro


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lunes, 12 de diciembre de 2016

Mijail Glinka / Balakirev: "La Alondra"


En 1836, Mijail Glinka había asombrado al público y crítica rusos con el estreno de su primera ópera, La vida por el zar. Tenía 32 años y se aprestaba a iniciar la composición de un segundo trabajo en el género, Ruslán y Liudmila, según el poema homónimo de Pushkin. Pero tardará cinco años en completarla, debido, entre otras cosas, a su salud quebrantada tras sufrir el abandono de su mujer. Maria Petrovna Ivanova, una chica de San Petersburgo, lo dejó por otro, sin sutilezas, un día cualquiera.


El abatimiento
La unión no había sido feliz y el rompimiento se veía venir aunque nunca con la desenvoltura de que hizo gala Maria Petrovna. El compositor buscó refugió en la naturaleza. Abandonó San Petersburgo y pasó largos periodos en el campo. Pero no dejó de componer. Aun sumido en el abatimiento, en 1840 tomó inspiración de unos versos de su amigo y poeta Nestor Kukolnik y sobre ellos escribió un ciclo de doce canciones, las que reunió bajo el título colectivo de "Adiós a San Petersburgo".

Mijail Glinka, en 1840
(1804 - 1857)
"La alondra"
Es la más popular de aquellas canciones. Pero lo es más en su arreglo para piano solo. En 1855, dos años antes de su muerte, Glinka conoció a un joven Mili Balakirev, a quien estimuló para que abandonara las matemáticas definitivamente y se dedicara a componer.
En agradecimiento a su mentor y amigo, entre sus primeras composiciones Balakirev transcribió para piano un buen número de canciones de Glinka. La más aplaudida ha sido, desde luego, La alondra.
La pieza debe a Glinka, indudablemente, la excepcionalmente bella y triste melodía. A Balakirev, el trazo y el dibujo musical.

La versión es de la pianista Olga Scheps, nacida en Moscú y radicada en Alemania.


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jueves, 8 de diciembre de 2016

Zoltán Kodály: Siete piezas para piano


"La formación musical del niño comienza nueve meses antes de su nacimiento". Es una frase atribuida a Zoltán Kodály, compositor, pedagogo y musicólogo húngaro, creador del "método Kodály" que aún hoy mantiene su vigencia en la formación musical de los niños, postulando que un acercamiento al mundo sonoro de manera natural y espontánea generará las habilidades requeridas, pues en opinión del gran pedagogo que fue Kodály todo individuo en este mundo es capaz de crear música.


Respondiendo a ese precepto, en compañía de su amigo Béla Bartók dedicó largos periodos a recorrer la Hungría rural a fin de grabar y luego transcribir lo que el folklore más genuino podía entregarle, aquel cultivado por granjeros y campesinos.
La colaboración con Bartók en esta empresa dará como resultado, en 1913, la publicación de una serie de colecciones de canciones populares húngaras, que cerrarán un ciclo nacionalista iniciado durante el romanticismo y que legó a Hungría la conciencia de su personalidad musical.

Zoltán Kodály (1882 - 1967)
Gran estudioso de la voz humana, buena parte de su obra es vocal, o coral. (Su trabajo más celebrado es la ópera Háry János, de 1927, y la suite que le siguió). Su música instrumental, o de cámara, es reducida. Más aún lo es aquella escrita para piano, la que poco se conoce fuera de Hungría. Pero ello mismo la hace interesante porque su audición permite adentrarse en rincones poco conocidos del vasto repertorio pianístico universal.

Siete piezas para piano Opus 11
Salvo la tercera pieza (de 1910), fueron compuestas entre los años 1817-18 mientras el autor se desempeñaba como profesor de composición en la Academia de Música de Budapest. Influencias de Debussy y Ravel se aprecian en algunas piezas (3 y 4, por ejemplo), así como su relación con Bartók y el folkore húngaro es perceptible en el conjunto. Las siete piezas, que aquí se presentan en dos videos, son:

Video 1
0:00  1. Lento
1:28  2. Lamento Székler (*)
3:49  3. "Il pleure dans mon coeur comme il pleut sur la ville"
5:25  4. Epitafio

Video 2
0:00  5. Tranquillo
1:58  6. Canción Székler
4:58  7. Rubato
(*) Pueblo szekler: grupo étnico húngaro que habita Transilvania.

La versión (audio) es del excelente maestro húngaro ya fallecido György Sándor, en una grabación de 1974.






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lunes, 5 de diciembre de 2016

Franz Liszt: Rondó fantástico sobre un tema español


Franz Liszt fue el "inventor" del recital de piano. Es decir, fue el primer pianista que se presentó solo en un escenario interpretando él todos los "números". Corría 1840 y a partir de entonces pasaron a la historia los conciertos "colectivos" que junto a los solistas podían incluir agrupaciones de los instrumentos más diversos, amén de un par de arias interpretadas por las divas del momento para no aburrir a la audiencia con tanto timbre instrumental.


Las transcripciones
Para ello el artista requería de un repertorio amplio. Surgieron entonces las transcripciones para piano de obras orquestales, las fantasías sobre temas de ópera, las variaciones sobre motivos populares.
Liszt, el artista de masas del siglo XIX, lo tocó todo, cuidando siempre de reservar como gran finale una pieza que enloqueciera aún más a las damas presentes, señoras y señoritas que podían irse a las manos por apoderarse del pañuelo arrojado a la audiencia por el encantador artista de veintinueve años.
Una fantasía "de bravura" sobre un popular aire español no le falló nunca.

Rondeau fantastique sur un théme espagnol
Es su título original. Y el tema español el célebre polo Yo que soy contrabandista, uno de los números musicales de El poeta calculista, obra del tenor y compositor Manuel García estrenada en Madrid en 1805. El rondó fue compuesto en 1836, y se publicó simultáneamente al año siguiente en Leipzig, Milán y París. Hacía tres años, Chopin había dedicado a Liszt los Estudios del Opus 10. Pudo haber devuelto la mano con esta dedicatoria, pero el maestro húngaro habrá considerado que no se compadecía una cosa con otra. Está dedicada, pues, a George Sand, que se hará "amiga" de Chopin solo al año siguiente.

Los entresijos
Sus dificultades técnicas son grandiosas, y se cuentan con los dedos de una mano los pianistas que han osado grabarla, y menos aún, interpretarla en público. El concertista ruso Mikhail Pletnev se lo propuso, pero terminó desistiendo cuando vio que la pieza era "intocable", según señaló. Claro está, también es posible que a muchos intérpretes de reconocido virtuosismo la parafernalia técnica por sí misma no haya logrado entusiasmarlos.

Valiente Valentina
Existen en Youtube versiones en vivo en escenarios formales (Bruni, Howard), pero hemos preferido mostrar aquí la performance harto informal, muy democrática y alejada de todo divismo, que la ucraniana Valentina Lisitsa decidió entregar en una estación de trenes londinense, en un piano vertical algo desafinado y que al parecer tiene una tecla que no funciona. Bravo por el atrevimiento.


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sábado, 3 de diciembre de 2016

J.C. Bach: Sonata para dos pianos


Johann Christian Bach fue el hijo menor de Johann Sebastian. Luego de vivir la valiosa experiencia de pasar algún tiempo en Italia, se estableció en Londres en 1764 tras obtener el puesto de maestro de música de Sofía Carlota, la duquesa alemana que había llegado a Inglaterra para convertirse en reina consorte de Jorge III. Hicieron buenas migas. Al menos podían conversar en alemán cuando les daba gusto y ganas. Tan exitosamente se integró allí Johann Christian que llegaron a llamarle "el Bach de Londres".


El nuevo instrumento
Cuando tuvo la suerte de conocer a Mozart (no peca de falsedad la relación opuesta), el piano se había inventado hacía poco para sustituir definitivamente al clavecin y, según se cuenta, fue el Bach de Londres, entonces de 30 años, quien se lo dio a conocer al pequeño músico salzburgués, de ocho años. Al fin y al cabo, había sido Johann Christian quien introdujera el nuevo instrumento en Londres.

J.C. Bach (1735 - 1782)
La sociedad de su tiempo
Johann Christian destacó en la ópera, género con el que consiguió sus mayores éxitos. Y si en el teclado no llegó a las alturas de su padre no se debe en absoluto a falta de talento, sino al modo en que tomó forma su vida como músico. Cuthbert Girdlestone, musicólogo británico moderno, lo expresa con acierto:
"Su público le pide la música que le divierte y que mata su aburrimiento... Su música es una sucesión de melodías gráciles y refinadas; sus allegros son agradables, desenfadados; sus andantes, tiernos y a veces lánguidos e idílicos, reflejan el sueño bucólico que encantaba a la sociedad de los años ochenta del s. XVIII; sus prestos no carecen de vigor, pero todo el conjunto está cubierto por una máscara de risueña impersonalidad que expresa el lado superficial de la sociedad para la que escribía..."
Sonata para dos pianos Opus 15 No 5
Como ya comenzaba a hacerse costumbre, la escritura para piano a cuatro manos o dos pianos obedecía a la demanda de música para la familia, destinada a ser interpretada en casa, en los hogares de una incipiente clase media cada vez más entusiasmada con el arte, en particular con la música. Publicada en 1778, la sonata para dos pianos en Sol mayor consta de solo dos movimientos:
00:00  Allegro
06:20  Tempo di minuetto

La versión (solo audio) es del celebrado dúo de pianistas búlgaros Aglika Genova y Liuben Dimitrov. La huella que JC Bach va a dejar en Mozart salta a la vista, mejor dicho, al oído. De modo que con toda justicia también puede decirse que en 1764 quien tuvo suerte fue Mozart.


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