sábado, 23 de julio de 2016

Schumann: Concierto para cello y orquesta



Durante su existencia relativamente breve, incluso para la época, Robert Schumann no llegó a escribir más de siete obras para solista y orquesta. De ellas, tienen hoy presencia habitual en los escenarios del mundo el Concierto para piano (1854) y el escrito para cello, de 1850. El primero goza de excelente salud. Aunque menos popular, el Concierto para cello puede señalarse como uno de los preferidos de los virtuosos del instrumento, considerada la reducida presencia de grandes conciertos para violoncello del periodo romántico.

Dusseldorf
Schumann en 1850
(1810 - 1856)
Felizmente casado desde hace diez años con Clara, la pareja y sus cinco hijos acaban de arrancar de los levantamientos de Dresde de mayo de 1849 (que tuvieron la entusiasta participación de Wagner, incluso en las barricadas). En diciembre de ese año, le será ofrecido el puesto de director de música en Dusseldorf. Apenas arribado, compondrá el Concierto para cello, según la leyenda, en apenas dos semanas. Pero no estará mucho tiempo en la ciudad, pues el maestro, al parecer, no estaba hecho para dirigir orquestas. Al cabo de un año, le rescindieron el contrato. Robert y Clara partirán de gira.

Concierto para cello y orquesta opus 129 en La menor
Fallecido seis años más tarde, Schumann no llegó a ver estrenado el concierto. La première se realizará en Leipzig en 1860 en homenaje a los cincuenta años del nacimiento del compositor.

La obra, profundamente romántica aunque desprovista en buena medida de deslumbrantes momentos virtuosísticos, contempla tres movimientos que se siguen uno al otro, sin pausa, sus tempi nombrados en alemán.

Movimientos:
00:00 
Nicht du znell (No demasiado rápido)
11:25  Langsam (Lento)
15:19  Sehr lebhaft (Muy animado)

La versión es del joven maestro Kian Soltani, acompañado de la SWR Symphonieorchester, conducida por Christoph Eschenbach. 



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miércoles, 13 de julio de 2016

Béla Bartók: Concierto para violín No 1



El compositor húngaro Béla Bartók se desempeñaba como profesor de piano en la Academia de Budapest cuando en 1908 hizo solemne entrega a Stefi Geyer de los manuscritos de su primer concierto para violín. La muchacha los aceptó con la condición expresa de que la obra sólo debía ser conocida después de su muerte. De la muerte de ella, queremos decir, pues la chica, siete años menor, supuso bien que habría de ser Bartók quien primero se fuera de este mundo.

Béla Bartók, joven (1881 - 1945)
Stefi Geyer
Stefi era una talentosa estudiante de violín, alumna de la Academia, de quien Bartók se había prendado, platónicamente, por esos años, cuando el compositor rondaba los veintisiete. De acentuada personalidad y fuertes convicciones religiosas, Stefi nunca correspondió a los sentimientos de Bartók, debido al introvertido carácter del compositor, amén de su marcado ateísmo. Pero aceptó la ofrenda, con la exigencia ya anotada.
(En asuntos del corazón, a Bartók le fue mejor con las estudiantes de piano. Apenas un año después de su ofrenda a Stefi, el autor casó con una joven alumna de dieciséis años, Marta Ziegler.)

Concierto para violín No 1, opus póstumo
Stefi Geyer falleció en 1956, fiel al compromiso. El estreno de la obra de juventud de Béla Bartók, su Primer Concierto para violín, se realizó en 1958, cincuenta años después de su composición, cuando nadie sabía de su existencia.
La obra, de solo dos movimientos, es considerada una suerte de "retrato" de Geyer, donde el autor expresó su dolor ante el fracaso amoroso a la vez que dibujó a la amada en dos facetas: un primer movimiento para una Stefi "idealizada, celestial e interior", un segundo movimiento para una Stefi "alegre, ingeniosa y divertida".

Movimientos:
00:00  Andante sostenuto
09:01  Allegro giocoso

La versión es del violinista alemán de origen brasileño José Maria Blumenschein, acompañado de la Orquesta Juvenil de NRW (Renania del Norte - Westfalia, Alemania), conducida por Jukka-Pekka Saraste.



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sábado, 9 de julio de 2016

Chopin: Estudio Opus 10 No 6



Aunque la creación del conjunto fue casi simultánea durante un periodo extenso, los 24 Estudios de Chopin fueron agrupados en dos opus, el No 10 dedicado a su amigo Franz Liszt, y el opus 25, dedicado a la condesa d'Agoult, pareja de Franz por esos años. Publicados en París en 1833, los doce estudios que integran el Opus 10 son de larga data. Algunos de ellos fueron compuestos en Varsovia, cuando Chopin era casi un adolescente.

Para la fecha de su publicación, Chopin llevaba dos años instalado en un París agitado, políticamente. Pero en la prensa su música despertaba interés y en los salones su presencia una gran admiración. Vestido con la mayor elegancia se presentaba a cenar invitado en casa de embajadores, barones y lores variopintos. Y mientras acompañaba a la condesa Potocka en su canto, podía escuchar a Marie d'Agoult comentando a la audiencia que sus Estudios eran "prodigiosos".

Estudio en mi bemol menor, Opus 10 No 6
Prodigioso quizá, pero en ningún caso espectacular, el estudio destila una atmósfera que pareciera imitar la de un nocturno, del propio Chopin. Al mismo tiempo produce en el oyente la sensación de que las exigencias técnicas son menores. Pero su dificultad es de otro tipo, poco visible: reside en demandar del intérprete una gran habilidad para tocar legato y legatissimo, con ambas manos, mientras simultáneamente debe hacer sonar claras y nítidas las voces interiores.

La versión es de la brillante pianista ucraniana Valentina Lisitsa.


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miércoles, 6 de julio de 2016

Manuel M. Ponce: "Sonatina Meridional"


En 1923, Andrés Segovia dio su primer recital en Ciudad de México. Al evento asistió el compositor mexicano Manuel Maria Ponce, por ese entonces un autor reconocido.
Así se conocieron ambos artistas, ya mayores, Ponce, de cuarenta años, Segovia de treinta.
Dos años después se reencontraron en París, mientras Ponce estudiaba composición con Paul Dukas, y Segovia andaba por allí de gira. Comenzó así una amistad y colaboración entre los dos artistas que durará por dos décadas, creando conjuntamente algunas de las obras más significativas para la guitarra clásica.

La guitarra "neoclásica"
Ponce no era guitarrista, pero tuvo la fortuna de tener a su lado a Segovia el más grande concertista en guitarra de la época para facilitar el proceso de composición y producción editorial. Durante sus años en París, de 1925 a 1933, Ponce escribió la mayor parte de sus composiciones para guitarra, en estilo neoclásico, muy popular en su tiempo. Allí surgieron al menos dos suites, dos sets de variaciones, 24 preludios y cinco sonatas para el instrumento.

Manuel Maria Ponce (1882 - 1948)
El sabor español
Como podía esperarse, Segovia sugirió a Ponce que escribiera algunas piezas con sabor español. En una carta, Segovia le pregunta: "...¿Por qué no escribes una sonatina -no sonata- de carácter netamente español? [...] Ahí tienes temas, aunque en realidad ni siquiera los necesitas."
El maestro Ponce se abocó a la tarea, surgiendo de ello una de sus piezas más interpretadas y reconocidas: la Sonata No 5 en Re mayor, llamada también "sonatina meridional", o "sonata del Sur".

De poco más de ocho minutos de duración, sus tres secciones llevan título:

00       "Campo" - Allegro moderato
04:47  "Copla" - Andante
07:21  "Fiesta"Allegro non troppo

La versión es del guitarrista chileno Romilio Orellana, en grabación en vivo en el santuario del Cerro San Cristóbal, de Santiago de Chile.


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miércoles, 29 de junio de 2016

Mozart: Concierto para piano No 2, K. 39



El salón, lugar de encuentro de los círculos sociales sofisticados en París, jugó un importante rol en la vida cultural del siglo XVIII. Allí se charlaba sobre literatura, pintura, música, poesía. También sobre decoración, "buen vestir", y "buen gusto". A mediados de siglo, el buen gusto, o el buen tono, había impuesto la tradición de invitar a tomar el té "a la inglesa". Una suerte de cóctel de nuestros días, pero a hora más temprana. Se acompañaba de suculentas viandas, que se consumían mientras se escuchaba a un grupo de músicos, invitados para la ocasión.

En el Palais du Temple
El cuadro de Ollivier que encabeza este artículo ilustra la escena. Acompañado de su corte en pleno, el príncipe de Conti celebra un "té inglés" en el salón de los cuatro espejos del Palais du Temple, en París. A la izquierda, formando parte del grupo de músicos, se aprecia un niño sentado al clavecín. Es Mozart. El pintor rinde homenaje así a la visita a París de los niños Mozart, en 1763. Wolfgang tenía entonces siete años.

El pastiche
En tiempos de Mozart era una costumbre difundida presentar un concierto "público" con fragmentos de diversas obras. Poco a poco llegó también a ser una costumbre sana (de lo difundida que era) componer una obra propia tomando trozos de diversos autores. Se le llamó "pasticcio", pues se asemejaba a las óperas así llamadas, construidas con arias diversas para acomodarse a las habilidades de los distintos cantantes. Mozart no fue ajeno al pastiche, al menos en sus cuatro primeros conciertos. Pero así se componía. Otro asunto era si resultaba bueno o malo.

Concierto para piano No 2 en Si bemol mayor
Junto a otros tres (K 37, K 40-41) Mozart lo habría compuesto a los once años, de regreso en Salzburgo después del extenso periplo de la familia durante más de tres años por media Europa.
Los eruditos, en su gran mayoría, lo atribuyen a Mozart, aunque es importante consignar que el manuscrito responde casi enteramente a la escritura de Leopold, el padre. Sin embargo, todos coinciden en que la parte de piano pudo haber sido improvisada por Wolfgang y llevada al papel por Leopold.

Movimientos:
Los materiales que Mozart utilizó para construir el concierto para piano y orquesta provienen de sonatas atribuidas a un par de virtuosos alemanes a quienes Mozart admiraba, y cuya obra pudo haber conocido en París.
00:00  Allegro spiritoso
05:12  Andante staccato
11:05  Molto allegro

La versión es del excelente pianista estadounidense Murray Perahia, acompañado de la English Chamber Orchestra.


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