viernes, 1 de abril de 2016

Friedrich Kuhlau: Sonatina Opus 20 No 1



A raíz de un resbalón en las calles tapizadas de hielo de Lüneburg, al norte de Alemania, el futuro compositor y pedagogo alemán Friedrich Kuhlau se quedó ciego de un ojo cuando apenas tenía siete años. Poco tiempo llevaba allí la familia, que cada tanto se veía forzada a reinstalarse en un nuevo lugar de residencia debido a que el padre, músico de banda militar, debía seguir a su guarnición cuando ésta era relocalizada.

Friedrich Kuhlau (1786 - 1832)
Un pianista notable
Nacido en 1786 en Uelzen, cerca de Hannover, terminó su enseñanza escolar en Brunswick, a los catorce años. Pero fue en Hamburgo donde comenzó a seguir estudios de piano y composición. Allí compuso sus primeras obras: algunas canciones y música de cámara.
Y pese a su temprana invalidez, para 1804 se había convertido en un notable intérprete del piano. Seis años más tarde, se ganará la vida ofreciendo recitales, en Copenhague, adonde se había trasladado huyendo de las tropas napoleónicas, que asolaron parte del norte de Alemania por esos años. Allí vivirá hasta su muerte, temprana, en 1832.

Con Beethoven
Siete años antes, en 1825, había tenido la oportunidad de conocer a Beethoven en Viena. Gran admirador del maestro, después de trabar amistad con él se entregó a la tarea de dar a conocer buena parte de su obra en los círculos musicales de Copenhague. Muy agradecido habrá quedado el maestro, es de suponer, antes que nada porque ya estaba viejo y le quedaban solo dos años de vida.

Sonatinas, la obra pedagógica
Kuhlau fue un compositor prolífico, principalmente de óperas, música de cámara y obras para flauta (estas últimas exigidas por la contingencia económica –en cada casa habría una flauta, presumimos) pero hoy se lo recuerda mayormente por su obra para piano, de gran valor pedagógico, y que incluye un concierto para el instrumento. Son sus sonatinas lo más grabado, y lo que con mayor acierto podemos escuchar en encores. No muy exigentes, constituyen un excelente terreno para preparar el desafío mayor de las grandes sonatas, las del maestro a quien admiraba, por ejemplo.

En versión del pianista japonés Mitsuro Nagai, se presenta aquí la Sonatina No 1 del opus 20, en Do mayor. Sus ocho minutos de duración contemplan tres secciones: Allegro - Andante - Rondó (allegro).


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miércoles, 23 de marzo de 2016

Mozart: Fantasía en Re menor



En 1782 Mozart llevaba recién un año instalado en Viena y a sus veintiséis años se había consolidado allí como destacado intérprete del piano, a la vez que compositor de ópera de cierto renombre: en diciembre del año anterior había participado en una "competición" con su colega Muzio Clementi que José II, promotor del candoroso duelo, declaró "empate", y antes de julio del 82 había concluido la ópera El Rapto en el Serrallo, inaugurando con ella el género conocido como singspiel, la ópera alemana cantada en alemán, y que le valió todos los aplausos. Ese mismo año se casó, en agosto, con Constanze Weber. Muy especulativamente, también en 1782 habría compuesto la deliciosa obra para piano con que todo pianista ha debido lidiar en sus primeros años de formación.

Fantasia en re menor K. 397
El manuscrito original de la obra se ha perdido, y como por esos años Mozart todavía no daba comienzo al provechoso registro de sus propias obras (que iniciará en 1784), a los estudiosos no les ha quedado más que especular con la fecha de composición. Algunos datan la pequeña obra alrededor de 1782, otros se muestran más precisos y la fechan entre agosto y septiembre de ese año.
Pero tal vez lo más curioso es que la obra tal como la conocemos hoy no pertenece enteramente a Mozart, lo que abre la puerta a otras especulaciones.

Una pequeña obra inconclusa
Una de las teorías prevalecientes sostiene que la obra pudo haber estado destinada a ser parte de otra sonata, en re mayor, probablemente la sonata K. 311 (de 1777-78) y que fue abandonada luego que Mozart encontrara otra solución, y que por lo tanto sería muy anterior. Lo cierto es que Mozart dejó la obra sin terminar, aunque hoy la podemos escuchar "completa" gracias a la colaboración de un compositor que la "terminó" agregando los diez compases finales, labor realizada, probablemente, por un tal August E. Müller.

Siete minutos
Como lo indica su título, la pequeña pieza para piano de poco más de siete minutos de duración exhibe un aire de improvisación que dificulta su caracterización en ninguna otra forma tradicional reconocible que no sea... la fantasia.
El final, aportado por Müller, no ha sido del agrado de algunos musicólogos que lo han tildado de "poco mozartiano". A mí, me parece impecable. Su preciada colaboración se inicia aproximadamente en el minuto 6:02.

La versión es del pianista ruso Emil Gilels.


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domingo, 20 de marzo de 2016

Schoenberg: "La Noche Transfigurada"



Arnold Schoenberg, fundador de la Escuela de Viena junto a sus discípulos Webern y Berg, y uno de los compositores más importantes en la evolución de la música occidental del siglo XX, no tuvo más lecciones de música que las que recibió de un musicólogo y de su cuñado director de orquesta y compositor. Nacido en Viena en 1874 en el seno de una familia judía harto modesta, no tuvo acceso a lo que en su día conformaba una educación burguesa media, es decir, aquella (lo decimos a modo de ilustración) que no podía prescindir de la presencia de un piano en la sala. En casa de Arnold no había piano. De modo que su vocación musical, aunque manifiesta desde la infancia, hubo de satisfacerse casi de modo autodidacta.

Arnold Schoenberg (1874 - 1951)
Un cellista notable que sorprenderá al mundo
El futuro creador de la atonalidad y de la música dodecafónica en estrecha conjunción con sus discípulos, antes de los veinte años se había convertido en un cellista notable aunque amateur pues su formación como instrumentista se la debía más que nada a sí mismo. Pero al mismo tiempo dio claras muestras de aptitudes para la composición, las que tempranamente ya habían sorprendido a su cuñado compositor, y que terminaron por sorprender, recién iniciado el siglo XX, al mundo musical, dividido entre el aplauso de sus insobornables seguidores y la ira desatada de sus detractores, que acompañarán al compositor durante toda su existencia.

La Noche Transfigurada
Sus primeros trabajos llevan el sello inconfundible del posromanticismo alemán, quizás en ninguna otra pieza más evidente que en su primera obra importante, el sexteto para cuerdas La Noche Transfigurada, de 1899, aunque Schoenberg, de veinticinco años, ya coquetea aquí con el atonalismo, llevando la tonalidad a sus límites.

Inspirada en un poema
La obra, en un solo movimiento pese a su media hora de duración, está inspirada en un poema, lo que la convierte en la primera pieza "programática" escrita para un conjunto de cámara. El episodio narra la contrahecha situación en que una mujer, infiel al hombre que realmente ama, confiesa a éste apasionada y trágicamente su infidelidad, y la posterior aceptación de los hechos por parte del enamorado traicionado. El amor de ambos finalmente superará el entuerto, "transfigurando" la noche en que la confesión se perpetra.

La versión es del grupo de cámara estadounidense NEC Contemporary Ensemble Concert.


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miércoles, 16 de marzo de 2016

Wagner: "Cabalgata de las Valquirias"


Componer la tetralogía "El anillo del nibelungo", ciclo de cuatro óperas de carácter épico basada en episodios de la mitología germánica, le tomó a Richard Wagner ni más ni menos que veintiséis años. La obra de toda una vida fue comenzada en Dresde, en 1848, cuando el autor coqueteaba con el anarquismo, y concluida en 1874 al amparo de la paz y serenidad de Wahnfried, la villa neoclásica que se hizo construir en Bayreuth, sufragada gentilmente por su más conspicuo admirador, el esotérico y joven rey Luis II de Baviera.

"La Valquiria", compuesta entre 1854 y 1856, es la segunda ópera del ciclo. (La precede el drama introductorio El Oro del Rin, y le siguen Sigfrido y El Ocaso de los Dioses.) Y la célebre "Cabalgata de las Valquirias" es la pieza que inicia el tercer acto, acompañando a las valquirias (hijas del dios Wotan, hermosas guerreras, y vírgenes por añadidura) que, cantando su grito de guerra, se aprestan a realizar el traslado de los combatientes caídos al Walhalla, un majestuoso salón adonde van a parar los infortunados héroes, de la mano de las mentadas guerreras vírgenes.

La así llamada Cabalgata... es el nombre con que la pieza se ha hecho popular, y así se la denomina en sus presentaciones en versión puramente instrumental, que por lo general tiene la mitad de su duración que la versión operática. Pero Wagner jamás tituló ninguna sección o parte de La Valquiria con ese nombre. Y a tal punto es así, que en su diario, Cósima Wagner consigna su molestia por las cartas recibidas solicitando representaciones de la Cabalgata en forma separada. "No sé de qué hablan", escribió.


Descontada su utilización en los noticiarios de guerra alemanes, acompañando escenas de bombardeos de la Luftwaffe, la pieza se entronizó en la cultura popular por medio de la película Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola, acompañando esta vez el ataque desde helicópteros a un poblado vietnamita, como parte de la trama. En ambos casos, la obra terminó saludando la derrota.

La versión que aquí se presenta (con la voz de las ocho valquirias) formó parte de la representación del ciclo completo de la tetralogía, los años 2010 y 2012, en una producción gigantesca a cargo del Metropolitan Opera House de Nueva York. Dura poco más de 6 minutos.


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martes, 15 de marzo de 2016

Scriabin: Preludio para la mano izquierda / Yuja Wang



El piano y la mano izquierda
Las obras para piano escritas para la sola mano izquierda no son pocas. Tampoco es que abunden. Pero entre tal número no menor se cuentan piezas pertenecientes a destacados compositores de casi todos los tiempos, aunque la mayor parte de ellas son reescrituras debidas a la solicitud de algún pianista momentáneamente baldado o recreadas con el objeto de servir de ejercicio gigantesco para la mano menos hábil de un músico diestro.

Wittgenstein
Pero también se cuentan piezas originales escritas a pedido por un pianista lisiado para siempre; es el caso del pianista alemán Paul Wittgenstein, que perdió su brazo derecho en la Primera Guerra Mundial, y que recibió la colaboración de Richard Strauss, Prokofiev, Hindemith y, por supuesto, Ravel (Concierto en Re mayor), logrando conformar así, pedido tras pedido, un novedoso puñado de obras magníficas para la sola mano izquierda.

Brahms
En el siglo anterior, y obedeciendo al impulso amoroso, Johannes Brahms obsequió a Clara Schumann con un arreglo para la mano izquierda de la Chacona en Re menor de Bach a fin de que la pianista no cayera en depresión luego de sufrir un accidente menor de la mano derecha que, finalmente, no pasó a mayores.

Godowski
Y a caballo entre el siglo XIX y el XX, resalta notoriamente el pianista polaco Leopold Godowski (1870 - 1935), poseedor de una técnica extraordinaria que le permitió reescribir ni más ni menos que varios Estudios de Chopin para la mano izquierda sola, movido tanto por un afán didáctico como por el deseo de mostrar al mundo qué dimensiones abarcaba su propia técnica.

Scriabin
Por la misma época, el compositor ruso Alexander Scriabin (1872 - 1915) escribió, si bien para su propia delectación y usufructo, un preludio y un nocturno, profundamente románticos ambos, a raíz de una dolencia del brazo derecho durante su adolescencia, fruto de su afanoso trabajo con las piezas más bravas de Liszt. Ambas piezas conforman su Opus 9, de 1894. En versión de la extraordinaria pianista china Yuja Wang, se presenta aquí el Preludio.


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