lunes, 7 de julio de 2014

Saint-Saëns: Concierto para piano N° 2 - Guía de audición



"Lo sabe todo, pero le falta inexperiencia", comentó Héctor Berlioz en referencia al joven compositor Camille Saint-Saëns, cuando éste estrenó su primera obra en 1853, a los dieciocho años.
Catorce años más tarde, la opinión de Berlioz había perdido todo vestigio de socarronería y pudo decir sin ambages que Saint-Saëns era "un pianista fulminante y uno de los más grandes músicos de nuestra época".

En efecto, para 1867, el compositor que a los diez años había deleitado a la audiencia en la famosa Sala Pleyel con su primer concierto público, ya llevaba compuestas su Primera Sinfonía, un concierto para piano y uno para violín, amén de variada música de cámara y el boceto de una ópera.
Saint-Saëns era una celebridad en París.

Camille Saint-Saëns (1835 - 1921)
Un concierto para Anton Rubinstein
Por ello no es de extrañar que en 1868 el estreno de su Segundo Concierto para piano haya sido memorable como para obligar a una repetición a los pocos días. El compositor había conocido ese mismo año al pianista y director ruso Anton Rubinstein actuando como solista en una serie de conciertos dirigidos por Saint-Saëns, ya famoso. Rubinstein le comentó que nunca había dirigido en Francia, hicieron buenas migas y Saint-Saëns se comprometió a escribir un concierto para piano que Rubinstein dirigiría en París.

Solista, director, y viceversa
Según algunos, a Saint Saëns le tomó diez días escribir el concierto; según otros, tres semanas. Lo cierto es que la obra se estrenó el 13 de mayo de 1868, con Saint-Saëns como solista y el director ruso a cargo de la dirección de la orquesta. La segunda función "a pedido del público" permitió que esta vez fuera Rubinstein quien se hiciera cargo del piano solista.

Concierto N° 2 para piano y orquesta en sol menor, opus 22
La obra tiene tres movimientos y presenta la singularidad de que el movimiento lento es el primero y no el segundo.

Andante sostenuto:  Larga introducción del piano solo con reminiscencias barrocas. La orquesta hace su aparición en el minuto 1:29 con sonoros acordes; luego el piano canta el tranquilo y melancólico primer tema (2:03); se inicia un diálogo con la orquesta. Un segundo tema aparece en 4:05, presentado por el piano y la orquesta. En 8:10 el solista inicia una larga cadenza hasta que en 10:38 se incorpora la orquesta, acompañando al piano de un modo acallado y misterioso para, inesperadamente, avanzar hacia un clímax en 12:42. Dos secos acordes en fortissimo cierran el movimiento.


Allegro scherzando: 13:06  Como ya se dijo, en vez del típico adagio, como segundo movimiento tenemos un scherzo. En la tonalidad de mi bemol, los dos temas que lo conforman son alegres e ingeniosos. Primer tema: 13:10. Rapidísimas escalas octavadas del piano conducen al segundo tema, sin más preámbulos, en 14:20. Se retoma el primer tema en 15:30, ahora en tonalidad menor. Primer y segundo tema se alternan antes de conducir a un cierre sencillo, parco y elegante.

Presto: 19:34  La pieza vuelve a la tonalidad inicial, sol menor. El movimiento es enteramente una frenética tarantela. Terriblemente rápido, termina con un tumultuoso finale arpegiado de piano y orquesta. No caben dudas de que Saint-Saëns sabía cómo darle término a un concierto y, como dijo Berlioz, debió haber sido además un pianista fulminante.

La versión es de Arthur Rubinstein acompañado por la London Symphony Orchestra dirigida por Pierre Boulez.

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jueves, 3 de julio de 2014

E. Elgar: Variaciones Enigma - "Nimrod"



Sir Edward Elgar, el más destacado compositor británico desde los tiempos de Haendel y Purcell, se encontraba un día cualquiera del verano de 1898 improvisando al piano en su casa, absorto y distraído, cuando, de pronto, un tema atrajo la atención de su esposa quien, respetuosa y comedida, solicitó que lo repitiera, a lo que Edward accedió gustoso. Animado por el interés de su cónyuge, Edward no solo repitió el tema sino que realizó variaciones sobre él durante largo rato, tras lo cual decidió que el material podía ser aprovechado para realizar una serie de retratos musicales de sus amigos, quienes deberían adivinar la variación que los retrataba, pues Sir Edward, entre sus muchas aficiones contaba además la de ser amante de los acertijos.

Variaciones Enigma
Así nació una de las obras maestras de Edward William Elgar, nacido en 1857 en Broadhead, Inglaterra, nombrado caballero en 1904, y muerto en Worcester en 1934.
Conocida popularmente como Variaciones Enigma, las Variaciones sobre un tema original para orquesta Opus 36 están conformadas por catorce variaciones sobre un tema que permanece escondido –en palabras de Elgar, "que nunca se toca"–, y de las cuales la variación novena es la joya del grupo.

Sir Edward W. Elgar
(1857 - 1934)
Elgar la tituló "Nimrod", en referencia a un patriarca del Antiguo Testamento descrito como "un valiente cazador en presencia del Señor", pues se supone que la variación IX retrata a Augustus J. Jaeger, íntimo amigo de Elgar cuyo apellido en alemán significa "cazador", y quien fuera un permanente crítico y sostén espiritual del autor en los momentos difíciles, que ciertamente los tuvo.

La recepción
Sin ir más lejos, la crítica recibió las Variaciones... con cierta estupefacción, pues a pesar de la fascinación que provocaba la refinada orquestación, a la vez quedó perpleja ante un contenido programático considerado poco serio –retratos musicales de amistades del compositor. Sin embargo, unos años después la obra era presentada con éxito en San Petersburgo provocando la admiración de Glazunov y Rimski-Kórsakov. En 1910 tuvo su estreno en Nueva York bajo la conducción de Gustav Mahler.

Nimrod y La Patética
Cuenta la leyenda que mientras era presa de un estado depresivo, Elgar recibió la visita de su amigo Jaeger quien al verlo en esas condiciones le recordó todos los tormentos por los que había pasado Beethoven, terminando su arenga con una inflamada entonación del adagio de la Sonata Patética.
Elgar agradecerá el gesto en su composición "citando" los primeros compases del adagio en la variación IX, "Nimrod".

La versión es de la BBC Symphony Orchestra, dirigida por el maestro Leonard Bernstein,


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viernes, 20 de junio de 2014

Samuel Barber: Adagio para cuerdas



El autor del célebre Adagio para cuerdas, Samuel Osborne Barber, nació en Pensilvania, EEUU, el 9 de marzo de 1910. Sus padres pretendían que fuera médico pero Samuel, antes de los diez años, los convenció de que su vocación era otra; pese a todo, llevaban tiempo escuchando las canciones que el futuro autor componía a cualquier hora con una naturalidad asombrosa. Por si ello no resultara suficiente, a los nueve años dirigió a su madre una carta de niño informándole de su irrevocable decisión:

"Querida madre: te escribo para contarte un secreto que me preocupa. No llores cuando lo leas porque no es culpa tuya ni mía [...] Para empezar, no he nacido para ser un atleta. He nacido para ser un compositor y lo seré, estoy seguro. Te ruego que no me pidas que lo olvide y que vaya a jugar al fútbol. Por favor. Algunas veces esto me preocupa tanto que me vuelve loco (aunque no mucho). Te quiere..."

Samuel Barber (1910 - 1981)
Así pues, a los catorce años ingresó al Instituto de Música Curtis de Filadelfia, de donde se graduó en 1935, poco antes de cumplir los veinticinco años. Luego de iniciar una prometedora carrera como cantante y compositor, en 1939 regresó a su alma mater para ejercer durante algún tiempo como profesor de orquestación. Entre sus alumnos se contaba a un joven italiano, Gian Carlo Menotti, con quien pronto descubrió que tenía muchas afinidades, como la literatura y la música de Brahms. Otro tipo de afinidades convertirán más tarde a profesor y alumno en pareja sentimental.


Una obra lírica del siglo veinte
Años de enormes éxitos y reconocimientos conoció Barber en las décadas de 1950 y 1960, pero más tarde hubo de enfrentar las polémicas que generaba la difícil calificación de su obra, sobre la que se cernía la duda constante acerca de su calidad que, para muchos, mostraba ser, al menos, "poco moderna".
Se le reclamó a Barber no adaptarse a las corrientes más modernas como el dodecafonismo, al que sin desdeñar del todo, el autor desatendió para mantenerse fiel a una voz interior que era más fuerte que el acomodo a cualquier "modernismo".
Cierto es que el lenguaje musical de Barber está fuertemente anclado en el siglo XIX, y aunque rítmica y armónicamente diseñó estructuras bastante complejas, la naturalidad y sencillez de su obra se asienta fundamentalmente en la preeminencia de la melodía que, para sus seguidores, hablaba por sí sola.



Adagio para cuerdas
La obra forma parte del Cuarteto opus 11, terminado durante una estancia en Austria en compañía de Menotti, y estrenado en Roma en 1936. El cuarteto tiene tres movimientos; el segundo de ellos es el que, en arreglo orquestal, se convertirá posteriormente en el célebre Adagio para cuerdas, la pieza más interpretada de Barber y tal vez la rúbrica del compositor estadounidense: un lamento en clave menor capaz de suscitar en el oyente la más profunda melancolía.

La versión es de la Orquesta Sinfónica de una escuela de música de Polonia, conducida por Andrzej Kucybała.
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jueves, 15 de mayo de 2014

Mauro Giuliani: Gran Sonata Eroica



A diferencia de lo habitual en esos años, para el estreno de su Séptima Sinfonía en 1813 Beethoven tuvo la fortuna de contar entre los miembros de la orquesta improvisada a un buen número de célebres músicos. La participación de Salieri, Hummel, Meyerbeer, Spöhr no está en duda, pero se dice que también prestó sus servicios un músico italiano de 32 años asentado en Viena desde 1806, el virtuoso guitarrista y compositor Mauro Giuliani, quien en la ocasión habría tocado el cello, instrumento que también dominaba pues en éste había iniciado su educación musical.

Un virtuoso de la guitarra
Pero Giuliani era fundamentalmente un virtuoso de la guitarra. Junto a Fernando Sor, fue de los últimos instrumentistas sobresalientes de la época clásica, antes del venturoso rescate del instrumento de comienzos del siglo XX. Nacido en la localidad de Bisceglie en 1781, a los 19 años emprendió una gira por Europa movido por el interés en hacer una carrera, visto que el interés del público italiano se orientaba cada vez más hacia la ópera, sin contar con que en Italia abundaban por esos años los buenos guitarristas.

Mauro Giuliani (1781 - 1829)
Viena
El tour fue exitoso, y en 1806 Mauro Giuliani decidió establecerse en Viena, donde va a permanecer hasta 1819. Allí fue reconocido y aclamado por la alta sociedad vienesa luego de ingresar a sus círculos musicales y participar junto a colegas de la talla de Hummel y Moscheles en la vida musical de la capital del imperio.
Su talento fue también reconocido por Rossini y Beethoven. El maestro de Bonn, incluso, en más de una oportunidad se refirió al guitarrista italiano en muy buenos términos, y quizá por ello Giuliani decidió retribuir el gesto participando en el estreno de la Séptima Sinfonía.

Sonata Eroica en La mayor, opus 150
Mauro Giuliani publicó más de 200 obras, para guitarra sola y diversos conjuntos orquestales. No todas han llegado hasta nuestros días. No obstante, su Gran Sonata Eroica es hoy pieza obligada del repertorio para guitarra.

Poco se sabe de las circunstancias que rodearon su creación. La única mención que Giuliani hizo de la obra en toda su vida, está en una carta que envió a la casa editorial Ricordi, en 1821, ofreciendo la venta de cinco piezas compuestas "en un estilo nunca visto antes". Una de ellas, que nombra como Gran Sonata Eroica, es descrita por el autor como "muy extensa y jamás oída", esclarecedora acotación esta última pues nos informa de la preocupación de Giuliani por señalar que la obra no proviene de autoplagio, recurso algo socorrido en la época. En 1840, diecinueve años después, Ricordi publicó un trabajo de Giuliani con ese título, como opus 150. Giuliani había muerto en 1829.

La pieza  tiene un solo movimiento, marcado allegro maestoso. La versión es de la guitarrista española Paola Requena, nacida en Cartagena en 1982.


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lunes, 5 de mayo de 2014

Shostakovich: Preludio y fuga nos. 8 y 9



Nacido en San Petersburgo en 1906 –cuando la ciudad efectivamente se llamaba así–, el compositor ruso Dmitri Shostakovich recibió los primeros ataques por su música "antipopular" recién cumplidos los treinta años. Desde las páginas de Pravda, un artículo de 1936 (según se dice escrito por el propio Stalin) lo acusó, además de antipopular, de formalista y esnob. Doce años después, en 1948, una segunda condena lo acusó de sufrir una "desviación formalista", que tal vez por estar contenida en una purga generalizada, venía a ser más bien una acusación de poco calibre puesto que si se había "desviado" solo bastaba enderezarlo y conducirlo por el buen camino.

Dmitri Shostakovich (1906 - 1975)
Efectivamente, pocos años más tarde Shostakovich era reconocido en el mundo entero y en su propio país como uno de los músicos más importantes del siglo veinte. Y pese a no contar con el favor de toda la nomenclatura, el Estado soviético terminó nombrándolo embajador musical de la nueva sociedad proletaria en laboriosa construcción. Pronto se verían los frutos.

Dmitri y Tatiana, en Leipzig
En 1950, se realizó en Leipzig un festival para conmemorar los doscientos años de la muerte de J.S. Bach. Como parte del festival, se llevaba a cabo también la primera versión del Concurso Internacional Bach, al que Shostakovich fue invitado a participar, como jurado de renombre. Entre los pianistas en competencia había una joven rusa de 26 años, Tatiana Nikolayeva, quien se había preparado a tal punto que estaba en condiciones de tocar cualquiera de los 48 preludios y fugas del Clavecín Bien Temperado I y II, a petición, aunque tal hazaña no formaba parte de las exigencias.
Tatiana Nikolayeva se llevó en la oportunidad la medalla de oro.

El ciclo de preludios y fugas
Entusiasmado con la competencia, y con el talento de Tatiana, apenas estuvo de vuelta en Moscú, Dmitri se abocó a la composición de su propio ciclo de 24 preludios y fugas, inspirado, cómo no, en la magna obra de JS Bach. Poquísimo tiempo le tomó a Shostakovich terminarlos. Comenzada la tarea a mediados de octubre de 1950, la finalizó a fines de febrero de 1951, dedicando el ciclo a Tatiana Nikolayeva, quien lo estrenó el 23 de diciembre de 1952, en Leningrado, ex-San Petersburgo.

La obra está considerada como una de las muestras más interesantes de música escrita en las veinticuatro tonalidades mayores y menores. La obra completa dura aproximadamente dos horas y media.
Aquí se presentan los preludios y fugas Nos. 8 y 9, en versión de Tatiana Nikolayeva, quien luego de incorporar el ciclo a su repertorio, se empeñó en darlo a conocer fuera de la Unión Soviética, hasta su muerte en San Francisco en 1993, ocurrida nueve días después de que sufriera una hemorragia cerebral mientras ofrecía al público una vez más los 24 preludios y fugas del maestro ruso.



Preludio y fuga Nos 8 y 9
00:10   Preludio y fuga N° 8 en fa sostenido menor. El preludio, algo agitado, es brevísimo; se diría que Shostakovich no quiso ir más allá en el guiño a la música klezmer, un tipo de música judía. La fuga, en oposición, es la más larga de todo el ciclo.
08:19   Preludio y fuga N° 9 en mi mayor. El preludio está escrito en tres pentagramas, mano izquierda y derecha se turnan para atacar el centro del teclado. La fuga, en 3/4, muestra un frenético retozar de rápidas notas en staccato.

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