martes, 5 de diciembre de 2017

Paganini: Capricho No 24 en La menor


Los 24 Caprichos para violín solo, obra de la superestrella del siglo XIX Niccolo Paganini, constituyen la cumbre del desarrollo de la técnica del violín y conforman uno de los más grandes tratados de música en toda la historia del instrumento. Su impacto llegó incluso más allá del violín, inspirando a Chopin y Liszt, por ejemplo, para la ideación de sus respectivos Estudios para piano. Más todavía, las hazañas técnicas que Niccolo prodigaba en sus presentaciones motivaron en buena medida a Franz Liszt para replicar en el piano lo que el maestro italiano hacía con el violín.

Las veinticuatro piezas fueron compuestas durante un largo periodo, entre 1802 y 1817, y finalmente publicadas en conjunto en 1820. El maestro tiene cuarenta y ocho años. No obstante su aspecto algo cadavérico, vive la mejor etapa de su vida. Paganini es rico y célebre. También es generoso y dirige la dedicatoria de 1820 a "gli musici", a los músicos, a todos.
Tampoco le falta humor; años más tarde, pensando quizá en una edición posterior, escribe sobre los originales una nota dedicando cada Capricho a 23 colegas compositores, entre los que se cuentan Liszt, Vieuxtemps, Spohr, Thalberg, Kreutzer. El Capricho No 24 lo ha reservado para sí mismo, anotando después de su nombre: "lamentablemente sepultado".

Capricho No 24 en La menor
Es precisamente el Capricho No 24 el que concitó la atención de público y autores de la época (también de nuestros días), quienes, inspirados en la pieza elaboraron un número considerable de arreglos y variaciones para diversos instrumentos y conjuntos instrumentales. De aquellos surgidos en el siglo XIX, anotemos: Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninof, Estudios sobre Paganini, de Liszt, también los de Schumann, las Variaciones sobre un tema de Paganini de Brahms. Sigue un largo etcétera, concebido por autores de menor renombre. En nuestros días, señalemos el arreglo jazzy de Benny Goodman.

Tema y variaciones
Marcada quasi presto, la pieza no alcanza a durar cinco minutos. No obstante su brevedad, está construida a la manera de tema y variaciones, exactamente once variaciones, más un finale. Una amplia variedad de técnicas avanzadas, altamente exigentes, están presentes: rapidísimas escalas y arpegios, trinos dobles y triples, pizzicato de la mano izquierda, octavas paralelas y décimas, rápidos saltos y cruce de cuerdas... Nada parece quedar fuera del alcance del violinista que tenía pacto con el diablo.

La versión es del maestro ruso Maxim Vengerov. Brillante interpretación, aunque hay que lamentar las libertades que se tomó el camarógrafo o el editor. Demasiadas. Un comentarista en Youtube se pregunta si no habrán estado bebidos.


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2 comentarios :

  1. Muy bueno gracia por publicarlo. Mi papá era un amante de la música clásica.

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  2. Hola, Sabrina: Pues me alegro. Y gracias a ti, por dejar aquí tu comentario.

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