sábado, 30 de junio de 2012

Beethoven: Concierto "Emperador" - Arrau


Napoleón alistándose a bombardear Viena, la noche del 11 al 12 de mayo de 1809

"Canto de triunfo para el combate. ¡Victoria!". Son palabras que escribió Beethoven en los márgenes de unos apuntes para la composición del concierto para piano y orquesta
N° 5, también llamado "Emperador". La exhortación ayudó en su tiempo a sostener la idea de que su carácter grandioso obedecía a la intención del autor por saludar algún acontecimiento épico, alguna hazaña militar protagonizada por un actor relevante, por ejemplo, un emperador.

Viena ocupada
Cuatro años antes, en noviembre de 1805, las tropas napoleónicas habían ocupado Viena, por primera vez. El emperador Francisco I de Austria, el mismo que no vaciló en prohibir las representaciones del Figaro de Mozart, debió salir arrancando, pero su exilio duró poco y entró a Viena, triunfalmente, en marzo de 1806.
La paz, sin embargo, no duró mucho. En mayo de 1809 los ejércitos de Napoleón estaban nuevamente acampados a las afueras de Viena, y el emperador se vio obligado a emprender una segunda fuga. La paz retornó, como siempre, pero esta vez con condiciones humillantes para el imperio. Al lastimoso armisticio, Napoleón sumó una cláusula secreta: el compromiso de su matrimonio con María Luisa de Habsburgo-Lorena, hija del monarca.

Una obra grandiosa
Sabemos que en 1809 hacía rato que Beethoven había quitado de la Sinfonía Heroica la dedicatoria al general revolucionario que olvidó los ideales de libertad e igualdad cuando se convirtió en emperador. De Francisco I ya está todo dicho. Para la fecha, entonces, no hay a la vista un personaje que la tradición o la costumbre identifique con un héroe de guerra que hubiese inspirado a Beethoven para componer una obra grandiosa. Casi al contrario, la tradición y costumbre llegó a llamar "Emperador" al concierto N° 5 no por otra cosa que por las grandes proporciones y majestuosidad de la obra misma.

Concierto para piano No 5 "Emperador"
El concierto está dedicado al archiduque Rodolfo, protector y brillante pupilo de Beethoven, uno de los tres integrantes del llamado "pacto de los tres príncipes" que le aseguró al maestro una renta anual, a partir precisamente del año de composición de la obra. Es el último que Beethoven compuso para piano y, definitivamente, el de mayor virtuosismo y carácter. Su estreno tuvo lugar en la sala Gewandhaus de Leipzig, el 28 de noviembre de 1811.

Movimientos
Tres movimientos conforman el concierto: Allegro - Adagio un poco mosso - Rondo, allegro ma non tropo. Como acostumbraba hacer Beethoven, el primer movimiento es el más largo. El segundo, intensamente lírico, representa una de las páginas más bellas escritas para piano y orquesta. Enlaza con el tercero sin solución de continuidad. La cadenza del último movimiento, antes del tutti final, termina con un ritardando inédito, en que piano y timbales tocan hermanados. Sigue al silencio, una furiosa escala a cargo del piano que conducirá a un magno y rotundo final orquestal.

Claudio Arrau, de 85 años
El 3 de noviembre de 1988, la Orquesta Sinfónica de Londres programó un concierto enteramente dedicado a Beethoven que de algún modo constituyó también un homenaje al pianista chileno Claudio Arrau, que participó en la  primera parte de la velada con la interpretación del concierto Emperador. El maestro chileno había cumplido 85 años, y al comienzo del video se ve que lo acompaña del brazo hasta el piano el director sir Colin Davis. Ruego excusar un par de saltos y sobreexposiciones del audio en los minutos 3-6, pero la verdad es que ver y escuchar a Arrau, casi un anciano, tocando como un muchacho, hace de este registro una verdadera joya, pese a los fallos mencionados. El video contiene el concierto completo, incluida una tos de acento europeo en el minuto 3:28 (en todas partes se cuecen habas).



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4 comentarios :

  1. Es grandioso aquel concierto solo me dejo llevar por ella .Mi atmósfera ahora mismo es cálido y excitan mis sentidos.

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  2. Hola, Edwin: Gracias por dejar aquí tu comentario.

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  3. Qué regalo me habías hecho Dago. Nada menos que el gran Claudio Arrau y ese concierto maravilloso. Le tiré miles de besos a mi viejito lindo. Lo amo y me percato que es un gran gran gran pianista. Qué tiempos aquellos cuando él vivía y otros también lo hacían.. Carmen Pía

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