sábado, 21 de julio de 2012

Beethoven: Sonata opus 31 N° 1 (I)


Ludwig van Beethoven, a principios del 1800

Es común leer artículos sobre Beethoven en que se señala que el maestro tenía especial predilección por agrupar sus sonatas en grupos de tres. Así, el opus 2 contiene tres sonatas, al igual que el opus 10 o el opus 31 (hay más de un blog que ha dicho lo mismo). Pero la cruda verdad parece tener relación con exigencias de sus editores, las que obedecían a una cuestión práctica: a comienzos del siglo XIX era más fácil vender sonatas al por mayor que al menudeo. Y claro, si Beethoven pudo vanagloriarse, en carta a su amigo y doctor Wegeler, que no tenía problemas con sus editores ("yo pongo mis condiciones y ellos me pagan"), es plausible que los estudiosos del tema consideraran el agrupamiento de sonatas en lotes de a tres como un hábito inocente, no una exigencia mercantil.

Así pues, según la tradición, o imposición, las sonatas del opus 31 son, como era de esperarse, tres. Fueron compuestas entre 1801 y 1802, en Viena, donde el maestro está establecido desde 1793. Ludwig tiene 32 años, no se ha casado (nunca lo hará), es una celebridad en la capital del imperio de los Habsburgo y tiene prácticamente resueltos casi todos sus problemas económicos. Lo único que lo está aquejando, y seriamente, es la sordera, y así se lo manifiesta a su amigo, el doctor Wegeler:
"...en los últimos años mi sentido del oído se ha debilitado progresivamente y se me dice que la causa primordial de esto son mis intestinos..."
La carta es la misma que señala la relación que mantenía con los editores, y está fechada el 29 de junio de 1801. En esas condiciones es que trabaja en las sonatas del opus 31.

Sonata opus 31 N° 1 - Primer movimiento: Allegro
Antes del opus 31, Beethoven ya ha compuesto quince sonatas para piano, de modo que la primera sonata del opus 31 corresponde a su sonata número 16. Está estructurada en tres movimientos: allegro vivace, adagio grazioso y rondó - allegreto, presto.
El allegro comienza muy animadamente, y puede parecer hasta cómico pues la estrecha síncopa de que hace uso el maestro Ludwig obliga al intérprete a mostrarse como quien está intentando tocar dos acordes simultáneamente pero no lo consigue. El movimiento es luminoso, ágil y elegante. Al final, Beethoven juega con la audiencia al hacernos creer, con dos bravos acordes, que el movimiento ha terminado, pero no es así, todavía resta por escuchar un par de acordes, piano, delicados.
La versión es del maestro Daniel Barenboim, en Berlín, ciclo de las 32 sonatas.



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2 comentarios :

  1. Me quedo con lo conocido del gran maestro Beethoven........

    La pieza es hermosa, pero no se iguala a sus obras maestras.

    Saludos,

    Mauricio Alvarado Bañados.

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    Respuestas
    1. Te va a encantar el segundo movimiento. Ya viene.
      Gracias por tu comentario.

      Eliminar

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