viernes, 7 de enero de 2011

Beethoven: Sonata Appassionata - Mov. 1



Compuesta alrededor de 1804, cuando Beethoven tenía 34 años −ya la sordera comenzaba a aquejarlo seriamente− la sonata N°23, llamada Appassionata, fue dedicada al conde Franz von Brunswick, hermano de Thérese y Joséphine, y primo, quién lo iba a decir, de Giulietta, su primer amor.
Debido a su audacia y novedad significó un gran avance en la escritura pianística que, más allá de su enorme dificultad técnica, queda señalado por el uso de la extensión completa del piano y un enérgico juego en los registros bajos; no por nada la sonata está escrita en la tonalidad de Fa menor –en los instrumentos de la época la nota "fa" era la más grave.

La imagen muestra la primera página del movimiento inicial, allegro assai (bastante rápido). Como es obvio, los círculos rojos son míos y no de Beethoven. Con ellos he querido resaltar la aplicación en esta sonata del motivo musical con que Ludwig probablemente vaya a ser conocido en el mundo entero durante siglos: el célebre "pa-pa-pa-pam", con que comienza la Quinta Sinfonía, y que va a ser compuesta algunos años más tarde, antes de 1808.
La primera aparición del motivo, que insiste por cuatro compases, se escucha, en el bajo, a los 32 segundos de iniciada la pieza. Reaparece, tempestuosamente, algunos minutos más tarde y luego, hacia el final, con gran dramatismo.

Daniel Barenboim. Berlín, 2006.



La dedicatoria de la sonata al conde Franz ilustra una conducta habitual de aquellos años. Es un homenaje tangencial a las hermanas Thérese y Joséphine. Es, como quien dice, una indirecta. Porque, si alguien en la familia Brunswick llamaba la atención de Beethoven no era precisamente Franz sino las dos hermanas ya nombradas. Habían sido sus alumnas.


A comienzos del verano de 1799, los Brunswick habían conocido a Beethoven en Viena, en un corto viaje desde su residencia, una localidad cercana. La señora Brunswick estimó que no era mala idea que las niñas tomaran clases con el joven pianista y así aumentar el atractivo de sus hijas para cuando alguien quisiera desposarlas. De modo que Thérese, de 24 años, y Josephine, de 20, se convirtieron en alumnas de Beethoven, iniciándose con ello una larga relación con los Brunswick.

Con Thérese, el maestro mantuvo siempre una relación cordial, transparente y muy intensa. Tenían por costumbre conversar de lo humano y lo divino, y mantuvieron por muchos años una amistad sincera. Si Ludwig se pasó películas con Thérese no lo sabemos. Aunque, según se cuenta, le habría hecho algún empeño.
Sin embargo, si algo cautivó realmente al maestro en esos años fue la belleza de Josephine, quien, para desgracia del maestro va a casar precisamente a fines de 1799, con un tal conde von Deym, 30 años mayor que ella, según un arreglo matrimonial conseguido por la señora Brunswick.

Pero el conde resultó un fiasco. Por un lado, no tenía tanta plata como pretendía (o como quiso creer madame Brunswick), y por otro, abandonó este mundo a causa de una neumonía tan solo cuatro años después de contraer el sagrado vínculo, dejando a Josephine, viuda con tres hijos y embarazada de un cuarto.
Es probable que Ludwig en ese momento se replanteara las cosas. Durante los cuatro años de matrimonio, había participado habitualmente en fiestas y veladas musicales en casa de los von Deym, pero a partir de la viudez de Josephine, el maestro de Bonn decide acercarse un poco más a la casa, aumentar la frecuencia de sus visitas, y al parecer, poco a poco, paulatinamente, algo más que una amistad comenzará a crecer entre ambos.


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5 comentarios :

  1. Hermosísimo el primer movimiento de la sonata N°23, Appassionata. ¡¡Gracias!!

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  2. Para variar la estupidez de algunas madres sin visión destruyen la vida de sus hijas y con ello, a quienes las aman. ¡Qué horror! ¡Qué cruel obediencia! Una amada mortal, CPía

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  3. No he podido acceder a esuchar la Appassionata. No puedo agarrar el link. CPía

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  4. Es tan notable la fuerza de temperamento del compositor que aún se la percibe, se la siente, en los movimientos más calmos y expresivos.¡Qué capacidad la del compositor y del intérprete para expresar tanto musicalmente!

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    Respuestas
    1. Acertadísimo tu comentario, querida Anónima. Beethoven te lo agradece de todo corazón.

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