jueves, 26 de marzo de 2015

Albinoni: Concierto para oboe, op 9 no 2



Ficticio autor de la composición musical más célebre de una supuesta época barroca –el Adagio asociado a su nombre–, Tomaso Albinoni fue un autor altamente prolífico aunque hoy se le recuerda principalmente por su música instrumental y, desde luego, por el adagio de marras que dio a conocer su nombre al público general, aunque él no lo hubiese compuesto. En su corpus musical, se cuentan ni más ni menos que 80 óperas, 40 cantatas, 79 sonatas, 50 conciertos y 8 sinfonías.

Concerti a cinque
Con su música instrumental dio un paso más allá del concerto grosso, iniciando una forma, el concerti a cinque, que destaca a un intérprete solista enfrentado a una reducida formación orquestal. Esto significó un cambio profundo en el modo de hacer música en toda Europa, pues con ello comenzaba a valorarse la labor individual del músico más destacado de una pequeña agrupación orquestal, capaz de dominar y superar todo tipo de dificultades técnicas e interpretativas. Se sentaban así las bases del virtuosismo futuro que caracterizará al intérprete de los conciertos para instrumento solista y orquesta tal como los conocemos hoy.

Conciertos para oboe
Tomaso Albinoni (1671 - 1751)
Entre sus concerti a cinque, destacan aquellos compuestos para oboe –al menos ocho, conocidos– donde el instrumento es tratado de una forma lírica y melódica como no se había hecho hasta entonces, al que acompaña una pequeña formación de cuerdas, compuesta por dos violines, viola, cello y bajo continuo.
Hoy se acostumbra a doblar la formación orquestal porque, me imagino, las salas son más amplias y se requiere una sonoridad mayor, y también porque así se da cuenta de que estamos frente a los primeros conciertos para solista y orquesta, aquellos que datan de la primera mitad del siglo XVIII, y cuya autoría, ahora sí, debemos sin ambages a Tomaso Albinoni.

El más celebrado de sus conciertos para oboe es el No 2 del Opus 9, en re menor, de su primera serie de doce concerti a cinque, impresa en Amsterdam en 1722. La serie completa está dedicada al Príncipe elector Massimiliano II Emanuele de Baviera.
Sus movimientos son los tres habituales, siguiendo el esquema que propugnó Vivaldi: rápido-lento-rápido.
01:30  Allegro e non presto
05:29  Adagio
09:32  Allegro

La versión es del oboísta de diez años, Pijus Paškevičius, en una presentación en Vilna, capital de Lituania, en mayo de 2013.


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martes, 24 de marzo de 2015

Debussy: Suite Children's Corner



Emma Bardac era inteligente y cultivada. Además, cantaba, y muy bien (para ella Gabriel Fauré había compuesto una canción). En 1903, una de las cosas que más deseaba en el mundo era conocer al célebre compositor Claude Debussy, quien a sus cuarenta años disfrutaba de la cumbre de su fama en compañía de su mujer Lily a quien había desposado cuatro años antes. Emma, por su parte, había casado con un banquero, era rica y tenía la vida resuelta.
Nada había que pudiera advertirlo, pero el año 1903 traerá una conmoción que sacudirá las apacibles vidas de Claude y de la acaudalada Emma.

La ocasión de conocerse se presentó a través de las clases que Debussy comenzó a dar a un hijo de la acomodada pareja. En principio, el compositor intentó resistirse a los encantos de Emma pero su fluida conversación y su aire de mundo terminaron por seducirlo. Profundamente enamorados, al año siguiente consiguieron ambos el divorcio, luego de superar algunos incidentes como el intento de suicidio de Lily que provocó el alejamiento momentáneo de algunos amigos del músico. Se casaron en 1908, cuando el único vástago de la pareja ya tenía tres años, la pequeña Claude-Emma, que así fue como se llamó.

Debussy y su hija, en 1916
Ese mismo año, en ofrenda a su pequeña hija, Debussy compondrá una breve suite para piano que el autor titulará en inglés Children's Corner, al igual que sus partes, en apoyo al esfuerzo que la niña hacía por aprender el idioma, de la mano de su institutriz inglesa. En la dedicatoria, Debussy inmortalizará el apodo con que la niña era llamada familiarmente: "A mi muy querida pequeña Chouchou, con las más tiernas excusas de su padre por lo que sigue".

Claude Debussy sólo vivirá diez años más, y Emma Bardac lo acompañará hasta su muerte. La pequeña Chochou también, pero víctima de difteria, sobrevivirá a su padre apenas un año.

Suite para piano Children's corner - Movimientos
Componen la suite seis miniaturas evocadoras de la naturaleza y esencia de la infancia, aunque no fueron concebidas para ser ejecutadas por pianistas bisoños. Estrenada en diciembre de 1908, la obra fue orquestada por un amigo de Debussy tres años más tarde.
Sus partes son:
00       Doctor Gradus ad Parnassum   Trozo ligeramente irónico sobre las tediosas lecciones de piano.
02:28  Jimbo's Lullaby   Canción de cuna para el elefante Jumbo (pronunciado Jimbo por los franceses).
05:56  Serenade for the Doll   Acerca de la vida misteriosa y divertida que tendrían los juguetes.
08:44  The Snow is Dancing   La nieve que cae en el jardín, vista desde una acogedora habitación.
11:41  The Little Shepherd  Sobre un pequeño pastor y su flauta.
14:13  Golliwogg's Cakewalk  El baile (cakewalk, de reminiscencias jazzísticas) de un muñeco negro (golliwogg).

La versión es del pianista italiano Bruno Canino.


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domingo, 22 de marzo de 2015

JS Bach: Preludio y fuga en do menor



Seis años permaneció Bach en la corte de Köthen, al servicio del príncipe Leopold von Anhalt-Köthen, desde 1717 hasta 1723. La capilla de corte, aunque modesta, contaba con los mejores músicos de la región, a la que se unían uno o dos instrumentistas contratados de vez en cuando para eventos especiales. Como la religión oficial seguía siendo la calvinista, la música religiosa estaba poco menos que excluida, de modo que la música que Bach debía producir y para lo que había sido contratado, era fundamentalmente profana, y más precisamente, música instrumental.

J,S. Bach, alrededor de 1715
Sin la obligación, entonces, de componer una o dos cantatas a la semana o alguna otra exigencia sobrehumana de los cargos que tendrá en el futuro, puede decirse que en Köthen, a Bach le sobraba tiempo. En la medianía de sus treinta años, decidió dedicarlo a los estudios teóricos de la música y a la producción de trabajos didácticos. Luego de escribir el Klavierbüchen dedicado a su hijo Wilhelm Friedemann de nueve años (1721), y a continuación el Pequeño libro de clave para Anna Magdalena (1722), centró sus esfuerzos en su obra pedagógica cumbre para clave, el primer volumen de El clave bien temperado, comenzado en 1722.

Como se sabe, los dos volúmenes (el segundo escrito algo más tarde, veinte años después) constan cada uno de 24 preludios y fugas, cada pareja escrita para las doce tonalidades mayores y menores que se originan al dividir la octava en doce semitonos cromáticos iguales ("bien temperada").
Curiosamente, ninguno de los dos volúmenes fueron publicados durante su vida. El primer volumen sólo lo fue en 1801, si bien durante todo el siglo XVIII circularon copias manuscritas, como era la práctica habitual de la época. De ellas habrán bebido Haydn, Mozart y Beethoven, suponemos.

En versión del pianista polaco Marcin Dabrowski se presenta aquí el Preludio y fuga N° 2, en do menor, BWV 847, del primer volumen. (BWV: Bach Werke Verzeichnis: Catálogo de las obras de Bach).


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jueves, 19 de marzo de 2015

Mahler: Sinfonía No 1 - Mov. 3



A mediados de la década de 1880, el prestigio de Gustav Mahler como director iba en franco aumento, y como compositor podía mostrar un trabajo temprano, considerado su primera obra maestra, una cantata, terminada a los veinte años. De modo que podía presentarse al mundo como un compositor de genio que por el momento se ganaba la vida como director de variadas agrupaciones orquestales de gran parte de Europa. A la par, su extrema severidad, rectitud y capacidad de trabajo comenzaban a hacerse célebres, así como las habituales sesiones de ensayos interminables.

Leipzig
Luego de cumplir dos exitosas temporadas como director del Teatro Alemán de Praga entre 1884 y 1886, Mahler consideró que la ciudad le había quedado chica y que ya era hora de buscar nuevos caminos. Su próximo destino fue Leipzig, donde un golpe de "suerte" la repentina enfermedad del anciano director titular– lo colocó en una posición privilegiada. Las representaciones de El anillo del nibelungo de Wagner, bajo su batuta, consiguieron un éxito colosal. A partir de entonces, su reputación en Leipzig quedó asegurada.

Gustav Mahler (1860 - 1911)
Marion
Al poco tiempo, trabó conocimiento con un nieto de Carl Maria von Weber, personaje que logró interesar a Mahler para trabajar en los bocetos de una ópera cómica que su abuelo había dejado inacabados. La tarea era enorme, de modo que las sesiones de trabajo se multiplicaron, buen número de ellas en casa del nieto, quien tenía por esposa a una bella mujer, de nombre Marion. El joven Gustav, de 27 años, no tardó en quedar prendado de ella.

Es extendida la opinión de que la relación no fue correspondida, pero algunos testimonios aseguran que Marion también cayó bajo el hechizo del aclamado director. Al final del día primó la sensatez y según cuenta Alma Mahler en sus memorias, para Gustav "fue un alivio que el tren partiera sin que apareciera la mujer que iba a huir en su compañía". Con todo, el affaire tuvo una virtud: Mahler volvió a la composición y fruto de ello fue su Primera Sinfonía.

Sinfonía N° 1 en re mayor ("Titán") - Tercer movimiento: marcha fúnebre
Curiosamente, la obra sigue siendo nombrada "Titán" en los programas de conciertos pese a que muy tempranamente el mismo Mahler desechó su primitivo título. Compuesta de cuatro movimientos, fue terminada en 1888 y estrenada en Budapest al año siguiente.
Su tercer movimiento, profundamente irónico al decir de los entendidos, contiene una marcha fúnebre basada en la canción popular infantil Frére Jacques, que Mahler trabajó en tonalidad menor encargando su presentación a un contrabajo solo. El trío central (minuto 2:36), por su parte, evoca música de cabaret, ligeramente cursi, de la Viena de la época.

La versión es de la Filarmónica de Los Angeles, dirigida por el maestro venezolano Gustavo Dudamel.


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miércoles, 18 de marzo de 2015

C. M. von Weber: Concierto piano N° 1



Como gran parte de las figuras del romanticismo alemán, Carl Maria von Weber no sólo fue un compositor de renombre sino también director, virtuoso del piano, novelista y ensayista. Nacido en una pequeña ciudad del norte de Alemania, su padre lo inició tempranamente en la música, esperanzado de que pudiera emular a quien por ese entonces era un músico famoso y pariente político que siendo niño había dado que hablar. Efectivamente, aunque más de veinte años menor, Carl Maria era primo de Constanze Weber, la esposa de Mozart.

Primeros pasos
Pero los anhelos del padre por contar con su propio niño prodigio se vieron frustrados desde un principio. Si bien muy talentoso, el muchachito sufría de una dolencia de caderas congénita que jamás hubiese soportado el esfuerzo de las extensas giras a las que Leopold Mozart sometió a Wolfgang y su hermana, hacía ya más de 30 años. Sin embargo, el pequeño Carl Maria gustaba de la música y se entregaba a ella con pasión infantil. Así es como a los cuatro años ya cantaba y tocaba el piano con soltura, aunque caminar le resultara peliagudo.

C. M. von Weber (1786 - 1826)
La ópera
Con todo, a los 27 años Carl Maria von Weber se había convertido en el director de la Ópera de Praga, donde permaneció tres años. Luego viajó a Dresde donde compuso su obra maestra, aquella por la que hoy es principalmente recordado, la ópera El Cazador Furtivo, estrenada con gran éxito en Berlín, en 1821. Ello sirvió de estímulo a sus decididos esfuerzos por reformar la ópera alemana alejándola de la pavorosa influencia italiana de la época. Sin embargo, su segundo gran éxito sería una ópera en idioma inglés, luego de recibir una invitación a trabajar en Londres. El fruto fue Oberon, sobre textos shakespereanos, bien recibido por el público inglés pero de la que hoy solo se interpreta la obertura.

La música sinfónica
Desde luego, von Weber también incursionó en la música sinfónica y la composición para diversos instrumentos y orquesta. Especialmente conocidos son su concierto para clarinete y orquesta y sus dos conciertos para piano, escritos estos últimos antes de su paso por Praga, en 1810 y 1812. Altamente tributarios ambos –según los estudiosos– de los conciertos Nos 1 y 5 de Beethoven (incluidas las tonalidades), los bellos temas y su desarrollo melódico se muestran empero más abiertamente románticos, y naturalmente, genuinamente weberianos.

Concierto para piano No 1 en do mayor
En versión de la agrupación de cámara de jóvenes músicos New York Metamorphoses Orchestra, dirigida desde el piano por el maestro de origen ruso Eugene Sirokine, se presenta aquí el Concierto N° 1 en Do mayor, estrenado en Mannheim en 1810 con su autor al piano.

Movimientos:
00       Allegro
09:40  Adagio
13:40  Finale. Presto


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martes, 17 de marzo de 2015

Gershwin: "Un americano en París"



Antes de cumplir los 25 años, George Gershwin había obtenido un éxito rotundo con la pieza orquestal Rhapsody in blue, estrenada en febrero de 1923 con el autor en la parte solista. A ello le siguieron cuatro años de grandes éxitos en su carrera teatral, dedicado a escribir música para espectáculos revisteriles de Broadway, a lo que sumó, en la faceta "seria", el Concierto para piano, de 1925, de éxito semejante a la Rapsodia, y los Preludios para piano, del año siguiente, igualmente aplaudidos.

En París, 1928
La seguidilla de logros parecía no terminar nunca, pero en 1927 debió digerir el pequeño traspié de una comedia política de corte satírico que resultó un fracaso. Ello le debió recordar, quizá, a los amigos y parte de la crítica que le aconsejaban se dedicara un poco más a la "música seria" y un poco menos a la actividad del show-business. Sea como fuere, al año siguiente Gershwin emprendió un viaje a Europa. Instalado en París, intentó convencer a Ravel, Milhaud y Prokofiev de que le dieran lecciones. Aunque gratamente sorprendidos, los maestros rehusaron. Si al señor Gershwin le preocupaba que sus conocimientos fueran puramente intuitivos, los maestros estimaron que ello era suficiente.

George Gershwin (1898 - 1937)
Mitad confuso, mitad halagado, Gershwin emprendió un viaje a Viena. Allí conoció a Alban Berg. No alcanzó a pedirle clases, pues Berg no bien lo conoció hizo todo por animarle a continuar por su propio y original camino. De regreso a la capital francesa, Gershwin comenzó a escribir su primera y única obra programática, la pieza sinfónica Un americano en París, estrenada en diciembre de ese mismo año por la Filarmónica de Nueva York, y recibida con deleite irreflexivo, a pocos meses del inicio de la Gran Depresión.

Un americano en París, poema sinfónico para orquesta
Una obra liviana, su música intenta sugerir la jornada parisiense de un turista americano, describiendo sus impresiones y estados de ánimo: primero un paseo acompañado de bocinazos, luego momentos de ensimismamiento, un diálogo con alguien (encargados a violín y viola, 7:48), algo de homesickness (el blues, 8:42), un nuevo diálogo quizá con un compatriota (el charleston, 13:45). Luego de la reexposición, majestuosa, del blues (15:50), resurge el tema del paseo inicial y se repiten otros. La obra concluye tras una poderosa coda.

La versión es de The Moscow City Symphony Orchestra, dirigida por el maestro estadounidense Hobart Earle.


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lunes, 16 de marzo de 2015

Beethoven: Cuarteto N° 6, opus 18



En 1801, Ludwig van Beethoven llevaba ocho años instalado en Viena y en ese lapso había logrado resolver casi todos sus problemas económicos. Sus ingresos provenían de la enseñanza (a una clientela muy selecta), las actuaciones en público como pianista, la organización de sus propios conciertos y, cómo no, de la protección de sus mecenas, entre los que se contaban condes, príncipes, archiduques y barones. Invitado frecuente a las casas de estos nobles, no faltó la ocasión en que se presentó premunido de su gorro de dormir, por si la velada se extendía y había que pasar la noche en palacio.

Karl von Lichnowski (1761 - 1814)
Las veladas
Las más sabrosas tenían lugar en la mansión del príncipe Karl von Lichnowski, pues el generoso mecenas –que por esa fecha había asignado a Beethoven una pensión de 600 florines anuales– podía asegurar la presencia de un cuarteto de cuerdas, liderado por Ignaz Schuppanzigh, famoso violinista vienés quien fue más tarde director de la Ópera alemana.
Músicos jóvenes todos ellos, disfrutaban de la presencia del maestro y al arrimo de la música se estableció muy pronto una cálida relación que motivó a Beethoven a escribir obras para ellos y que, según se cuenta, eran interpretadas a medida que el maestro las iba terminando.

El Opus 18
Tal fue en parte la génesis de las seis piezas reunidas en el Opus 18 –los primeros cuartetos de cuerda escritos por Beethoven–, y dedicadas, no a Schuppanzigh sino a su espléndido patrón, el príncipe Lichnowski, cuya colaboración las hizo posibles. Compuestos entre 1799 y 1800, la obra completa se publicó apenas finalizada su composición, en 1801, cuando su autor contaba 31 años. Aunque signados por el respeto a la estructura formal fijada de algún modo por Haydn y Mozart, los últimos cuartetos de la serie anticipan el estilo propio de un futuro Beethoven, más maduro.

Cuarteto No 6 en si bemol mayor, opus 18
Célebre por el adagio que introduce el cuarto movimiento, se presenta aquí la última pieza del grupo, el Cuarteto N° 6, en versión de la joven agrupación The Amphion String Quartet.

Movimientos:
00       Allegro con brio
06:11  Adagio ma non troppo
12:58  Scherzo: Allegro
16:23  Adagio - Allegretto quasi allegro (Beethoven agregó aquí una nota: "La malinconia [melancolía]: questo pezzo si deve dattare colla piú gran delicatezza").


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sábado, 14 de marzo de 2015

Mozart: Concierto para piano N° 12



A fines de 1782, Wolfgang Amadeus Mozart, de veintiséis años, había puesto pie firme en Viena, dispuesto a hacerse de un nombre como músico independiente, tras abandonar la corte de Salzburgo y a su odioso patrón Colloredo, a mediados del año anterior.
Desoyendo los consejos de su padre Leopold, también se había casado, con Constanze Weber, una chica algo enfermiza, seis años menor, que le dará seis hijos, de los que solo dos llegarán a la edad adulta.

De modo que se veía enfrentado a conquistar Viena, y a la vez, mantener a una familia, asegurando su salud y bienestar. La solución a tal apuesta vino a través de una fecunda producción de conciertos para piano, de los que Mozart fue intérprete y director, amén de productor del evento en que los daba a conocer.
Entre el otoño de 1782 y 1786 compuso la nada despreciable suma de quince conciertos para piano, ingente producción que comenzó con los conciertos Nos 11, 12, y 13, de fines de 1782, destinados a ser estrenados en la "temporada" 1783.

En carta a su padre, del 28 de diciembre de 1782, Mozart describe así el carácter de estas piezas:
"...son un justo medio entre lo demasiado fácil y lo demasiado difícil; son bastante brillantes, agradables al oído y de desenvolvimiento natural, sin llegar a ser triviales. De cuando en cuando, aparecen pasajes que sólo pueden apreciar los entendidos, pero estos pasajes están escritos de forma que aun los menos exigentes pueden quedar satisfechos, aunque no sepan por qué".
Concierto No 12, en La mayor, K 414
El segundo concierto de la serie señalada, el N° 12, es un trabajo liviano en el sentido de que está escrito para una orquesta de reducidas dimensiones. En consecuencia, podía ser también interpretado en una velada familiar por un teclado y cuarteto de cuerda, con lo que Mozart extendía el espectro de su potencial demanda tras su publicación y con ello la posibilidad de ver aumentados sus ingresos. Constanze saludó la idea.

Movimientos
Estructurado a la manera tradicional, movimientos rápido-lento-rápido, sus partes son:
00       Allegro
11:03  Andante (El tema principal está tomado de una obertura de Johann Christian Bach, amigo de infancia de Mozart a la vez que maestro).
19:35  Allegretto

La versión es del pianista y director ruso Vladimir Ashkenazy, en el papel de solista y director.


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viernes, 13 de marzo de 2015

Paganini: Concierto para violín N° 4



Ninguno de los seis conciertos para violín de Niccolo Paganini fue publicado durante su vida. El célebre violinista y compositor veronés cuidaba las partes orquestales celosamente, al punto de proporcionar las partituras a la orquesta el mismo día del ensayo, a cuyo término las retiraba cuidadosamente, una por una, para volver a entregarlas el día de la función, cuando volvía a repetir la maniobra, para luego llevárselas consigo. Esta actitud no ayudó mucho a la difusión de su obra, naturalmente, pero sucede que en un mundo con los derechos de autor en pañales, había que cuidar el material que le permitía vivir.

Una buena vida
Y Paganini vivió de su obra, muy buenamente. Muy joven, abandonó el hogar paterno para lanzarse a la ventura como virtuoso violinista. Pronto su fama y su talento le permitieron recorrer toda Europa, con apariciones en público que eran esperadas con avidez y atendidas con entusiasmo delirante, digno de cualquier estrella de rock de nuestros tiempos. Aparte del mito aquél del pacto con el diablo, también se corrió la voz de que al interior de su instrumento escondía el espíritu de unas doncellas atrapadas que cantaban por él.

Conciertos para violín
Niccolo Paganini (1782 - 1840)
Según los estudiosos de hoy, se trataba de un virtuosismo falto de contenido. Por ello es que pocas de sus obras se interpretan en nuestros días. Y de sus seis conciertos para violín se ha llegado a decir que es uno solo con algunas variantes. Algo exagerado, pero alguna verdad hay en ello. Es que al maestro con agenda copada le era imposible aparecer con algo completamente nuevo cada vez. Además, "su público" asistía entusiasmado a sus conciertos para escuchar al gran virtuoso de la época haciendo maravillas con el instrumento, no necesariamente para oír obras en primera audición.

Y claro está, para quienes estén familiarizados con el Concierto para violín N° 1 las similitudes que el Concierto N° 4 presenta con él son obvias (y también con el N° 2). Pero como ya se ha dicho, Paganini vivía de su público. Sabía lo que había gustado, y actuaba en consonancia con ello.

La obra fue compuesta durante una gira por Alemania entre los años 1829 y 1830 luego del triunfante debut que consiguiera en Viena en 1828 con los tres conciertos anteriores.

Movimientos
00 Allegro maestoso  La orquesta expone los principales temas, como es lo habitual. En el minuto 3:32 hará su aparición el violín solista.
17:23 Adagio flebile con sentimento  Lírico y liviano (flebile), de carácter abiertamente italiano.
24:13 Rondo galante - Andantino gaio  En 32:06, el rondó da paso a un andantino alegre (gaio). Final brillante.

La versión (sólo audio) es del maestro italiano Salvatore Accardo y The London Philharmonic Orchestra conducida por Charles Dutoit.


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viernes, 6 de marzo de 2015

Édouard Lalo: "Sinfonía Española"



Profundamente satisfecho con la interpretación que Pablo de Sarasate había hecho de su Concierto para violín, de 1873, el compositor francés de ascendencia española Édouard Lalo decidió dedicarle una pieza que homenajeara "el espiritu español" y, de paso, a los compatriotas de su amigo y a sus propios antepasados, sumando así un elemento objetivo a la extendida y firme vocación de aquellos años por hacer música con algún grado de "exotismo", la que echaba mano, mayormente, de aires españoles. El resultado fue la obra para violín y orquesta que Lalo tituló Sinfonía Española, estrenada con Sarasate como solista en febrero de 1875, un mes antes de que subiera a escena la ópera Carmen, de Bizet.

Lalo
Edouard Lalo (1823 - 1892)
Nacido en Lille, al norte de Francia, en 1823, Édouard Lalo abandonó el hogar paterno a los dieciséis años con el firme propósito de convertirse en músico, rehuyendo la carrera militar para la que su padre lo venía preparando.
Instalado en París en 1839, estudió violín en el Conservatorio de París, y composición, privadamente. Durante muchos años, realizó como compositor una labor de segundo orden si bien participó activamente en el impulso que algunos círculos intentaban dar a la música de cámara francesa, género para el cual se sentía especialmente preparado, y para el que creó una obra que en su tiempo fue bien recibida.

El reconocimiento
Pero no fue sino hasta la década de 1870 cuando Lalo accedió a un reconocimiento masivo luego que Camille Saint-Saëns impulsara en 1871 la creación de la Societé Musicale de Paris, asociación destinada a promover a los autores contemporáneos entregándoles un espacio para el estreno de sus obras. De la idea de Saint Saëns se beneficiaron autores como César Franck, Massenet, Fauré, y desde luego, Lalo. Gracias a la Societé Musicale, Lalo pudo incursionar con mayor dedicación y confianza en la música orquestal, dando como frutos, solo en la década de 1870, el mencionado concierto para violín, el concierto para cello y la Sinfonía Española.

Sinfonía española para violín y orquesta - Movimientos
Antes que una sinfonía, la obra es considerada hoy un concierto, o más bien una suite, para violín y orquesta. Sus partes son las siguientes, no obstante en algunas ocasiones se omita el intermezzo:
00       Allegro non troppo
08:12  Scherzando - Allegro molto (contiene una "seguidilla", que en esta ocasión debió bisarse, 33:00)
12:13  Intermezzo - Allegro non troppo
18:08  Andante
24:57  Finale - rondo

La versión es del violinista ruso Vadim Repin, acompañado por la Orquesta Nacional de Lyon conducida por el director estadounidense David Robertson.


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miércoles, 4 de marzo de 2015

Puccini: Turandot - aria "Nessun dorma"



Aunque sin superar el alcance popular de El brindis de La Traviata o La donna è mobile de Rigoletto, el aria Nessun dorma de la ópera Turandot se ha constituido últimamente en caballo de batalla de aspirantes a celebridad de cuanto concurso estilo America's got talent se celebra en cualquier parte del mundo.
La moderna popularidad de la pieza se la debemos mayormente al tenor italiano Luciano Pavarotti quien, pese a cantarla pocas veces en escena, a partir de una grabación de 1972 que acompañó la cobertura del campeonato mundial de fútbol en Italia 1990 la convirtió en la célebre aria con que cantantes no profesionales pretenden hacerse del premio mayor y, seguidamente, ser lanzados a un azaroso estrellato.

Giacomo Puccini (1858 - 1924)
El aria pertenece al tercer y último acto de Turandot, la última obra que abordó Giacomo Puccini y que dejó sin acabar pues falleció mientras trabajaba precisamente en el tercer acto. Para su estreno póstumo, en abril de 1926, el director Arturo Toscanini detuvo la obra al llegar al último compás escrito por Puccini y dirigiéndose al público murmuró "aquí murió el maestro".
La obra la completó el compositor Franco Alfano, pero Puccini ya había escrito la popular aria, encargada al co-protagonista, Calaf, el príncipe cuyo nombre desconoce Turandot, la protagonista.

El aria
La obra está ambientada en Pekín, en una China milenaria. La princesa Turandot, tan hermosa como fría y distante, ha decidido decapitar a todo pretendiente que no pueda responder tres adivinanzas de su invención. Calaf supera con éxito la prueba, pero la princesa se retracta. Calaf propone a Turandot que adivine su nombre. Si lo consigue puede hacer rodar su cabeza, si no, deberá casarse con él. Turandot ordena que nadie duerma en Pekín hasta averiguar el nombre del osado pretendiente. Calaf asegura que nadie será capaz de averiguarlo, que sólo lo conocerá Turandot cuando se lo "diga sobre su boca", al alba, vencedor: All'alba vinceró.

La versión, de concierto, es de Luciano Pavaroti, en Los Angeles, 1984.



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