jueves, 30 de mayo de 2013

Enrique Granados: Danzas españolas



Pese a ser hijo de un capitán de ejército, Enrique Granados y Campiña dio muestras a temprana edad de poseer un talento musical envidiable. Nacido en Lérida en 1867, a sus siete años la familia debió trasladarse a Barcelona, donde el padre, contumaz, consiguió que un colega de armas, otro capitán, diera al pequeño Enrique sus primeras lecciones de piano y solfeo. Tal era la facilidad para aprender que mostraba el muchacho que al poco tiempo sus padres decidieron proporcionarle una educación musical formal. Fue el inicio de un camino sin baches solo interrumpido por las penurias que debió enfrentar a raíz de las dificultades económicas que, muerto el padre, llevaron al joven Granados a convertirse en el proveedor de una familia numerosa.

Enrique Granados (1867 - 1916)
Pianista de café
Calificado por uno de sus profesores como el alumno más brillante que había tenido nunca, el joven Enrique, que a los diez años había dado sus primeros conciertos en público y que en 1883 había ganado el concurso de la Academia para pianistas noveles, debió abandonar sus estudios en 1886 para ofrecer sus servicios como pianista en los cafés de Barcelona, llegando a tocar hasta cinco horas diarias en uno de ellos. Pero simultáneamente tuvo la fortuna de ser contratado por un acaudalado empresario como profesor de sus hijos con un sueldo muy conveniente. Con ese dinero más el apoyo del empresario y otras pesetas adicionales obtenidas a costa de interpretar refritos operísticos en los cafés, en septiembre de 1887 marchó a París, visto que en España no estaba garantizado que pudiera completar sus estudios musicales.

París y las Doce Danzas
Pero al poco de llegar, enfermó de tifoidea, y cuando quiso postular al Conservatorio ya había superado la edad máxima de ingreso. Por ello, debió tomar clases privadas con un destacado profesor que para ese momento contaba entre sus discípulos a un alumno bajito elegantemente vestido, de nombre Maurice Ravel.
Es de esa época, al parecer, que data una buena parte de sus Doce Danzas Españolas, si bien el autor alguna vez declaró que la mayoría había sido compuesta en 1883, cuando contaba dieciséis años. Pero en París no consiguió editores. De regreso en Barcelona en 1889, pudo editarlas individualmente con una prestigiosa casa.

Danza española N° 5
El conjunto de las Doce Danzas supuso el primer reconocimiento internacional de Granados, recibiendo el efusivo elogio de compositores consagrados de la talla de Saint-Saens, Massenet y Grieg. La serie de doce piezas para piano se constituyó así en una de las máximas aportaciones al repertorio pianístico español del siglo XIX.
En versión del pianista francés Guillaume Coppola, se presenta aquí la más conocida de todas, la Danza Española N° 5, denominada Playera o, con más propiedad, Andaluza, debido a su no oculto aire flamenco, subrayado por las apoyaturas de la mano izquierda que intentan evocar el rasgueo de una guitarra.


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google

martes, 28 de mayo de 2013

Mozart: Pequeña Serenata Nocturna


Por insólito que resulte decirlo de este modo, Wolfgang Amadeus Mozart fue durante gran parte de su vida un músico que escribía "a pedido". A diferencia de los músicos de la posterior era romántica, las obras que salían de su pluma casi siempre estaban motivadas por encargos concretos, ya sea porque estaban destinadas a un intérprete u orquesta específicos, o bien porque pretendían agradar a algún aristócrata o burgués a quien, de paso, le urgía la recepción de la obra.
Mozart quedaba obligado a escribir deprisa, no obstante lo cual cumplía con los pedidos en lapsos brevísimos aunque la paga nunca fue suficiente. "Mucho para lo que hago, muy poco para lo que podría hacer", respondió por escrito en una ocasión, al recibo de sus "honorarios", si bien esta vez hacía referencia a su salario como "músico de cámara" part-time del emperador José II.

Pese a todo lo dicho, la pieza acaso más popular de Mozart no tiene destinatario conocido y tampoco se sabe por qué la escribió. Conocemos con exactitud la fecha de término de su composición el 10 de agosto de 1787 porque así aparece anotada en el catálogo que comenzó a confeccionar en febrero de 1784, año en el que también trabajaba en la ópera Don Giovanni, cuya entrada en el catálogo sigue a la de la serenata.


Cinco piezas por páginas enfrentadas anotaba Mozart en su catálogo (que tenía pensado terminar por ahí por el 1800, para cuando estaría "actualizado"). En la página derecha anotaba los dos o tres compases iniciales de la composición, y en la izquierda, la fecha, el título de la obra y la instrumentación. En la imagen, la entrada de la Pequeña Serenata es la última, en la parte inferior de la página. Lo que Mozart escribe aquí, no parece para nada un título, sino más bien unas cuantas palabras a manera de resumen o recordatorio. Escribe: "Eine kleine Nachtmusik ... [los movimientos] ... 2 violini, viola e bassi." Pero esas palabras bastaron para convertirse en el título con que el mundo conocerá la obra. Los hispanoparlantes, siempre dispuestos a ayudar, agregaremos un poco más de información que nadie nos ha pedido y la conoceremos como la "Pequeña Serenata Nocturna", puesto que por estos lares no es raro que un enamorado quiera despertar a su amada con una serenata a la hora del desayuno.

La entrada del catálogo nos informa que la obra tiene cinco movimientos, pero uno de ellos se habrá perdido o Mozart no alcanzó a componerlo, porque la pieza que hoy se escucha solo tiene cuatro. (Anotemos que la composición nunca fue interpretada en vida del compositor.)

Serenata No 13 para cuerdas en sol mayor - Movimientos:
00        Allegro
05:46   Romanza
11:20  Minueto y trío
13:30  Rondó

La versión es del Cuarteto Gewandhaus, agrupación con sede en Leipzig fundada en 1808, a la que se ha unido en esta oportunidad un contrabajo como artista invitado. 


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google

domingo, 26 de mayo de 2013

Telemann: Suite Don Quijote - Obertura



El compositor Georg Philipp Telemann, el representante más significativo de la escuela del norte de Alemania durante la primera mitad del siglo XVIII, era capaz de escribir un motete a cuatro voces con la misma naturalidad con la que una persona común y corriente escribe una carta. Al menos, es lo que alguna vez contó su joven amigo Haendel —cuatro años menor que Georg Philipp— a quien conoció en Leipzig cuando, bajo presión familiar, Telemann inició unos estudios de derecho que poco después abandonaría.

Nacido en 1681 en Magdeburgo, ciudad situada al oeste de Alemania, a orillas del Elba, Georg Philipp provenía de una familia de sólida tradición protestante, varios de cuyos miembros habían sido pastores. Su primera formación fue humanista y muy amplia: siendo apenas un muchacho, escribía versos en latín, alemán y francés. Su formación musical, en cambio, se asienta desmayadamente en el periodo en que debió asistir a la escuela catedralicia donde atendió a las enseñanzas de un compositor de música eclesiástica y, también, curiosamente, en un curso de teclado que tomó por esas fechas y que duró exactamente catorce días.


Georg P. Telemann (1681 - 1767)
Todo ello no quita que a los diez años Georg Philipp tocara con maestría la flauta, el violín y otros instrumentos. Sobre la base del estudio directo de las partituras de los grandes compositores de la época, el joven Telemann pronto comenzó a componer sus propias piezas.
A lo largo de su vida, el catálogo de este compositor autodidacta adquirirá dimensiones gigantescas, superando ampliamente, por ejemplo, la obra de Vivaldi. Cultivó toda clase de géneros: óperas, cantatas religiosas y salmos, pasiones, oratorios, cantatas profanas, y un largo etcétera, a lo que se suma un gran número de piezas de música vocal e instrumental.

Una gran naturalidad distingue a la música de Telemann, lo que le permite llegar fácilmente a un público muy amplio. El compositor sostenía que el músico que quisiera llegar a un auditorio numeroso debía escribir mejor que aquel que se dirige a una minoría selecta. Un buen ejemplo de esta máxima está representado por la suite inspirada en El Quijote. Durante sus últimos años, Telemann se sintió fuertemente atraído por el espíritu de la obra de Cervantes, al punto que le sirvió de inspiración para una ópera y una suite en ocho movimientos para orquesta de cuerda y bajo continuo, conocida como Burlesque de Quixotte.
Se presenta aquí el primer movimiento de la suite, su obertura, bellamente ilustrada con imágenes creadas por el francés Gustave Doré, quizá el mejor ilustrador de la obra cumbre de la literatura española.



.................................................................................................................................
Amigo visitante:
Si has disfrutado de la lectura y de la música que este blog ofrece libremente, puedes apoyar su mantención y continuidad de manera concreta mediante la compra online del relato "El atrevido amante de los silencios", primera entrega de la serie Cuentos para Músicos, de la que es autor el escribidor de este blog.


Y si te gustó el artículo, usa estos botones para compartirlo en Facebook, o Twitter, o para recomendarlo en Google

jueves, 23 de mayo de 2013

Ottorino Respighi: Nocturno



Ottorino Respighi es uno de aquellos músicos que en su época dieron un enorme impulso a la música sin haber sido ellos mismos figuras monumentales, como los grandes maestros. Nacido en Bologna, Italia, en 1879, dio sus primeros pasos en el arte musical de la mano de su padre, un profesor de piano. Luego ingresará al Liceo Musicale de su ciudad natal, donde estudiará violín, viola y composición. Un año después de recibir su diploma en 1899, viajó a Rusia para desempeñarse como violista principal del Teatro Imperial Ruso, en San Petersburgo, donde conoció a Rimsky-Kórsakov, de quien fue también alumno.


Ottorino Respighi (1879 - 1936)
Durante la primera década del siglo veinte, Ottorino destacó fundamentalmente como intérprete, formando parte de un famoso quinteto en el que ocupaba la plaza de primer violín. Es a partir de la segúnda década del siglo cuando suma a su actividad de intérprete la de compositor.

Para el año 1913, cuando sus composiciones comenzaban a llamar la atención, fue nombrado profesor de composición del Conservatorio de Santa Cecilia, en Florencia, cargo que desempeñó por corto tiempo, aunque permanecerá en la ciudad por el resto de sus días.


Por largo tiempo, la obra de Respighi fue considerada música de poco valor, hasta vulgar, estridente y deudora de otras mentes. Más aún, a su obra más reconocida, la trilogía de poemas sinfónicos "romanos" –donde destaca Los Pinos de Roma, composición notable por sus sorprendentes efectos orquestales– se la asoció con el fascismo de Mussolini, acusando, de paso, a Ottorino de apoyar al régimen fascista. Lo cierto es que el compositor, amén de tímido, no estaba interesado en política para nada. Simplemente su mundo estaba conformado solo de música. Con todo, las celebraciones por el centenario de su nacimiento, en 1979, encontraron fuerte oposición política, y ha sido solo a partir de 1986, para la conmemoración de los 50 años de su nacimiento, que las cosas han comenzado a cambiar, llevando al compositor y su música a un sitial más justo.

Ottorino Respighi fue también musicólogo. En esa vena, estudió en profundidad a los músicos italianos de los siglos XVI al XVIII, rescatando composiciones de autores como Marcello, Vivaldi, Monteverdi, y publicando sus obras. Por ello tal vez, algunas de sus composiciones tempranas acusan marcada influencia de autores barrocos, o están teñidas acaso de un romanticismo tardío. Es el caso, en mi opinión, del Nocturno, de su conjunto Seis piezas para violín y piano, publicadas entre 1901 y 1906, luego transcritas para piano solo. La versión (solo audio) es del pianista armenio Sergei Babayan.



Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google

martes, 21 de mayo de 2013

Funerales de Chopin - Preludio N° 4



Según dejó escrito un testigo presencial, Frédéric Chopin murió sin padecimientos, entre las tres y cuatro de la mañana del 17 de octubre de 1849. Al tercer día del deceso, luego de que el escultor Clésinger tomara vaciados de su rostro y de la mano izquierda, se procedió a la autopsia extrayéndole el corazón que más tarde será colocado en una columna de la iglesia de la Santa Cruz, en Varsovia, cumpliendo así con el deseo expreso del compositor, formulado a su hermana Luisa.

El cuerpo del "gran artista Chopin" como lo designó la revista Débats en un artículo publicado a raíz de su deceso será embalsamado y luego vestido y vuelto a tender en su lecho. Rodeado de flores, será expuesto a la contemplación de sus amigos, admiradores y curiosos, que desfilarán durante días por la casa de la Place Vendôme, última residencia en vida del maestro polaco.

Funerales
No se realizarán sino hasta el 30 de octubre. La ceremonia fúnebre comenzó a las once de la mañana, y al mediodía, el féretro fue transportado en alto por la nave lateral y colocado en un elevado catafalco, a los sones de su propia marcha fúnebre y en presencia de las tres mil personas que copaban la iglesia de la Madeleine. Luego, la orquesta y el coro de la Sociedad de Conciertos del Conservatorio entonaron el Réquiem de Mozart, que no se escuchaba en París desde el retorno de las cenizas de Napoleón, en 1840.

Antes de comenzar el trayecto hacia el cementerio de Pére Lachaise, el organista de la Madeleine despidió el cuerpo de Frédéric tocando algunos de sus preludios, entre ellos una "quejumbrosa, galvanizada de sobresaltos, casi desesperada melodía". Se trata del Preludio N° 4 en mi menor, parte integral de los 24 Preludios del opus 28, terminados en Mallorca diez años antes, y que aquí presentamos en versión del pianista argentino Sergio Tiempo.

Ante la tumba no hubo discursos. Simplemente se dejó caer sobre el féretro el puñado de tierra polaca que Frédéric había recibido de sus amigos al salir de Polonia, y que conservó hasta entonces en una copa de plata.



.......................................................................................................................
Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google

jueves, 16 de mayo de 2013

Dvorak: Romanza para violín y orquesta



Siguiendo el derrotero amoroso trazado ochenta años antes por Wolfgang Amadeus Mozart, el compositor checo Antonin Dvorak se vio obligado a poner sus ojos en la hermana menor de Josefina Cermakova, su primer amor, luego de que ésta no respondiera a sus requiebros, pese al empeño que le puso Antonin. La hermana menor se llamaba Anna y, si bien siempre estuvo consciente de su condición de premio de consuelo, terminó contrayendo matrimonio con Antonin, feliz de la vida, en 1873.

La pareja concibió nueve hijos y fueron inmensamente felices, pese a que durante los años 1876-77 debieron enfrentar una dura prueba. En el lapso de dos años, la pareja perdió tres de sus hijos: uno antes de nacer, otro en un accidente y un tercero de viruela.

Tres años antes, Dvorak había compuesto un cuarteto para cuerdas en Fa menor que nunca fue estrenado. Poco después, publicó una versión para violín y piano que no obtuvo el reconocimiento del gran público. Pese a todo, Antonin reconocía en el segundo movimiento del cuarteto un gran valor intrínseco y por ello, en medio del dolor impuesto por la pérdida de sus hijos, se abocó en esos mismos años a reconstruir el movimiento dotándolo de individualidad y personalidad propia, claramente convencido de que había escrito una obra mayor, que debía preservarse. Ese fue el origen de la Romanza para violín y orquesta.


Romanza para violín y orquesta en Fa menor, opus 11
La obra está construida sobre dos ideas principales. La primera, una melodía simple, una canción, presentada al principio por los violines y luego elaborada libremente por el solista (1:45). El segundo motivo es una melodía romántica, algo menos elaborada que la primera (3:40). Luego viene una sección media, breve, algo más dramática, que permite al solista mostrar su virtuosismo (4:50). Pero pronto se vuelve a la serenidad del primer motivo. La pieza toma el modo mayor cuando reaparece el segundo motivo, después de lo cual, una breve coda llevará al cierre, sereno.
La versión es de la violinista eslovena Tanja Sonc, acompañada por la Slovenian Philarmonics, a cargo de la directora canadiense Kery-Lynn Wilson.

..........................................................................................................................
Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google

viernes, 10 de mayo de 2013

Rossini: El Barbero de Sevilla - Obertura



Cuando en 1816 el compositor italiano Giovanni Paisiello se enteró de que en el teatro Argentina, de Roma, estaba a punto de estrenarse una ópera que llevaba por título Almaviva, o la inútil precaución, no tuvo empacho en reunir a su cohorte de adherentes y acudir en masa al estreno de la obra con el objeto único y expreso de provocar desmanes y convertir la première en un fracaso del que su autor, Gioacchino Rossini, no podría recuperarse jamás.

Lo cierto es que a Paisiello no le faltaban razones para comportarse de ese modo. Hacía casi cuarenta años, había estrenado una ópera basada también, como la de Rossini, en un libreto surgido de la comedia de Beaumarchais, El Barbero de Sevilla. La obra había tenido gran aceptación en su tiempo, de modo que Paisiello consideró una afrenta personal que el joven Rossini, autor de "obras musulmanas", se atreviera a componer una nueva versión de la ópera que lo había hecho famoso, aun cuando la presentara con otro título.

Gioacchino Rossini
(1792 - 1868)
Y la primera representación, el 20 de febrero de 1816, no hizo más que facilitar las cosas para provocar la trifulca. El estreno estuvo lleno de errores y equivocaciones que provocaron las burlas y pifias del público, sumándose sin quererlo a los ánimos revoltosos de los partidarios de Paisiello. Se cuenta, incluso, que en un determinado momento, hasta un gato se subió al escenario.
Sin embargo, es probable que Paisiello y su séquito hayan sido los principales responsables del fracaso, pues la segunda representación, a los pocos días, cosechó un gran éxito, y así ha continuado hasta hoy, al punto de que El Barbero exhibe en nuestros días el galardón de ser la ópera más representada en todo el mundo.

La obra fue compuesta en tres semanas, obligando a Rossini a echar mano no sólo de arias de otras óperas. La obertura que aquí se presenta tomó prestada, con algunos cambios de orquestación, la obertura de una ópera anterior, Aureliano en Palmira, que no había sido bien recibida en su tiempo. Rossini, con toda la razón del mundo, consideró que la obertura era de tal calidad que no podía quedar atada a una obra menor. Había que reestrenarla.

La versión es de la Tonküntler Orchestra, con ocasión de la gala del festival anual, en la ciudad de Grafenegg, Austria, año 2012. En la dirección, el maestro colombiano Andrés Orozco-Estrada. Se recomienda su disfrute a pantalla completa, con audífonos o parlantes.



.......................................................................................................................................


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, usa estos botones para compartirlo en Facebook, o Twitter, o para recomendarlo en Google