martes, 22 de octubre de 2013

Rossini en acordeón: La Italiana en Argel


Pablo Picasso. El Acordeonista (1911)
No obstante tratarse de un instrumento ampliamente extendido en el mundo entero, al acordeón le tomó casi dos siglos llegar a formar parte de los instrumentos que podrían integrar una orquesta sinfónica. Desde que recibiera el inelegante nombre de "piano del pobre" en la Viena en 1829 cuando fue inventado  por un señor de apellido Demian, el instrumento sufrió una larga evolución hasta la creación en 1959 del moderno "acordeón convertor", que es el instrumento que hoy se enseña en los conservatorios de música.

En su camino hasta animar a compositores de la talla de Tchaikovski o Shostakovich a escribir para él –si bien encargado de las frases anecdóticas o de reminiscencia folklórica– el acordeón hubo de hacer una larga pasantía por la música popular. Sin desatender su enorme presencia en la polka europea o la música toscana o vienesa, señalemos que en Latinoamérica prendió con éxito como instrumento acompañante de temas populares y ya a fines del siglo XIX era número fijo en los conjuntos especializados en merengue dominicano, vallenato colombiano, cumbia panameña, música gaucha brasileña, chamamé argentino, valses chilotes del sur de Chile, y suma y sigue.

Pero también tuvo su paso por Nueva Orléans. En las primeras décadas del siglo veinte, un buen número de músicos se dejaron seducir por el acordeón y pasaron a integrar grupos de blues y jazz que lo incorporaron rápidamente, tendencia que fue en alza hasta los años 30 y 40 cuando los grupos y orquestas más populares contaban en su plantilla con músicos acordeonistas.
Y como se esbozó al principio, en la segunda mitad del siglo veinte no fueron pocos los autores de "música seria" que incorporaron el acordeón moderno en sus obras sinfónicas, entre otros, el italiano Luciano Berio (1925 - 2003), el alemán Karlheinz Stockhausen (1928 - 2007), y el canadiense Murray Schafer, hoy de ochenta años.

Asimismo se han multiplicado los festivales de acordeón por todo el mundo, amén de los dúos, tríos, cuartetos y hasta quintetos que hacen música exclusivamente con este instrumento. Uno de los más celebrados es el grupo italiano Quintetto Veneto di Fisarmoniche ("acordeones", en italiano) que aquí nos ofrece los trozos finales de la obertura de la ópera La Italiana en Argel, de Gioacchino Rossini.


Este artículo está dedicado con todo cariño a mi amiga Dolores Castillo, quien poco después de cumplir los cincuenta, se atrevió con la música y se compró un acordeón. Tras dos años de intenso aprendizaje, ya se la puede considerar una virtuosa del instrumento.


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