viernes, 15 de marzo de 2013

Johann Strauss, padre: Marcha Radetzky


Johann Strauss, padre (1804 - 1849)

Johann Strauss padre nunca le dijo a su hijo homónimo "quiero que me superes", o "espero que llegues más lejos que yo" o alguna barbaridad por el estilo. La verdad es que no hubo necesidad. De manera natural, el talento del hijo pronto superaría al del padre y con ello, se complicarían las relaciones en el seno de la Orquesta Strauss, fundada por Johann padre en 1825. Al punto de que Johann hijo decidió más tarde formar su propia orquesta, rivalizando con su progenitor en la batalla por ganarse el favor de la audiencia, la naciente burguesía vienesa, que por esos años estaba necesitada de bailar.

Al cabo de los años, la fama del hijo eclipsó la del padre de modo manifiesto. Esta realidad, sin embargo, es mezquina con Strauss padre. Si bien fue su hijo el que en su tiempo se ganó en Europa el título de "el rey del vals", fue Johann Strauss padre el autor de la idea. A partir de la elaboración de sencillas danzas campesinas, fue él quien logró introducir en los salones de Viena una pieza bailable en compás de tres por cuatro, que hasta hoy se conoce como el "vals vienés" y que, desde luego, el hijo elevó de categoría. Y fue el padre también quien decidió designar por primera vez las piezas compuestas con un título descriptivo y no simplemente con un número, con lo que el hijo no tuvo necesidad de focus group para decidirse entre El Bello Danubio Azul y Vals N° 7, o 15, o 31.

Joseph Wenzel, conde Radetzky
En el enaltecimiento del vals, el hijo se desempeñó brillantemente, por cierto, pero trajo como resultado no deseado que en los escenarios de hoy se escuche sólo una pieza del creador del vals vienés, la pese a todo celebérrima Marcha Radetzky, compuesta en honor del mariscal de campo austríaco, conde Joseph Wenzel Radeztky, cuya gloria consistió en su momento en la salvaguarda del poderío militar de Austria durante los enfrentamientos de 1848-49, en el marco de las guerras independentistas de Italia.

Lejos estuvo el padre del brillo del hijo, pero su ingenio bastó para que su merecidamente célebre marcha se escuche todas las mañanas del primer día de enero en la sala Musikverein de Viena, pues es la Marcha Radetzky la pieza destinada a cerrar soberbiamente el proverbial Concierto de Año Nuevo en esa ciudad.
Durante la ejecución de la pieza, la tradición prescribe que el director se vuelva hacia el público y lo invite a llevar el compás con las manos. Es lo que vemos hacer al joven y notable director venezolano, Gustavo Dudamel, con ocasión de una gira por Europa, conduciendo a la no menos sobresaliente agrupación venezolana, la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar.



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1 comentario :

  1. Recuerdo el paso frente a mi general. Luego sería el más bello recuerdo que jamás tendré. La guardia que lo protegía como una columna griega entre los otros y él. Apenas pude contener el paso practicado meses atrás. Luego golpeándome la mejilla dijo... vas bien muchacho vas bien... Ahora que el mortadela se arrancó con las herramientas hubiera querido que mi general fuese mi padre.
    Perdone que les diga estas cosas pero es que no se...

    El Inversionista

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