viernes, 27 de abril de 2012

Mozart: Sonata en fa mayor (I)



Wolfgang Amadeus Mozart conoció a su primer amor, Aloysia Weber, con ocasión de una visita que hizo a la ciudad de Mannheim, acompañado de su madre, camino a París, luego de abandonar Salzburgo con la autorización de su empleador, el Arzobispo Colloredo, en 1777.
Las niñas Weber eran cuatro, todas cantantes o en vías de serlo cuando mayorcitas. Aloysia, la segunda, de 16 años, era la más promisoria. En efecto, Aloysia cantaba estupendamente, era consciente de su talento y aspiraba a convertirse en prima donna. Mozart, de 21 años, quedó deslumbrado al escucharla y decidió entregarse a ella con alma, corazón y vida. Sería su promotor. La llevaría a Italia, haría allá una gran carrera y, como resultado de todo eso, él recibiría innumerables encargos de óperas. En suma, la felicidad estaba a la vuelta de la esquina (es un decir, porque el viaje a Italia habría demorado alrededor de un mes).
Le escribió a su padre, Leopold, informándole de sus nuevos planes. París quedaba para más tarde.
De un solo epistolazo el práctico y realista Leopold lo bajó de las nubes y le ordenó que abandonara cuanto antes Mannheim junto con sus planes insensatos. París era el objetivo y hacia allá debía partir inmediatamente. Si aquí hay un promotor, ese soy yo, dijo Leopold. A Wolfgang no le quedó más alternativa que obedecer.

Mozart y su madre llegaron a París en marzo de 1778. La madre falleció de frío y soledad en julio y Wolfgang abandonó la ciudad a fines de octubre. El objetivo principal del periplo, el ansiado cargo en una corte respetable, no se había cumplido pero traía bajo el brazo tres sonatas para piano.
De paso por Mannheim, al regreso, se enteró de que la familia Weber se había mudado a Munich para acompañar a Aloysia que acababa de obtener un jugoso contrato como prima donna de la corte. Embarcó entusiasta para Munich pero Aloysia lo recibió fríamente, su contrato anual de 600 gulden había logrado eclipsar su natural calidez. Para colmo de males, la princesa Elisabeth Augusta le agradeció de todo corazón que le diera a conocer sus nuevas sonatas pero cuánto lo siento, Amadeus, en esta corte tampoco hay lugar para ti.
Wolfgang llegó a Salzburgo, de regreso a su odiado puesto, sin madre y sin prometida, el 15 de enero de 1779.

La sonata en Do mayor (K. 330), la sonata en La mayor (K. 331, sonata de la marcha turca) y la sonata en Fa mayor (K. 332) se creyó en un tiempo que habían sido compuestas en París. Me acabo de enterar de que no es así. Corresponden a un período posterior, con Mozart instalado en Viena. (La "K" reconoce la labor de Ludwig von Köchel, quien construyó el catálogo definitivo de las obras de Mozart en 1862. A veces, se pone KV..., es decir, Köchel Verzeichnis = Catálogo Köchel).
Las sonatas de Mozart transmiten una sensación de facilidad que está muy lejos de la realidad de una música que exige del intérprete grandes dosis de delicadeza y claridad en su ejecución. Se presenta aquí el primer movimiento, allegro, de la sonata en Fa mayor, en correctísima y exquisita versión del excelente pianista cubano Roberto Urbay.




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2 comentarios :

  1. ¿Es una característica la uniformidad sin matices de esta sonata? Ojo que no quiero parecer pesado......
    sólo es una pregunta.
    Saludos,
    Mauricio.

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  2. Matices sí los hay, sin duda. Lo que no se aprecia son grandes momentos dramáticos. Es Mozart, no Beethoven.
    Gracias por el comentario. Aquí se acepta todo tipo de opiniones.

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