miércoles, 9 de enero de 2019

Chopin: Mazurca en Re mayor, op 33


Como un respiro ante las grandes formas exploradas por Beethoven y contemporáneos, la primera mitad del siglo XIX fue testigo del surgimiento de nuevas formas musicales de carácter más reservado, intimistas, destinadas por lo común al instrumento de moda en los hogares de la naciente clase media, el piano. Como nunca antes, estas miniaturas permitieron la exploración de una idea, un sentimiento, una emoción, en el corto tiempo de dos o tres minutos. En medio de preludios, nocturnos e impromptus, las mazurkas de Chopin, de abolengo polaco, también se abrieron paso, triunfantes, en los salones de París de los años treinta.


Tres danzas populares polacas se fusionan en la mazurka de Chopin: el obereck, la kujawiak, y la mazur, de la que toma su nombre. Con un ritmo de tres por cuatro, se pueden cantar, o bailar, o cantar mientras se bailan, sin descuidar que los acentos irán en los tiempos débiles del compás, por lo general en el segundo, una exigencia de la coreografía de la danza. Los temas son en su mayoría propios, propios de Chopin, decimos, pues aun cuando las melodías rezuman reminiscencias populares, responden en su mayor parte a la inventiva del genio polaco. Chopin llevó la danza popular a los salones, por cierto, pero estilizada, y transformada en un género nuevo y único.

Las mazurcas del Opus 33
A lo largo de su vida Chopin escribió 57 mazurkas, la primera a los catorce años, la última en su postrer año de vida. Cuatro de ellas, en diferentes tonalidades, integran el Opus 33, dedicado a la señorita Róza Mostowska, probablemente una alumna, no lo sabemos, pero con seguridad una dama perteneciente a los círculos de aristócratas polacos exiliados para quienes la literatura, la poesía y la música son asuntos de la mayor importancia.

El año 1838
En uno de esos salones, a fines del otoño de 1836, Chopin ha conocido a George Sand. Todavía llora el maestro a Maria Wodzinska, pero la Sand es paciente, y no desea otra cosa que llegar a comprender con toda su alma a ese pálido y complejo ser, su Chopinski. En octubre de 1838, se lo llevará a Mallorca, en curiosas vacaciones "en familia". ¿Qué resultará de todo eso? No importa, junto a otras piezas, en Leipzig acaban de entrar a imprenta las mazurkas del Opus 33.

Mazurka en Re mayor, Opus 33 No 2
Según los estudiosos, un innegable Oberek. Marcada "vivace", es una pieza elegante e impetuosa, gozosamente rítmica y alegre, en esquema A-B-A, con casi cómicos acentos irregulares, en sus poco menos de tres minutos de duración. Una pequeña joya, la más popular de la serie.

La versión, notable, es de la joven pianista estadounidense Ruta Kuzmickas.


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2 comentarios :

  1. Gracias Dago! Siempre un agrado, por la música y por el fino humor de la redacción.
    Saludos

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    Respuestas
    1. Hola, Jorge: Muchas gracias a ti por tus palabras y el comentario. Saludos.

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