sábado, 20 de junio de 2015

Mozart: Requiem - Lacrimosa



Entre los innumerables mitos que rodean la muerte de Mozart, destaca aquél que refiere a la Muerte misma visitándolo para solicitarle que escriba su propio réquiem. Las restantes verdades a medias, alentadas en nuestro tiempo por la película Amadeus, volvieron a tomar forma durante un tiempo: el envenenamiento por la mano oculta de Salieri; la fosa común que resultó ser una tumba compartida; la ausencia de su mujer Constanza en el funeral, una costumbre de la época; la tormenta en el entierro aunque aquel día fue claro y luminoso; y por último, que murió en bancarrota... lo más cercano a la verdad porque al momento de su muerte Mozart le debía a cada santo una vela.

El mito clásico
Ahora bien, el mito clásico, el de la visita de la Muerte, cuenta con algún asidero pues el misterioso emisario enviado a casa de los Mozart por el conde Franz von Walsegg no podía ocultar su aspecto siniestro a causa de sus facciones cadavéricas. El conde, músico amateur que tenía por costumbre solicitar obras a músicos profesionales para hacerlas pasar como propias, había sufrido la pérdida de su joven esposa de veinte años en febrero de 1791. A mediados de julio, encargó a su poco apuesto secretario solicitar a Mozart la composición de una misa de requiem cuidándose de no entregar ninguna información sobre el mandante. El personaje mismo tampoco se identificó.

Mozart en 1789, dos años antes
de su muerte
Por esos mismos días, Mozart había recibido el encargo de una ópera para festejar la coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia. La obra se llamó La Clemenza di Tito, cuyo estreno dirigió el autor en Praga el 6 de septiembre. A fines de ese mes completó la revisión de La Flauta Mágica, y a principios de octubre hizo lo propio con el Concierto para clarinete. De modo que sólo a partir de la segunda semana de octubre pudo abocarse Mozart a la escritura del Requiem, en el que trabajó hasta el 20 de noviembre cuando cayó en cama para no levantarse más.

La tarea incompleta
Mozart expiró en la madrugada del 5 de diciembre, sin haber completado el encargo. Pero el compromiso que se tenía con el mandante desconocido había que cumplirlo, así que Constanza envió los manuscritos a Joseph Eybler, fiel amigo de Mozart, quien los devolvió luego de reconocerse incapaz de continuar con la tarea del genio. Finalmente, fue Franz Xaver Süsmayr, discípulo de Mozart, quien completó la obra en marzo de 1792. Sorprendentemente, el conde von Walsegg recibió la obra terminada más de dos años después de haberla encargado, los primeros días de diciembre de 1793.

Misa de requiem
El Requiem, o misa de requiem (descanso), o misa de difuntos, de la liturgia católica es una misa votiva, es decir, una misa ofrecida por voto en una ocasión determinada independiente del calendario litúrgico. Los textos, en latín, de sus partes cantadas están prefijados, y su desarrollo contempla, tradicionalmente, las siguientes secciones: Introitus / Kyrie eleison / Graduale / Tracto / Sequentia (que, debido a la longitud del texto, tomado del himno del siglo XIII Dies Irae, algunos compositores dividen en varios movimientos, entre ellos, el pasaje conocido como Lacrimosa) / Offertorium / Sanctus / Agnus dei (cordero de Dios) / Communio.

Requiem para solistas, coro y orquesta, en Re menor, K. 626
El Requiem de Mozart contiene cinco secciones, cada una de ellas coronada por una fuga:
1  Introitus - Requiem / Kyrie
2  Sequentia (Dies Irae, Tuba mirum, Rex tremendae, Recordare, Confutatis, Lacrimosa)
3  Offertorium
4  Sanctus
5  Agnus Dei

Qué es de Mozart y qué de Süssmayr en el célebre Requiem, está hoy todavía en discusión. Pero el manuscrito autógrafo que se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria, muestra sin apelación el Introitus completo y orquestado por la mano de Mozart, así como bocetos detallados del Kyrie, y la Sequentia terminada hasta los primeros ocho compases del Lacrimosa, más el Offertorium. El propio Süsmayr reclamó como de su autoría sólo el Sanctus y el Agnus Dei.

Lacrimosa
En versión de la Filarmónica de Berlín y el coro Wiener Singverein, dirigidos por Herbert von Karajan, se presenta aquí el último movimiento de la Sequentia, el Lacrimosa, de tan solo 3 minutos de duración (la obra completa dura aproximadamente 55 minutos, según la versión).


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

1 comentario :

Deja aquí tus impresiones, por sencillas que sean. Tu opinión nos interesa a todos.