lunes, 4 de mayo de 2015

Manuel de Falla: Noches en los jardines de España



Curiosa paradoja. Para convertirse en el compositor de música española más exitoso y popular del siglo XX, Manuel de Falla tuvo que abandonar España e irse a estudiar a París. Tras intentar en vano la representación en Madrid de su primera ópera, La vida breve, Falla aprovechó la oportunidad que le ofrecía una compañía de mimos como pianista acompañante para irse con ella de gira y visitar algunas ciudades europeas, entre ellas, París, naturalmente. Y allí se instaló Falla, al término de la gira. Corría 1907, y el autor tenía 31 años.

Eran los años previos a la Primera Guerra, los últimos de la Belle Époque, y París se permitía todavía el disfrute y goce de una intensa vida musical. Isaac Albéniz residía allí, trabajando afanosamente en su suite Iberia. Debussy hacía lo mismo con su tríptico Imágenes, y Ravel se hallaba ocupado en la composición de la Rapsodia española. A todos ellos los conoció Falla. También a Paul Dukas, especialmente, quien se ofreció para orientarlo en sus estudios de orquestación, muy gentil él, pese a que en privado lo llamaba le petit espagnol tout noir, con todo cariño, suponemos.

Manuel de Falla (1876 - 1946),
en París, 1910
Pero económicamente, el españolito todo vestido de negro lo pasó mal. A duras penas pudo sobrellevar una existencia frugal a base de lecciones, acompañamientos varios y traducciones. Sin embargo, la estancia en París lo preparó para su transformación en el compositor maduro que se reveló a su regreso a Madrid, en 1914, cuando bajo el brazo traía los borradores de un conjunto de "nocturnos" para piano solo que finalmente completará como un trabajo para piano y orquesta, según indicación de su paisano, el pianista Ricardo Viñes, y que titulará Noches en los jardines de España.

La obra
Concebida a partir de 1909 en plan de nocturnos, la obra sinfónica fue completada un año después de su regreso a Madrid, en 1915. Dedicada a Ricardo Viñes, su primera ejecución se realizó en el Teatro Real de Madrid, el 9 de abril de 1916. Al estreno asistió el pianista Arthur Rubinstein quien luego confesó haberse enamorado de la pieza, la que prontamente incorporó a su repertorio, seducido por este nostálgico tríptico para piano y orquesta, considerado uno de los trabajos del autor más cercanos al Impresionismo, a la vez que uno de los más brillantes.

Movimientos
La obra está estructurada en tres movimientos o secciones, con el segundo y tercero unidos sin pausa.
00;00  En el Generalife
10:52  Danza lejana
16:00  En los jardines de la Sierra de Córdoba

La versión es de Daniel Barenboim al piano, acompañado por la Chicago Symphony Orchestra, dirigida por Plácido Domingo.



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