sábado, 7 de mayo de 2011

Franz Liszt: Consolación N° 3


Princesa Carolyne de Sayn-Wittgenstein
Acuna en sus brazos a su única hija Marie Pauline Antoinette.

Hace un buen número de años, por allá por el siglo IV, un discípulo del filósofo y teólogo san Agustín se atrevió a preguntar a éste qué hacía Dios antes de crear el universo. Agustín ni se arrugó y contestó impasible que junto con crear el universo Dios había creado también el tiempo.
La ingeniosa y certera respuesta permaneció durante siglos como verdad inamovible atrayendo la atención de teólogos y filósofos, entre ellos, la de la princesa Carolyne de Sayn-Wittgenstein, quien como mujer pionera de la teología en el siglo XIX, decidió hincarle el diente a esa y otras preguntas.

Ya separada de su marido y oficial del ejército ruso el príncipe Nikolaus, la princesa Carolyne, a mediados de la década de 1840 dedicaba mañana y tarde en su natal Kiev a desentrañar las preguntas y respuestas que tanto Agustín como el doctor insigne de la teología, Santo Tomás de Aquino, se habían planteado siglos atrás.

En esa magia estaba cuando el compositor y pianista de fama internacional, Franz Liszt, visitó Kiev como parte de una gira de conciertos por toda Rusia, amén de Austria y Hungría, el año de 1847.
Desconocemos los detalles pero podemos suponer que Carolyne asistió a uno de los conciertos, después de lo cual habría comenzado a cuestionarse la cantidad de tiempo que destinaba al estudio de Agustín y Tomás. El hecho concreto es que Carolyne abandonó Kiev y se fue a vivir con Franz a la ciudad de Weimar, donde el célebre pianista residía ejerciendo el cargo de maestro de capilla.

La relación, extremadamente compleja debido a los reiterados e infructuosos intentos por conseguir el divorcio de Carolyne ante la Santa Sede, va a durar catorce años.

Consolación N°3
Compuestas en pleno amorío, entre 1849 y 1850, las "Consolaciones" si bien muy propias del universo musical de Liszt, se tiende a emparentarlas con la estética de los nocturnos de Chopin, por su espíritu y su técnica nada aparatosa. La Consolación N°3 es la que más ha concitado el favor del público.
La versión, maravillosa en su sencillez, es del maestro ruso Vladimir Horowitz.



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2 comentarios :

  1. Tan simple. Tan perfecto. Gracias!

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    1. Demoré siglos en responderte. Parece que no me llegaron por correo algunos comentarios. Gracias a ti por tu comentario tan simple y tan perfecto.

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