jueves, 8 de diciembre de 2016

Zoltán Kodály: Siete piezas para piano


"La formación musical del niño comienza nueve meses antes de su nacimiento". Es una frase atribuida a Zoltán Kodály, compositor, pedagogo y musicólogo húngaro, creador del "método Kodály" que aún hoy mantiene su vigencia en la formación musical de los niños, postulando que un acercamiento al mundo sonoro de manera natural y espontánea generará las habilidades requeridas, pues en opinión del gran pedagogo que fue Kodály todo individuo en este mundo es capaz de crear música.


Respondiendo a ese precepto, en compañía de su amigo Béla Bartók dedicó largos periodos a recorrer la Hungría rural a fin de grabar y luego transcribir lo que el folklore más genuino podía entregarle, aquel cultivado por granjeros y campesinos.
La colaboración con Bartók en esta empresa dará como resultado, en 1913, la publicación de una serie de colecciones de canciones populares húngaras, que cerrarán un ciclo nacionalista iniciado durante el romanticismo y que legó a Hungría la conciencia de su personalidad musical.

Zoltán Kodály (1882 - 1967)
Gran estudioso de la voz humana, buena parte de su obra es vocal, o coral. (Su trabajo más celebrado es la ópera Háry János, de 1927, y la suite que le siguió). Su música instrumental, o de cámara, es reducida. Más aún lo es aquella escrita para piano, la que poco se conoce fuera de Hungría. Pero ello mismo la hace interesante porque su audición permite adentrarse en rincones poco conocidos del vasto repertorio pianístico universal.

Siete piezas para piano Opus 11
Salvo la tercera pieza (de 1910), fueron compuestas entre los años 1817-18 mientras el autor se desempeñaba como profesor de composición en la Academia de Música de Budapest. Influencias de Debussy y Ravel se aprecian en algunas piezas (3 y 4, por ejemplo), así como su relación con Bartók y el folkore húngaro es perceptible en el conjunto. Las siete piezas, que aquí se presentan en dos videos, son:

Video 1
0:00  1. Lento
1:28  2. Lamento Székler (*)
3:49  3. "Il pleure dans mon coeur comme il pleut sur la ville"
5:25  4. Epitafio

Video 2
0:00  5. Tranquillo
1:58  6. Canción Székler
4:58  7. Rubato
(*) Pueblo szekler: grupo étnico húngaro que habita Transilvania.

La versión (audio) es del excelente maestro húngaro ya fallecido György Sándor, en una grabación de 1974.






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lunes, 5 de diciembre de 2016

Franz Liszt: Rondó fantástico sobre un tema español


Franz Liszt fue el "inventor" del recital de piano. Es decir, fue el primer pianista que se presentó solo en un escenario interpretando él todos los "números". Corría 1840 y a partir de entonces pasaron a la historia los conciertos "multipersonales" que junto a los solistas podían incluir agrupaciones de los instrumentos más diversos, amén de un par de arias interpretadas por las divas del momento para no aburrir a la audiencia con tanto timbre instrumental.


Para ello el artista requería de un repertorio amplio. Surgieron entonces las transcripciones para piano de obras orquestales, las fantasías sobre temas de ópera, las variaciones sobre motivos populares.
Liszt, el artista de masas del siglo XIX, lo tocó todo, cuidando siempre de reservar como gran finale una pieza que enloqueciera aún más a las damas presentes, las que podían irse a las manos para apoderarse del pañuelo arrojado a la audiencia por el encantador artista de veintinueve años.
Una fantasía "de bravura" sobre un popular aire español no le falló nunca.

Rondeau fantastique sur un théme espagnol
Es su título original. Y el tema español el célebre polo Yo que soy contrabandista, uno de los números musicales de El poeta calculista, obra del tenor y compositor Manuel García estrenada en Madrid en 1805. El rondó fue compuesto en 1836, y se publicó simultáneamente al año siguiente en Leipzig, Milán y París. Hacía tres años, Chopin había dedicado a Liszt los Estudios del Opus 10. Pudo haber devuelto la mano con esta dedicatoria, pero el maestro húngaro habrá considerado que no se compadecía una cosa con la otra. Está dedicada, pues, a George Sand, que se hará "amiga" de Chopin solo al año siguiente.

Sus dificultades técnicas son grandiosas, y se cuentan con los dedos de una mano los pianistas que han osado grabarla, y menos aún, interpretarla en público. El concertista ruso Mikhail Pletnev se lo propuso, pero terminó desistiendo cuando vio que la pieza era "intocable", según señaló. Claro está, también es posible que a muchos intérpretes de reconocido virtuosismo la parafernalia técnica por sí misma no haya logrado entusiasmarlos.
Existen en Youtube versiones en vivo en escenarios formales (Bruni, Howard), pero hemos preferido mostrar aquí la performance harto informal, muy democrática y alejada de todo divismo, que la ucraniana Valentina Lisitsa decidió entregar en una estación de trenes londinense, en un piano vertical algo desafinado y que al parecer tiene una tecla que no funciona. Bravo por el atrevimiento.


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sábado, 3 de diciembre de 2016

J.C. Bach: Sonata para dos pianos


Johann Christian Bach fue el hijo menor de Johann Sebastian. Luego de vivir la valiosa experiencia de pasar algún tiempo en Italia, se estableció en Londres en 1764 tras obtener el puesto de maestro de música de Sofía Carlota, la duquesa alemana que había llegado a Inglaterra para convertirse en reina consorte de Jorge III. Hicieron buenas migas. Al menos podían conversar en alemán cuando les daba gusto y ganas. Tan exitosamente se integró allí Johann Christian que llegaron a llamarle "el Bach de Londres".


Cuando tuvo la suerte de conocer a Mozart (no peca de falsedad la relación opuesta), el piano se había inventado hacía poco para sustituir definitivamente al clavecin y, según se cuenta, fue el Bach de Londres, entonces de 30 años, quien se lo dio a conocer al pequeño músico salzburgués, de ocho años. Al fin y al cabo, había sido Johann Christian quien introdujera el nuevo instrumento en Londres.

J.C. Bach (1735 - 1782)
Johann Christian destacó en la ópera, género con el que consiguió sus mayores éxitos. Y si en el teclado no llegó a las alturas de su padre no se debe en absoluto a falta de talento, sino al modo en que tomó forma su vida como músico. Cuthbert Girdlestone, musicólogo británico moderno, lo expresa con acierto:
"Su público le pide la música que le divierte y que mata su aburrimiento... Su música es una sucesión de melodías gráciles y refinadas; sus allegros son agradables, desenfadados; sus andantes, tiernos y a veces lánguidos e idílicos, reflejan el sueño bucólico que encantaba a la sociedad de los años ochenta del s. XVIII; sus prestos no carecen de vigor, pero todo el conjunto está cubierto por una máscara de risueña impersonalidad que expresa el lado superficial de la sociedad para la que escribía..."
Sonata para dos pianos Opus 15 No 5
Como ya comenzaba a hacerse costumbre, la escritura para piano a cuatro manos o dos pianos obedecía a la demanda de música para la familia, destinada a ser interpretada en casa, en los hogares de una incipiente clase media cada vez más entusiasmada con el arte, en particular con la música. Publicada en 1778, la sonata para dos pianos en Sol mayor consta de solo dos movimientos:
00:00  Allegro
06:20  Tempo di minuetto

La versión (solo audio) es del celebrado dúo de pianistas búlgaros Aglika Genova y Liuben Dimitrov. La huella que JC Bach va a dejar en Mozart salta a la vista, mejor dicho, al oído. De modo que con toda justicia también puede decirse que en 1764 quien tuvo suerte fue Mozart.


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martes, 29 de noviembre de 2016

Debussy: "La niña de los cabellos de lino"



Claude Debussy escribió sus dos libros de Preludios para Piano entre fines de 1909 y los primeros meses de 1913. Ambas colecciones constan de doce preludios, y presentaron en su tiempo la novedad editorial de que las delicadas descripciones con que se conocen hoy fueron puestas por Debussy al final de las piezas y no al principio como era lo usual, con el objeto, quizá, de que estas breves y algo pintorescas descripciones funcionaran como una reflexión, un segundo pensamiento inspirado por la música y no al revés.

Así, La fille aux cheveaux de lin es la descripción que Debussy agregó al final del Preludio No 8, del Libro I, apenas dos páginas de delicada música magníficamente diseñada que, en cuanto a popularidad, están a la par de las reconocidas Claro de Luna de la suite Bergamasque, de 1890, o del poema sinfónico Preludio a la Siesta de un Fauno, de 1894.

Claude Debussy (1862 - 1918)
Debussy tomó el título del poema homónimo de su compatriota Leconte de Lisle, una de sus Chansons écossaises que perfila la imagen de una muchacha de pelo color de lino, que la estética de la época asoció a inocencia, o candidez. Muy a tono con esta representación, la pieza de Debussy sorprende por su sencillez melódica y armónica, harto distante de su propio estilo para la época y más bien cercana al carácter de sus primeras composiciones.

(Entre estas composiciones de juventud, existe una melodía con el mismo título, nunca publicada, dedicada a Madame Vasnier, una soprano de la que Debussy estuvo prendado platónicamente entre 1880 y 1884, y a quien dedicó una veintena de canciones, todas inspiradas en poemas de autores franceses.)

La primera interpretación pública de la pieza tuvo lugar, junto con el resto de los preludios del Libro I, en Londres, el 2 de junio de 1910.
La versión que aquí se presenta, excelente, es de la pianista alemana Katharina Treutler.


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viernes, 18 de noviembre de 2016

Chopin: Balada No 3


Aunque Chopin nunca confirmó la fuente de la que tomó inspiración para sus cuatro baladas, es costumbre afirmar que obedecen a la admiración que tenía por la obra de su amigo y poeta polaco Adam Mickiewicz, exiliado como él en el París de los años treinta. Un entusiasta sostenedor de esta conjetura fue Robert Schumann (dedicatario de la Balada No 2, sin gran arrebato por parte de Chopin, hay que decirlo).
Schumann encontró en Mickiewicz poemas inspiradores para cada una de las baladas. Para la No 3, sostuvo que se inspiraba en el poema Ondina, que cuenta la historia trágica de un duende de agua, una ondina, que se enamora de un mortal.


Lo cierto es que Chopin jamás tuvo interés alguno en música que contuviera personajes o que contara historias. Pero tampoco rechazó estas sugerencias abiertamente. Simplemente las ignoró, por impertinentes, quizá. (Respecto del personaje mágico, reaparecerá en una de las más celebradas composiciones de Ravel, en el próximo siglo, como protagonista del primer movimiento de su suite para piano solo Gaspard de la Nuit, de 1908).

Balada No 3 en La bemol mayor, opus 47
La tercera balada fue compuesta durante los años 1840-41. Chopin ya llevaba casi diez años en París. Los primeros tiempos no habían sido fáciles. Pero todo cambió luego de conocer a la muy acomodada familia Rothschild, de origen judío, a través de quienes Chopin accedió a los círculos nobles y aristocráticos de París. Las damas le pidieron lecciones. La baronesa de Rothschild se inscribió la primera. También la señorita Pauline de Noailles, hija de un príncipe. A ella está dedicada la Balada No 3.

Menos turbulenta que las dos baladas anteriores, la tercera balada se inicia con una larga introducción que semeja, según los estudiosos, una conversación, un diálogo entre dos amantes. Recién en el minuto 02:11 aparecerá el primer tema, encantador y elegante. La pieza, de siete minutos de duración, concluye con una versión abreviada del segundo tema (03:58), de trazos virtuosos pero no triunfales, pues el encaprichamiento de la ondina, siguiendo a Schumann, ha resultado más amargo que dichoso.

La versión, excelente, es del maestro polaco Krystian Zimerman.


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