jueves, 20 de abril de 2017

Haydn: Concierto para trompeta


Anton Weidinger, trompetista de la orquesta de la corte de Viena a fines del siglo XVIII, no se sentía cómodo con el instrumento de aquel tiempo, que no era capaz, por ejemplo, de producir los sonidos de una escala cromática, aquella que incluye los semitonos. Ante limitación tan severa, dedicó unos buenos años a encontrar una solución, logrando en 1792 la invención de una trompeta provista de llaves que le permitía producir semitonos. El invento traía consigo cierto menoscabo en la calidad de su timbre pero el instrumento podía cantar melodiosamente, tanto como un clarinete, o una flauta.
Amigo de Joseph Haydn, solicitó Weidinger al viejo maestro austriaco la composición de un concierto con el cual probar su nuevo instrumento.


Por aquellos años Haydn había dejado de prestar servicios en los palacios de la familia Esterházy (con quienes permaneció 30 años). Y sus últimos afanes los dedicaba a la producción de grandes trabajos corales (el oratorio La Creación, entre ellos) antes que a la elaboración de piezas para instrumento solista. Pero se sintió intrigado por la solicitud de Weidinger y para el otoño de 1796 había terminado de componer el Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol mayor, el único concierto que el maestro compuso para este instrumento, y a la vez, el primero escrito para una trompeta capaz de ejecutar cromatismos.

Escrupuloso instrumentista, el trompetista Weidinger dedicó cuatro años a practicar su invento con obras menores hasta que se sintió capaz de abordar la novedosa contribución al repertorio surgido del magín de Haydn. Así, el concierto para solista más célebre del maestro fue estrenado en el Burgtheater de Viena el 22 de marzo de 1800 con Weidinger a cargo de la trompeta, como era de prever. Se trató de un exitoso estreno, sin embargo, el manuscrito no se publicó nunca en vida del autor. Tampoco después. Desapareció durante décadas, hasta que fue redescubierto a fines del siglo XIX por un trompetista de la Orquesta Sinfónica de Chicago. (Su primera grabación data recién de 1938.)
Por su parte, la invención de Weidinger fue superada en época tan temprana como 1813, con la invención de la trompeta de tres pistones, germen de la actual en uso en las orquestas sinfónicas.

Movimientos
Espléndidamente orquestado, el concierto sirve en plenitud a las nuevas capacidades técnicas del instrumento, en sus tres movimientos: en el Allegro, con un nuevo stock de notas en el registro bajo; en el segundo movimiento, expone su potencial lírico y expresivo; el último, permite al solista exhibir toda su destreza con los nuevos efectos técnicos.
00:00  Allegro
06:41  Andante
09:48  Finale. Allegro

La versión, excelente, es del trompetista de jazz (y harto más, según se ve) Wynton Marsalis, muy joven, acompañado por la Boston Pops Orchestra conducida por el genial compositor de música para el cine, John Williams.


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jueves, 13 de abril de 2017

Mozart: Concierto para trompa, K. 447


La trompa, o corno francés, es uno de los instrumentos de viento que el niño Mozart escuchó más de una vez en casa, en Salzburgo, cuando Leopold se reunía con sus amigos para hacer música de cámara. Desde entonces le encantó su timbre, que junto a la flauta o el oboe, le resultaban más "pastorales" que el clavecín o incluso que los instrumentos de cuerda. Y desde aquella época, también, data su cercanía con Joseph Leutgeb, el "trompeta" (así se llamaba el tocador de trompa) más habilidoso de su tiempo, invitado fijo en las veladas que Leopold organizaba en su casa de la calle Getreidegasse.


A Leutgeb están dedicados los cuatro conciertos para trompa que Mozart compuso en Viena entre 1783 y 1791. El trompeta había abandonado su puesto en la orquesta de la corte de Salzburgo en 1771 para iniciar en Viena, a sus cuarenta años, un "emprendimiento" comercial, una tienda especializada en quesos y comestibles afines, según se cuenta, aunque sin renunciar del todo a la música. La aventura fue financiada parcialmente por Leopold mediante un préstamo que Leutgeb nunca pudo pagar, pese a los continuos recordatorios de la deuda que Mozart leía en las cartas que recibía de su padre. El trompeta había fracasado, irremisiblemente, pero Wolfgang estuvo allí para apoyarlo y regresarlo a la música.

La amistad y el cariño profesado eran grandes. Pero ello no quita que, en la vena que caracterizó al genio salzburgués desde niño, se burlara sanamente –si es posible así decirlo– del emprendedor fracasado. Sorprenden, por decir lo menos, las singulares invectivas en italiano que Mozart se permitió intercalar en las páginas autógrafas de los cuatro conciertos. Le llamó de mil maneras: seccatura di coglione, trillo di pecore, porco infame, son algunas de ellas. Leutgeb no lo tomó a mal. Comprendía que el hijo genial de su amigo Leopold se divertía con él, no a sus expensas.

Concierto para trompa No 3 en Mi bemol mayor, K. 447
Los cuatro conciertos para trompa (más un quinteto que compuso después para trompa y cuerdas - K. 407) son obras maestras para el instrumento, brillantes y sólidas, que enriquecieron la música para trompa, no muy abundante en la época. El concierto K. 447 en Mi bemol mayor es el tercero que Mozart compuso para Leutgeb. Sus partes solistas abundan en pasajes que son todo un desafío para el intérprete, más aún si se considera la precariedad del instrumento de la época.

Movimientos:
00:00  Allegro
08:10  Romanza. Larghetto
12:54  Allegro

La versión es del instrumentista checo Radek Baborák, acompañado por la Orquesta RTVE, conducida por el director francés de origen ruso, Jean Jacques Kantorow.


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viernes, 7 de abril de 2017

Stravinski: Petrushka - Tres Movimientos


Para un compositor ruso, temporalmente asentado en París en 1921 y enfrentado a los rigores de la posguerra, no era nada desdeñable la oferta de cinco mil francos por la composición de una obra para piano. Esa fue la suma que el virtuoso Arthur Rubinstein prometió a Igor Stravinski por una pieza de carácter ruso donde pudiera desplegar su grandiosa técnica.

Stravinski recordó los trozos que había hilvanado en 1911 para una pieza orquestal con participación destacada del piano, que había reorientado hacia un ballet a instancias del empresario ruso Sergei Diaghilev. Esos bosquejos y extractos del ballet terminaron por conformar la pieza para piano solo Tres Movimientos de Petrushka, diez años después del debut del exitoso ballet que tiene como protagonista a Petrushka, la marioneta que cobra vida, en la tradición rusa.

Rubinstein, el dedicatario de la obra, quedó altamente complacido con ella, interpretándola en numerosas ocasiones porque, desde luego, también tenía el propósito de dar a conocer la obra pianística del compositor ruso, a quien, hasta hoy, no logramos relacionar fácilmente con la escritura para piano no obstante haber sido Stravinski un pianista de enorme talento que, durante gran parte de su vida adulta consagró la mitad de cada año a dar conciertos y la otra mitad a la composición.

Y ya previo a la empresa que culmina con los Tres Movimientos, el futuro autor de La Consagración de la Primavera y de El Pájaro de Fuego, había sorprendido a los círculos musicales a sus veinte años con una sonata para piano, en 1903. Luego vendrán, en 1908, los Cuatro Estudios del opus 7 que ya muestran madurez y un lenguaje pianístico lleno de promesas. Pero la gran y nueva aportación al piano llegará en 1921 con esta "reducción" genial del ballet Petrushka, plagada de dificultades, y que pese a los cerca de cien años transcurridos desde su invención, se sitúa todavía hoy entre las obras más "espectaculares" del repertorio pianístico.

Tres movimientos de Petrushka
La obra es reconocida por sus enormes dificultades técnicas y musicales que, casi sin respiro, capturan sus tres movimientos con gran despliegue de polirritmia, extensos y rápidos saltos, velocísimas escalas, amén de glissandos y trémolos por doquier. Sus partes son:
00:00   No 1  Danza rusa
02:29   No 2  Con Petrushka
06:48   No 3  Semana de carnaval

La versión, deslumbrante, es de la extraordinaria pianista de origen chino, Yuja Wang.


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viernes, 31 de marzo de 2017

Beethoven: Sinfonía No 1 en Do mayor


Beethoven compuso su primera sinfonía a los 30 años, edad en la que Mozart había compuesto la mayoría (alrededor de 33) de sus 41 sinfonías; el propio Schubert, también, falleció a los 31 años dejando una colección de nueve sinfonías muy respetable. Lo que instala las distancias es que aquello que el maestro de Bonn se aprestaba a realizar en el género era monumental. En la Primera Sinfonía (también en la segunda) su escritura estará todavía marcada por la estética clásica de fin de siglo, pero con ella viene ya un nuevo aire que eclosionará cuatro años más tarde con la Tercera Sinfonía, llamada Eroica. De ahí en adelante, no habrá parangón.


Pero tampoco hay que dramatizar. Se ha insistido a menudo en el particular inicio de la Sinfonía en Do mayor –otorgándole el carácter de osadía revolucionaria, o premonición–, porque abre con una tonalidad distinta a la tónica. Efectivamente, el adagio introductorio comienza en Fa en vez de Do mayor (algo más precisamente, la obra abre con una séptima de Do que inmediatamente resuelve en Fa). Pero siendo esa una característica de las últimas obras de Haydn, creemos que la finalidad de su aplicación por parte de Beethoven responde más bien a una suerte de homenaje al maestro, a su maestro, a quien veneraba, antes que a cualquier otro motivo de corte revolucionario.

La obra fue compuesta en Viena, entre 1799-1800, y estrenada en el Burgtheater el 2 de abril de 1800. Ya ha escrito Beethoven sus primeros dos conciertos para piano y un par de cantatas, pero el maestro es conocido más como pianista virtuoso que como compositor. Ésta, su primera sinfonía, es la obra que señalará la senda por la que transitará hacia la composición de las grandes obras puramente orquestales.
Y lo hace en medio del dolor. Aquel que nace al enterarse de que su creciente sordera posiblemente no tenga cura. Así lo cuenta en carta a su amigo Karl Amenda, de junio de 1800, dos meses después del estreno:
"[...] Debes saber que la más noble parte de mi ser, mi oído, ha declinado grandemente; cuando estuviste conmigo, tuve ya algunos atisbos de este mal, pero preferí no decir nada; y ahora, este pesar ha crecido convirtiéndose en algo peor e irremisible. Si resulta curable o no, es algo que está por verse; me dicen que lo que me ocurre se debe a la condición de mis intestinos. A este respecto, estoy casi totalmente curado. Si a causa de ello mi sentido del oído ha de mejorar, no lo sé, pero me cuesta creerlo, estas afecciones son las más incurables. [...] Te pido que consideres el asunto de mi oído como un gran secreto y que no se lo confíes a persona alguna. [...] Escríbeme más seguido. [...] Tus cartas me hacen bien."
Dedicada al barón Gottfried von Swieten, amigo de Mozart y Haydn, y entusiasta protector de Beethoven en sus primeros años en Viena, la obra fue publicada en Leipzig a fines de 1801.

Movimientos:
00       Adagio molto. Allegro con brio
10:33  Andante cantabile con moto
17:07  Menuetto – Allegro molto e vivace
20:33  Finale – Adagio, allegro molto e vivace

La versión es de la West-Eastern Divan Orchestra bajo la conducción de Daniel Barenboim, desde el Royal Albert Hall de Londres (BBC - Proms 2012)


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lunes, 27 de marzo de 2017

Anton Rubinstein: Piano Concierto No 4


El pianista que sucedió a Liszt en la línea de lo grandioso se llamó Anton Grigorievich Rubinstein, un oso ruso de enormes manos que con su cabellera frondosa y frente amplia al estilo Beethoven encandiló a su público, especialmente a las damas, en la segunda mitad del siglo XIX. A los diecieséis años había tocado para Liszt pero el  maestro húngaro no lo tomó como alumno. Tal vez chocaron sus personalidades. Según se cuenta, Liszt lo despidió, pese a todo, con un buen consejo: "Un hombre de talento debe llegar a la meta que ambiciona gracias a su propio esfuerzo, sin ninguna ayuda". No se sabe de otro alumno brillante que el maestro haya rechazado.

Anton Rubinstein (1829 - 1894)
Nacido en 1829 en una villa al noroeste de Odessa, debutó a los nueve años. Muy pronto su profesor lo llevó a París donde deslumbró como niño prodigio (no era el único, los niños prodigios estuvieron de moda en los años cuarenta en toda Europa, según él mismo contará más tarde en su autobiografía). Más tarde fue Berlín, y luego, Viena. En 1872-73 realizó una gira por Estados Unidos, exitosa profesional y financieramente. Hacía diez años había participado en la fundación del Conservatorio de San Petersburgo, del que fue su primer director (su hermano menor, Nikolai, otro virtuoso del piano, fundará el de Moscú en 1866).

Legado
Al final de su vida, su repertorio, enorme, se vio debilitado pero aún así continuó con sus célebres "recitales históricos", en los que durante siete recitales cubría toda la historia de la música occidental. Como todo pianista profesional del siglo XIX, fue también un compositor prolífico. Su legado es extenso, aunque gran parte de éste se ha olvidado. Se cuentan veinte óperas, seis sinfonías. música de cámara e innumerables piezas para piano solo. De sus cinco conciertos para piano y orquesta, perdura uno solo, el Concierto en re menor, saludado todavía hoy, y parte integrante del repertorio habitual, al menos en Rusia.

Concierto para piano y orquesta No 4 en Re menor, opus 70
Quizá una pieza maestra del repertorio del siglo XIX, fue compuesta en 1864 y publicada dos años más tarde, junto con un arreglo para dos pianos. Y no es difícil entender el éxito del que gozó en su tiempo (lo que cuesta comprender es que lo haya perdido). Su escritura es colorida y a ratos deslumbrante. De gran atractivo melódico y armónico, muestra también una orquestación harto imaginativa. 

Movimientos
Los tres típicos de la época (aunque ya no lo eran tanto –amén de que el primer movimiento es "algo moderado", y no abiertamente rápido):
00:00  Moderato assai
11:31  Andante
22:18  Allegro

La versión es del pianista alemán Joseph Moog, acompañado de la agrupación alemana Staatsphilharmonie Rheinland-Pfalz Orchester, dirigida por el director australiano Nicholas Milton.



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viernes, 24 de marzo de 2017

Mozart: Concierto para piano No 17


Instalado Mozart en Viena en 1781 y casado al año siguiente, hubo de sostener la economía familiar con su talento de intérprete y compositor. Por esos años compuso, uno tras otro, conciertos para piano cuyo estreno se programaba para un par de semanas más tarde. Apenas finalizada la composición había que contratar una orquesta, alquilar un teatro (o algún local que se asemejase) y vender el concierto por suscripción. Organizado todo esto a la perfección, el día del estreno Wolfgang se sentaba al piano y dirigía. Esa era la regla general, pero hubo excepciones.


Conciertos a pedido
El Concierto No 17 en Sol mayor fue solicitado por una alumna; sus padres contrataron la orquesta y el estreno se realizó en casa, en un elegante suburbio de Viena, con la pupila al piano y Mozart en la dirección, convenientemente remunerado. No era la primera vez. Dos meses antes, el Concierto No 14 había inaugurado esta nueva forma de "comercialización", para los mismos interesados.
En la oportunidad del estreno del Concierto en Sol mayor, estuvo presente Giovanni Paisiello, invitado por Mozart para que escuchara a su alumna y apreciara su progreso. La velada terminó con maestro y pupila tocando juntos a cuatro manos.

Concierto para piano y orquesta No 17 en Sol mayor, K. 453
Gracias al catálogo de sus obras que Mozart comenzó a llevar en febrero de 1784, sabemos con certeza que la obra fue terminada el 12 de abril de ese año. Por esos días (exactamente el 27 de mayo) Wolfgang se compró una mascota, con alas, un pajarito, un estornino.
Señalado el estornino como un ave cantora con gran habilidad para la imitación, se dice que Mozart se decidió a su compra luego de comprobar que el pajarito era capaz de entonar el tema del tercer movimiento. El estornino lo hacía de maravillas, salvo que un sol natural lo cantaba siempre como sostenido.

Movimientos
Los tradicionales tres movimientos, en la secuencia habitual, rápido-lento-rápido:
00:00  Allegro  El movimiento inicial característico de Mozart: la orquesta presenta el material temático que luego será tomado por el piano, aportando nuevas ideas y variantes.
13:33  Andante  Diez minutos de elegancia mozartiana.
24:50  Allegretto - Finale: Presto  Tema con variaciones sobre el canto del estornino.

La versión es del brillante pianista húngaro Dezső Ránki, acompañado de la English Chamber Orchestra, dirigida por Jeffrey Tate.


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jueves, 23 de marzo de 2017

Schubert: Fantasía para piano "Wanderer"


Durante su corto ciclo de vida de apenas 31 años, Schubert escribió un total de 23 composiciones para piano que obedecen a la forma musical sonata, aunque solo doce de ellas fueron propiamente acabadas debido a la tendencia del pequeño Franz a la procastinación, es decir, a su propensión a dejar las cosas para más tarde, por una razón u otra. También escribió ocho "fantasías", de las cuales aquella popularmente llamada "Wanderer" (viajero, caminante) es, en nuestra opinión, una sonata más en toda regla, salvo por el nombre. Poco inclinado el maestro a la pirotecnia instrumental, es sin embargo, una de sus piezas para piano de mayor demanda técnica.


Compuesta en 1822, luego de su publicación la obra no gozó de gran reconocimiento, como fue lo habitual para el autor durante largo tiempo. Se sabe que los editores publicaban sus obras con alguna reticencia, bajo la modalidad "a comisión", harto exigua, por cierto. Por ello no sorprende el señalamiento de algunos estudiosos acerca de que Schubert haya dedicado la Fantasia a un pudiente alumno de Hummel con la velada intención de ser recompensado económicamente. Pese a todo, por la época el autor contaba con solo veintincinco años y disfrutaba de la vida en compañía de sus amigos músicos, poetas y pintores. Son los buenos años de las célebres "schubertiadas".

Fantasia para piano en Do mayor, opus 15, llamada "Wanderer" - Secciones:
Sus cuatro movimientos, o secciones, se tocan sin interrupción, iniciándose cada una de ellas con una variante del motivo primigenio, la frase inicial del lied "Der Wanderer", compuesto por Schubert siete años atrás, y de donde surge el apodo popular. Esta característica permite también concebir la obra como una sonata escrita bajo la forma de tema y variaciones.
00       Allegro con fuoco
06:32  Adagio
13:39  Presto
18:50  Allegro

La versión es del pianista rumano Herbert Schuch.


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martes, 21 de marzo de 2017

Schoenberg: Tres piezas para piano Op 11


En el curso de poco más de veinte años, Arnold Schoenberg, creador del dodecafonismo, compuso cinco conjuntos de piezas para piano solo, que reflejan su evolución desde un primer rompimiento con los cánones armónicos y melódicos que dominaban desde hacía 300 años, pasando por un retorno a una suerte de neoclasicismo, para finalmente abordar abiertamente la más rigurosa atonalidad en sus últimas obras para piano. Tres Piezas del opus 11 es el primer trabajo de ésta, su producción pianística, compuestas en 1909 y estrenadas en Viena al año siguiente.


El periodo previo a su creación fue embarazoso y desgraciado para el compositor. Como se sabe, Arnold Schoenberg también fue pintor (y destacado, por cierto), vocación que transcurrió casi paralela a la de músico. Por esos años conoció al pintor austriaco Richard Gerstl, a quien acogió en su casa para recibir de él lecciones de pintura. No fue buena idea. Gerstl y Mathilde, la mujer de Arnold, se enamoraron. Mathilde huyó con su pintor, pero regresó al poco tiempo. Arnold recobró el aliento, pero Gerstl no soportó el dolor y se mató.

Arnold Schoenberg (1874 - 1951),
retratado por Richard Gerstl (1883 - 1908)
Mathilde regresó en octubre de 1908. En febrero del año siguiente Schoenberg inició la composición de las Tres Piezas. Y por primera vez en la historia de la música, cada sonido o intervalo mostró aquí un valor singular e independiente, libre de las jerarquías del discurso tonal. No obstante el novedoso giro, para el propio Schoenberg no constituía más que el camino idóneo, obligado, en la evolución natural del lenguaje musical. Y así lo señaló expresamente, en noviembre de 1909:
"Estoy esforzándome por llegar a una meta que parece ser clara y siento ya la oposición que tendré que superar... No es falta de inventiva ni de capacidad técnica, ni de desconocimiento de las exigencias de la estética contemporánea lo que me ha llevado a esto... [simplemente] estoy siguiendo una compulsión interna que es más fuerte que la educación, más fuerte que mi formación artística..."
Tres piezas para piano Opus 11 
00       Pieza No 1  Mässige (moderato)
03:20  Pieza No 2  Mässige (moderato)
09:47  Pieza No 3  Bewegte (movido)

La versión, brillante, es de la pianista china Di Wu.



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domingo, 19 de marzo de 2017

Ignaz Moscheles: Piano concierto No 3


Ignaz Moscheles fue uno de aquellos pianistas virtuosos de la primera mitad del siglo XIX que compartieron audiencia y celebridad con los grandes maestros de la época, gozando en su momento de la misma consideración y fama que Chopin, o Liszt, o Mendelssohn. En ese sentido, visto desde la perspectiva de hoy, Moscheles compartió el destino de un Thalberg o Kalkbrenner, brillantes virtuosos cuya obra compositiva no tuvo el ímpetu o careció del genio de los creadores insignes.

Ignaz Moscheles (1794 - 1870), alrededor de 1815,
en la cúspide de su fama

Uno de los últimos grandes músicos de la escuela clásica, Moscheles es anterior a los grandes creadores ya nombrados (fue maestro de Mendelssohn cuando éste tenía catorce años). Nacido en Praga en 1794, pronto se instaló en Viena donde fue rival de Hummel por allá por 1816, y donde también conoció a Beethoven. Luego estuvo un tiempo en París, de pasada, porque en 1826 ya estaba establecido en Londres, haciendo de esta ciudad su sede desde donde arrancaba a sus frecuentes giras por Europa continental.

Fue un músico respetado por sus colegas y amado por su público. Compositor prolífico, cautivó a su audiencia con piezas diversas para piano donde no escasean las "fantasias" sobre temas de ópera, amén de un buen número de estudios, variaciones, sonatas y conciertos. Pero gran parte de esta obra fue cayendo en el olvido a medida que el siglo avanzaba. Una de las piezas que logró mantenerse por más tiempo en el repertorio (hasta 1900 todavía se interpretaba en público) fue su Concierto para piano No 3 en Sol menor, obra que Schumann tenía en gran estima.

No le faltaba razón a Schumann: no obstante su deuda con los modelos clásicos (Beethoven) el tercer concierto para piano de Moscheles (compuso ocho) presenta un colorido que anuncia a los grandes románticos, incluido su pupilo Mendelssohn. Compuesto alrededor de 1820, se habría escuchado en Varsovia por primera vez en 1826, brotado de las manos de un pianista de dieciséis años, Frédéric Chopin.

Movimientos
00       Allegro moderato
12:06  Adagio - atacca (es decir, el Allegro agitato ataca sin pausa)
16:44  Allegro agitato

La versión es del pianista alemán Michael Ponti, acompañado por la Orquesta Philharmonica Hungarica, conducida por el director alemán Othmar Maga.


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lunes, 27 de febrero de 2017

Chopin: Sonata No 3 en Si menor


El 21 de febrero de 1842 Chopin dio uno de sus últimos recitales, en París. En unión con otros músicos, como todavía era la costumbre: acompañó a un par de amigos, cantante una y el otro cellista, para finalizar con una selección de sus propias piezas. Le quedaban todavía siete años de vida pero su salud mostraba ya claros signos de irremisible deterioro. Dos años más tarde, con gran esfuerzo acompañó a su joven amigo, Georges Valentin Alkan, en la presentación de una versión para dos pianos y ocho manos de la Séptima Sinfonía de Beethoven.


Pero eran esfuerzos supremos. Y como es natural, también la producción de música había comenzado a disminuir. Solo anotemos que en 1848 escribió un puro vals (en Si mayor, sin número de opus). Tan solo una vez, con anterioridad, había tenido un año de creatividad tan escasa: 1844, cuando de su pluma surgió una pieza en solitario, su tercera y última sonata para piano. Ese año, para mayor desaliento, recibió la noticia de la muerte de su padre, en Varsovia. Para su consuelo, recibe la visita de su hermana Julia, invitada a pasar unos días en Nohant por cortesía de George Sand.

Sonata No 3 en Si menor, opus 58
Aunque como todos sabemos Chopin fue esencialmente un miniaturista, la escritura de sus vigorosas baladas o scherzos habrán desarrollado en él la habilidad necesaria para acometer cabalmente la producción de obras en un género considerado por lo general "mayor", como lo es la sonata para piano. Decimos esto porque hay quienes sostienen que unos de los acicates para la composición de su tercera sonata obedece a la necesidad de responder a alguna crítica que recibió la novedosa estructura de la sonata anterior, la célebre "Sonata Fúnebre".

De estructura similar a esta última (la marcha fúnebre ha sido reemplazada por un largo pleno de lirismo), son sus movimientos:
00        Allegro maestoso
09:40  Scherzo: Molto vivace
12:24  Largo
22:40  Finale: Presto non tanto; Agitato

La versión, estupenda, es de la pianista nacida en Singapur en 1994, Kate Liu, durante su participación en el Concurso Internacional Chopin 2015, en Varsovia.


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martes, 31 de enero de 2017

Schumann: Fantasía para piano / "Kreisleriana"


Solo cuatro días de abril de 1838 le tomó a Robert Schumann componer una de sus obras maestras para el piano. El autor tenía 28 años, estaba enamorado de Clara Wieck, y comenzaba a vivir el calvario por el que habrán de pasar, él y Clara, para lograr unirse en matrimonio, en 1840.
No obstante haber sido escrita pensando en Clara, y para ella, la obra está dedicada a Chopin, a quien Schumann admiraba sin remilgos. Pero, según se cuenta, a Chopin solo le gustó la primera página, la que contenía la dedicatoria. No obstante, devolverá la mano al año siguiente con la dedicatoria, algo desmayada, de la Balada No 2.


Por supuesto, habrá sorprendido a Chopin el título de la obra, "Kreisleriana" (así como todavía sorprende hoy). Y cómo no, si el mismísimo Robert Schumann señaló que solo sería comprensible para los alemanes. En efecto, está tomado de Johannes Kreisler, un excéntrico personaje de ficción que cruza la obra del poeta, músico y crítico musical alemán E.T.A. Hoffmann. Singular maestro de capilla, Kreisler es caracterizado como "un romántico que ha perdido el sentido de la realidad". En él se unen locura y ternura, descontrol y astucia, en un ámbito fantástico.

Son aspectos del personaje que Schumann trabajará musicalmente permutando lo fantástico y lo lírico, lo estrafalario y lo adorable, y convirtiendo esta alternancia de matices en las claves características de la obra.
Por demás subjetiva, y altamente virtuosa, Kreisleriana constituye uno de los puntos altos en la literatura pianística de Schumann. La componen ocho secciones, que alternan (como debía ser) movimientos lentos, bellos y serenos, con otros apremiantes y apasionados, alternancia que también exhibe cada sección en sí misma. Los tempi de cada uno de ellos los señaló Schumann originalmente en alemán. La obra completa dura aproximadamente media hora.

Secciones:
00       Ausserst bewegt (Agitatissimo)
02:48  Sehr innig und nicht zu rasch (Con molto expressione, non troppo presto)
10:10  Sehr aufgeregt (Molto agitato)
14:45  Sehr langsam (Lento assai)
18:34  Sehr lebhaft (Vivace assai)
22:15  Sehr langsam (Lento assai)
25:53  Sehr rasch (Molto presto)
28:06  Schnell und spielend (Vivace e scherzando)

Muy enigmáticamente, la pieza finaliza sin asomo de bravura en la parte baja del teclado.
La versión es de la extraordinaria pianista Yuja Wang, nacida en Pekín en 1987.


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lunes, 23 de enero de 2017

Foto inédita de Frédéric Chopin


Hace pocos días el Instituto Polaco de París informó al mundo entero del descubrimiento de una foto inédita de Chopin. La información la recogió el diario El País de España en su edición del 18 de enero de este año. Según ahí se señala, la fotografía fue descubierta en casa de un amigo de un gran conocedor de la figura del compositor polaco, el físico suizo, M. Alain Kohler. Junto a otro estudioso y músico, de Radio France Internationale, Kohler llevó a cabo una investigación que dio como resultado que se trataría de una reproducción fotográfica de un daguerrotipo, desconocido hasta ahora, del virtuoso polaco.


Comparado el hallazgo con los demás retratos del compositor —fotografías, pinturas, dibujos, esculturas—, no hay lugar para la duda: el físico, la expresión, las proporciones y hasta la ropa indican que se trata de Chopin. Sería el tercer retrato que se conoce del compositor. El primero, poco conocido, es de calidad mediocre (de ahí su impertinencia). El segundo es el universalmente reconocido, realizado en el estudio de Louis-Auguste Bisson, en París, alrededor de 1847, y que traemos a colación aquí, a fin de apoyar la idea.


El retrato recién descubierto es también del estudio de Bisson, y casualmente (quizá no tanto) también del año 1847. Es el año de la ruptura de Chopin con George Sand. Una ruptura sin dramatismos, cargada de prosaicos incidentes "de familia" que terminan por aplacar el entusiasmo de la mutua compañía (la "amistad exclusiva", en palabras de la Sand) que por nueve años alimentó a ambos. 

La producción del año 1847
Es una época en que Chopin compone poco, y cada vez menos. El año 1847 solo registra la obra póstuma 17 Cantos polacos, tres mazurkas, y los tres valses del Opus 64: el celebérrimo "vals del minuto", op 64-1; el elegante op 64-2; y el que cierra la serie, el No 3, dedicado a la condesa de Bronika, una de las "deliciosas marquesas", o "magníficas condesas", alumnas de Chopin sobre las que la Sand ironizaba, sin malicia, así llamándolas.
Con este sencillo vals, al que nada impide imaginar como trabajado el mismo día que Chopin se tomó la foto, saludamos desde esta página el portentoso hallazgo.

La versión es del pianista canadiense Charles Richard-Hamelin.



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lunes, 9 de enero de 2017

Tchaikovski: Sinfonía "Patética" - 4o Mov


Para 1893, año de composición y estreno de su sexta y última Sinfonía, hacía tres años que Tchaikovski había recibido la dolorosa carta de la señora von Meck anunciándole la ruptura de sus relaciones epistolares y, de paso, el fin de la generosa pensión con que lo asistió durante trece largos años sin pedir nada a cambio. Fue un severo golpe anímico, pero ya estaba recuperado. Una exitosa gira por EEUU en 1891 confirmó al maestro como una personalidad musical en la cumbre de la celebridad. Pero quizá, también, en la cúspide de su capacidad creadora. Había que componer una "gran sinfonía", y ahora.


Fiel a su severo sentido de la autocrítica el maestro desechó varios borradores (y más que eso) durante 1892. Al año siguiente, en carta del 22 de febrero a su sobrino Vladimir (recurrente destinatario) le cuenta de sus intentos frustrados pero, también, que tiene casi terminada una "sinfonía con programa" (que dedicará a Vladimir):
"Has de saber que he destruido una sinfonía casi completa... Yendo a París... me vino la idea de otra sinfonía con programa... El programa está saturado de experiencias personales, tanto que incluso mientras la estaba componiendo mentalmente durante el viaje he llorado mucho [...] No puedes imaginarte la felicidad que experimento al ver que para mí aún no se ha terminado la inspiración y que todavía soy capaz de hacer algo..."
La inspiración no se había terminado, efectivamente. La sinfonía "con programa" fue escrita entre febrero y agosto de 1893, y estrenada exitosamente con el maestro en la dirección el 28 de octubre de ese año, en San Petersburgo.

Sinfonía "patética"
Tchaikovski, el año de su muerte
 (1840 - 1893, nov. 6)
Luego del caluroso recibimiento, teniendo ante sus ojos la partitura impresa, Tchaikovski no se sintió conforme con su previamente acariciado título de "sinfonía con programa". Lo conversó con su hermano Modesto, quien sugirió como subtítulo la palabra rusa "pateticheski" que poco tiene que ver con nuestro sentido prosaico de lo "patético" (lúgubre, penoso) sino que en ruso apunta más bien a lo que conmueve, lo que enternece. Piotr Ilich agradeció la sugerencia de Modesto y encargó a su editor que lo cambiara. Pero a los pocos días cambió de idea, pidiendo que se titulara simplemente Sinfonía No 6. A la semana siguiente, Tchaikovski había muerto. El editor, algo confuso quizá, subtituló la obra de manera que todos entendieran: "Symphonie Pathétique", en francés. Así se la conoce hasta hoy.

Movimientos
La sinfonía No 6 en Si menor está integrada por cuatro movimientos, dispuestos en singular secuencia. Comienza con un adagio; y donde tradicionalmente va el movimiento lento el maestro se decidió por un singular "vals" en compás de 5/4; en lugar del scherzo (tercer movimiento) Tchaikovski escribió una airosa marcha; y como cuarto movimiento y final, dispuso un adagio de carácter algo fúnebre, decisión que se ha prestado para especular que con ello el maestro habría escrito su propio Réquiem.

La audición de la obra completa se extiende por cerca de cincuenta minutos. Se presenta aquí el cuarto movimiento (adagio lamentoso - andante) en versión de la Orquesta del Teatro alla Scala de Milán, dirigida por el maestro ruso Yuri Temirkanov.
Tchaikovski tenía en gran estima la obra. No estaba solo. Un biógrafo ha anotado, acerca de este último movimiento: "Si Tchaikovski no hubiese escrito más que estos veinticinco últimos compases, ello bastaría para ser considerado uno de los mayores compositores de nuestro tiempo".


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