viernes, 30 de diciembre de 2016

Albéniz: "El Albaicín", de la suite Iberia


"Pocas obras de música valen lo que El Albaicín, donde se encuentra la atmósfera de esas noches de España que huelen a clavel y a aguardiente. Es como los sonidos ensordecidos de una guitarra que se queja en la noche, con bruscos despertares y nerviosos sobresaltos".
Las entusiastas y poéticas palabras son de Claude Debussy, en la época en que junto a Fauré y Granados, promovía ante el gobierno francés la concesión de la Gran Cruz de la Legión de Honor al pianista y compositor español Isaac Albéniz. El maestro no alcanzó a recibirla.


Debussy hacía mención a la pieza considerada la obra maestra al interior de esa otra obra maestra que es la suite Iberia, compuesta entre 1905 y 1908, al final de la vida del compositor.
"El Albaicín" encabeza el tercer cuaderno de los cuatro que conforman la colección de doce piezas, y su título parece remitir al barrio gitano granadino del mismo nombre. Arrancando de una simple "bulería" (un ritmo flamenco), la pieza logra erigirse sobre tres claras secciones de alto y definido contraste entre sí.

Isaac Albéniz (1860 - 1909)
La versión es de Alicia de Larrocha en una presentación en televisión del año 1969. La calidad del sonido logrado no es de los mejores, tampoco la imagen. Pero la musicalidad entregada por la intérprete española sobrepasa, por lejos, otras versiones más "modernas" en cuanto a técnicas de grabación.
En mi humilde opinión, la maestra, pianista y compositora Alicia de Larrocha, no obstante sus manos pequeñas, fue capaz de hacer de El Albaicín una versión inigualable, respondiendo a cabalidad con el calificativo de "gran dama del piano", como se la conoce en España.



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viernes, 23 de diciembre de 2016

Schubert: Marcha Militar No 1


Junto a la "Serenata" y el "Ave Maria", la Marcha Militar No 1 probablemente sea una de las melodías más famosas de Franz Schubert. Conocida popularmente con el sencillo título de "marcha militar de Schubert", es la primera de la serie de Tres Marchas Militares publicadas en 1826, como opus 51, por Anton Diabelli en Viena.
Se suponen escritas en el castillo de Szeliz, a unos 150 km de Viena, donde Schubert pasó los veranos de 1818 y 1819, contratado como preceptor musical de las hijas del conde Johann Esterházy, primo del protector de Haydn.


Las niñas eran dos: Carolina de 13 años, y Maria, de 15. El joven profesor contaba veintiuno. Con María, las clases eran más interesantes pues mostraba un nivel más avanzado que su hermana, pero al segundo verano el pequeño Schubert comenzó a interesarse sentimentalmente en Carolina que, claro está, ahora tenía catorce. Sin embargo, su proverbial timidez no le permitió ir más allá. Con todo, rebosantes de optimismo están las cartas de la época enviadas a sus amigos en Viena: "Me encuentro perfectamente vivo y compongo como un dios [...]", escribe en una de ellas.

Schubert, joven (1797 - 1828)
Profesor de dos hermanas, las composiciones escritas como un Dios que podían resultarle de mayor provecho inmediato, eran, naturalmente, las piezas a cuatro manos. Así que las marchas militares se habrán escuchado más de una vez en palacio, Schubert acompañando a una de las niñas o, quizá, arrellanado en un sillón, escuchando a sus alumnas con oído atento, presto a corregir, aunque con la mirada fija en Carolina, especulo.

De la Marcha Militar No 1 (catalogada hoy como D.733, junto a las restantes dos marchas) se han hecho innumerables arreglos y versiones, y ha sido utilizada en múltiples formatos de TV, y en cine. Entre las reescrituras más serias, sobresalen por su importancia, la Gran paraphrase de concert de Liszt, y la "cita" de Stravinski en Circus Polka (ballet coreografiado para bailarinas y elefantes).

Marcada allegro vivace y escrita en la tonalidad de Re mayor, la pieza presenta la tradicional estructura ternaria A-B-A, la sección final una franca repetición de la de inicio.
Se presenta aquí la version original para piano a cuatro manos, a cargo del dúo de pianistas Salim & Sivan.


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martes, 20 de diciembre de 2016

F. Kalkbrenner: Nocturno opus 121 No 1


Descontados los musicólogos, si algún melómano de hoy recuerda a Friedrich Kalkbrenner, es por su desmedida pretensión de convertirse en maestro de su tocayo, Frédéric Chopin, cuando éste apareció por París en 1831 y lo visitó para solicitar su tutoría. El maestro Kalkbrenner le ofreció tres años de lecciones. Chopin se entusiasmó, escribió a sus padres que "el mejor pianista de Europa" iba a tomarlo bajo su tuición y a hacer de él un gran virtuoso. Frédéric, un muchacho de provincia de 21 años, creyó en su magia. No era necesario. Y el arrebato duró poco. Al cabo de un año abandonó las lecciones.


Desde luego, Kalkbrenner sabía tocar el piano, y muy bien. Había dado su primer concierto público a los cinco años, en Alemania, su país de origen. Y en el Conservatorio de París, adonde pronto llegó a estudiar, se graduó a los trece años. Vivió diez años en Londres, cautivando a la nobleza de Inglaterra con sus octavas prestissimo y la pasión que imprimía a ciertos pasajes. Similar conmoción provocó en París, donde se estableció en 1824 como pianista virtuoso y solicitado profesor. Ahí lo encontró Chopin.

Friedrich Kalkbrenner (1785-1849)
Kalkbrenner escribió de todo: óperas, sonatas y conciertos para piano. Pero nada de eso ha sobrevivido. Es altamente improbable que en las salas de concierto se haya escuchado una sola pieza del autor durante todo el siglo veinte. Sin embargo, alrededor de los ochenta prendió algún entusiasmo en las casas disqueras (la moda del "rescate") y parte de su música se ha venido grabando desde entonces. En principio, piezas breves, sus nocturnos por ejemplo.

Harto distantes de los nocturnos de Chopin (quizá también de los de Field), las obras, no obstante, habrán conmovido a las audiencias de su tiempo. Lo superarán, en el piano, largamente, Chopin y Liszt. Pero poco le habrá importado a Kalkbrenner. Financieramente cómodo a raíz de su exitosa carrera como pianista y profesor, en sus últimos años se hará socio de la casa de pianos Pleyel. El maestro Kalkbrenner morirá rico.

En versión del pianista holandés Bart von Oort, se presenta aquí el Nocturno en La bemol mayor, opus 121 No 1, subtitulado Les Soupirs de la Harpe Eolienne, grabado en un piano Erard de 1837.


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lunes, 19 de diciembre de 2016

Beethoven: Rondó en Sol mayor, op 129


El manuscrito del ágil y encantador rondó de Beethoven que lleva por título original Rondo alla ingharese quasi un capriccio estuvo "perdido" por cerca de ciento veinte años. Hoy día es un favorito de los pianistas, para valerse de él como gracioso bis, pero en vida de Beethoven es improbable que se haya escuchado en algún escenario. El manuscrito, aparentemente incompleto, fue encontrado entre las pertenencias de Beethoven luego de su muerte en 1827.


Al año siguiente, lo publicó su amigo, colega y editor Anton Diabelli, quien habría ocultado el hecho de que la composición parecía no estar terminada. Tras la publicación de 1828, el manuscrito desapareció y solo fue reencontrado en EEUU en 1945, esta vez entre las pertenencias de una señora de apellido Noble, que lo había mantenido en su poder por al menos 20 años. Y efectivamente, el original muestra algunas discrepancias con las ediciones posteriores a la edición Diabelli, todas basadas en ella.

En todo caso, con el hallazgo en mano, se pudo conocer la época de composición de la pieza, pues el manuscrito, en sus últimas páginas, contiene bocetos de obras de conocida data, los años 1795-98. Así pudo concluirse que el rondó pertenecía a la misma época. Es obra de un Beethoven veinteañero, acercándose a los treinta, con residencia en Viena desde hace al menos tres años.

La pieza es conocida también por el curioso título de "La rabia por un centavo perdido, desahogada en un capricho" (traducido con toda libertad del inglés Rage over a lost penny, vented in a caprice, traducido, imagino que correctamente, del alemán, que no transcribo). Estas palabras aparecen escritas en el manuscrito pero no por la mano de Beethoven. Se especula que pudieran ser obra de su amigo y primer biógrafo Anton Schindler quien se caracterizó por tomarse a menudo libertades con su célebre amigo, que desembocaron más de una vez en rabiosos desencuentros, aunque transitorios.

Fantaseando con la idea de que el maestro hubiese tomado efectivamente inspiración de una ira pasajera, Robert Schumann (que para la muerte de Beethoven tenía 17 años) escribirá más tarde: "...sería difícil encontrar algo más alegre que este Capricho... Se trata de la ira más amable, inofensiva, similar a lo que se siente cuando uno no puede sacar el pie de la bota".

Marcado allegro vivace, el rondó combina el esquema tradicional de la forma con la inventiva singular de Beethoven para las variaciones.
La versión es del excelente pianista nacido en China, Sheng Cai. La pieza dura menos de seis minutos. El resto son aplausos.


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viernes, 16 de diciembre de 2016

Shostakovich: Sinfonía No 7 "Leningrado" Mov. 1 Allegretto


La Sinfonía No 7 de Dmitri Shostakovich, llamada "Leningrado", es una obra llevada a término en tiempos de guerra, y estrenada de la manera más heroica imaginable.
El 22 de junio de 1941, las tropas alemanas invadieron Rusia en el marco de un plan concebido el año anterior, la "Operación Barbarroja". Para fines de julio, la capital Leningrado (es decir, San Petersburgo, antes y ahora) estaba rodeada completamente. El sitio a la ciudad duró exactamente 872 días, desde el 8 de septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944. Fue el asedio a una ciudad más largo de la historia, y el más costoso en términos de vidas civiles y militares.


Si bien es posible que Shostakovich haya a comenzado a componer la sinfonía antes de la invasión, lo concreto es que cuando comenzó el sitio se desempeñaba allí, en Leningrado, como profesor del conservatorio (fue bombero del mismo durante el sitio) y allí terminó los tres primeros movimientos. Meses más tarde, él y su familia lograron ser evacuados, completando la sinfonía en Kuibyshev, la capital provisional, el 27 de diciembre de 1941. Su estreno tuvo lugar allí el 5 de marzo de 1942. Sorprendentemente, cinco meses después, se estrenó en la ciudad sitiada.

Shostakovich, bombero en Leningrado
A un año del asedio, la única orquesta que quedaba en la ciudad, la Orquesta de la Radio de Leningrado estaba inactiva, debido a que buen número de sus miembros habían sido heridos o estaban muertos. De modo que cuando su director llamó a sus integrantes para el excepcional ensayo de una nueva Sinfonía de Shostakovich solo se presentaron quince. La mayoría, famélicos: los instrumentistas de vientos se desmayaban luego de emitir las primeras notas. Hubo que traer músicos desde el frente. Los primeros ensayos no alcanzaban a durar una hora, debido a la extenuación generalizada. Mientras, los bombardeos de la Luftwaffe no cejaban.

En estas increíbles condiciones, con un solo ensayo de la obra completa logrado recién esa mañana, la Sinfonía fue interpretada en el Gran Salón de la Filarmónica el 9 de agosto de 1942. A través de parlantes instalados por la ciudad en dirección a las filas enemigas, también pudo ser escuchada por los soldados alemanes (y finlandeses, que también pusieron su cuota en el asedio).
[Un completísimo artículo sobre las condiciones, los preparativos y la logística empleados en esta performance increíble, se puede ver aquí, en inglés].

La Sinfonía, en la tonalidad de Do mayor, tiene una duración cercana a los 80 minutos, y la conforman cuatro movimientos: Allegretto / Moderato (poco allegretto) / Adagio / Allegro non troppo.
Se presenta aquí el Primer Movimiento, con Gennady Rozhdestvensky dirigiendo la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Cultura de la URSS, que suponemos habrá desaparecido, o al menos, cambiado de nombre.

Primer movimiento - Allegretto
Abre con un tema radiante y resuelto que desempeñará un papel prominente en toda la sinfonía. Le siguen varios temas más bien relajados, que no son objeto de desarrollo. En su lugar, Shostakovich nos ofrece un crescendo orquestal de larga duración sobre un tema que se apoya en un patrón rítmico insistente. Se supone que es el "tema de la invasión", aunque el autor se guardó para más tarde el señalamiento de que también "estaba pensando en otros enemigos de la humanidad cuando compuse el tema". Comienza inocentemente (5:50), como escuchado a la distancia, volviéndose cada vez más ominoso y aterrador a medida que gana en volumen. Es considerado uno de los pasajes más notables de la producción sinfónica de Shostakovich. En su clímax, tremendamente distorsionado, el compositor trae de vuelta el tema de la apertura, en un gesto de desafío y heroísmo ante el monstruoso acto de guerra. [Este párrafo, traducido y editado libremente desde las páginas de LA Phil].


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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mozart: Divertimento en mi bemol


Entre 1769 y 1773, Mozart visitó Italia en tres oportunidades, acompañado de su padre Leopold las tres ocasiones. El primer viaje fue el más extenso, y también el más provechoso si solo consideramos la cantidad de encargos recibidos por el joven compositor de catorce años en las muchas ciudades que visitaron. Habían partido de Salzburgo el 13 de diciembre de 1769. Luego de 15 meses compartiendo con la nobleza italiana y los más altos dignatarios eclesiásticos, para quienes Wolfgang tocó el clave y dirigió orquestas, padre e hijo regresaron a Salzburgo en marzo de 1771, embriagados de música y arte italianos.


La exitosa gira pronto llegó a oídos del Palacio Imperial de Viena. Y se decidió invitar a Wolfgang a escribir una ópera que debía representarse en Milán en octubre de 1771 para celebrar los esponsales del archiduque Fernando (hijo de Maria Teresa de Austria y hermano de Maria Antonieta, quien más tarde conocerá la guillotina) y la princesa Beatriz de Módena. Así que a los pocos meses de volver a casa, los Mozart debieron partir otra vez, ahora a Milán, donde permanecieron tres meses. La ópera (Ascanio in Alba) obtuvo un éxito apabullante, pues, gozosos de participar en una obra del joven genio austriaco, Wolfgang pudo contar con los mejores cantantes y los más destacados instrumentistas.

En contacto con estos últimos, Mozart cayó en cuenta de la preponderancia que ocupaba en las orquestas italianas un instrumento que, por lo visto, los músicos austriacos no acababan de reconocer como era debido: el clarinete. Y puso manos a la obra.
Durante su breve estadía en Milán, Mozart compuso dos divertimenti al estilo del popular divertimento italiano. En ambos (en mi bemol y si bemol), un par de clarinetes tienen participación destacada, dialogando, casi cómicamente, con los cornos ingleses, las trompas o el fagot.

Divertimento en mi bemol mayor, K. 113
Dos versiones existen de la obra. Una, fechada en Milán, noviembre de 1771, para dos clarinetes, dos cornos y cuerdas. La otra, para solo conjunto de vientos, excluido el clarinete, que no lleva fecha ni lugar de composición. Se presume que la primera obedece al gusto italiano, escrita para los milaneses. La segunda, para sus coterráneos, pues Mozart no habría tenido clarinetes a su disposición en Salzburgo. La discusión continúa. 

Se presenta aquí la primera versión, a cargo de la agrupación alemana C.P.E. Bach Orchestra, dirigida por Hartmut Haenchen.

Movimientos:
0:00  Allegro
3:17  Andante
6:20  Menuetto
7:51  Trio Allegro


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lunes, 12 de diciembre de 2016

Mijail Glinka / Balakirev: "La Alondra"


En 1836, Mijail Glinka había asombrado al público y crítica rusos con el estreno de su primera ópera, La vida por el zar. Tenía 32 años y se aprestaba a iniciar la composición de un segundo trabajo en el género, Ruslán y Liudmila, según el poema homónimo de Pushkin. Pero tardará cinco años en completarla, debido, entre otras cosas, a su salud quebrantada tras sufrir el abandono de su mujer. Maria Petrovna Ivanova, una chica de San Petersburgo, lo dejó por otro, sin sutilezas, un día cualquiera.


La unión no había sido feliz y el rompimiento se veía venir aunque nunca con la desenvoltura de que hizo gala Maria Petrovna. El compositor buscó refugió en la naturaleza. Abandonó San Petersburgo y pasó largos periodos en el campo. Pero no dejó de componer. Aun sumido en el abatimiento, en 1840 tomó inspiración de unos versos de su amigo y poeta Nestor Kukolnik y sobre ellos escribió un ciclo de doce canciones, las que reunió bajo el título colectivo de "Adiós a San Petersburgo".

Mijail Glinka, en 1840
(1804 - 1857)
"La alondra" es la más popular de aquellas canciones. Pero lo es más en su arreglo para piano solo. En 1855, dos años antes de su muerte, Glinka conoció a un joven Mili Balakirev, a quien estimuló para que abandonara las matemáticas definitivamente y se dedicara a componer.
En agradecimiento a su mentor y amigo, entre sus primeras composiciones Balakirev transcribió para piano un buen número de canciones de Glinka. La más aplaudida ha sido, desde luego, La alondra.
La pieza debe a Glinka, indudablemente, la excepcionalmente bella y triste melodía. A Balakirev, el trazo y el dibujo musical.

La versión es de la pianista Olga Scheps, nacida en Moscú y radicada en Alemania.


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jueves, 8 de diciembre de 2016

Zoltán Kodály: Siete piezas para piano


"La formación musical del niño comienza nueve meses antes de su nacimiento". Es una frase atribuida a Zoltán Kodály, compositor, pedagogo y musicólogo húngaro, creador del "método Kodály" que aún hoy mantiene su vigencia en la formación musical de los niños, postulando que un acercamiento al mundo sonoro de manera natural y espontánea generará las habilidades requeridas, pues en opinión del gran pedagogo que fue Kodály todo individuo en este mundo es capaz de crear música.


Respondiendo a ese precepto, en compañía de su amigo Béla Bartók dedicó largos periodos a recorrer la Hungría rural a fin de grabar y luego transcribir lo que el folklore más genuino podía entregarle, aquel cultivado por granjeros y campesinos.
La colaboración con Bartók en esta empresa dará como resultado, en 1913, la publicación de una serie de colecciones de canciones populares húngaras, que cerrarán un ciclo nacionalista iniciado durante el romanticismo y que legó a Hungría la conciencia de su personalidad musical.

Zoltán Kodály (1882 - 1967)
Gran estudioso de la voz humana, buena parte de su obra es vocal, o coral. (Su trabajo más celebrado es la ópera Háry János, de 1927, y la suite que le siguió). Su música instrumental, o de cámara, es reducida. Más aún lo es aquella escrita para piano, la que poco se conoce fuera de Hungría. Pero ello mismo la hace interesante porque su audición permite adentrarse en rincones poco conocidos del vasto repertorio pianístico universal.

Siete piezas para piano Opus 11
Salvo la tercera pieza (de 1910), fueron compuestas entre los años 1817-18 mientras el autor se desempeñaba como profesor de composición en la Academia de Música de Budapest. Influencias de Debussy y Ravel se aprecian en algunas piezas (3 y 4, por ejemplo), así como su relación con Bartók y el folkore húngaro es perceptible en el conjunto. Las siete piezas, que aquí se presentan en dos videos, son:

Video 1
0:00  1. Lento
1:28  2. Lamento Székler (*)
3:49  3. "Il pleure dans mon coeur comme il pleut sur la ville"
5:25  4. Epitafio

Video 2
0:00  5. Tranquillo
1:58  6. Canción Székler
4:58  7. Rubato
(*) Pueblo szekler: grupo étnico húngaro que habita Transilvania.

La versión (audio) es del excelente maestro húngaro ya fallecido György Sándor, en una grabación de 1974.






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lunes, 5 de diciembre de 2016

Franz Liszt: Rondó fantástico sobre un tema español


Franz Liszt fue el "inventor" del recital de piano. Es decir, fue el primer pianista que se presentó solo en un escenario interpretando él todos los "números". Corría 1840 y a partir de entonces pasaron a la historia los conciertos "colectivos" que junto a los solistas podían incluir agrupaciones de los instrumentos más diversos, amén de un par de arias interpretadas por las divas del momento para no aburrir a la audiencia con tanto timbre instrumental.


Para ello el artista requería de un repertorio amplio. Surgieron entonces las transcripciones para piano de obras orquestales, las fantasías sobre temas de ópera, las variaciones sobre motivos populares.
Liszt, el artista de masas del siglo XIX, lo tocó todo, cuidando siempre de reservar como gran finale una pieza que enloqueciera aún más a las damas presentes, señoras y señoritas que podían irse a las manos por apoderarse del pañuelo arrojado a la audiencia por el encantador artista de veintinueve años.
Una fantasía "de bravura" sobre un popular aire español no le falló nunca.

Rondeau fantastique sur un théme espagnol
Es su título original. Y el tema español el célebre polo Yo que soy contrabandista, uno de los números musicales de El poeta calculista, obra del tenor y compositor Manuel García estrenada en Madrid en 1805. El rondó fue compuesto en 1836, y se publicó simultáneamente al año siguiente en Leipzig, Milán y París. Hacía tres años, Chopin había dedicado a Liszt los Estudios del Opus 10. Pudo haber devuelto la mano con esta dedicatoria, pero el maestro húngaro habrá considerado que no se compadecía una cosa con la otra. Está dedicada, pues, a George Sand, que se hará "amiga" de Chopin solo al año siguiente.

Sus dificultades técnicas son grandiosas, y se cuentan con los dedos de una mano los pianistas que han osado grabarla, y menos aún, interpretarla en público. El concertista ruso Mikhail Pletnev se lo propuso, pero terminó desistiendo cuando vio que la pieza era "intocable", según señaló. Claro está, también es posible que a muchos intérpretes de reconocido virtuosismo la parafernalia técnica por sí misma no haya logrado entusiasmarlos.
Existen en Youtube versiones en vivo en escenarios formales (Bruni, Howard), pero hemos preferido mostrar aquí la performance harto informal, muy democrática y alejada de todo divismo, que la ucraniana Valentina Lisitsa decidió entregar en una estación de trenes londinense, en un piano vertical algo desafinado y que al parecer tiene una tecla que no funciona. Bravo por el atrevimiento.


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sábado, 3 de diciembre de 2016

J.C. Bach: Sonata para dos pianos


Johann Christian Bach fue el hijo menor de Johann Sebastian. Luego de vivir la valiosa experiencia de pasar algún tiempo en Italia, se estableció en Londres en 1764 tras obtener el puesto de maestro de música de Sofía Carlota, la duquesa alemana que había llegado a Inglaterra para convertirse en reina consorte de Jorge III. Hicieron buenas migas. Al menos podían conversar en alemán cuando les daba gusto y ganas. Tan exitosamente se integró allí Johann Christian que llegaron a llamarle "el Bach de Londres".


Cuando tuvo la suerte de conocer a Mozart (no peca de falsedad la relación opuesta), el piano se había inventado hacía poco para sustituir definitivamente al clavecin y, según se cuenta, fue el Bach de Londres, entonces de 30 años, quien se lo dio a conocer al pequeño músico salzburgués, de ocho años. Al fin y al cabo, había sido Johann Christian quien introdujera el nuevo instrumento en Londres.

J.C. Bach (1735 - 1782)
Johann Christian destacó en la ópera, género con el que consiguió sus mayores éxitos. Y si en el teclado no llegó a las alturas de su padre no se debe en absoluto a falta de talento, sino al modo en que tomó forma su vida como músico. Cuthbert Girdlestone, musicólogo británico moderno, lo expresa con acierto:
"Su público le pide la música que le divierte y que mata su aburrimiento... Su música es una sucesión de melodías gráciles y refinadas; sus allegros son agradables, desenfadados; sus andantes, tiernos y a veces lánguidos e idílicos, reflejan el sueño bucólico que encantaba a la sociedad de los años ochenta del s. XVIII; sus prestos no carecen de vigor, pero todo el conjunto está cubierto por una máscara de risueña impersonalidad que expresa el lado superficial de la sociedad para la que escribía..."
Sonata para dos pianos Opus 15 No 5
Como ya comenzaba a hacerse costumbre, la escritura para piano a cuatro manos o dos pianos obedecía a la demanda de música para la familia, destinada a ser interpretada en casa, en los hogares de una incipiente clase media cada vez más entusiasmada con el arte, en particular con la música. Publicada en 1778, la sonata para dos pianos en Sol mayor consta de solo dos movimientos:
00:00  Allegro
06:20  Tempo di minuetto

La versión (solo audio) es del celebrado dúo de pianistas búlgaros Aglika Genova y Liuben Dimitrov. La huella que JC Bach va a dejar en Mozart salta a la vista, mejor dicho, al oído. De modo que con toda justicia también puede decirse que en 1764 quien tuvo suerte fue Mozart.


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