miércoles, 8 de julio de 2015

Ravel: Pavana para una Infanta Difunta



Compuesta en 1899, mientras Maurice Ravel seguía estudios de composición en el Conservatorio de París con Gabriel Fauré, la obra para piano solo Pavana para una Infanta Difunta fue publicada al año siguiente aunque no llamó mayormente la atención de pianistas y conocedores. Claro, era recién la segunda pieza para piano que el compositor, de solo 24 años, enviaba a publicación, así que para calibrar su acogida tuvo que esperar hasta 1902 cuando el pianista español Ricardo Vignes reparó en ella, estrenándola en abril de ese año, y provocando el entusiasmo del público. Hoy, junto al Bolero, es una de sus piezas más conocidas.

Sin embargo, durante un tiempo el compositor vio su propia obra con algún reparo, la que consideraba más bien "pobre" en su forma, amén de sentirla demasiado cercana al lenguaje musical de quien había sido su primer "inspirador" al comienzo de su carrera, el músico francés Emmanuel Chabrier. Pese a lo dicho, y en vista de la favorable acogida original, ocho años más tarde Ravel escribirá una versión para orquesta.

La pavana, una danza
Ravel, en 1906
La pavana es una danza. Una danza lenta que se bailaba regularmente en las cortes españolas de los siglos XVI y XVII. Según los estudiosos, la obra  de Ravel intenta evocar la elegancia propia de una recepción cortesana así como el grácil movimiento de una princesa española, una infanta, mientras realiza las delicadas piruetas de la danza, que simula los movimientos de un pavo real.
Como era de esperarse para un autor joven, Ravel siguió la moda imperante en la Europa central de fines del siglo XIX, que mostraba un particular entusiasmo por los aires españoles, al que tantos otros autores se rindieron: Lalo y su Sinfonía Española, Chabrier y su rapsodia España, Glinka y su Jota Aragonesa, por nombrar unos pocos. Continuará la tendencia el mismo Ravel, más tarde, con la Rapsodia Española.

Con todo, cuando a Ravel se le preguntó por el origen del título, se limitó a responder que le había encantado como sonaban las palabras, y que eso era todo. La pieza, de poco más de seis minutos de duración, es de carácter lento, pero ni tanto, como el afable Ravel le hizo saber en una ocasión a un sosegado intérprete, a quien le recordó que la pieza se llamaba "pavana para una infanta difunta" y no "pavana difunta para una infanta".

La versión, de equilibrada calma, es del maestro francés Philippe Entremont.



Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Deja aquí tus impresiones, por sencillas que sean. Tu opinión nos interesa a todos.