viernes, 29 de mayo de 2015

Alexander Glazunov: Concierto para violín



Nacido en San Petersburgo en 1865 en el seno de una familia acomodada, Alexander Konstantinovich Glazunov comenzó a estudiar piano a los nueve años y a los once decidió probar suerte en la composición. Acertado camino el escogido pues poco tiempo después había terminado su Primera Sinfonía, que al cabo de un año tuvo su estreno bajo la dirección de Mili Balakirev. La recepción fue tal que el joven músico se encontró, de la noche a la mañana, convertido en un distinguido compositor ruso. Glazunov tenía 16 años. No mucho después, Liszt dirigirá su opera prima en Weimar.

El Conservatorio y el exilio
Discípulo de Rimski-Korsakov, a fines de siglo ya había encontrado la fama antes de cumplir los 35 años. Profesor de composición en el conservatorio de San Petersburgo, tomó luego su dirección en 1905, cargo en el que permanecerá hasta 1928, cuando aprovechando una invitación a Viena para conmemorar los cien años de la muerte de Schubert, abandonó Rusia para no volver. No se sentía cómodo Glazunov a la cabeza de la casa de estudios, no compartía que la música pudiera ser un vehículo de propaganda.

Alexander Glazunov (1865 - 1936)
Un sinfonismo en exceso formal 
Y así como la Rusia soviética lo había tildado de "artista burgués" y acusado de no ser lo suficientemente "ruso", Europa occidental comenzó a calificar su música de excesivamente "europeizada". Finalmente, el compositor, de más de sesenta años, no parecía ya contentar a nadie. Por añadidura, afincado en París, sus ocho sinfonías no podían eludir la competencia de las de Brahms, Bruckner, o Mahler.
En sus últimos años, Glazunov, al igual como aconteció con Rachmaninof (cuya Primera Sinfonía, según se rumoreó, estrenó Glazunov en estado de intemperancia), era considerado abiertamente un autor "anticuado".

Concierto para violín y orquesta en la menor, opus 82
Su mejor momento lo había experimentado veinte años antes, cuando fue designado director del Conservatorio. De esa época data la que tal vez sea su obra más perdurable, el Concierto para violín y orquesta en la menor. Compuesto en 1904, tuvo su estreno en San Petersburgo el 15 de febrero de 1905 (tres semanas después del estallido de los sucesos revolucionarios de aquel año).
Pese a carecer de secciones o partes claramente enumeradas por el autor, se acostumbra considerar que la obra consta de tres movimientos. Otras miradas señalan cuatro. O un solo movimiento en forma sonata, si se conviene en que el "segundo" movimiento forma parte, extrañamente, del "primero" –una rareza de Glazunov, adosada a esta elegante y romántica obra.
00       Moderato
04:24  Andante sostenuto
14:46  Allegro

La versión es de la violinista estadounidense Hilary Hahn, acompañada de la WDR Sinfonieorchester de Colonia, bajo la dirección del maestro ruso Semyon Bychkov.


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miércoles, 27 de mayo de 2015

Christoph W. Gluck: Orfeo y Eurídice / "Danza de los espíritus bienaventurados"



No obstante haber gozado de amplio reconocimiento durante su vida como autor de óperas y música para la escena, el compositor alemán Cristoph Willibald Gluck, nacido en Erasbach en 1714, es hoy prácticamente un desconocido para "el gran público". Sus obras son representadas con poca frecuencia, no obstante reconocerse en él al gran reformador del género operístico, al propugnar y establecer un nuevo equilibrio entre música y drama. Apartándose del modelo italiano, pródigo en fiorituras y gorgeos escalofriantes, Gluck abolió para siempre la estricta separación entre recitativos y arias, dotando a la música de la capacidad para mantener un flujo ininterrumpido de la acción dramática.

Christoph W. Gluck (1714 - 1787)
Los primeros elementos de reforma se manifestaron en su obra Orfeo y Eurídice, de 1762, aunque aquella no estuvo completa sino hasta la traducción de la obra al francés, en 1774 (dedicada, de paso, a Maria Antonieta), al sustituir al castrato por un tenor en el papel de Orfeo, entre otras importantes modificaciones.
Como era de costumbre para la época –y especialmente para Gluck–, la obra echa mano de la mitología griega, recreando el mito de Orfeo, que en pocas palabras, va como sigue, si bien, para complacer al público vienés, en su época la obra contó con final feliz:

El mito de Orfeo
El pastor Orfeo, de Tracia, tocaba la lira de manera sublime, de modo que no le costó nada encantar con su música a su amada Eurídice quien, para desgracia de Orfeo, morirá pronto a causa de la mordedura de una serpiente. Atormentado por el dolor, el pastor, hijo de una musa y un dios, se las arregló para llegar hasta el Hades, el lugar de los muertos, para lo cual tuvo que encantar con su música al can Cerbero, el perro de tres cabezas encargado de resguardar las puertas del mundo de las sombras. Una vez dentro, solicitó humildemente al rey y la reina de los muertos que le permitieran regresar con Eurídice al mundo de los vivos. Comoquiera que acompañó la solicitud con el canto de su lira, obtuvo rápidamente el consentimiento pero con una condición: regresaría al mundo de la luz llevando de la mano a Eurídice pero sin volver jamás la cabeza atrás. Así lo hizo, hasta que lo asaltó la duda de que lo hubiesen engañado. Y entonces se dio la vuelta, solo para ver que Eurídice desaparecía ante sus ojos, con los brazos extendidos.

Danza de los espíritus bienaventurados
Estructurada en tres actos, la ópera tuvo su estreno en el Burgtheater de Viena el 5 de octubre de 1762, con ocasión del día santo del emperador Francisco I. Un breve ballet que acompañaba la segunda escena del acto II en la versión original, se convirtió en una danza en la versión francesa de 1774, de cuatro movimientos, que contiene un hermoso solo de flauta, la Danza de los espíritus bienaventurados, que aquí se presenta en versión orquestal (solo audio) a cargo de la Orquesta Filarmónica de Budapest, dirigida por Andras Korodi.


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lunes, 25 de mayo de 2015

Antonin Dvorak: Sinfonía No 8



Cuando en 1891 la Universidad de Cambridge decidió conceder a Antonin Dvorak el título de doctor honoris causa en música, el compositor envió en plan de tesis la Sinfonía No 8, compuesta en Vysoka, su residencia de verano, entre los meses de agosto y noviembre de 1889. La obra fue publicada por un editor inglés, a raíz de desavenencias con su editor habitual, quien se la jugaba por obras más breves que, en su opinión, eran más rentables. Su estreno se produjo el 2 de febrero de 1890, en Praga, dirigida por el autor. Un año después la condujo en Londres, con ocasión de recibir su doctorado.

Villa Vysoka
En 1880, cuando aún no cumplía los cuarenta años, el compositor checo ya era un músico reconocido internacionalmente, por lo que debía viajar por Europa cada vez con mayor frecuencia, para presentar y dirigir sus obras. Sin embargo, lo que verdaderamente le complacía era permanecer en su tierra, trabajando en la composición, ojalá en un ambiente sereno y motivador.
En 1877, la hermana mayor de su mujer Anna casó con un conde que disfrutaba de la posesión de una hermosa villa a 50 km de Praga, donde en medio de un bosque se alzaba una pequeña mansión. Dvorak quedó maravillado con el lugar, la primera vez que lo vio, invitado al matrimonio. Recibió una nueva invitación en 1880 y luego, durante tres veranos más, Dvorak se alojó con su mujer en una construcción más pequeña, en la vecindad de la mansión.

Antonin Dvorak (1841 - 1904)
Un segundo hogar
La villa tenía por nombre Vysoka y el lugar jugará un importante papel en la vida personal y profesional del compositor. Gracias a los ingresos provenientes de las giras y de la publicación de sus obras, Dvorak pudo, al poco tiempo, comprarle a su pariente conde una porción de la villa, donde se instaló con una casa que se convertirá en su segundo hogar, para descansar de las giras y de Praga. Allí producirá un número importante de obras, entre las que sobresalen su ópera Rusalka, la segunda serie de las Danzas Eslavas, y las Sinfonías No 7 y No 8.

Sinfonía No 8 en Sol mayor, opus 88
Con su Octava Sinfonía, el compositor revela, una vez más, su pasión por la música popular eslava. En conjunción con un vigoroso lenguaje nacional, la obra presenta variados estados de ánimo, que van desde imágenes pastorales, danzas y marchas, hasta momentos altamente dramáticos. Adhiere a la estructura "clásica" de la sinfonía, con cuatro movimientos:

00       Allegro con brio
10:23  Adagio
21:46  Allegretto grazioso - Molto vivace
27:41  Allegro ma non troppo

La versión, impecable, es de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, de Chile, dirigida por José Luis Domínguez.


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miércoles, 20 de mayo de 2015

Mozart: Sinfonía N° 41 - "Júpiter"



En reemplazo de Christoph Gluck, compositor de la corte muerto el año anterior, Wolfgang Amadeus Mozart pudo por fin acceder en 1788 a lo que con tanto afán habían anhelado él y su padre durante años: un empleo permanente en la corte imperial de Viena. Pero el salario no era gran cosa, aunque alcanzaba para pagar la renta y, lo más importante, se trataba de un ingreso regular. Mozart ya tenía 32 años, y debía mantener una casa, esposa e hijos. A fin de aliviar en algo la situación, la familia decidió buscar una residencia ojalá más barata, mudándose a los suburbios de Viena.

Allí, en el increíble lapso de ocho semanas, Mozart escribió una tras otra sus tres últimas sinfonías, la No 39 en Mi bemol, la No 40 en Sol menor y, tal vez su mayor creación en el género, la Sinfonía No 41 en Do mayor, también llamada "Júpiter". Si algo gatilló la creación de este tríptico, no lo sabemos. Mozart compuso sus sinfonías a intervalos muy irregulares y es muy probable que la dedicación poco usual puesta en estas últimas tres, se haya debido, por un lado, a que disponía con algo más de tiempo pues por esas fechas casi no tenía alumnos, y por otro, a que sus presentaciones en conciertos a beneficio propio ya no concitaban el entusiasmo popular de hacía algunos años. Para mayor tristeza, es muy posible que Mozart jamás las haya escuchado.

Desde hacía un par de años Mozart llevaba un registro de la fecha de inicio y término de sus obras, por ello sabemos con precisión que La Sinfonía N° 41 fue completada el 10 de agosto de 1788. Su apodo de Sinfonía Júpiter es algo más impreciso pero probablemente se deba al violinista y empresario de la música Johann P. Salomon (quien años atrás había llevado a Haydn de gira a Londres) para graficar con el nombre de la máxima divinidad de la mitología romana la majestuosidad de la obra.

Movimientos
Considerada un paradigma de la forma sinfónica clásica, la obra consta de cuatro movimientos, en tempo rápido el primero y el último, el segundo más lento, y el tercero, el habitual minueto con trio.
00       Allegro vivace  De impresionante pompa, logra crear una atmósfera ceremonial.
13:28  Andante cantabile  Movimiento sereno, holgado, en forma sonata. Una sarabanda al estilo de las suites francesas de JS Bach.
23:43  Menuetto (allegretto)  Un refinado estudio de contrastes, preparando el ambiente para el finale.
29:22  Molto allegro  Pródigo en técnicas contrapuntísticas, incluyendo fugato (una fuga inserta en medio de otra forma), stretto (entradas traslapadas) y canon. La coda incluye un tratamiento fugado de los cinco temas principales, que se escuchan simultáneamente.

La versión es de la Sinfónica de Galicia, dirigida por el maestro Lorin Maazel.

 

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viernes, 15 de mayo de 2015

Chopin: "Vals del adiós" - Op 69 No 1



Maria Wodzinska, la niña polaca que por un par de años fue su prometida, vio por penúltima vez a Chopin en Dresde, en septiembre de 1835. La chica era la única hija mujer del conde Wodzinski, familia amiga de los Chopin desde hacía mucho tiempo, y habían coincidido allí de regreso de sus vacaciones, en dirección a sus residencias permanentes, la familia polaca hacia su villa en Polonia y Chopin camino de París. Por ese entonces, Maria contaba 16 años, y Chopin 25. Durante una semana completa conversaron, jugaron y rieron.

Camino a París, Chopin se desvió a Leipzig para ver a Mendelssohn y a Schumann. Luego pasó a Heidelberg, donde visitó al padre de un alumno. De modo que llegó a París a mediados de octubre. En el No 5 de la Chaussée d'Antin lo esperaba una bonita sorpresa. Una carta de Maria lo había precedido:
"¡Cómo le echamos de menos! Mi madre, llorosa, me recuerda a cada instante algún rasgo de 'su cuarto hijo, Fryderyk'. Mis hermanos están abatidos. Nos repetimos nuestro vals: encuentro placer en tocarlo, pues nos recuerda al hermano que acaba de dejarnos. Lo he llevado a que lo encuadernen. [...] Mamá, mi padre y mis hermanos le abrazan tiernamente [...]. Ha olvidado aquí el lápiz: lo guardamos respetuosamente, como una reliquia. ¡Adiós!"
Maria Wodzinska
(1819 - 1896)
El vals a que Maria hace referencia es el vals en la bemol mayor, compuesto ese año, y que Chopin dio a conocer a los Wodzinski en aquella temporada, enviándoles posteriormente una copia, que ofrendó a Maria, con una nota: "A la señorita Maria". Pero, aunque nunca fue publicado en vida del autor, el vals está dedicado a Charlotte de Rothschild, una alumna de Chopin de elevada alcurnia. Como era la costumbre de aquellos años, y que Chopin no desdeñó, una misma obra, dedicada oficialmente a determinada persona, podía a la vez ser ofrecida, como obsequio, a unas cuantas más.

Su denominación popular como "Vals del Adiós" obedece, creemos, a que se convirtió en la última ofrenda que Chopin hizo a Maria –la ruptura se producirá al año siguiente. Es un vals expresivo, de tempo lento, con una sección media que semeja una mazurka. No es una pieza especialmente notable, tampoco muy exigente, de ahí que Chopin no se haya decidido nunca por su publicación.

La versión es del pianista israelí Tzvi Erez.


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martes, 12 de mayo de 2015

Beethoven: Sonata No 1 - Opus 2 No 1



En 1793, a los 23 años, Beethoven había arrancado de Bonn para establecerse definitivamente en Viena, con el afán de aumentar sus conocimientos de la mano de los maestros más conspicuos de la época. Entre éstos descollaba Joseph Haydn quien, de paso por Bonn, se había ofrecido para aceptar al joven genio como discípulo en la capital del imperio, si alguna vez se aparecía por allá.

Pero el músico de los Esterházy y Beethoven no se llevaron bien. Sus temperamentos eran completamente opuestos. El viejo maestro reconoció que el joven Beethoven tenía genio, pero sugirió que quizá le vendría mejor más educación del espíritu que musical. Al escuchar sus primeras obras, le habría dicho:
"Tiene usted mucho talento, y progresará más en el futuro. Posee una gran inspiración y no sacrificará jamás un bello pensamiento a una regla tiránica, lo cual me parece razonable; pero sacrificará las reglas a su fantasía, pues me parece que usted es un hombre que tiene varias cabezas, varios corazones, varias almas. Creo que se descubrirá siempre en sus obras algo inesperado, insólito, sombrío, porque usted mismo es un poco sombrío y extraño, y el estilo del músico revela siempre al hombre".
Un joven Beethoven, en 1803
Frío, si bien agudo análisis de la personalidad de Beethoven. Frente a la sencillez de Haydn, el temperamento apasionado y a ratos violento de Beethoven tenía que chocar. El joven compositor se verá entonces forzado a buscar otros maestros. Tuvo varios (entre ellos, Salieri), aunque más tarde, al preguntársele de qué fuentes había bebido, solía responder, un poco ufano: "Soy alumno de Sócrates y de Jesucristo".

Sonata Opus 2 No 1
Con todo, las tres primeras sonatas para piano, agrupadas en el Opus 2, están dedicadas al primer maestro que tuvo en Viena, Joseph Haydn. Y con ellas se inaugura el sorprendente ciclo de las 32 sonatas para piano que escribirá a lo largo de su vida.
Publicada en 1796, la sonata No 1 del Opus 2, en fa menor, probablemente haya sido compuesta años antes, mientras el maestro todavía estaba en Bonn. Es claro que se trata de una pieza temprana, con influencias –y algo más– de Mozart y Haydn. Es su primera sonata para piano.

Movimientos
En el ciclo completo de sus 32 sonatas, Beethoven no siempre se sintió llamado a respetar la estructura vivaldiana de tres movimientos. Las hay con cuatro movimientos (12 sonatas), con tres (13) y con dos (7). Por ello, no sorprende que esta primera sonata conste de cuatro movimientos:
00       Allegro  El tema inicial, al parecer, está tomado del final de la Sinfonía No 40 de Mozart.
04:18  Adagio  El primer tema deriva del movimiento lento de un cuarteto, del mismo Beethoven.
09:54  Menuetto: Allegretto  Es el movimiento que Beethoven ha sumado a la estructura vivaldiana –un minueto–, y cuyo tempo está marcado allegretto.
13:41  Prestissimo  De tema inicial muy enérgico, sindica claramente al movimiento como el más "beethoveniano" de todos.

La versión es de Daniel Barenboim, durante su performance de la integral de las sonatas de Beethoven en la Staatsoper de Berlín, en los meses de junio y julio de 2006.


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sábado, 9 de mayo de 2015

Dvorak: Concierto para cello y orquesta



Tres años después de haberse instalado con su familia en Nueva York invitado a dirigir el Conservatorio Nacional de la pujante ciudad estadounidense, creación de la dama mecenas Jeannete Thurber, el compositor checo Antonín Dvorak no opuso resistencia al sentimiento de nostalgia de la tierra y a finales de abril de 1895 estaba de vuelta en Praga, para dar los últimos retoques a su admirable Concierto para violoncelo y orquesta, comenzado en Nueva York muy pocos meses antes, en noviembre de 1894.

Pero la decisión de regresar no solo atendía a la pura nostalgia. El salario inicial de 15.000 dólares al año –más de lo que Dvorak había ganado en toda su vida– se vio reducido a 8.000 en 1893 debido a la recesión económica de aquel año que afectó severamente a la señora Thurber. De ahí en adelante, solo recibió ocasionalmente su paga. Esta circunstancia unida al hecho de que en Europa su reconocimiento se hacía cada vez más extendido, determinaron que el compositor, de 54 años, abandonara EEUU sin intenciones de volver.

Antonín Dvorak (1841 - 1904)
Treinta años antes, el autor ya había incursionado en un concierto para cello, el que no llegó a término. Este segundo intento, prodigiosamente, solo le llevó cuatro meses. (Quizá le resultó fácil, pues entre otras cosas, ya había completado sus nueve sinfonías, entre ellas la llamada "del Nuevo Mundo", escrita en EEUU en 1893).

Estreno
Se trata de su último concierto para instrumento solista, y fue compuesto, y dedicado, a un amigo cellista, quien debía también estrenarlo. Pero algunas desavenencias sobre mejoras a la composición llevaron a que su primera presentación en público quedara a cargo de otro cellista, el inglés Leo Stern, quien lo estrenó en Londres en 1896 con Antonín Dvorak en la dirección.

Brahms
Un buen número de compositores ha escrito obras para cello y orquesta, pero no existe ningún concierto para este instrumento compuesto por los grandes maestros, digamos Bach, Mozart, Beethoven, o Brahms. De ahí la sorpresa de este último, amigo y mentor de Dvorak, cuando conoció la partitura. Se dice que Brahms habría exclamado: "¿Por qué no supe que se podía escribir un concierto como éste? Si lo hubiera sabido, hace tiempo que habría escrito uno".

Concierto para cello y orquesta en si menor
Bajo la dirección de Seiji Ozawa dirigiendo la agrupación japonesa NHK Symphony Orchestra, se ofrece aquí la versión del desaparecido maestro ruso Mstislav Rostropovich, sostenedor de las políticas de Mijail Gorbachov y su fallida Perestroika, y quien en 1990 tocó la Suite N° 2 para cello solo de JS Bach ante el muro de Berlín mientras era demolido por los manifestantes.

Movimientos:
00       Allegro 
15:14  Adagio, ma non troppo
26:43  Finale: Allegro moderato - Andante - Allegro vivo



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miércoles, 6 de mayo de 2015

Borodin: En las estepas del Asia Central



Un año antes de que fuera asesinado mediante una bomba arrojada a sus pies, el zar Alejandro II decidió celebrar sus veinticinco años a la cabeza del imperio ruso con un gran evento. Para ello fueron convocados varios músicos rusos quienes debían poner la música a otros tantos dramas breves que iban a escenificarse ante el zar y su corte. Al parecer, el único músico que respondió a la convocatoria fue el compositor y científico Alexander Borodin, músico integrante del Grupo de los Cinco, y a la sazón titular de la cátedra de química en la Academia Médico-Quirúrgica rusa. El compositor se unió a las celebraciones con un breve poema sinfónico que tituló "En el Asia Central".

Alexander Borodin (1833 - 1887)
Un éxito inmediato
El gran evento previsto por el zar nunca llegó a celebrarse. (La situación política no era de las mejores, como se podrá colegir). Pero la obra de Borodin, estrenada en San Petersburgo en abril de 1880 bajo la dirección de Rimski-Kórsakov, se hizo célebre por derecho propio casi inmediatamente, en Rusia y también en el resto de Europa, donde se hizo conocida con el título "En las estepas del Asia Central".
La obra sinfónica está dedicada "con veneración" al maestro del poema sinfónico, Franz Liszt, a quien Borodin había conocido poco antes, en Weimar, hasta donde arrancó durante una visita profesional a Jena en su carácter de hombre de ciencias.

Travesía por las estepas
Abiertamente programática, la obra ilustra la travesía por las estepas del Asia Central de una caravana de mercaderes asiáticos escoltada por soldados rusos, imagen frecuente, imaginamos, luego de la expansión hacia el Este del Imperio Ruso propiciada por el zar asesinado.
Nada más apropiado que las palabras del mismo Borodin para describir el ambiente que evoca la partitura, escenario señalado por una colaboración idílica entre conquistados y conquistadores –reseña políticamente correcta si se trataba de homenajear al zar:
"Es pleno día. En la estepa arenosa del Asia Central resuena un dulce canto ruso. Sobre el fondo se divisa una caravana de caballos y camellos y nos llega el eco de una melodía oriental. La caravana se aproxima y prosigue hacia el inmenso desierto escoltada por una patrulla de soldados rusos. La caravana avanza siempre hacia el sol. El canto de los conquistadores y la melodía de los conquistados se funden en una única armonía, y finalmente todo desaparece en el silencio de la estepa".
La obra dura menos de ocho minutos.
La versión es de la agrupación Laurel Wind Orchestra conducida por Yoo Sejong.



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lunes, 4 de mayo de 2015

Manuel de Falla: Noches en los jardines de España



Curiosa paradoja. Para convertirse en el compositor de música española más exitoso y popular del siglo XX, Manuel de Falla tuvo que abandonar España e irse a estudiar a París. Tras intentar en vano la representación en Madrid de su primera ópera, La vida breve, Falla aprovechó la oportunidad que le ofrecía una compañía de mimos como pianista acompañante para irse con ella de gira y visitar algunas ciudades europeas, entre ellas, París, naturalmente. Y allí se instaló Falla, al término de la gira. Corría 1907, y el autor tenía 31 años.

Eran los años previos a la Primera Guerra, los últimos de la Belle Époque, y París se permitía todavía el disfrute y goce de una intensa vida musical. Isaac Albéniz residía allí, trabajando afanosamente en su suite Iberia. Debussy hacía lo mismo con su tríptico Imágenes, y Ravel se hallaba ocupado en la composición de la Rapsodia española. A todos ellos los conoció Falla. También a Paul Dukas, especialmente, quien se ofreció para orientarlo en sus estudios de orquestación, muy gentil él, pese a que en privado lo llamaba le petit espagnol tout noir, con todo cariño, suponemos.

Manuel de Falla (1876 - 1946),
en París, 1910
Pero económicamente, el españolito todo vestido de negro lo pasó mal. A duras penas pudo sobrellevar una existencia frugal a base de lecciones, acompañamientos varios y traducciones. Sin embargo, la estancia en París lo preparó para su transformación en el compositor maduro que se reveló a su regreso a Madrid, en 1914, cuando bajo el brazo traía los borradores de un conjunto de "nocturnos" para piano solo que finalmente completará como un trabajo para piano y orquesta, según indicación de su paisano, el pianista Ricardo Viñes, y que titulará Noches en los jardines de España.

La obra
Concebida a partir de 1909 en plan de nocturnos, la obra sinfónica fue completada un año después de su regreso a Madrid, en 1915. Dedicada a Ricardo Viñes, su primera ejecución se realizó en el Teatro Real de Madrid, el 9 de abril de 1916. Al estreno asistió el pianista Arthur Rubinstein quien luego confesó haberse enamorado de la pieza, la que prontamente incorporó a su repertorio, seducido por este nostálgico tríptico para piano y orquesta, considerado uno de los trabajos del autor más cercanos al Impresionismo, a la vez que uno de los más brillantes.

La versión es de Daniel Barenboim al piano, acompañado por la Chicago Symphony Orchestra, dirigida por Plácido Domingo.

Movimientos
La obra está estructurada en tres movimientos o secciones, con el segundo y tercero unidos sin pausa.
00       En el Generalife
10:52  Danza lejana
16:00  En los jardines de la Sierra de Córdoba



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sábado, 2 de mayo de 2015

Franz Schubert: Momento Musical N°3



Desaparecidos los príncipes, señores de la iglesia y mecenas variopintos que aseguraron antes su subsistencia, en el siglo XIX los músicos románticos debieron apañárselas en solitario, lo que repercutirá abiertamente en el universo de géneros y composiciones de la nueva era. El salón de la naciente burguesía y decadente aristocracia dará un giro importante en el carácter de su animación social, sumando a la reflexión política y a las novedades literarias, un interés cada vez mayor por el arte y la música. El piano, además de símbolo de estatus, será un huésped de honor en los salones, un signo de buen tono. Y para este instrumento, los compositores se sentirán llamados a escribir piezas breves para el disfrute y goce de la nueva clase.

Así, nocturnos, preludios, impromptus y momentos musicales inundaron el universo musical de principios de siglo. Su edición y publicación, en ocasiones importaba ingresos que a este nuevo músico privado de mecenazgo podían sacarlo de un atolladero financiero, aunque, como es obvio, la tajada mayor quedara en manos del editor. Fue de este modo como Franz Schubert consiguió, por ejemplo, algún respiro con los Impromptus del Opus 90, en 1827.

Franz Schubert (1797 - 1828)
Retrato de 1825, por W.A. Rieder
Momentos musicales
Al año siguiente, enfermo, pero todavía animoso, Schubert envió a su editor, con similar propósito, una serie de seis piezas breves para ser publicadas en conjunto, aunque sin indicar cómo se titularía la obra. Cuatro de ellas eran de creación reciente; la tercera y la última, de 1823 y 1824, respectivamente.
El editor vienés, siguiendo la tradición que consideraba glamoroso hablar y escribir en francés, las tituló pretendidamente en ese idioma, adscribiéndolas al género momentos musicales. Pero donde debía decir "Moments" escribió "momens", y donde debía decir "Musicaux" anotó "musicales". Y así se publicaron, en julio de 1828, cuando Schubert no estaba en condiciones de solicitar correcciones de ningún tipo, pues por entonces el pequeño maestro sólo luchaba por su vida, la que se apagará definitivamente en noviembre de ese año.

Momento musical N° 3 en fa menor
En versión impecable del maestro ruso Vladimir Horowitz, se presenta aquí el trozo más breve de todos, el N° 3, marcado allegro moderato, de poco más de dos minutos de duración. Compuesto en 1823, como ya se anotó, se ha transformado en el más popular de la serie, quizá por el despliegue de cierto sabor oriental que animó al editor a adosarle el subtítulo de "Air Russe", esta vez correctamente escrito.



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