viernes, 31 de enero de 2014

Tchaikovski: Quinta Sinfonía - Andante cantabile



La década que va desde 1880 a 1890 posiblemente sea la etapa más serena en la vida de Piotr Ilich Tchaikovski. Muy atrás han quedado su desastroso matrimonio con Antonina Miliukova, la subsiguiente separación y el intento de suicidio en las aguas del río Neva. La nueva década contempla años de fama y prestigio cada vez mayores, en que sus éxitos como compositor le reportan importantes ingresos, lo que sumado al generoso mecenazgo de la señora von Meck –su acaudalada amante epistolar– hará posible ver cumplida en 1885 una de sus grandes ilusiones: poseer una casa de campo.

A las afueras de Klin, a medio camino entre Moscú y San Petersburgo, encontró la propiedad ideal en una antigua casona que había pertenecido a una familia de aristócratas. Allí se sometió a una severa disciplina de trabajo, sólo interrumpida por prolongados paseos. En completa paz, desarrolla su pasión creadora, aunque nunca está ausente la duda sobre la capacidad de su genio, animando así el fantasma de la depresión. El 10 de junio de 1888 escribe a Nadezhda von Meck:
"Ahora tengo el propósito de trabajar muy seriamente durante cierto tiempo. ¡Querría tanto poder demostrar no sólo a los demás, sino a mí mismo, que no estoy agotado! Muchas veces me pregunto si no es tiempo ya de dejar de escribir música, si no he abusado de mis fuerzas creadoras, si la fuente no se ha secado. [...]. No sé si le he dicho ya que he resuelto escribir una sinfonía. Al principio mi trabajo avanzaba penosamente, pero ahora parece que se ha encendido en mi interior la luz de la inspiración... Veremos..."
Piotr Ilich Tchaikowski (1840 - 1893)
Fotografía de 1878
La obra en la que trabaja es la Quinta Sinfonía, que le ocupará los meses de junio y julio de ese año. Lo mueve, efectivamente, el interés por crear una obra que supere toda su producción anterior. Lo consigue a medias. Con Piotr Ilich en la conducción, su estreno tuvo lugar en San Petersburgo el 17 de noviembre, con una acogida tibia. Poco después, en Praga, las cosas no mejoraron. El músico perdió la fe en su propia obra y en ese ánimo le escribió a Nadezhda: "[la obra tiene] algo desagradable, una falta de espontaneidad que el público advierte".

Sin embargo, al año siguiente la dirigió en Hamburgo durante una gira de conciertos, con éxito abrumador (según se cuenta, con Johannes Brahms entre el público). Pudo escribir entonces que la Quinta Sinfonía había reconquistado sus simpatías. Y el tiempo le ha dado la razón. Para muchos especialistas, su segundo movimiento, andante cantabile, es uno de los movimientos sinfónicos más inspirados de Tchaikovski, al punto de inspirar a otros, cincuenta años más tarde...
La versión es de la joven orquesta rusa, creada en 2000, Moscow City Symphony, bajo la dirección de Dmitri Jurowski.


Quinta Sinfonía en Mi menor, op. 64. Segundo movimiento.
Andante cantabile, con alguna licenza
Confiados a las cuerdas bajas, unos compases cargados de emoción a la vez que misteriosos, inician el movimiento. En 0:48 surge una melodía, suave y melancólica, a cargo del corno. Luego se le unirán, respondiendo, oboe y clarinete (1:54).
2:08  Segundo tema, confiado al clarinete. 2:45 Las cuerdas toman el primer tema, y luego el segundo. Un episodio intermedio da pretexto para un solo delicadísimo del clarinete (5:05). Luego, en 6:16, un episodio más agitado, que se detendrá bruscamente.
6:50 Violas y violines en pizzicato: preámbulo para la reentrada del primer tema, a cargo de las mismas cuerdas.
8:08 Se hace algo más vivo el ritmo (con alguna licenza?), siempre con el primer tema. (Este pasaje entusiasmó a Glenn Miller, imagino).
8:50 Reaparece el segundo tema, la orquesta en tutti9:49 Luego de una calma ficticia, irrumpen los trombones, y citan el motivo principal del Primer Movimiento.
10:35 Las cuerdas susurran el segundo tema, dolcissimo. Un último canto del oboe cierra el movimiento.

Tchaikovski americanizado
Como ya se habrá adivinado, la melodía principal del segundo movimiento se hizo muy popular durante la primera mitad del siglo veinte, gracias a que Glenn Miller y Frank Sinatra, entre otros, grabaron una versión cantada del tema con el título "Moon Love". Como no deja de ser novedoso, esta página ha decidido invitar al maestro Miller para que nos cuente cómo es que, Tchaikovski, también puede tener swing.


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viernes, 24 de enero de 2014

Mozart: Flauta Mágica - dúo Papagenos



En noviembre de 1793, la madre de Goethe, el poeta alemán, tuvo la oportunidad de apreciar el entusiasmo que la representación de La Flauta Mágica de Mozart producía en la población de Frankfurt. Su impresión, algo pintoresca, quedó apuntada en su diario:
"Nada nuevo a destacar aquí, como no sea que han representado La Flauta Mágica dieciocho veces y que cada noche la sala estaba de bote en bote. No creo que haya nadie que se atreva a confesar que no la ha visto. Todos los obreros, los jardineros, y hasta la gente de Sachsenhausen, cuyos hijos se pasan el día ociosos, forman cola. Nunca se había visto nada parecido. El teatro abre todos los días a las cuatro, y a pesar de ello hay centenares de personas que se quedan sin sitio. ¡Han ganado mucho dinero!"
Schikaneder, en el rol de Papageno
(Grabado de Ignaz Alberti)
Nada de esto vio Mozart, naturalmente. Había muerto hacía dos años.
Pero cómo le habría encantado vivirlo. El día del estreno en Viena, el 30 de septiembre de 1791, el público se mostró algo frío cuando terminó el primer acto. Solo para el segundo y final logró animarse, dispensándole una calurosa acogida a este "relato mágico inverosímil y lleno de fantasías", en opinión de Goethe. Sin embargo, Mozart quedó con la impresión de que más que la música, el público celebraba la espectacular puesta en escena de Emanuel Schikaneder autor de los versos, de la idea, empresario, cantante y encargado de representar a Papageno, el "pajarero" de la Reina de la Noche.

Claro está, el público llano –la madre de Goethe nos lo recuerda– no podía quedar indiferente ante la fresca jovialidad de este "actor secundario", asistente del protagonista Pamino quien debe rescatar a la princesa e hija de la Reina de la Noche, secuestrada por un personaje siniestro, y para lo cual cuenta con una flauta –mágica, por cierto– y la inestimable ayuda de este ser mitad hombre y mitad pájaro, que abastece de pájaros a la Reina de la Noche a cambio de comida.

Dueto de Papagenos. Un héroe cándido, Papageno celebra que Pamino quede prendado de la princesa con solo ver su retrato. Y se pregunta cuándo el amor inflamará su propia vida, si existirá una Papagena. Al parecer sí la hay, pero en la ocasión la pierde. Al final de la obra, después de muchas vueltas, volverán a encontrarse. Esta vez es para siempre. Papageno y Papagena serán uno solo y crearán toda una prole de papagenitos y papagenitas. Eso es lo que cantan.


El vídeo comienza con los últimos versos del aria anterior. Como Papageno, el barítono alemán Detlef  Roth. En el rol de Papagena, la soprano francesa Gaële Le Roi.

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miércoles, 15 de enero de 2014

Mozart: Última sonata para piano, K 576



Durante los años que Mozart y Constance vivieron en Viena luego de su matrimonio en 1782, la pareja cambió de residencia en once oportunidades. Algunas de estas mudanzas hubieron de realizarse apresuradamente; a otras hubo que unir cierto sigilo, tras comprobar que el casero se había cansado de reclamar el alquiler. Aunque nadie se lo explica muy bien –vistos los éxitos, por ejemplo, de Figaro–, la situación económica de Mozart durante sus últimos años está marcada por la precariedad.

Luego de la muerte de Gluck en 1787, Mozart había accedido al puesto de compositor de cámara de la corte, pero las urgentes economías del tesoro austriaco impidieron que se le pagara el mismo salario que su antecesor y debió conformarse con los 800 florines –en oposición a los 2000 que recibía Gluck– que le hicieron exclamar "mucho para lo que hago, demasiado poco para lo que podría hacer". Pues sí, había sido contratado para componer la nueva música que los bailes oficiales requerían.

De modo que cuando en abril de 1789 su amigo el príncipe Lichnowsky lo invitó hasta Postdam, a la corte del rey Federico Guillermo II de Prusia, Wolfgang se embarcó de inmediato en el largo viaje que incluiría Praga, Dresde, Leipzig y Berlín, ciudades cuyas cortes aprovecharían la presencia del maestro para hacerle encargos especiales. Y estaba en lo cierto, pues apenas llegados a Praga el director de la Opera le encargó una nueva obra. Comisión: 1000 florines, nada de mal.

Era un buen comienzo. Pero eso fue todo. O casi.
En Dresde tocó ante el elector Federico Augusto, quien lo obsequió con una tabaquera de oro con cien florines. En Leipzig improvisó en el órgano de Bach en la Iglesia de la Tomasschulle... y en Berlín la acogida fue más bien discreta. Pero en la residencia de la corte en Postdam tocó ante el rey, quien  –a través de su "director de música real"– tuvo a bien encargarle seis cuartetos de cuerda, y algunas composiciones para su hija Federica, entusiasta tecladista.
No hubo encargos de ópera ni ofrecimiento de cargos. Tres meses después, Mozart regresó a Viena con cien florines.

La última sonata de Mozart
Se cree que la sonata K. 576 en re mayor, la última compuesta por Mozart, puede haber sido una de las piezas que Federico Guillermo solicitó para su hija. Tiene fecha de composición julio de 1789, pero no se imprimió sino hasta 1805. Aunque el autógrafo de Mozart incluye la leyenda "leichte Klaviersonate" (sonata fácil), es una pieza de gran dificultad, lo que instala la duda en cuanto a que Wolfgang la haya compuesto pensando en que su destinataria era la hija del rey o, en su defecto, alguna otra princesa. Y si así fuera, se trata de la única que escribió con tal propósito.

La versión –impecable– que se presenta aquí, es de la pianista japonesa Mitsuko Uchida.



Breve guía
Según algunos, es la sonata más difícil de todas las escritas por Mozart. Pero los problemas técnicos no surgen del material temático, alegre y ágil, sino del cuidadoso tratamiento contrapuntístico, inspirado tal vez en la visita a Leipzig y el reencuentro de Wolfgang con la figura, todavía latente, de JS Bach.
La pieza muestra la configuración "vivaldiana" de tres movimientos: rápido - lento - rápido.

00 Allegro  De marcado carácter contrapuntístico (la mano izquierda repite lo que ha hecho la derecha), el tema principal reaparecerá continuamente, sujeto a imitación (por ejemplo: 0:42). En 1:01 aparece un subtema, extraído del material inicial. 1:25 Da capo: se repite toda la primera sección. 3:35 Recapitulación y desarrollo: un concentrado estudio de contrapunto.
5:06 Adagio  En la tonalidad dominante, La mayor, una melodía limpia y clara, a ratos suavemente velada por carrerillas cromáticas.
10:20 Allegretto  Un rondó de gran agilidad, casi tan contrapuntístico como el primer movimiento. Particularmente novedoso el canon "en quintas" del minuto 12:31. El movimiento termina en completa calma.

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sábado, 11 de enero de 2014

Verdi, La Traviata: Dueto "Parigi o cara"



Con el debido respeto, me aventuro a parafrasear a Shakespeare para señalar que "nunca hubo historia de mayor dolor que ésta, la de Violeta y su Alfredo".
¿Cómo fue que sucedió todo aquello? El mismísimo Alfredo Germont relata aquí para este modesto blog cómo fue que se desencadenó la tragedia:

"Pese a su palidez, Violeta Valéry, mi Violeta, era una mujer deslumbrante como un soleado día de verano. Más detalles no puedo dar porque solo la había visto de lejos, en compañía de mi gran amigo Gastón, de quien era, debo admitirlo, su amante. Ignorante de mi amor secreto por ella, el bueno de Gastón me invitó un día a que lo acompañara al salón de Violeta donde, como de costumbre, mi amada a la distancia daba una fiesta a la que asistiría el tout Paris.

Una vez allí, fuimos presentados, y en menos de un minuto caí rendido a sus pies. Como sabía que recién se recuperaba de una fastidiosa enfermedad, le expresé mis augurios de buena salud sempiterna. A continuación pensé en declararle mi amor, y cuando estaba en medio de ello, Gastón y los amigos de Violeta me llamaron para que hiciera un brindis por Violeta y por la vida. Timorato al principio, logré finalmente entusiasmar a toda la audiencia, que terminó cantando conmigo y con Violeta en un brillante coro.

Poco antes de que pasáramos al comedor, y viendo que Violeta se retrasaba un poco –tal vez a propósito– me encontré por primera vez solo con ella y allí mismo le declaré mi amor eterno. Violeta no parecía muy segura de la seriedad de mis intenciones pero más tarde, al despedirnos, me regaló una flor, diciéndome al oído que regresara "cuando la flor se hubiera marchitado". Regresé a mi casa henchido de gozo.

No quiero fastidiarlos con detalles sobre la ulterior concreción de nuestro compromiso. Lo cierto es que, tres meses después, nos encontrábamos viviendo encantados de la vida en la casa de campo que Violeta tenía en las afueras de París pues, he de decirlo, pese a ser hijo de nobles, yo no tenía casa de campo, ni en las afueras de París ni en ningún otro lado. 

Y aquí es donde entra mi padre Giorgio y comienza la tragedia. Atento vigilante del honor de la familia, Giorgio Germont veía con muy malos ojos que yo me hubiese "encamado", decía él, con una "cortesana"… Que se aproximaba el matrimonio de mi hermana con un noble nobilísimo y que no le convenía a nadie que mi futuro cuñado se enterara de que yo vivía en pecado con la tal cortesana, mi amor. Así que no halló nada mejor que acercarse a la casa de campo mientras yo retozaba por prados y jardines, y convencer a Violeta de que debía abandonarme. Claro, eso lo supe después. Lo que yo encontré a mi regreso fue una carta en la que Violeta me confesaba que había entrado en la etapa del desamor. Junto a ella, descansaba una invitación de Flora, amiga del alma de Violeta, a una velada en París. No cabía duda, pensé equivocadamente, mi ex amigo Gastón tenía que estar detrás de todo esto.

Dolido como solo puede estarlo quien ha sido víctima de una traición infame por parte del ser amado, abandoné la casona y me dirigí a París. El día señalado, me acerqué a casa de Flora, para enfrentar a Violeta, cara a cara. Le reclamé su felonía, tal vez sin elegancia, porque la concurrencia completa se puso en mi contra. Incluso mi padre me regañó, que apareció allí, de sorpresa, a buscarme (ahora sé por qué). Irritadísimos, Flora y sus convidados me sugirieron que abandonara el salón. Eso hice, no sin antes enrostrarle a Violeta unas cuantas verdades… ¿verdades? Ay, cuán equivocado erraba por la vida. Violeta, mi Violeta, incluso confesó que andaba de amante con Gastón, mintiéndome a mí y a sí misma. Cuánto dolor.

Y todo por hacer caso a mi padre.

A Violeta ya la consumía la tuberculosis cuando mi padre me confesó todo: el sacrificio que ella había hecho por él, por mi hermana y por el honor de una familia que no conocía. Violeta me amaba y me había amado siempre. Y ahora, desamparada y enferma, solo esperaba la muerte. Corrí a verla, rogando a Dios y a todos los santos que no fuera demasiado tarde: necesitaba su perdón más que el aire que respiraba.

El Señor, infinitamente bondadoso, nos concedió un respiro. Según el doctor, a Violeta le quedaban pocas horas. Pero yo la sentí revivir con mi llegada. Incluso hicimos planes, abandonaríamos París, viajaríamos. Pero ya no le quedaban fuerzas. Me anunció su muerte con unas palabras terribles: no me salvaste, dijo."


Dúo del tercer acto, "Parigi, o cara" 
Alfredo: Rolando Villazón / Violeta: Renée Fleming

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sábado, 4 de enero de 2014

Muzio Clementi: sonatina en re mayor



El compositor y pianista italiano Muzio Clementi nació en Roma, en 1752, cuatro años antes que Mozart. Como diera muestras de gran talento musical a muy temprana edad, su padre, un orfebre de buena situación económica, no dudó en ponerlo en manos de un maestro de música a los siete años, decisión que resultó muy atinada pues a los trece Muzio se hizo con el puesto de organista en la iglesia, y poco más tarde era invitado por un inglés acaudalado a continuar su instrucción en Inglaterra, a cambio de animar las veladas en la mansión del potentado, donde permaneció hasta 1774, primero estudiando el clavecín y luego haciendo las delicias de una audiencia que no salía de su asombro ante las muestras de virtuosismo del joven romano.

Muzio Clementi (1752 -1832)
Pero a diferencia del otro prodigio –su contemporáneo Mozart–, el joven Clementi no hizo su primera presentación en público como pianista sino hasta 1770, es decir, cuando tenía dieciocho años. Sus primeras composiciones –valga aquí también el rudo contraste– fueron publicadas alrededor de 1772, y realizó su primera gira por Europa nueve años más tarde, en 1781. Ahora bien, no obstante la brecha con el genio salzburgués, Muzio Clementi había logrado a esa altura hacerse de fama como uno de los concertistas en piano más brillantes de la Europa de su tiempo.


Clementi versus Mozart
Y ello fue quizá lo que animó al emperador José II a realizar una singular competencia en los salones de su corte, cuando se dio la oportunidad de contar con los dos artistas en Viena, precisamente durante la gira que Clementi hacía por primera vez. El 24 de diciembre de 1781 Wolfgang y Muzio dieron lo mejor de sí ejecutando obras propias e improvisando variaciones sobre temas propuestos por el emperador o algún cortesano corajudo. Finalizada la "contienda", José II tuvo a bien declarar un empate.

No obstante, el que salió ganando fue Mozart, pues uno de los temas de la sonata que Clementi presentó en esa velada cautivó a tal punto a Mozart que, diez años más tarde, se permitió utilizarlo en la obertura de La Flauta Mágica. La "colaboración" no autorizada amargó profundamente a Clementi, quien se vio obligado a incluir una nota cada vez que publicaba la sonata, advirtiendo que el tema había sido compuesto diez años antes que la célebre ópera.

Sonatinas del Opus 36
La sonata pergeñada, claro está, era solo una de las aproximadamente 110 sonatas que Muzio Clementi compuso a lo largo de toda su vida, las primeras de ellas, más breves, publicadas como "sonatinas". Su opus 36, integrado por seis sonatinas de no más de cinco minutos de duración, ha constituido desde su creación un delicioso oasis para el pianista principiante que, olvidado un rato de los tediosos ejercicios de técnica, cuenta con ellas para sumergirse tempranamente en el maravilloso mundo del clasicismo.

Sonatina No 6 en Re mayor
Raramente ejecutadas en público por los virtuosos, conforman una bella colección de pequeñas joyas que no obstante su aparente sencillez, pueden exigir del intérprete incluso más aplicación que algunas de las primeras sonatas de Mozart. Por todo ello, se agradece que la extraordinaria pianista china Yuja Wang no haya tenido reparos para subir a la red una antigua performance de la sonatina N° 6, cuando aún era niña, cuando todavía no era Yuja Wang, aunque iba muy seriamente en vías de serlo.



La sonatina tiene solo dos movimientos:
00: Allegro con spirito. Un tema elegante, marcado dolce, da inicio a la pequeña joya. Luego de su natural desarrollo, resuelve en 1:15 para abordar un segundo tema en 1:17. Un par de frases interrogativas anunciarán (en 1:46) el retorno al motivo inicial (1:53) que esta vez se encaminará a un resuelto final.
3:11  Allegretto spiritoso. Yuja se toma su tiempo antes de abordarlo, como toda una profesional. La primera parte tiene incorporado el final del movimiento y de la pieza. Por ello, la segunda (inicio en 3:48) lleva en el último compás la indicación "da capo al fine" señalando así que ahora la primera parte debe ser repetida completamente (4:51) hasta su "fine". Es lo que se conoce como "forma ternaria".

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