martes, 9 de diciembre de 2014

Chopin: Estudio N° 11 del opus 25



En los diecinueve años que vivió en París, Frédérik Chopin solo dio trece conciertos públicos. No le gustaban las muchedumbres, y así se lo comentó alguna vez a su amigo Franz Liszt, quien era un año menor que él, y acaso por eso incorporó a sus palabras un ambiguo dejo de ironía:
"No soy apto para dar conciertos, el público me intimida. Me siento asfixiado por esas respiraciones agitadas, paralizado por esas miradas de curiosidad, mudo ante esos rostros extraños. ¡Tú sí estás destinado a eso, porque no conquistas al público, sino que tienes los medios necesarios para aporrearlo!"
Efectivamente, escuchando a Franz Liszt las damas se desvanecían, terminando despaturradas en sus palcos, perdida toda compostura. Chopin, muy por el contrario, estaba hecho para embelesar a un público exiguo, de no más de diez o doce oyentes, en el salón privado de alguna dama de la alta aristocracia parisina, o de algún compatriota noble, exiliado como él.

Marie d'Agoult (1805 - 1876)
En esos salones, frecuentados también por Liszt, Berlioz, Délacroix, amén de poetas y otros artistas, Chopin estaba en su salsa. Y si se encontraba de humor, podía tocar un par de horas seguidas. Naturalmente, en esa atmósfera intimista, no tocaba sus grandes obras, las de mayor aliento, sino que improvisaba, o daba a conocer el último preludio, o nocturno, un vals elegante, o incluso, algún estudio.

En 1935 había terminado los doce estudios del Opus 10, dedicados a su amigo Franz Liszt, ironías aparte. La nueva serie, el opus 25, será dedicada a la condesa Marie d'Agoult, quien, entre otros merecimientos, tocaba el piano y era la pareja de su amigo Franz.

Estudios del opus 25 - N° 11 en La menor
De los doce estudios que conforman la serie, diez de ellos fueron compuestos simultáneamente con los del Opus 10. Solo el primero y el último fueron agregados en una fecha posterior, para su publicación conjunta en 1837. El estudio N° 11, con sus escasos tres minutos y medio de duración, es el más extenso de la serie y, tal como sus acompañantes, constituye una pieza ineludible en el repertorio pianístico de nuestros días. Las exigencias técnicas demandan ráfagas de arpegios de la mano derecha opuestos a un motivo poderosamente rítmico de la mano izquierda.

La versión es de la pianista rusa Ana Fedorova, durante su participación en el International Frédéric Chopin Piano Competition para Jóvenes Intérpretes del año 2010.


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