martes, 14 de octubre de 2014

Ravel: "La Valse", para piano solo



La primera obra que el empresario ruso Sergéi Diaghilev comisionó a Maurice Ravel, en 1909, sufrió numerosos problemas de producción y Daphnis et Chloé no logró estrenarse sino hasta 1912; con un recibimiento tibio al inicio, mejoró sustancialmente con las representaciones siguientes. Diaghilev, que no comulgaba con la opinión de Ravel quien sostenía que la música debía estar por sobre la coreografía, se mostró, sin embargo, satisfecho con el resultado. Insistió en el punto cuando alrededor de 1920 volvió a comisionar a Ravel la música para un nuevo ballet.

"Viena"
Maurice Ravel (1875 - 1937)
Desde 1906, Ravel trabajaba en la idea de un vals que constituyera un homenaje a Strauss y Viena. La pieza, tentativamente llamada "Viena", fue la que Ravel adaptó para el proyectado ballet pero con un carácter claramente distinto de la idea original pues, terminada la guerra, para 1920 Ravel venía de combatir, precisamente, a Austria. Los elegantes gestos del vals vienés mutaron entonces en una pintura de un mundo que acababa de desplomarse.

"La Valse"
Esta vez Diaghilev rechazó la obra. Dijo que era "indanzable" y que sí, parecía una pintura, pero la pintura de un ballet, no un ballet. Ravel se molestó y ambos artistas no volvieron a hablarse. La pieza, con el nombre de La Valse fue estrenada más tarde como pieza de concierto y en 1928 como "poema coreográfico" a cargo de los ballets de Ida Rubinstein, para quien Ravel compondrá ese mismo año su popular Bolero.

Versión para piano solo
Maurice Ravel era un orquestador brillante, de lo que dio acabada muestra al transcribir para orquesta numerosas piezas compuestas originalmente para piano solo, cuyo ejemplo más sobresaliente es su transcripción de Cuadros de una Exposición, de Mussorgski, hoy especialmente conocida por el arreglo orquestal de Ravel.

Por ello suena inoficiosa la transcripción en el sentido contrario, trasladar la brillantez y magnificencia de la orquesta al piano solo, pero la avalan dos razones prácticas: por un lado, permitir el disfrute de la pieza en un plano íntimo, y por otro, suplir la necesidad de una partitura que sirviera a los ensayos de grupos coreográficos, que es precisamente el caso de La Valse. Desde luego, ambos propósitos se traducían en beneficios económicos inmediatos para el compositor.

La transcripción para piano solo de La Valse se distancia de la grandiosidad y opulencia de la versión orquestal, pero en manos de Ravel, está demás decirlo, la música no ha perdido nada, sólo digamos que es distinta, novedosa, y cómo no, todo un reto para el ejecutante.

La versión, impecable, pertenece a la pianista nacida en Beijin en 1987, Yuja Wang.



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2 comentarios :

  1. Hola, Jalex: Nunca mejor dicho, la Yujita se las trae... Gracias por tu comentario. Yuja y yo te lo agradecemos muy sinceramente. Ah, y te cuento que estuve a punto de verla en Hamburgo, pero canceló y la reemplazó una gordita, que por cierto, lo hizo muy bien, pero el teatro entero lloró su ausencia, yo el primero.

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