miércoles, 26 de marzo de 2014

Liszt en Weimar: Sonata en si menor



Como el amor todo lo puede, cuando tenía 36 años Franz Liszt disminuyó el tranco de sus incesantes y extensas giras como intérprete del piano, a instancias de su nueva pareja, Carolyne de Sayn Wittgenstein, quien le sugirió que haría mejor dedicando todos sus esfuerzos a la composición. Se habían conocido en Kiev el año 1847, precisamente con ocasión de una gira de Liszt por ciudades del imperio ruso. Carolyne, distanciada de su marido hacía largo tiempo y a cargo de la hija de ambos, poco se demoró en seguir al maestro a Weimar, donde Liszt residía, o más bien, debía hacerlo. De ahí en más, Carolyne acompañará a Franz por cerca de cuarenta años, aunque nunca llegaron a casarse, adoptando la relación de los últimos años un carácter puramente epistolar.

El maestro en Weimar
Cinco años antes, en 1842, Franz Liszt había accedido al puesto de maestro de capilla de Weimar, ciudad capital del Gran Ducado de Sajonia-Weimar-Eisenach, firmando un contrato que lo obligaba a permanecer en Weimar al menos tres meses al año, compromiso que Liszt cumplió como le dio la gana. Curiosamente, el Gran Duque Karl Friedrich y su esposa, la duquesa Maria Pavlovna Romanova, fueron sorprendentemente tolerantes con la informalidad del maestro. Así lo muestra una carta que Karl Alexander, hijo de la pareja, envió a su amigo Liszt recordándole su compromiso con Weimar con una delicadeza que asombra:
"Espero que no te enfades conmigo si te distraigo por un momento de todas tus actividades. He tomado la pluma sólo para preguntarte cómo va todo, y especialmente, cómo va todo contigo. Nada he sabido de ti por largo tiempo, a excepción de unas pocas palabras que [un conocido común] me transmitió cuando regresó de Viena. Me contó que trabajas bastante, así que lamento no verte, atendida la tarea que te has autoimpuesto... No me guardes rencor si trato de deslizar el nombre de Weimar en tus planes... La Gran Duquesa y yo esperamos ver realizados nuestros deseos en Diciembre... Si el verano ya hubiese frustrado mis esperanzas de volver a verte, haz que el invierno sea el que guarde la promesa..."
                                                                                                    Tu muy afectuoso
                                                                                                 Karl Alexander

Gran Duquesa
Maria Pavlovna Romanova
(1786 - 1859)
Esta situación se prolongó hasta que en 1848 Liszt se llevó a Carolyne con su hija a Weimar, donde ambos residieron hasta 1859 en una residencia que Maria Pavlovna puso a disposición del maestro. La duquesa, pianista, amante y mecenas de las artes, era también quien pagaba, de su propio bolsillo, el salario de Franz, que no era mucho, al extremo de que el maestro llegó a decir que consideraba los ingresos de Weimar como "el dinerillo para los cigarros", lo que explica, en cierto modo, el escaso compromiso de Liszt con la corte.

El virtuoso se aquieta
Pero a partir de 1848, y siguiendo los consejos de Carolyne, permaneció por periodos más prolongados en la ciudad, dedicado a la composición y a la dirección de orquesta, dando a conocer allí las nuevas obras de sus colegas, o las del pasado reciente, y realizando montajes muy celebrados de todas ellas. En relativamente poco tiempo el compositor se transformó en el gran organizador de la vida musical de Weimar, en compañía de Carolyne y, también hay que decirlo, de la mano del gran duque y su duquesa, ambos egregios y señalados déspotas ilustrados no obstante lo esmirriado de los emolumentos de sus músicos de corte.

La producción de esos años
Si del corpus orquestal se trata, hay que señalar que gran parte de la labor compositiva de Liszt se realizó durante este periodo (por lo que habría que premiar a Carolyne). Obras tan importantes como las sinfonías Fausto y Dante, doce de sus trece poemas sinfónicos, y el Concierto para piano N°1 fueron fechadas por esa época. A todo ello se suman admirablemente sus partituras pianísticas más celebradas: los Estudios de ejecución trascendental, el segundo volumen de los Años de Peregrinación, las Consolaciones y, por supuesto, una obra fundamental del piano romántico: su única sonata escrita para el instrumento, compuesta entre los años 1852 y 1853, y que aquí se presenta en impecable versión del excelente pianista chino Yundi Li.


Sonata en si menor
Publicada en 1854, fue estrenada en público por Franz von Büllow, alumno y yerno de Liszt, el 27 de enero de 1857. Está dedicada a Robert Schumann.
No obstante su título, no presenta la típica forma sonata del periodo clásico-romántico, sino un entramado de la forma muy personal, un gran trazo continuo de media hora que prescinde del tradicional esquema "exposición, desarrollo, recapitulación" para un primer movimiento. Sin embargo, están marcados los siguientes movimientos, aun cuando se tocan de manera continua:
     00  Lento assai - allegro energico - grandioso
12:05  Andante sostenuto
18:42  Allegro energico - andante sostenuto - lento assai

En su desarrollo, cada instante nace como consecuencia del anterior para derivar del modo más natural hacia el siguiente. Así, un tema que puede presentarse como amenazante o violento, al poco puede mutar en una hermosa y serena melodía, o viceversa. Es lo que acontece, por ejemplo, en el minuto 5:50, cuya idea se retomará incluso más aquietada y melodiosa en el andante sostenuto, minuto 13:11, revisitada a su vez en el tercer movimiento en 22:46 y enseguida abordada con resuelto brío en 24:07.
La pieza termina recatadamente, con la sola nota si, en lo más bajo del teclado.

Recepción de la obra
La obra tuvo en general una buena acogida, pero como de todo hay en la viña del Señor, la gran Clara Schumann, pianista, compositora y esposa del dedicatée, no le encontró la gracia y así lo señaló en su momento: "¡Qué de ruido sin razón! Ningún pensamiento sano, todo está enredado; ni siquiera se encuentra un encadenamiento armónico claro".
Pero casi un siglo más tarde, Richard Strauss anotará lo siguiente en carta dirigida al pianista Wilhelm Kempff: "Si Liszt hubiera escrito tan solo esta sonata, gigantesca obra nacida de una sola célula, ello habría bastado para demostrar la fuerza de su espíritu".

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2 comentarios :

  1. Qué obra más emocionante!! Me invadieron escalofríos de emoción. Claro que esto, a ratos. CPia Gacitúa

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  2. Hola, CPia: Gracias por tu comentario.

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