jueves, 19 de diciembre de 2013

Mahler: Sinfonía N° 2 "Resurrección"



Mahler, director de la Ópera Imperial de Viena
A finales del siglo XIX, el compositor y director Gustav Mahler, "bohemo en Austria, austríaco entre los alemanes, judío en todo el mundo", según su propia definición apátrida, gozaba de una celebridad internacional asombrosa para un músico que apenas sobrepasaba los 35 años. En 1892 había dirigido en Londres El Anillo del Nibelungo, de Wagner, y luego Falstaff (Verdi), Manon Lescaut (Puccini) y Eugenio Oneguin (Tchaikovski) en Hamburgo. Poco después era invitado a dirigir en Moscú, al tiempo que en Berlín se presenciaba la interpretación de sus propias obras. Estaba, pues, más que dispuesto y capacitado para la plaza que siempre había ambicionado: la dirección de la Opera Imperial de Viena.

Las primeras gestiones las realizó en 1896 y a fines de ese año había concitado enorme apoyo entre los círculos artísticos vieneses: era, definitivamente, el músico más capacitado para regir los destinos del primer teatro del Imperio. Pero un obstáculo se interponía con firmeza: su origen judío. Y quien dirigía la batuta –no hay mejor locución– en ese sentido era ni más ni menos que Cósima Wagner, hija de Liszt y viuda de Richard Wagner, y a la sazón directora del Festival de Bayreuth, creado por el autor de Tannhäuser para la representación de sus obras.

Cósima Wagner (1837 - 1930),
en Londres, 1877
Ferviente antisemita, Cósima no podía ni siquiera imaginar que un miembro de una minoría que hasta hacía algunos años estaba impedida de ejercer ciertas actividades como la producción y venta de productos alcohólicos, pudiese acceder a la dirección de la ilustre y prestigiada Hofoper, no obstante los pergaminos que mostrara, si bien, tratándose de Mahler, no dejaba de valorar las interpretaciones que éste había realizado de la música de su difunto esposo.

Gustav Mahler resolvió la situación de manera sencilla. Siempre preocupado por los temas religiosos, dedicó un tiempo al estudio de la figura de Cristo y en febrero de 1897 se hizo bautizar en la fe católica. Tras algunas negociaciones, fue nombrado, en abril de ese año, como nuevo director de la Opera Imperial. Debutó al mes siguiente con una representación de Lohengrin, de Wagner, precisamente. E impuso su ley: prohibió la entrada a la sala una vez iniciada la función, impidió las manifestaciones de entusiasmo en medio de las obras y desbarató la claque (aplaudidores profesionales), a la vez que sometía a orquesta y cantantes a ensayos agotadores. Bajo su dirección, que duró diez años, la Opera de Viena conoció sus mejores tiempos.

Sinfonía N° 2, en do menor, "Resurrección"
El problema de la vida y la muerte y el más allá, había constituido una preocupación y angustia constante en Gustav, desde niño. Ocho de sus trece hermanos murieron a temprana edad, su hermano Otto, también músico, se suicidó a los 22 años, otra hermana murió a los 26, y solo cuatro llegaron a vivir una existencia cabal. Respuestas e inspiración buscó afanosamente Gustav en muchos terrenos, incluida la Biblia, donde encontró, finalmente, que la resurrección resolvía el problema.

Gustav Mahler (1860 - 1911)
Había comenzado a trabajar en la segunda sinfonía muy temprano, en 1888, cuando contaba 28 años, pero no había logrado avanzar más allá de lo que por el momento constituía un poema sinfónico sobre versos del poeta polaco Adam Mickiewicz (amigo de Chopin), que hizo escuchar al prestigiado director Hans von Büllow –al que Wagner le había arrebatado su mujer, la mismísima Cósima– quien mostró escaso entusiasmo. Cinco años más tarde, le agregó otros tres movimientos y la obra quedó a la espera de inspiración por el último que, paradojalmente, le llegó en 1894 para las exequias de von Büllow cuando tuvo la oportunidad de escuchar una página coral sobre versos del poeta alemán Klopstock. La impresión que recibió fue enorme y decidió hacer una musicalización propia del poema, agregando algunos versos de su personal inspiración, para construir el quinto movimiento y final de la segunda sinfonía. Su estreno, bajo su batuta, recibió una buena acogida, en Berlín, el 15 de diciembre de 1895.

La obra completa dura casi hora y media. Se presenta aquí el último movimiento a partir de la entrada del coro. Gustavo Dudamel dirige a la Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, con ocasión de los BBC Proms 2011 en el Royal Albert Hall de Londres, con la participación de la soprano sueca Miah Persson y su compatriota la mezzo Anna Larsson. El coro, el National Youth Choir de Gran Bretaña.


Quinto movimiento: Im tempo des Scherzos
El movimiento completo dura alrededor de media hora. Muy episódico y de fuerte carácter simbólico, es el primer movimiento de todo su ciclo sinfónico en que Mahler ha introducido un coro, a la manera de Beethoven en la Novena y Mendelssohn en su 2a sinfonía.
Tomamos el movimiento en el momento en que piccolo y flauta atestiguan que todo ha dejado de existir. La tierra permanece fría y silenciosa. Pero en 1:51 ocurre algo mágico. Un coro de ángeles hace su entrada para entonar el coral "Resurrección". Apenas audible al principio (se recomienda oír con audífonos), en uno de los pasajes sottovoce más sobrecogedores de la historia de la música, el coro murmura: "¡Resucitarás, sí resucitarás, polvo mío, tras breve reposo!" Desde la masa de sonido coral arranca la voz soprano con serena alegría en 3:36. Retornará en 7:00 con júbilo comedido. Tras un largo pasaje sereno (8:10), hace su entrada la voz mezzo en 9:30 con los versos añadidos por Mahler. Luego de una segunda intervención de la soprano (10:31) y luego el coro, un nuevo episodio en 12:01 iniciado por la voz mezzo conducirá a un final en que todo es fanfarria y repicar de campanas.
Así, todos hemos resucitado. Aunque a mí, también recién vuelto a la vida, me hubiese gustado que la presentadora se quedara allí donde estaba, silenciosa, en su tumba.

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