miércoles, 7 de agosto de 2013

Ignacio Cervantes: Danzas Cubanas



A diferencia de Debussy, Bizet o Gounod, el compositor cubano Ignacio Cervantes no pudo acceder al Premio de Roma mientras fue alumno del Conservatorio de París entre los años 1866 y 1870, debido a su condición de extranjero. Pero ello no impidió que el primer año de su estadía se hiciese con el primer premio en interpretación en piano, y dos años después, con el primer premio de armonía.

Nacido en La Habana en 1847, dio sus primeros pasos en la música de la mano de su padre pianista para proseguir estudios más tarde con otros tutores. La visita a Cuba por esos años de quien hasta ese momento era el único pianista norteamericano reconocido internacionalmente, Louis Moreau Gottschalk, fue providencial para que la familia decidiera que el joven Ignacio de diecinueve años debía terminar su formación en Europa, más precisamente, en el Conservatorio de París.

Ignacio Cervantes (1847 - 1905)
Luego de cuatro años de estadía en la prestigiosa institución, regresó a La Habana en 1870 cubierto de honores pues aparte de los premios ya anotados, había logrado un reconocimiento no menor entre renombrados colegas de la talla de Rossini, Liszt y Gounod. El prometedor estudiante cubano regresaba formado como Ignacio Fernández, concertista en piano, con estudios en París.

Y como a su regreso se encontró con que su patria ya llevaba dos años enfrascada en la primera guerra de independencia con España, decidió hacer su aporte revolucionario desde la trinchera del arte, ofreciendo conciertos por toda la Isla, cuyos beneficios iban a parar a las manos de los revoltosos. No pasó mucho tiempo antes de que las autoridades españolas se percataran de la triquiñuela. Fernández, junto con un reconocido violinista, fueron expulsados de Cuba en 1876.
(La insurrección fracasó y la independencia cubana tuvo que esperar más de veinte años, hasta que en 1898, con la ayuda de ¡quién lo iba a decir! EEUU, las tropas cubano-estadounidenses consiguieron la rendición incondicional del ejército español.)

Fernández compuso una ópera, Maledetto, y varias obras de cámara y zarzuelas, pero hoy es recordado principalmente por su obra para piano, en la que sobresalen sus populares 45 Danzas Cubanas, cinco de las cuales nos ofrece aquí la graciosa pianista cubano-canadiense Beatriz Boizán, quien, al igual que la japonesa Mitsuko Uchida, también hace morisquetas, pero encantadoras.


0:07 Invitación / 2:05 Ilusiones perdidas / 3:26 La encantadora / 4:44 Adiós a Cuba / 6:42 Improvisada

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