domingo, 4 de noviembre de 2012

Rachmaninof: Preludio en do menor



Sergei Vasilievich Rachmaninof fue una celebridad temprana. En 1893 acababa de cumplir los veinte años y, recién terminados sus estudios en el Conservatorio de Moscú, asistía al estreno, exitoso, de su primera ópera, Aleko, un trabajo de fin de carrera que, amén del premio Medalla de Oro del Conservatorio, mereció el entusiasta reconocimiento de su compatriota Piotr Ilich Tchaikovski.

La ópera, sin embargo, ha llegado con dificultad hasta nuestros días. Exactamente lo opuesto sucedió con una obra para piano, breve, de 4 minutos de duración, compuesta en la misma época: su celebérrimo Preludio en do menor, el primero de un total de 27 preludios que Rachmaninof va a componer a lo largo de toda su vida. A este primer preludio se debe, también, que su celebridad fuera reconocida tan tempranamente.

Sergei Rachmaninof (1873 - 1943)
Para 1917, Sergei era un virtuoso del piano conocido en toda Rusia y solicitado por los teatros más reputados de Europa. Así, pues, la revolución bolchevique de ese año sólo vino a complicar las cosas para la familia Rachmaninof. Aprovechando una providencial invitación a realizar una gira por los países escandinavos, Sergei y su familia abandonaron Rusia en la navidad de 1917 para no regresar jamás.

En noviembre de 1918 estaba instalado en Estados Unidos, país donde sus giras de concierto se incrementaron a tal punto que el mismo Rachmaninof se refiere a esta época de su vida como un "perpetuum movile". Y a propósito, los tres mil dólares que ganaba por cada presentación facilitaron que prendiera en él una pasión curiosa: Sergei se aficionó a los automóviles, pasión que en su nueva patria podía satisfacer cómodamente. Aunque había algo que lo molestaba: la infaltable petición del público, al término de cada concierto, porque interpretara el Preludio en do menor, que "por desgracia he terminado por tocarlo sin pensar".
Y el fervor no ha disminuido. La película de 2011, Limitless, con Robert de Niro, contiene una escena en que el protagonista ensaya el preludio.

La versión es del gran maestro ruso Emil Gilels.



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