jueves, 8 de noviembre de 2012

Beethoven: Sonata La Tempestad (I)



El año 1802, Ludwig van Beethoven no pasaba por un buen momento. A sus 32 años, su sordera era un hecho, y había decidido confesárselo a sus hermanos en el célebre Testamento de Heiligenstadt, ásperas páginas donde se pregunta con dolor por qué tuvo que ocurrirle eso a él, un músico y, donde de algún modo justifica, también, la acritud de su carácter. Es el año de la composición de la sonata opus 31 N° 2, La Tempestad.

Según un biógrafo coetáneo, la enésima vez que se le preguntó a Beethoven a qué debía su nombre la sonata, respondió, molesto: "lean La Tempestad de Shakespeare". Lo más probable es que Ludwig haya contestado cualquier cosa, fastidiado por la reiterada pregunta, porque lo cierto es que la sonata Opus 31 N° 2 poco o nada tiene que ver con la obra homónima del reputado bardo.

Sonata Opus 31 N° 2 "La Tempestad"
La Sonata se compone de tres movimientos: Largo - Allegro / Adagio / Allegreto.
Todos ellos están construidos en la "forma sonata", procedimiento habitual del clasicismo y romanticismo. Utilizando dos o tres temas contrastantes en carácter, primero se "exponen" y luego se desarrollan en tonalidades diferentes; por último se realiza la "reexposición" de los temas. Todo debe confluir al encuentro con la tónica, la tonalidad inicial.

La sonata "narrada" En este artículo, el primero de tres, trataremos de "narrar" la sonata, es decir, mostrar cómo está construida, y qué elementos la constituyen. Para ello, haremos uso de los trozos que el pianista húngaro András Schiff fue tocando durante sus clases magistrales sobre las sonatas de Beethoven, de las cuales solo tenemos el audio. Al final del artículo, se presenta un video del movimiento completo, cuya atenta audición esperamos permita reconocer lo que con tanto esfuerzo hemos deconstruido András y yo.


Primer Movimiento

El comienzo de la sonata presenta dos novedades: 1. No comienza en la tónica sino en su dominante. 2. En vez del allegro tradicional, los primeros acordes muestran, en menos de un minuto, tres diferentes tempi (plural de tempo): largo, allegro y adagio (como se aprecia en la imagen).


Después de repetir el largo en otra tonalidad y saltándonos esta vez el adagio, retomamos el allegro, que nos conducirá, recién, a la clave fundamental, re menor:


Establecidos en re menor, Ludwig nos presenta el primer tema, de carácter orquestal. Tremolando, exige Beethoven para la mano que esté dispuesta a hacerlo, porque la derecha debe conducir una melodía interrogativa y anhelante (tremola la izquierda) y la izquierda debe atacar cuatro notas (mientras tremola la derecha). La mano izquierda, eso sí, después de que la derecha dejó de preguntar, está obligada a terminar la frase de las cuatro notas con una notita alta, mediante cruce de manos.


Luego, un segundo tema, del siguiente tenor (la mano izquierda dejó de tremolar, y juega con algo de melodía).


En su desarrollo, el tema se topa con unos sforzando (un énfasis repentino), de los cuales, en opinión de Schiff y en completo acuerdo con lo escrito por Beethoven, sólo el último debe tocarse fortissimo, y así nos lo recalca Schiff mientras toca. Luego, el trozo se encamina a su conclusión.


Tres amplios arpegios, muy lentos, permitirán la modulación a una nueva tonalidad, donde, súbitamente, se abre la puerta para recoger el primer tema, mediante las cuatro notas en el bajo:


Recapitulación del primer tema, en la nueva tonalidad, que enrumba por nuevos caminos, sin engarzar con el segundo tema, que Ludwig dejará para más tarde:


A continuación de unos arpegios, a esta altura hemos alcanzado la tonalidad original (se cita brevemente el allegro del comienzo). Pero se necesita llegar al segundo tema y reexponerlo en una tonalidad distinta. Beethoven hace esto mediante un recitativo (un breve canto que no comporta drama alguno) que solo se le ocurre a un genio como él, recitativo que es abruptamente interrumpido por secos acordes a los que siguen arpegios que los desarrollan, modulando, para conducir a la nueva tonalidad, donde se reexpondrá el segundo tema. Ya no queda nada por inventar, y sólo nos espera la conclusión que, desprovista de toda espectacularidad, dejamos para vuestro aplicado deleite en el video.



Daniel Barenboim - Beethoven Sonata N° 17 Opus 31 N°2 "La Tempestad" - Primer movimiento




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9 comentarios :

  1. No soporto las sonatas de Beethoven y no me da verguenza decirlo. Las encuentro sin asunto, densas y aburridas, excepto la Appassionata. Sus Sinfonías son magistrales pero si alguien quiere castigarme alguna vez, que me encierre todo un día escuchando sus sonatas. Sé que mientras más se escucha una obra, se llega a admirarla pero las sonatas las encuentro siempre insoportables. jejeje, Sorry, Carmen Pía

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  2. Pues a mí "La Tempestad" me parece magistral, francamente.

    Muy buen artículo.

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    1. Gracias, Valquiria. Soy de la misma idea. Es una extraordinaria y, hasta sencilla, pieza, lo que la hace más extraordinaria aún.
      Vi tu perfil y me encantó el modo como te defines. Saludos, y gracias por dejar tu comentario aquí.

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  3. horacio j. iglesias8 de julio de 2013, 12:50

    Muy interesante el comentario y/o análisis "La Tempestad" es una sonata exquisita y delicada, como casi todas las sonatas de Beethoven. Hay gente (mucha) que pasa por la vida y no las escucha, ni las conoce.........ni a Beethoven.........en fin, yo tampoco conozco algunas muchas cosas, pero la música es lo máximo.
    Saludos

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    1. Hola, Horacio. Es cierto, hay gente que pasa por la vida sin escucharlas jamás. Una lástima, por ellos.
      Gracias por dejar tu comentario aquí. Saludos.

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  4. Hola, está muy padre esta entrada. Me gustaría saber dónde consigo el audio de Schiff? Gracias

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  5. Hola, girl at rat mort. Aquí va el enlace a la serie completa de las sonatas de Beethoven, y gracias por tu visita:

    http://music.theguardian.com/classical/page/0,,1943867,00.html

    Saludos

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