jueves, 18 de octubre de 2012

El Danubio Azul, paso a paso



El hijo superó al padre largamente. Al padre lo recordamos por la Marcha Radetzky. Al hijo, por las más de 500 piezas bailables, entre las que se cuentan más de cien valses y otras tantas polkas y marchas, compuestas entre 1840 (a los quince años) y 1899, año en que lo alcanzó la muerte, mientras se aplicaba a la composición de un ballet. Johann Strauss, hijo, es el gestor de la empresa que logró llevar el vals desde su condición original de danza campesina hasta su conversión en una pieza musical bailable consentida en la corte de los Habsburgo, en Viena, a mediados del siglo XIX.

Johann Strauss (1825 - 1899)
Su pieza bailable más célebre es, desde luego, el vals En el bello Danubio azul, cuyo nombre de batalla, "Danubio azul", no resulta desconocido para nadie. La obra fue compuesta a pedido:  un vals cantado que hiciera a los vieneses olvidar la derrota reciente sufrida a manos de Prusia, durante la guerra de pintoresco nombre, la "guerra de las siete semanas", del año anterior, 1866. La obra no gustó. Tampoco Johann le tenía mucha confianza: "no era suficientemente pegajosa", se autoculpó. Sin embargo, poco después, invitado Johann a dirigir en París, decidió incluir en el programa este vals malquerido, pero sin los coros. Fue un éxito rotundo. Hasta el día de hoy.

El famoso vals, por supuesto, celebra la incomparable belleza del larguísimo río Danubio, que cruza por cinco capitales de Europa y que en alguna época habrá sido azul, aunque, casi de seguro, tampoco lo era en tiempos de Strauss. En el siglo XX, fue presa de un joint-venture entre ni más ni menos que Rumania y la ex Yugoslavia con el fin de construir una represa, ahí, en el mismísimo y "bello Danubio azul". Las obras comenzaron en 1964 y a su término, en 1972, se alzaba junto a la represa la segunda mayor central hidroeléctrica de Europa. No se supo de manifestaciones ni redes sociales que reclamaran por un "Danubio sin represas".

La versión es de la Filarmónica de Viena, año 2009. El vals está conformado por cinco pequeños valses. Su ligazón y desarrollo se detallan más abajo. Lo hemos escuchado miles de veces, no está de más saber de qué está hecho.




00: Introducción, largo, delinea con delicadeza el inconfundible tema principal.
0:42  Pasaje en forte, majestuoso, que rápidamente baja su intensidad para volver luego al reposo de los primeros compases.
1:38  Luego de un breve accelerando en 1:17, el ritmo se enlentece y tres notas descendentes en stacatto a cargo de las cuerdas dan la bienvenida a la melodía principal.
1:45  Sección 1A. El celebérrimo motivo encargado a cellos y cornos, acompañados del arpa, en re mayor.
2:27  Sección 1B.  En la misma tonalidad, un tema algo juguetón.
2:42  Sección 2A. Se desliza un nuevo tema, tranquilo, sin ampulosidades.
2:58  Sección 2B. Subtema, melodioso, a cargo de los violines. Vuelve a 2A.
3:29  Sección 3A. Nuevo tema, algo más vivo, en sol mayor. 
3:58  Sección 3B. Un melódico pasaje de corcheas; después de su repetición, llevará a una briosa intrata (4:27) que conduce a:
4:37  Sección 4A. El pasaje más sensual, o romántico. Su repetición conduce a:
5:15  Sección 4B. Un momento más vivo, en la misma tonalidad.
5:41  Brevísima intrata que llevará a:
5:51  Sección 5A. Una melodía conmovedora. Su repetición finaliza con otra intrata que llevará al clímax.
6:24  Sección 5B. El clímax, marcado por vibrante choque de platillos (momento propicio para recorrer el salón de punta a cabo, a grandes saltos si es posible).
6:52  Comienza la coda. Se citan las primeras secciones (3A y 2A), luego furiosos acordes dan entrada a la recapitulación del romántico trozo 4A (7:34).
8:08  Un silencio que dura un compás completo antecede a la repetición del tema inicial, 1A, muy lento, que va a sufrir un corte abrupto en 8:49, para dar paso a la codetta final, sobre la base de una ingeniosa variación de 1A.
9:25  Pasaje en accelerando. Rápidas corcheas, sonoramente subrayadas por redobles de la caja, suben y bajan para luego enrumbar con determinación hacia los tres acordes finales.

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14 comentarios :

  1. A poco de sonar en mis tímpanos los timbales del último acorde ante la mirada algo turbia que el vino de Baviera deja en mi cabeza, bajo la influencia de sus ojos claros como el cristal de los Apeninos con los míos nublados de amor y contra el deseo de mi razón de no atender a sus encantos, entre el fulgor de la noche del río y el deseo de tenerla entre mis brazos y perder de una vez el ducado de mi heredad, desde ya tiempo sentía sus presión sobre mi mano hasta llevarme por la pista hasta el balcón donde los reflejos de Budapest llenaban de intriga mis ideas libertarias sin tener ningún recato y desde la profunda hondura del color violeta de las pupilas sin desparpajo sus labios dijeron, sangre chilena se requiere en Austria, Carlos.

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    1. Este cuento de la necesidad de sangre chilena en Austria, señor, ya lo contó antes. Por favor, renuévese.

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    2. Según entiendo, Ud y la niña que le "nublaba los ojos de amor" (¡qué metáfora! ¿eh?), se encontraban en Budapest. Y bien, ¿por qué querría ella llevárselo a Austria? ¿o es que la muchachita era austríaca? Por último ¿cómo fue que lo escogió a Ud. entre tanto húngaro?

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    3. Esta tierna obra maravillosa ironicamente "malquerida" por el propio Strauss, que despues lo hiciera recapacitar dandole el valor real que desde siempre tuvo, es algo inmaculadamente hermoso, cuyas notas musicales parecen flotar en dulce danza sobre las azules aguas del majestuoso DANUBIO.Feliz de recibirlo y disfrutarlo! Felicitaciones!mama nena.

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    4. Hola, Mama Nena. Muchas gracias por tus palabras y alentador comentario. Saludos.

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  2. Excelente la lección sobre el Danubio Azul.

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    1. Me alegro. De eso se trataba, una pequeña "lección" sobre una pieza archi conocida. Gracias por tu comentario.

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