martes, 26 de junio de 2012

Erik Satie: Gnossienne N° 1



La primera irreverencia con que Satie saludó a la academia francesa fue catalogar como Opus 62 la primera obra que compuso, cuando tenía 19 años. Hacía seis años había ingresado al Conservatorio de París, destacando como excelente alumno en teoría, armonía y piano; sin embargo abandonará la institución a los 21, un poco fastidiado con las corrientes estéticas del momento, ya fueran éstas académicas o vanguardistas.

Sus ocho años de estudios en el Conservatorio le proveyeron, después de todo, una sólida base, especialmente como pianista. Con este instrumento se ganará la vida, y para él compondrá la mayor parte de su música. El mismo año de su abandono de la academia, 1887, inició su trabajo como pianista en el cabaret  Chat Noir, pero al poco tiempo fue despedido, y de manera violenta, Erik tenía un carácter difícil. Sin embargo, no tardó mucho en encontrar trabajo como pianista en un establecimiento similar. Esta vez fue el turno del cabaret L'auberge du clou, donde permaneció varios años y donde tuvo la suerte de conocer a Claude Debussy, con el que inició una amistad con altibajos.

Erik Satie (1866 - 1925)
Fue precisamente Debussy quien le reprochó en un par de oportunidades que su música parecía a ratos descuidada en lo concerniente a las formas musicales. En respuesta a este reclamo, Satie replicó con la composición de una pequeña obra que tituló Tres piezas en forma de pera, para piano a cuatro manos, que no son ni tres ni tampoco, por supuesto, tienen forma de pera.

La Exposición Universal de París, de 1899, abrió la oportunidad para que muchos músicos entraran en contacto con otros universos musicales, más exóticos. Ahí nació, por ejemplo, el gusto de Debussy por la música javanesa. Satie no se quedó atrás y se entusiasmó con la música rumana, huella que los estudiosos juran observable en las enigmáticas Gnossienes, compuestas un año más tarde. Son los años en que Satie demuestra tener una especial predilección por el número tres. De ahí, las tres Gnossiennes, con que culmina una etapa comenzada con las tres Sarabandes (1887) y las tres Gymnopedies (1888).

Más allá de su compromiso con la producción de composiciones divertidas, llenas de fantasía y humor, Satie continuó siempre siendo un inconformista, un músico volcado a lo experimental. Así fue como en 1920, en compañía de otros compositores, se abocó a la producción de lo que ellos mismos llamaron "música de mobiliario", una música que no es un objeto en sí mismo, sino una especie de decoración musical, cuyo fin es meramente utilitario, tal como ocurre con los muebles.
Aunque en principio la exótica Gnossienne N° 1 no pertenece a la categoría recién descrita, es innegable que adquiere otro significado, otra dimensión, "una belleza nueva" si se escucha como música de fondo (!), ¿música ambiental? de este sencillo video que recoge la rutina de su autor en su viaje cotidiano de la casa al trabajo.
Al piano, el francés Jean-Yves Thibaudet.



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