lunes, 18 de junio de 2012

El niño Chopin y su familia / Barcarola



Nicolás Chopin, el padre de Frédéric, abandonó Francia para probar fortuna en Polonia cuando tenía dieciséis años. Después de trabajar un tiempo en una pequeña fábrica de tabaco dirigida por un compatriota, logró ubicarse, ya adulto, como profesor o tutor en casa de familias polacas aristocráticas. Así es como llegó a trabajar para la familia Skarbek, asentada en la villa de Zelasowa Wola, a 60 km de Varsovia.

La madre, Justina
La señora Skarbek, por esos años viuda, era asistida en la mantención de la casa por una pariente pobre, una joven de veinte años sencilla y encantadora, de cabello rubio y ojos azules que lucía un cierto aura de distinción, pese a su nariz aguileña, que legará a uno de sus hijos. Sí. Será la madre de Frédéric, pues al cabo de cuatro años, Justina y Nicolás, que se veían cada día durante la cena y se topaban a cada momento por los pasillos y rincones de toda la casa, fundieron la humanidad de uno en el otro en uno de aquellos rincones, escasamente iluminado. Finalmente se casaron.

Ludwika e Izabella Chopin
Cuatro hijos nacerán del matrimonio. Frédéric, el único varón, es el segundo. Su hermana mayor, Ludwika, será una suerte de preceptora del pequeño Chopin, además de quien lo inicia en el camino de la música. Pronto tocarán a cuatro manos para delicia de sus padres. Ludwika es su afectuosa consejera, casi su amiga; lo visitará en su oportunidad en París y estará junto a su hermano en la hora de la despedida final.
La segunda hermana, Izabella, es también una buena música aunque no supera el brillo de Ludwika. Ambas, y también Frédéric, por supuesto, han desarrollado sus habilidades pianísticas de la mano de Justina, la madre, aficionada talentosa.

Emilia Chopin
La hermana menor, Emilia, ha decidido ser poetisa. A los once años escribe, junto a su hermano, una comedia en verso para festejar el cumpleaños del padre. Más tarde, Frédéric se unirá a Ludwika para escribir a dúo libros infantiles. Músicos, habilosos, alegres, simpáticos, adorables, con talento casi para todo. Así son los niños Chopin. El que reúne los mayores talentos es, qué duda cabe, el pequeño Frédéric. Curiosamente, tiene una facilidad asombrosa para el dibujo y las caricaturas, y un don inigualable para la imitación de personajes. Con estas habilidades extra musicales asombrará y divertirá años más tarde a los asistentes a las veladas artísticas en los salones de París, adonde ha sido invitado, en principio, para tocar el piano.

Barcarola opus 60
Se conocen como barcarolas las canciones folklóricas que los gondoleros venecianos cantan mientras pasean a sus pasajeros por los canales de la ciudad. La tradición es antiquísima y se cuenta que los gondoleros lo hacían para no prestar oído a lo que sus distinguidos paseantes, nobles todos ellos, conversaran durante la pequeña travesía.
Un buen número de autores clásicos abordó la composición de barcarolas, después de hacer la visita de rigor a Italia, y cómo no, Venecia. Aparte de la popularísima de Jacques Offenbach, de los Cuentos de Hoffmann (de la que hasta Elvis Presley entregó su versión, "rock", en la película G.I. Blues), la más célebre barcarola "clásica" es la de Frédéric Chopin, compuesta en 1845, durante un verano en Nohant, la residencia veraniega de su compañera de aquel tiempo, la escritora Georges Sand.
En un breve análisis que Maurice Ravel hizo sobre esta pequeña obra maestra, señaló: "Chopin realizó en ella todo lo que sus maestros, por negligencia, sólo expresaron en forma imperfecta".
La versión, impecable, es de la pianista taiwanesa Ching-Yun Hu.



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