lunes, 21 de mayo de 2012

Liszt-Paganini: La Campanella



Grande debió haber sido la sorpresa de Carolyne de Saint-Cricq, una chica aristócrata de catorce años, cuando vio entrar a la sala de música a su profesor de piano, Franz Liszt, apenas un año mayor que ella. El preadolescente, célebre pianista, regresaba de una gira por Inglaterra, Francia y Suiza; había perdido recién a su padre, lo que lo obligaba a convertirse en el proveedor de la corta familia –él y su madre– ofreciendo lecciones a niñas aristócratas y de la alta burguesía, en el París de 1826.

Como era de esperar, Carolyne, la hija de un ministro de Carlos X, se enamoró prontamente de su joven maestro, y éste de ella. Fue un amor a primera lección pero sin desenlace venturoso. Previendo consecuencias fatales, el ministro acabó con la música y las lecciones. Franz cayó en depresión pero luego logró salir airoso de su primer –y quizás único– contratiempo amoroso. Al poco tiempo, fue capaz de continuar con sus exitosas giras por toda Europa, cosechando aplausos por doquier. Carolyne se casó, entretanto.

Poco antes de encontrar el amor de verdad en la figura de Marie d'Agoult, el joven maestro tuvo la oportunidad de asistir en 1832 a un concierto que el violinista italiano Niccolo Paganini presentaba en la Opera de París. La experiencia constituyó para Franz una revelación de primer orden, y decidió trabajar intensamente en su instrumento con la firme determinación de lograr una perfección tan completa como la que mostraba el diabólico italiano con el violín.

Por fortuna, a los pocos meses Liszt acudió a la Sala Pleyel a escuchar a un colega, otro joven que le llevaba tan solo un año, un polaco, Frédérik Chopin. Allí comprendió que la sola exhibición del dominio de un instrumento no era suficiente, y que también era posible inventar un mundo íntimo en el teclado de un piano. Y entendió que si Paganini componía para su violín, lo que él debía proponerse era escribir para el piano.

Estudios de ejecución trascendente
En los "Seis estudios de ejecución trascendente sobre Paganini", de 1838, Franz Liszt cumplió a cabalidad con aquel propósito. En el estudio N° 3, llamado La Campanella, basado en un tema del segundo concierto para violín de Paganini, Liszt se atrevió a responder a la escritura diabólica del italiano con una obra que constituye un logro avasallador por el valor intrínseco de la música resultante, más allá del mero virtuosismo.

La versión es de la pianista ucraniana Valentina Lisitsa.



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5 comentarios :

  1. Un detalle... Valentina Lisitsa es ucraniana.

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  2. Dices verdad. La Vale es ucraniana. Gracias por el aporte.

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  3. Que loco que eran en esos tiempos,,,el pensar que había influencias demoníacas,,,por que no pensar en influencias divinas,,ademas esas personas vinieron con el propósito de hacer realidad la música de un piano,hoy en día su luz musical sigue fugaz en este mundo y seguirá Por siempre .

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    1. Hola, Lisandro. Gracias por tu comentario.

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  4. Que loco que eran en esos tiempos,,,el pensar que había influencias demoníacas,,,por que no pensar en influencias divinas,,ademas esas personas vinieron con el propósito de hacer realidad la música de un piano,hoy en día su luz musical sigue fugaz en este mundo y seguirá Por siempre .

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