martes, 31 de mayo de 2011

Rossini: Barbero de Sevilla - Cavatina


Figurines de Rosina y Fígaro diseñados para la representación
de Il Barbiere di Siviglia en la Scala de Milán, en 1905

No obstante haber nacido un año antes de que le cortaran la cabeza a Luis XVI, circunstancia que podría haber favorecido el vaticinio de que le tocaba vivir una época tormentosa, el compositor italiano Gioacchino Rossini alcanzó el éxito a los veinte años con el estreno de una ópera bufa en la Scala de Milán, que llegó a representarse 53 veces en la temporada de ese año, 1812.

Dos años más tarde, y solo cuatro después de iniciada su carrera, Rossini ya era, inapelablemente, el compositor más popular de Italia. Posteriormente lo será también de Viena y París, donde una larga serie de otros compositores deberá enfrentarse a su enorme fama y prestigio compitiendo por el favor de la audiencia, a lo que no estuvieron ajenos músicos de la talla de Chopin, o Liszt.

Gioacchino Rossini (1792 - 1868)
Y si el gusto de la época iba más por la música cantada que por la instrumental, o por el bel canto de la ópera italiana romántica para ser más precisos, Rossini no tuvo en ello más participación que la que surge del valor de su propia obra. Por el contrario, el bueno de Rossini acogió y dio a conocer en París a muchos de estos jóvenes compositores que acudían allí a tratar de consolidar una carrera, en una ciudad en que damas y caballeros nobles podían perder toda compostura tratando de conseguir un palco para escuchar Cosi fan tutte de Mozart, El barbero de Sevilla de Rossini o Norma de Bellini.

Respecto de los compositores ya consolidados, Rossini también hará su aporte y visitará a Beethoven en Viena en 1822 para saludar al autor de la sinfonía "Heroica", que ya está completamente sordo. Rossini tiene solo treinta años. Beethoven, de 52, le asegurará que mientras exista la ópera italiana, El barbero de Sevilla no dejará de representarse.
Chopin adolescente había asistido a su primera representación en Varsovia, en 1825. La obra le encantó y de ahí en adelante no dejará de adorar esa música espontánea, colmada de ingeniosos detalles en su escritura y reveladora de un gran sentido del humor casi rayano ahora podemos verlo en el absurdo contemporáneo. Luego en París, Frédérick tendrá varias ocasiones de repetirse el suculento plato.

Il barbiere di Siviglia, ópera bufa de Gioacchino Rossini, tuvo su estreno en Roma, en febrero de 1816, bajo la dirección de su autor, que contaba 24 años. Estructurada en dos actos, la obra está basada en la comedia homónima de Beaumarchais, cuya "segunda parte", Las bodas de Fígaro, Mozart ya había "musicalizado", años antes.

La cavatina (una melodía simple, menos brillante que un aria) de Rosina −por cuyos favores se enfrentan Don Bartolo y el conde de Almaviva− inicia la segunda escena del Acto I. Se presenta aquí magistralmente cantada por la soprano de coloratura estadounidense Kathleen Battle, en versión de concierto.



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miércoles, 25 de mayo de 2011

Brahms: Concierto violín - 3er mov


Valle del Rhin - Alemania

Cuando Brahms tenía quince años, su maestro Marxsen dio por concluida su formación pianística y lo echó a caminar solo por el mundo. Pero no por ello Johannes abandonó su interés por la composición y los arreglos musicales, mientras continuó tocando en las cervecerías de Hamburgo −también ocasionalmente en alguna casa de la aristocracia− y visitando con la mayor frecuencia posible la casa de pianos Baumgartner a falta de uno propio donde practicar.

También saldrá en gira de conciertos formando dúo de violín y piano con uno u otro de los dos violinistas más connotados de la época: Reményi y Joseph Joachim. Con este último forjará a lo largo de los años una gran amistad que, salvo algunos altibajos, durará toda la vida; amistad cimentada quizá en la sana obstinación de Joachim para que Brahms se deciciera a visitar en Düsseldorf a los Schumann, es decir, al compositor Robert Schumann y a su bella esposa y célebre pianista, Clara Schumann.

Johannes Brahms a los 20 años
(1833 - 1897)
Decidido a dar un paso que podría proporcionar un gran aliento a sus aspiraciones artísticas, tras unos días de viaje por el valle del Rhin, el joven Johannes de 20 años llegó a Düsseldorf y llamó a la puerta de los Schumann un día de septiembre de 1853, pocos meses antes de que Robert
intentara suicidarse, arrojándose, precisamente, a las aguas del Rhin.

Precedida por varias cartas de Joachim, la acogida no pudo ser más amable y calurosa, más sencilla y cordial. Clara y Robert Schumann invitaron a cenar esa noche a Johannes, iniciándose así una de las relaciones más conmovedoras e inquietantes que nunca se haya visto entre dos artistas. Robert va a enloquecer dentro de poco y será internado en un sanatorio. Clara, a sus 34 años quedará sola, a cargo de sus siete hijos. Deberá proveer su alimento y cuidado, echando mano a las clases de piano y a las giras de concierto.

Brahms, consuelo de Clara
Enterado del intento de suicidio y reclusión, Brahms acudió adonde Clara a darle consuelo sin pedir nada a cambio, en principio. Pero el artista de cafés mimado en su infancia por un ruedo de prostitutas tropezó aquí con un alma y una figura femeninas que desconocía por completo. A la bondad y dulzura de Clara sólo supo responder balbuceante, con singulares muestras de afecto que hasta el día de hoy no ha podido establecerse si eran o no correspondidas.
Durante un tiempo, Robert internado, Johannes permanecerá junto a Clara, casi en el papel de dueño de casa. Pero el idilio inconfesado jamás terminará por resolverse, aunque duró más de cuarenta años.

Concierto para violín y orquesta
Dedicado a su amigo violinista Joachim, fue compuesto en el verano de 1878, probablemente en los Alpes austríacos, en la villa de Pörschach, donde según el propio Brahms "las melodías surgen por doquier y debe ponerse cuidado en no pisarlas al caminar". Se estrenó el 1 de enero de 1879, con Brahms en la dirección y Joachim de solista.
Estructurado en tres movimientos, se presenta aquí el último, Allegro giocoso, en versión de la violinista alemana Julia Fischer, quien además es pianista, en sus ratos de ocio. (El movimiento dura 8 minutos, el resto son aplausos).



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martes, 17 de mayo de 2011

Brahms: Danza húngara N° 5


Johannes Brahms, a los 20 años, en 1853.

Fruto de la unión de una costurera y de un extrovertido músico que se ganaba la vida tocando en pequeñas orquestas que animaban la vida provinciana, el pequeño Johannes tuvo que abandonar la escuela al año o dos de haber iniciado sus estudios convencionales porque sus padres vieron en él, a los siete años, a un niño prodigio que, bien explotadas sus habilidades musicales, podría sacarlos de la condición humilde en que vivían, en los barrios bajos de Hamburgo, a fines de 1840.

Y la fortuna estuvo de su lado. Un notable profesor de piano llamado Cossel a quien Johann padre conoció de pura casualidad se ofreció para dar clases a Hannes –como era llamado en familia– sin recibir nada a cambio. El niño Brahms respondió a esta muestra de generosidad dedicándose al aprendizaje con seriedad, tesón y una gran cuota de sacrificio pues, no habiendo piano en casa de los Brahms, debía ingeniárselas para conseguir que un burgués bondadoso le prestara uno. El fabricante de pianos Baumgartner, desde luego, no escatimó el apoyo.

Ante los notables progresos del niño, el profesor Cossel decidió que Johannes continuara su formación con quien había sido su maestro, un reputado director musical que superaba ampliamente la talla artística del propio Cossel.
Pero esta vez había que pagar.

Brahms en las tabernas
El aumento del ingreso familiar se volvió entonces una necesidad ineludible. Por fortuna, la solución estaba a la mano. Johannes padre, experto en estas lides, consiguió para Hannes un empleo en una taberna de los barrios portuarios de Hamburgo.
Sentado allí al piano, el pequeño Johannes de diez años tenía por misión deleitar con melodías ligeras los oídos de marineros borrachos y prostitutas querendonas. Si su público ardía de entusiasmo, debía tocar también el violín, el violoncello y la trompa, instrumentos que, felizmente, también manejaba con destreza.

Esta lastimosa historia –que el mismo compositor se encargó de divulgar– no impidió, sin embargo, que Brahms adulto pudiera componer, más tarde, melodías rebosantes de alegría, entre las que destacan por su vivacidad y brillo las altamente célebres Danzas Húngaras, veintiuna piezas escritas originalmente para piano a cuatro manos y compuestas durante un periodo que va de 1852 a 1869.

Danza Húngara N° 5
Las bellas hermanas y notables pianistas, Katia y Marielle Labèque, en versión para dos pianos, interpretan aquí la Danza Húngara N°5, la más famosa de todas, en un "video" sin imágenes, tal vez porque no las necesita: la interpretación es impecable. En reemplazo de las imágenes, va la foto de las dos chicas, que no creo vaya a molestar a nadie.



A continuación, Bill Edwards, ex campeón del Old-Time Piano Playing Championship de EEUU, intenta aquí revalidar su título con una novedosa versión a medio camino entre el ragtime y el charleston.



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viernes, 13 de mayo de 2011

El abate Liszt



El príncipe Nikolaus era un egoísta de tomo y lomo. Divorciado y vuelto a casar, no estaba dispuesto a que su ex mujer hiciera lo mismo. Apenas supo de la intención de Franz Liszt de desposar a Carolyne de Sayn-Wittgenstein se dedicó a complotar por corredores y pasillos de la Santa Sede con el fin de impedirlo. La visita del emisario del Papa a Carolyne anunciando que la autorización de matrimonio debía revisarse era el fruto de todas sus intrigas.

Pero una vida de maquinaciones no le hace bien a nadie. Así fue como, en 1864, el príncipe abandonó este mundo sin que nadie lo llorara. Se presentó así la ocasión soñada para que Liszt y Carolyne se unieran en santo matrimonio, sin impedimento alguno. Pero al mismo tiempo la relación estaba iniciando el camino sin retorno del desamor: Franz, pensando que ya estaba viejo para esas lides, Carolyne, empezando a convencerse de que tal cúmulo de dificultades no era sino una advertencia del fracaso futuro.

Así las cosas, Liszt va a tomar la decisión de su vida, sorprendiendo a amigos, colegas y público. En el año 1865, a sus 54 años, el célebre pianista y compositor va a recibir las "órdenes religiosas menores", convirtiéndose así en el respetable abate Liszt. Sin embargo esto no impidió que continuara con su carrera, en sus vertientes conocidas de pianista, compositor... y amante, pues se tiene noticia de más de una aventura después de haber recibido las órdenes religiosas.

Pero Franz no dejó por esto de mantener contacto con su princesa Carolyne. Durante una buena cantidad de años intercambiaron miles de cartas, hasta el dia en que a Liszt le llegó su hora, el 31 de julio de 1886. Seis meses después, sin aspavientos, Carolyne habría de seguirlo.

Concierto para piano y orquesta N° 1
En el transcurso de su larga vida, Liszt compuso dos conciertos para piano y orquesta. El más celebrado y el que más ha concitado la atención de público e intérpretes es el primero de ellos. Su creación le tomó a Liszt cerca de 26 años. Los primeros bosquejos datan de 1830 cuando Franz tenía tan solo 19 años. En el transcurso de la extensa y animada vida del compositor, el concierto N° 1 va a sufrir una serie de modificaciones, que parecen culminar en 1853 con los últimos cambios. Dos años después, el concierto se estrenó en la ciudad de Weimar con el compositor al piano bajo la dirección de su amigo Héctor Berlioz. Con un par de modificaciones más, fue publicado en 1856.

El concierto completo dura cerca de 20 minutos, estructurado en cuatro movimientos que se tocan sin interrupción. En versión del pianista argentino Daniel Tiempo (notable discípulo de su compatriota Martha Argerich), los invito a escuchar el primer y segundo movimientos del Concierto N° 1 en mi bemol mayor de Franz Liszt.



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martes, 10 de mayo de 2011

Liszt: Vals "Mefisto" N° 1

Caricatura de la época: Franz Liszt al piano.

La princesa Carolyne muy princesa sería pero fumaba cigarros y hablaba mucho, según hizo saber a todo el mundo el compositor y pianista Hans von Büllow, yerno de Liszt, casado con su hija Cosima. (Quizás por bocón, esta última lo va a abandonar más tarde, para irse con el amor de su vida, 25 años mayor, Richard Wagner.)
Dejando a un lado a Cosima, digamos que la princesa Carolyne fue en verdad una buena mujer que se la jugó por Franz, incluyendo en ese compromiso la supervisión a la distancia de la educación de los hijos del compositor, amén de la sabia sugerencia de que abandonara las giras de concierto para dedicar todas sus energías a la composición.

Mientras todo ello ocurría, la solicitud de divorcio de Carolyne y su príncipe y oficial de ejército Nikolaus, seguía a la espera de la decisión de la Santa Sede, cuestión que finalmente se va a resolver de manera favorable recién en 1855, diez años después de iniciado el proceso y al poco tiempo de que Nikolaus se hubiera vuelto a casar. Pero una cosa era el divorcio y otra el permiso para casarse. Nikolaus está en su derecho (porque era protestante), pero Carolyne no, dictaminó la Iglesia, mostrando escasa consideración por la dedicación de la princesa a los estudios teológicos.

El permiso para contraer matrimonio va a ser finalmente concedido a Carolyne en 1860, cinco años después del divorcio. Franz quería casarse ya, pero ella sugirió que lo hicieran en Roma al año siguiente, para cuando el compositor cumpliera 50 años, el 22 de octubre de 1861.
Y así lo acordaron. Pero el día 21, la víspera de la boda, un emisario del Papa llamó a la puerta de la casa de Carolyne, en Roma, para anunciar que el proceso requería una nueva revisión.

El Vals Mefisto
La pieza popularmente conocida como Vals Mefisto es el primero de cuatro valses del mismo nombre compuestos por Liszt, en diversas épocas. La versión para piano –pues la hay para orquesta y para dos pianos– nació alrededor de 1860 si bien sus innovaciones armónicas presagian el espíritu de la música de compositores tan lejanos en el tiempo como Ravel o Prokofiev.
Por lo mismo, sugiero algo de paciencia y buena voluntad para escuchar los dos primeros minutos y medio pues con dificultad logra asumirse como música de mediados del siglo XIX. Aquí no hay Sueños de Amor ni Consolaciones, pero sí Liszt y romanticismo, aunque no lo parezca, al principio.
Y a propósito de lo mismo, transcribo aquí un comentario destacado en Youtube acerca de esta pieza. Una opinión algo diferente sobre la "bravura" lisztiana:
"I saw this shit in a bugs bunny episode... and the piano exploded".



Agregado el 27.02.13. Me olvidé de identificar al intérprete. Se trata del extraordinario pianista ruso Boris Berezovsky, nacido en Moscú en 1969.

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sábado, 7 de mayo de 2011

Franz Liszt: Consolación N° 3


Princesa Carolyne de Sayn-Wittgenstein
Acuna en sus brazos a su única hija Marie Pauline Antoinette.

Hace un buen número de años, por allá por el siglo IV, un discípulo del filósofo y teólogo san Agustín se atrevió a preguntar a éste qué hacía Dios antes de crear el universo. Agustín ni se arrugó y contestó impasible que junto con crear el universo Dios había creado también el tiempo.
La ingeniosa y certera respuesta permaneció durante siglos como verdad inamovible atrayendo la atención de teólogos y filósofos, entre ellos, la de la princesa Carolyne de Sayn-Wittgenstein, quien como mujer pionera de la teología en el siglo XIX, decidió hincarle el diente a esa y otras preguntas.

Ya separada de su marido y oficial del ejército ruso el príncipe Nikolaus, la princesa Carolyne, a mediados de la década de 1840 dedicaba mañana y tarde en su natal Kiev a desentrañar las preguntas y respuestas que tanto Agustín como el doctor insigne de la teología, Santo Tomás de Aquino, se habían planteado siglos atrás.

En esa magia estaba cuando el compositor y pianista de fama internacional, Franz Liszt, visitó Kiev como parte de una gira de conciertos por toda Rusia, amén de Austria y Hungría, el año de 1847.
Desconocemos los detalles pero podemos suponer que Carolyne asistió a uno de los conciertos, después de lo cual habría comenzado a cuestionarse la cantidad de tiempo que destinaba al estudio de Agustín y Tomás. El hecho concreto es que Carolyne abandonó Kiev y se fue a vivir con Franz a la ciudad de Weimar, donde el célebre pianista residía ejerciendo el cargo de maestro de capilla.

La relación, extremadamente compleja debido a los reiterados e infructuosos intentos por conseguir el divorcio de Carolyne ante la Santa Sede, va a durar catorce años.

Consolación N°3
Compuestas en pleno amorío, entre 1849 y 1850, las "Consolaciones" si bien muy propias del universo musical de Liszt, se tiende a emparentarlas con la estética de los nocturnos de Chopin, por su espíritu y su técnica nada aparatosa. La Consolación N°3 es la que más ha concitado el favor del público.
La versión, maravillosa en su sencillez, es del maestro ruso Vladimir Horowitz.



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