jueves, 17 de febrero de 2011

Franz Schubert: Impromptu N° 3 Op 90


Franz Schubert es el primer gran músico nacido en Viena. Hijo de un maestro de escuela de ascendencia campesina y de una sirvienta cuyo padre era cerrajero, su origen modesto no fue obstáculo para que disfrutara de una infancia tranquila y feliz en la capital del imperio, ciudad que, salvo escasas oportunidades, nunca abandonó desde su nacimiento en 1797 hasta su temprana muerte, a los 31 años, en 1828.

Estos son precisamente los años en que nuestro amado Beethoven residió en Viena. En consecuencia, durante por lo menos 20 años ambos músicos vivieron en la misma ciudad, y aun cuando Schubert veneraba a Beethoven, el hecho curioso es que jamás se trataron, aunque al parecer hubo algún acercamiento en los últimos meses de vida del maestro.
La razón es simple. Tenían amistades y pertenecían a círculos de distinta significación social, cultural y política. Mientras el joven Ludwig andaba a la caza de las hijas de sus amigos nobles, al pequeño Franz con su metro y 52 cm de estatura y sus ojos miopes sólo le alcanzaba para mirar un poco más allá de su estrecho entorno y poner los ojos, a sus dieciséis años, en la hermana menor de la mujer de su hermano Ignaz.

Viena. Vista de la calle Jägerzeile, en tiempos de Schubert.

Los cuatro Impromptus del Opus 90, compuestos en el verano de 1827, son quizás las "piezas pequeñas" de Schubert que han adquirido mayor popularidad. (En la catalogación de un señor de apellido Deutsch se identifican como "D 899".) De uso extendido ya por aquella época, la "forma" impromptu, caracterizada por ser completamente libre, casi una improvisación, va a adquirir gran auge y presencia durante todo el período romántico.



La mano derecha se lleva aquí casi todo el trabajo, con el dedo meñique o "quinto dedo" encargado de la melodía y los demás comprometidos en el acompañamiento arpegiado, que debe mantener, digámoslo así, un "bajo perfil" durante toda la pieza. La mano izquierda sostiene el bajo que en algunos momentos se vuelve protagónico sumando una pequeña cuota de dramatismo en esta pieza esencialmente sencilla.

La versión del maestro Vladimir Horowitz (algo más lenta de lo habitual) ha sido escogida no sólo por su excelencia pianística sino porque constituye un derroche singular de compromiso, simpatía y buena onda.

.......................................................................................................................................

Amigo visitante:
Si has disfrutado de la lectura y de la música que este blog ofrece libremente, puedes apoyar su mantención y continuidad de manera concreta mediante la compra online del relato "El atrevido amante de los silencios", primera entrega de la serie "Cuentos para Músicos" de la que es autor el escribidor de este blog.


Y si te agradó el artículo, usa estos botones para compartirlo en Facebook, o Twitter, o para recomendarlo en Google

1 comentario :

  1. ¡Qué buen blog! Nada mejor que música clásica y la historia detrás de las melodías.
    Un acierto de pies a cabeza.
    Desde hoy seguidor de este magnífico blog.

    Te dejo la dirección de mi blog/revista donde hay cine, música, humor, publicidad, etc etc.

    Saludos!

    http://revistasrilo.blogspot.com/

    ResponderEliminar

Deja aquí tus impresiones, por sencillas que sean. Tu opinión nos interesa a todos.