viernes, 17 de diciembre de 2010

El joven Beethoven: los buenos tiempos Sonata Patética - 1er mov.


Vista de la calle Graben, en Viena, por la época en que Beethoven la visitó
por primera vez, en 1787

Para el año 1800, en Viena, Beethoven ya se había hecho de un nombre como pianista y compositor. Entre su círculo de relaciones se contaban príncipes y condes a cuyos palacios era invitado con frecuencia. La invitación era a disfrutar de una agradable velada musical vespertina, pero no faltó la ocasión en que Ludwig se apersonó premunido de su gorro de dormir, por si lo dejaban pasar allí la noche.
Uno de sus mejores amigos, actor infaltable en esas veladas, era el príncipe Franz von Lichnowsky y a él le fue dedicada, entre otras piezas, la sonata llamada "Patética", publicada en 1799 y que ya en esa época recibió una llamativa respuesta popular.

El primer movimiento, allegro molto e con brio, se inicia con una introducción señalada Grave: unos compases sombríos y dolientes se alternan entre el forte y el piano y, tras una rapidísima cascada cromática, van a enlazar y a entremezclarse a la perfección con el allegro propiamente tal.

Sonata Opus 13 "Patética" - Primer movimiento - Piano: Krystian Zimerman



Beethoven había llegado a Viena en el año 1792, a los 22 años. Haydn, de paso por Bonn, le había invitado a tomar clases con él en Viena pero las personalidades tan disímiles hicieron difícil la relación profesor-alumno. Intentó con otros músicos con igual suerte y finalmente fue con el director de ópera Antonio Salieri, maestro de capilla de la corte y presunto envenenador de Mozart, con quien terminó tomando lecciones por espacio de más de 8 años. La relación fue fecunda y es por ello que al momento de publicar la Patética –y si se omite el asunto de su sordera incipiente– el joven Ludwig vivía sus mejores años, plenamente integrado a la sociedad vienesa, en compañía de sus amigos nobles y con la posibilidad nunca vista hasta entonces de "enamorarse de sus hijas", según señala un biógrafo.

Pero frecuentar estas amistades no era gratis. Había que tener lacayos y vestirse bien, cuestión esta última que no siempre conseguía, debido a que era algo rechoncho, por lo que debía hacer un esfuerzo mayor que el común de los mortales y esto significaba dinero.
Pero el dinero no era problema para Beethoven, al menos no lo fue a partir de los años 80. Sus ingresos provenían de cuatro fuentes principales: las actuaciones en público como pianista; la enseñanza, campo en el que buscó una clientela lo más selecta y acomodada posible; la organización de conciertos con obras propias o ajenas; y finalmente, la publicación de sus obras, que sus editores se disputaban a brazo partido, según él. En carta a su amigo médico Wegeler, quien finalmente le ganó la partida en la carrera por la seducción de Eleonore von Breuning, nos cuenta:
"Mis composiciones me proporcionan buenas cantidades de dinero, y tengo varios encargos pendientes de realización. Aún más, para cada obra nueva tengo seis o siete editores, incluso más, entre los que escojo aquellos que más satisfacen a mis intereses; no necesito firmar contrato con ellos; expongo mis condiciones y ellos me pagan de inmediato".
Ser músico no implica ser siervo, parece ser su lema, y por ello el maestro de Bonn buscará sin tregua procurarse la calidad de vida y consideración social que estima imprescindibles para un artista de su talla. Ha nacido el músico romántico.

En la imagen, grabado de Beethoven improvisando al piano para sus amigos. De pie, tras el maestro, el músico y gran pedagogo del piano, Karl Czerny; en primer plano, a la izquierda, el príncipe Lichnowsky; a su lado, el príncipe Lobkowitz; a la derecha, el barón Van Swieten.
El maestro no podría quejarse de que no le prestaban atención.


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1 comentario :

  1. qué lindo saber que Beethoven tuvo su época gloriosa, porque muchos genios no alcanzaron a vivir dichosos. CPía

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